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Los grandes cambios pueden seguir ocurriendo. Trump y Xi pueden resolver la cuestión del comercio y de la inmigración

19 de junio de 2018
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El Presidente Donald J. Trump y la Primera Dama Melania Trump durante su visita a China, el 10 de noviembre de 2017 (Foto oficial de la Casa Blanca por Andrea Hanks).

19 de junio de 2018 — La cumbre que se logró en Singapur ya ha cambiado las relaciones de las naciones en Asia para bien, mostró asimismo la capacidad de liderato poco común del Presidente Donald Trump, y debería de cambiar el modo en que los europeos y los estadounidenses vean lo que es posible. Ahora surge la posibilidad muy real de una cumbre de los Presidentes Trump Vladimir Putin de Rusia, lo cual es absolutamente esencial para terminar con los 15 años continuos de guerras desastrosas en el Sudoeste de Asia y el Norte de África. Y podría haber otros “puntos de inflexión”; en este momento, ninguna situación de crisis está fija, si los ciudadanos y líderes actúan de manera optimista por la paz y el desarrollo económico mutuo.

Sobre todo, este es un momento en que muchos deberían unirse al Instituto Schiller y al Comité de Acción Política de LaRouche, que por décadas desde la caída del Muro de Berlín, han llevado la antorcha por un “nuevo paradigma” de paz y progreso económico y científico. Lo que hoy sucede en Asia a través de la Nueva Ruta de la Seda y de las cumbres de Corea, puede “estallar” en Europa y Estados Unidos si hay algún liderazgo vigoroso para cooperar entre las principales potencias, tal y como ha mostrado Trump.

El llamado de Helga Zepp-LaRouche para que la próxima cumbre de la Unión Europea a fines de este mes, resuelva realmente la crisis de los inmigrantes, de tal modo que las naciones europeas se unan a China para impulsar el desarrollo económico de África, está circulando internacionalmente en varios idiomas; la misma solución la ha planteado el diario chino Global Times. Este llamado de Helga debe tener una gran difusión para que propicie la acción ya.

Estados Unidos tiene que evitar caer en una guerra comercial con China, evitar el daño que causan los aranceles a su sector agrícola, y tiene que evitar caer en la polarización política en torno a la inmigración iberoamericana. Es muy fácil para los demócratas escandalizar con el tema, para sacar fondos y ganar elecciones locales. Y es fácil para los republicanos ganar tiempo y hacerse los enojados en público. Ambos saben que no proponen soluciones ni programas que funcionen.

Pero sí hay una solución, que consiste en romper con las reglas estáticas de la política partidista y de la geopolítica.

El Presidente puede negociar para evadir una guerra comercial, y llegar a un acuerdo con el Presidente Xi Jinping de China, mediante el cual las dos naciones ayudarán conjuntamente al desarrollo de Iberoamérica mediante el crédito e inversiones para proyectos de infraestructura y desarrollo agroindustrial. En otras palabras, integrarse a la Franja y la Ruta. Ese es el único fundamento sobre el cual se puede eliminar la desesperación que desata la migración en masa hacia Estados Unidos.

Más aún, en cuanto despeguen las exportaciones de tecnología avanzada de Estados Unidos hacia los países de Iberoamérica, las exportaciones de Estados Unidos a China se van a elevar. La firma multinacional de seguros ING recién publicó un estudio en donde pronostica que la Iniciativa de la Franja y la Ruta elevará el comercio mundial de 12 a 15%; el comercio de los países ya dentro de los corredores de transporte de la Nueva Ruta de la Seda, en un porcentaje mucho mayor. ¿Para qué quieren aranceles?

Los principios del llamado de Helga Zepp-LaRouche son simplemente los principios de la cumbre de Singapur: El pasado no determina el futuro. Las “normas” que han mantenido a las crisis congeladas por décadas, no son pertinentes. Y dado que el Presidente Trump ha comprometido a Estados Unidos en Asia, desde donde se hace la historia, las soluciones a la crisis son posibles en cualquier parte.

Lo que se necesita ahora, como dijo Helga Zepp-LaRouche, es que la gente lo haga.