Desplome de la deuda corporativa empieza a ocasionar un severo peligro de liquidez

23 de may de 2018

23 de mayo de 2018 — “Quienes tenemos unas pocas canas hemos visto esto antes, aunque creo yo que lo que se viene potencialmente puede tener proporciones bíblicas”. El sitio electrónico Mauldin Economics publicó un editorial el 17 de mayo que se enfoca en las dos rocas que están surgiendo, contra las cuales se va a estrellar el barco. Primero, “la deuda corporativa y en especial la emisión de deuda de alto rendimiento ha venido explosionando desde el 2009”. El autor, John Mauldin, se refiere a la deuda corporativa global; pero la explosión en el sector corporativo financiero de Estados Unidos ha sido bastante evidente, de $10 billones de dólares en el 2010 a $14 billones en el 2016 y según algunos cálculos de hasta $18 billones actualmente. Y segundo, “las regulaciones más estrictas han desalentado a los bancos para promover mercados con la deuda corporativa y de alto rendimiento”; es decir, los han desalentado a estar dispuestos supuestamente a comprarle o venderle a cualquier cliente en cualquier circunstancia.

Como lo mostró Bloomberg en un artículo del 19 de mayo, el alza en las tasas de interés en dólares ya ha causado una caída promedio en el valor de los bonos corporativos de casi un 4% desde que inició el 2018. Los valores de los bonos no han tenido una caída así de drástica en 20 años, no desde el crac del 2008, sino desde el estallido de los bonos soberanos y Dotcom de finales de los 1990. En países en donde las compañías se endeudaron fuertemente en dólares (Turquía, Argentina, Brasil y un sinnúmero de países más pequeños en vías de desarrollo) las pérdidas son mayores, y está ocasionando corridas contra sus divisas. De manera más seria la propia deuda de los gobiernos es en gran parte préstamos en el exterior.

Mauldin advierte sobre un punto, bastante próximo ahora, en donde los inversionistas en estos bonos corporativos devaluados van a empezar a querer vender cantidades considerables de los mismos, en particular los de las variedades “alto rendimiento” o chatarra y de largo plazo. Entonces el problema de falta de liquidez se va a volver grave, porque buena parte del crédito para la adquisición de toda esta deuda, ha provenido de instituciones no bancarias o “bancos a la sombra” que están mucho menos capitalizados que incluso los grandes bancos fuertemente apalancados.

Esa es la razón por la cual titula su artículo, “Se cierne sobre nosotros una crisis de liquidez de proporciones bíblicas”.