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El espíritu de la Nueva Ruta de la Seda viene transformando las zonas de guerra

8 de agosto de 2018
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La Nueva Ruta de la Seda de China, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, son los primeros pasos hacia el Puente Terrestre Mundial.

8 de agosto de 2018 — Durante los últimos meses, los resultados estratégicos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que es principalmente económica, han empezado a demostrarle al mundo lo que Lyndon LaRouche ha sabido por muchos años: no hay distinción entre las cuestiones económicas y las estratégicas que enfrenta la humanidad. Si se quiere la paz, decía LaRouche, pon en marcha los tractores.

Cuando los Presidentes Trump de Estados Unidos, Xi Jinping de China, Putin de Rusia y Moon de Corea del Sur, presentaron los cuatro los planes de desarrollo para Corea del Norte, respaldados cada uno en el concepto de la “paz mediante el desarrollo” como también en sanciones, lo supuestamente imposible resultó en realidad posible. Cuando India y Pakistán se unieron a la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), trabajando directamente con China y Rusia en ideas de desarrollo conjunto, las “crisis permanentes” creadas por los británicos en el momento de la división de India, de repente se volvieron resolubles. En el Cuerno de África, donde China propuso, mediante la Iniciativa de la Franja y la Ruta, una alternativa de desarrollo a cada una de las tres naciones, Etiopía, Eritrea y Somalia, un conflicto inextricable se ha vuelto en una paz jubilosa y en cooperación. En el Sudoeste de Asia es posible ahora una solución similar al siglo de guerra.

Este proceso está activo por toda África. En la cumbre del BRICS en Sudáfrica el mes pasado, Rusia, China e India juntaron sus manos con los pueblos de África para llevar desarrollo verdadero, en la forma de energía nuclear, conectividad ferroviaria de alta velocidad, proyectos hidráulicos para enverdecer el desierto, para plantear así una verdadera solución al terrorismo y a la pobreza.

Sin embargo, sigue el problema de que los medios noticiosos dominantes en Estados Unidos y en Europa se han cuidado con esmero de aislar a sus poblaciones de cualquier conocimiento de esta transformación histórica mundial que está cubriendo Asia, África y gran parte de Iberoamérica.

En Estados Unidos, el movimiento de LaRouche está movilizado para resolver este problema. Un primer paso es el llamado a transformar las negociaciones entre el Presidente Trump y el Presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, para que no haya solamente una reformulación del TLCAN, sino para adoptar un concepto superior, la Iniciativa de la Franja y la Ruta de América del Norte (IFRAN). Esto se debe convertir en un paso adelante en la unificación de Estados Unidos y China mediante la Nueva Ruta de la Seda, el proceso de construcción de naciones industriales avanzadas por todas las Américas y más allá, lo único que verdaderamente satisfará el compromiso de Trump de restaurar la otrora potencia industrial de Estados Unidos como fuente principal de exportación de capital para el desarrollo de la nación. Esto, no casualmente, es la vía para resolver el desequilibrio comercial.

Pero los británicos y sus piezas en Estados Unidos no van a parar ante nada para impedir que se afiance este nuevo paradigma en Estados Unidos. Por ejemplo, el Consejo de Relaciones Exteriores (CRE) de Nueva York, la voz principal del imperio dentro de Estados Unidos, ha publicado un informe titulado “¿Es lo Hecho en China 2025 una amenaza al comercio global?” Ese panfleto difunde la calumnia de que China tiene intenciones torcidas en su esfuerzo por desarrollar su capacidad interna en manufacturas de tecnología avanzada; dice que a través del “reclutamiento de científicos extranjeros, su robo de propiedad intelectual estadounidense, y sus adquisiciones selectas de empresas estadounidenses”, China pretende “controlar toda la cadena de producción” y eventualmente “industrias completas podrían caer bajo el control de una potencia geopolítica rival”.

Esa histeria se corresponde con el surgimiento esta semana del “Hermano mayor” orwelliano, la “policía del pensamiento” que anda suelta cerrando frenéticamente el acceso a los medios sociales a varias voces que se han opuesto a la locura del “Rusiagate” y que han apoyado los ataques del Presidente Trump contra la “farsa sobre Rusia”. El portal electrónico Infowars de Alex Jones —un sitio que tiene más de 15 millones de visitas al mes— fue retirado de Facebook y de YouTube, y otros han sido retirados de Twitter.

Pero el Nuevo Paradigma existe; no se le puede detener, a no ser por una guerra mundial. China se ha levantado, y se ha unido con Rusia e India por medio del BRICS para ofrecer a las naciones del Sur Global una alternativa a la pobreza impuesta sobre ellas como legado del colonialismo. También han extendido su ofrecimiento, para que se una a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a Estados Unidos y a Europa, como una alternativa ganadora a la geopolítica de guerra, decadencia económica y cultural que infecta al Occidente. El espíritu patriótico se ha despertado en Estados Unidos a través del fenómeno de Donald Trump, para rechazar a los promotores de la guerra y a los promotores de la sociedad postindustrial dentro de los partidos Republicano y Demócrata, lo que LaRouche denunció hace mucho como el “sistema de dos partidos”. Las Cuatro Leyes de LaRouche, implementadas por las “cuatro potencias” de Estados Unidos, Rusia, China e India, proporcionan el camino a seguir.

El arco de la historia ha llegado a un punto de bifurcación, hacia la victoria o hacia la tragedia. El futuro está en nuestras manos, de todos y cada uno.