Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

¿En quién deben confiar los votantes estadounidenses?

18 de julio de 2018
trump-putin-2018-2.jpg
El Presidente Donald J. Trump y el Presidente Vladimir Putin, de la Federación Rusa, durante la conferencia de prensa conjunta el lunes 16 de julio de 2018 (Foto oficial de la Casa Blanca, por Andrea Hanks).

18 de julio de 2018 — Por todos lados le cayeron ayer al Presidente Donald Trump con críticas porque “no confía” en esos jefes del Estado vigilante, los “jefes de la inteligencia”, con referencia generalmente a John Brennan y James Comey —a quienes el Presidente sacó de sus empleos de espionaje— y James Clapper, quien mintió tan fácilmente al Congreso sobre la vigilancia que hay sobre los estadounidenses, y Robert Mueller, el que encubrió a los saudíes que dirigieron los ataques del 11-S cuando él era jefe del FBI. Todas estas “cabezas sin corona” sostienen que sus métodos de vigilancia demostraron que el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, interfirió en las elecciones de Estados Unidos. Mueller interfirió impúdicamente en la cumbre de Helsinki, gritando “tengo en mis manos una lista de 12 rusos...”.

El Presidente Trump se ha colocado en la posición del Presidente John Kennedy, quien desconfiaba y despreciaba a J. Edgar Hoover y al director de la CIA, Allen Dulles, y le sacó la vuelta a sus jefes de inteligencia militar también para resolver la Crisis de los Misiles Cubanos con un contacto directo y negociando un acuerdo con la Unión Soviética. O el Presidente Franklin Roosevelt, cuya Cumbre de Yalta en 1945 recibió los ataques de todos los neoconservadores de su época.

En ese mismo sentido, el Presidente Abraham Lincoln tampoco confiaba en su general de mayor jerarquía, George B. McClellan, quien estaba confabulado en su contra para quebrar a la Unión.

Tres muy buenos y valientes Presidentes de Estados Unidos.

De este modo, el Presidente Trump podría estar en vías de convertirse en uno de los más grandes Presidentes de Estados Unidos, cuando se enfrenta a la furia combinada de los caciques de los servicios de inteligencia, a los geopolíticos y promotores de la guerra, y cuando sustituye las guerras y las confrontaciones bélicas con una relación de cooperación entre las grandes potencias para la paz y el desarrollo en el mundo.

Se refirió a su “amigo mutuo, el Presidente Xi de China”, y todos han establecido ya una relación de cooperación con el primer ministro de India, Narendra Modi. Estas cuatro potencias, con el apoyo de Japón y otras naciones importantes, puede hacer realidad un nuevo paradigma de progreso económico mutuo y rápido, de avances científicos y de paz en el mundo.

Los votantes estadounidenses pueden ir sacando ya de sus cargos a esos funcionarios electos que andan ahora despotricando y chillando en contra del crecimiento económico, del progreso y de la paz.

Hay algunos cambios serios en la política económica que se tienen que hacer. Lo que necesita el electorado estadounidense son candidatos que separen a los bancos de Wall Street con la Ley Glass-Steagall, antes de que desaten otro crac; y candidatos que aseguren billones de dólares en crédito para construir la infraestructura de tecnología de punta y que se instrumenten los avances científicos en energía y en el espacio. Estos son mejores métodos que los aranceles para hacer que suban la productividad y los salarios.

Pero el nuevo paradigma de cooperación de las grandes potencias, para el provecho de las mismas y de los demás países, es esencial. Al igual que el Presidente Trump, tendremos que luchar por eso.

La próxima cumbre de impacto potencial ya se vislumbra en el horizonte, la cumbre del Presidente Trump con el Presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador. Ahí tendrán oportunidad de planificar la construcción de nueva infraestructura ferroviaria, hidráulica, energética desde el Río Bravo hasta la Patagonia, para darle a los ciudadanos de la región buenos motivos para quedarse en sus países.

Finalmente, Etiopía y Eritrea, dos países que se han beneficiado de la Nueva Ruta de la Seda que ha llegado a África, recién reestablecieron relaciones plenas con grandes festejos el 16 de julio, luego de 20 años de guerra ruinosa, y nadie acusó de traición a ninguno de sus líderes.