Los correos electrónicos del CND fueron filtrados, no hackeados, afirma VIPS

15 de agosto de 2018

15 de agosto de 2018 — El periodista independiente Patrick Lawrence, dice que el Rusiagate no tiene ninguna base en los hechos, en su artículo titulado “Demasiado grande para fallar: el Rusiagate un año después de que el VIPS mostró que fue una filtración, no un hackeo” publicado en Consortium News.

Los Veteranos Profesionales de Inteligencia por la Cordura (VIPS por siglas en inglés), altamente acreditados, “produjeron la primer evidencia concreta de que los alegatos sobre robo de correos electrónicos y otros delitos atribuidos a Rusia se basaban en falsificaciones y subterfugios deliberados” afirma Lawrence.

Los muchos intentos por desacreditar los hallazgos del VIPS han usado ciencia chapucera e insultos, pero no han podido refutarlos. Hay algunos hechos nuevos aunque ellos no alteran el argumento básico del VIPS, dice Lawrence.

“Sin embargo, aunque los hechos no han cambiado”, sostiene Lawrence, “en el último año, el discurso político en Estados Unidos ha descendido a un nivel peligroso de irracionalidad... Muchas de nuestras instituciones claves —el aparato de política exterior, los medios, las principales agencias de inteligencia y de policía, el liderato político— están ahora comprometidas extravagantemente con una narrativa que parece que nadie puede controlar. El riesgo de un daño autoinfligido que están asumiendo esas instituciones, si sale a la luz la verdad sobre los acontecimientos del Rusiagate —como seguramente sucederá un día— es casi incalculable... El Rusiagate, en síntesis, se ha convertido en algo demasiado grande para fallar”, dice Lawrence haciendo una analogía adecuada con los bancos.

Lawrence repasa la prueba del VIPS, tal y como fue presentada por el antiguo experto de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por siglas en inglés) Dr. Bill Binney, de que a la velocidad a la que se copio la información solo pudo haberse hecho mediante una descarga de los datos, no mediante un hackeo.

La otra cuestión es dónde y cuándo se descargaron las filtraciones, y Lawrence destaca que los últimos descubrimientos indican que la conclusión original pudo haber estado equivocada. Sin embargo, cita al asociado de Binney, Ray McGovern en el sentido de que la cuestión sobre la localidad no es tan importante y que “el hallazgo clave sobre la velocidad de transferencia de datos la sobrepasa en importancia”.

Lawrence destaca que los cargos en contra de 12 funcionarios de inteligencia rusos que anunció a mediados de julio el subprocurador general Rod Rosenstein también están en tela de juicio. “Se basan en una parte muy considerable en evidencia derivada de G-2.0 y DCLeaks, otro personaje en línea”. Estos fueron los sitios que alegan haber hackeado las computadoras del Comité Nacional Demócrata (CND). “¿Qué tan creíbles son estos cargos en vista de lo que ahora se sabe sobre G-2.0?”.

Los cargos de Rosenstein muestran “lo que ha sido evidente por todos lados de nuestra esfera pública desde hace un año o más: se hacen suposiciones apoyados en evidencia circunstancial o en ninguna evidencia y se construyen otras conjeturas en base a esto, hasta que se construye una narrativa falsa... Esta es la forma en cómo operan ahora rutinariamente nuestras instituciones más básicas, por lo menos las agencias del Departamento de Justicia”, concluye Lawrence.