Dos compañías de inteligencia británicas trabajaron para entrampar a Trump

23 de may de 2018

23 de mayo del 2018 — La historia sobre que el ex agente del MI6, Cristopher Steele, fundó la compañía “Orbis Business Intelligence” luego de que se retiró del MI6 en el 2009, y del papel que jugó en la redacción del informe marrullero contra Trump, es bien conocida por haber causado estragos en la Presidencia de Trump desde su elección en el 2016. Hoy, el portal noticioso Zero Hedge desenmascara a otra compañía británica, “Hakluyt & Co.” con sede en el Reino Unido, y que fue fundada por tres agentes de la inteligencia británica en 1995, y que tuvo un papel fundamental en la segunda fase del Trumpgate. Esta compañía, Hakluyt & Co., está repleta de gente que respalda a Hillary Clinton y de pupilos del gobierno de Obama.

En el verano de 2016, el agente británico Stefan Halper trabajaba para el gobierno de Obama, mientras que también participaba en la operación de espionaje del FBI y del Departamento de Justicia (DOJ) para vigilar la campaña de Donald Trump. Trascendió el 18 de mayo, que Halper era el informante del FBI, luego de que los periódicos New York Times y Washington Post publicaran información sobre este “profesor de Cambridge”, lo cual lo hizo fácilmente identificable. Los informes de los periódicos eran compatibles con un artículo del 25 de marzo publicado en el Daily Caller que hablaba con detalles del intento de Halper de entrampar a varios ayudantes de inferior categoría de la campaña de Trump, incluyendo a Carter Page y a George Papadopoulos. Es notoria la forma en que Halper infiltró la campaña de Trump, dice Zero Hedge, porque corresponde con dos blancos de la operación del FBI llamada “Operation Crossfire Hurricane” (Operación Huracán Fuego Cruzado), en la cual el FBI envió a su agente Peter Strzok y a otros a Londres para reunirse con el ex diplomático australiano, Alexander Downer, quien dijo que un Papadopoulos borracho admitió que sabía que los rusos tenían en su poder correos electrónicos de Hillary Clinton.

Downer, la fuente de inteligencia de Papadopoulos, y Halper, quien engatusó a Papadopoulos meses más tarde, están vinculados por medio de la compañía “Hakluyt & Co.”, una firma que investiga por contrato a los adversarios de sus clientes, fundada por tres ex agentes británicos en 1995. Downer es un buen amigo de los Clinton, informa Zero Hedge, y ha sido miembro del consejo consultivo de la Fundación Clinton por décadas. Halper es coautor de dos libros junto con Jonathan Clarke, director estadounidense de la “Hakluyt & Co.”

Tanto Halper como Downer invitaron a los ayudantes de Trump a Londres para ponerles una trampa. Halper, según consta, llevó a cabo una operación de espionaje contra el gobierno de Jimmy Carter, informa Zero Hedge, y le fue asignado por el FBI espiar a los ayudantes de la campaña de Trump durante las elecciones del 2016.

Los contratos en curso de Halper fueron financiados por medio de cuatro premios anuales pagados directamente por la Oficina de Evaluación Neta (ONA, por sus siglas en inglés) del Pentágono, que fue establecida en 1973 como el “grupo de peritos interno” del Departamento de Defensa, por el entonces Presidente Richard Nixon, en cuyo gobierno trabajó Halper.

Zero Hedge informa que entre el 2012 y el 2018, Halper recibió un total de $1,058,161 dólares del Departamento de Defensa.

Agentes del FBI volaron a Londres para entrevistar a Downer, quien informó que Papadopoulos le dijo a él en mayo del 2016, que Rusia tenía los correos electrónicos de Hillary Clinton, información que le pasaron funcionarios australianos y estadounidenses.

Zero Hedge dice que el sitio electrónico Lifezette informó que “Downer no es el único fanático de Clinton en Hakluyt”. Los archivos de la Comisión Federal Electoral (FEC en sus siglas en inglés) muestran grandes contribuciones hechas por los representantes estadounidenses de la compañía a la campaña de Hillary Clinton del 2016.

El Presidente Trump pidió que el Departamento de Justicia (DOJ) haga una investigación oficial. El subprocurador general, Rod Rosenstein, asignó para esto al inspector general del DOJ, Michael Horowitz.