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La cumbre Trump-Putin puede cambiar el mundo; las fuerzas fascistas emergentes quieren impedirlo

27 de junio de 2018
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Los Presidentes Trump y Putin en su segunda reunión pública, durante la Reunión de Dirigentes de la Economía de la APEC. Vietnam, 10 de noviembre de 2017. (Foto: en.kremlin.ru).

27 de junio de 2018 — En junio de 1968, Lyndon LaRouche escribió un documento titulado “La Nueva Izquierda, el Control Local y el fascismo”, en donde describe el surgimiento en los anarquistas “sesentiocheros” que él observaba de primera mano en las huelgas estudiantiles de la Universidad de Columbia, en la Ciudad de Nueva York. Cuarenta años después, en 2008, LaRouche se refirió a ese documento en retrospectiva: “En ese informe, yo comparo la segunda de las dos huelgas en el campus universitario con la manera en que algunos miembros de los partidos Comunista y Nazi intercambiaban partes de su membresía de un lado para el otro durante las semanas de la famosa huelga de los troles en Berlín, en el período previo a la toma nazi de los poderes dictatoriales a través de la organización del incendio del edificio del parlamento alemán (Reichstag) que perpetró Hermann Göring. Desde la primavera de 1968 en adelante, lo que surgía como la mayoría claramente definida de la mentada ‘Nueva Izquierda’, tanto en Estados Unidos como en otras partes, era en esencia el ascenso de un movimiento fascista, como lo hubiese advertido un examen detenido de la segunda huelga estudiantil del 68 en la Universidad de Columbia, a cualquier observador minucioso que pensara seriamente. Yo sabía muy bien de lo que hablaba entonces, y lo sé mucho, mucho más claramente y con mucho mayor detalle, cuarenta años después, hoy en día”.

Hoy, luego de ocho años del gobierno de Barack Obama, la verdad de ese discernimiento no se puede negar ya. El Presidente Trump acaba de llevar a cabo una intervención histórica en la crisis de Corea del Norte, trabajando en conjunto con China y Rusia. Ahora se prepara para realizar una cumbre con el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, con el propósito de resolver la guerra en Siria y acabar con la amenaza de una guerra nuclear global. ¿Cuál es la respuesta de esos graduados de la ‘Nueva Izquierda’ de los años 60 y 70 que consiguieron posiciones de poder e influencia hoy, en el Congreso, en la prensa, en Hollywood, y entre la población en general? Consideren: Una congresista que exhorta a la gente a hostigar e intimidar a los miembros del gabinete de Trump en donde se los encuentren, “en un restaurante, en una tienda de departamentos, en una gasolinera, salgan y formen una turba. Y los presionan y les dicen que ya no son bienvenidos en ninguna parte”. Actores famosos de Hollywood que piden a la gente que busque las escuelas donde estudien los hijos de los funcionarios del gobierno de Trump, “y rodeen las escuelas para protestar”. Propietarios de restaurantes que corren a la secretaria de prensa de Trump y a su familia, y los persiguen a cualquier otro restaurante que vayan para seguir con el hostigamiento. ¿No es esto terrorismo fascista? ¿Va a llegar a esto a que maten gente?

Estamos colocados en un punctum saliens, el punto de cambio de paradigma en la historia, ya sea para bien o para mal. El Presidente ha aguantado la histeria del intento de golpe instigado por los británicos contra el gobierno de Estados Unidos, el mentado Rusiagate. Está preparado para extender su colaboración con China y Rusia en la crisis de Corea, a una crisis mucho más grande en el mundo árabe, una crisis generada por las guerras ilegales y genocidas también instigadas por Londres, pero ejecutadas por el “gigante idiota” de Londres bajo los gobiernos de Bush y de Obama. El desastre de los refugiados en Europa, así como la crisis de los “inmigrantes ilegales” en Estados Unidos, solo se puede resolver si Trump extiende su colaboración con Rusia y China al aspecto económico de la crisis global, integrándose plenamente al proceso de la Nueva Ruta de la Seda, y aplicando la tecnología y destrezas estadounidenses a la construcción de proyectos de desarrollo en masa por toda África, el Sudoeste de Asia y en Iberoamérica, y al mismo tiempo llevar la Nueva Ruta de la Seda a Estados Unidos. Entonces será grande de nuevo Estados Unidos.