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El mundo se tiene que unir para detener el ataque químico británico de bandera falsa en Siria

30 de agosto de 2018
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Los "Cascos Blancos" en Kafrowaid, una villa al sur de Idlib, el 21 de marzo de 2017. (Foto: Qasioun News Agency/Youtube).

29 de agosto de 2018 — Los gobiernos de Rusia y de Siria han develado durante los últimos tres días la intención de los terroristas respaldados por los británicos, junto con su aparato de apoyo terrorista denominado “Cascos Blancos”, de ejecutar un ataque ficticio con armas químicas; luego como han hecho en las ocasiones anteriores, los Cascos Blancos filmarían a las supuestas víctimas salvadas por ellos, luego subirían los videos en todos los medios de Internet por todo el mundo junto a los medios dominantes especializados en difundir las noticias falsas, para inducir al Presidente Trump a que permita a la pandilla belicista que desate un ataque de misiles contra Siria. Ya este escenario funcionó dos veces antes, aunque Trump restringió el ataque a blancos limitados. Sin embargo, en el momento en que el Estado Islámico (EIIS) está prácticamente derrotado por el ejército sirio, los británicos pretenden provocar una guerra más extensa, para impedir que el Presidente Trump lleve a cabo su propósito de retirar las fuerzas armadas estadounidenses de Siria, y también para acabar con el esfuerzo de los Presidentes Trump y Vladimir Putin para llevar a Estados Unidos y a Rusia hacia una relación amistosa y de cooperación. En los ojos del imperio británico, la cumbre de Helsinki entre Trump y Putin, significó una amenaza mortal para el imperio mismo.

Que no quepa duda: Los británicos preferirían con mucho un enfrentamiento termonuclear, e incluso una guerra termonuclear, entre Estados Unidos y Rusia, en vez de ver que se deshace la división imperial del mundo entre Este y Oeste. El poder de la City de Londres y su subsidiaria de Wall Street depende de esa división absolutamente.

El primer ataque químico falso en Siria sucedió cuando Trump se reunía con Xi Jinping en Florida, en abril de 2017, y tenía el objetivo de socavar la cooperación personal de Trump con el Presidente de China. El segundo ataque de bandera falsa fue en abril de este año, y todo el escándalo con el que se cubrió se basó en un video de los Cascos Blancos, que finalmente se demostró que fue completamente fingido por los mismos Cascos Blancos, según confirmaron muchos testigos presenciales e incluso las mismas “víctimas” que aparecen en el video.

La diferencia ahora es que los rusos y los sirios tienen la evidencia antes de que se ejecute el falso ataque con armas químicas, y lo han hecho público, y han hecho un llamado la mundo para que lo detengan. El vocero del Ministerio de Defensa ruso, general Igor Konashenkov, le dijo a los periodistas el 25 de agosto que: “Para llevar a cabo el supuesto ‘ataque químico’ en la ciudad de Jisr al-Shugur en la provincia de Idlib, los militantes del grupo Tahrir al-Sham [Jabhat al Nusra en Siria]..., han enviado ocho camiones cisterna con cloro a una villa que está a pocos kilómetros de Jisr al-Shugur. Esta provocación, con la participación activa de los servicios especiales británicos, servirá como otro pretexto más para que Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, lleven a cabo un ataque con misiles contra el gobierno sirio e instalaciones económicas”. El general Konashenkov identificó específicamente a los Cascos Blancos y al Grupo Oliva (una organización de mercenarios británicos de unos 5,000 efectivos que tiene su sede en Abu Dhabi) como los participantes activos en la preparación de esta provocación.

Cuando los británicos alegaron que Assad había utilizado armas químicas en el 2013, sin ninguna prueba, el entonces Presidente Obama ordenó a las fuerzas armadas de EU que preparasen un ataque total contra Siria. Solo la movilización de la ciudadanía estadounidense en ese momento obligó a Obama a retroceder, luego del clamor en contra de otra guerra ilícita y genocida contra un país del sudoeste asiático que no es ninguna amenaza a Occidente, y que incluso tenía y tiene una posición firmemente antiterrorista.

Una movilización similar hoy, puede y debe impedir el plan de guerra de los británicos. El hecho de que el Presidente Trump, a diferencia de Obama, se opone a las guerras de “cambio de régimen”, y quiere sacar a las fuerzas armadas estadounidenses de Siria en cuanto esté completamente eliminado el EIIS, y quiere que Estados Unidos y Rusia colaboren en esta y otras tareas, significa que la revelación de esta provocación británica ayudará enormemente a detener el intento de golpe británico contra Trump, que tiene en marcha Mueller con su cacería de brujas del “Rusiagate”.

De hecho, el Presidente Trump fue electo precisamente porque tiene el propósito de romper con la “Relación Especial” con los británicos, una relación que ha convertido a Estados Unidos en un basurero postindustrial, con una población desmoralizada y víctima de las drogas, en medio de una política de guerra permanente. El movimiento de LaRouche sabe lo que se necesita para hacer de Trump un gran Presidente y para hacer verdaderamente a Estados Unidos grande de nuevo: Hay que liberarlo del intento de golpe, liberarlo para que se una a Rusia, China e India en un acuerdo por un Nuevo Bretton Woods, para intervenir al sistema financiero occidental y declararlo en bancarrota para restaurar las economías industriales de occidente, junto con el desarrollo del mundo entero mediante la Nueva Ruta de la Seda. Si Estados Unidos no da ese paso drástico, no hay posibilidad de que el mundo evite el desastre, y no hay posibilidad de que Estados Unidos dé ese paso si Trump es derrocado por la camarilla belicista.

El Nuevo Paradigma está a nuestro alcance, si estamos a la altura del momento como especie humana, para eliminar la geopolítica y el imperio de la faz de la Tierra.