Le está quedando claro a los analistas que se cierne una crisis financiera

12 de junio de 2018

12 de junio de 2018 — Aunque juren y perjuren que realmente no va a suceder ahora, cada vez más analistas financieros ve claramente que se avecina un crac financiero como el del 2007-2008, desencadenado por grandes masas de deuda corporativa impagable.

Un artículo extenso escrito por el columnista sobre economía del Washington Post Steven Pearlstein, titulado “La economía de recompras y la próxima gran burbuja”, señala el colapso que se aproxima.

“Está sucediendo de nuevo” escribe Pearlstein. “Esta vez no se trata de hogares que usan deuda barata para tratar de sacarle efectivo a sus casas sobrevaloradas. Más bien, son las gigantescas corporaciones que están utilizando deuda barata (y la ganancia fiscal por la reducción de impuestos) para tratar de sacar efectivo de sus libros de contabilidad y enviárselo a los accionistas... De nuevo, están distrayendo capital de las inversiones productivas de largo plazo para inflar aún más una burbuja financiera, ésta vez en bonos y acciones corporativas, que, cuando estalle, va a hundir la economía en otra gran recesión”.

Pearlstein cita un estudio muy extenso de una escuela europea de negocios, en el cual se asienta que las firmas encuestadas gastaron más del 100% de sus ganancias en recompras de sus propias acciones entre el 2010 y el 2015. Las empresas de Estados Unidos que cotizan en la bolsa, en conjunto, han reducido su capital en unos $3 billones de dólares, mientras que sus deudas estaban a un nivel record de 73% del PNB a mediados del 2017; la deuda chatarra de las corporaciones era de un 11% del PNB ($2.2 billones a mediados del 2017, más de $2.5 billones ahora). Los bonos corporativos ETF (fondos cotizados en bolsa) tienen $300 mil millones en activos, 20 veces más que el nivel que tenían al momento del crac.

Lo que es peor, los préstamos corporativos los han convertido en valores que se cotizan en la bolsa, “Obligaciones Crediticias con respaldo en garantías” (CLO, por siglas en inglés) a un ritmo de $150 mil millones al año en los mercados estadounidenses, duplicándose cada año. Pearlstein cita el reciente informe de mayo de Moody’s, que advierte de que “se aproxima una ola de incumplimientos particularmente grande”, el cual también destaca el bajo nivel de liquidez en los mercados de deuda corporativa; y el nuevo informe de la Oficina de Investigaciones Financieras del Departamento del Tesoro sobre “la deuda corporativa parpadea en rojo”. Pearlstein señala que la deuda adquirida por los fondos de inversiones para comprar valores también está a un nivel históricamente alto.

“Esta es la madre de todas las burbujas crediticias... Es difícil decir qué es lo que va a ocasionar que estalle esta gigantesca burbuja crediticia. Una crisis con la lira turca. Los precios del petróleo que lleguen a los $100. Un incumplimiento de un enorme bono BBB. Una estampida en pánico de los inversionistas para salir de los ETF... Pretender que esto no va a suceder es una tontería”.

La primera página del Wall Street Journal del lunes incluye “El rumbo de los mercados emergentes contagia miedo”. Ante la expectativa de que la Reserva Federal elevará las tasas de interés esta semana, el Journal dice que “la turbulencia se podría extender de rincones remotos del mundo a Estados Unidos y otras partes, agravando un ciclo de aversión al riesgo cada vez más acelerado” [falta de liquidez -NDR]. Se rematarían todas las deudas de Brasil, Sudáfrica, México, Italia, Turquía, “los fondos de bonos están a su nivel más bajo del año, según el Instituto de Finanzas Internacionales”.

Sobre otro de los detonantes, el banco alemán Deutsche Bank, el periódico Tages Zeitung del 5 de junio publicó una columna en donde cita extensamente al analista bancario Dieter Hein, quien fue “consejero” del Deutsche Bank por varios años después del crac del 2008. Hein dice que no está seguro que se le pueda salvar de la quiebra ahora; el banco de inversiones tiene riesgos enormes y parcialmente desconocidos en sus libros de contabilidad, y se espera que tenga pérdidas aún mayores. Hein dice que el Deutsche Bank no está en quiebra aún, pero que es una señal de advertencia que tantos analistas estén considerando ahora su posible quiebra.