Se concentra la tormenta de Robert Mueller; rompen fila los ladrones

11 de octubre de 2018

9 de octubre de 2018.-En los últimos días ha habido acontecimientos importantes en el contragolpe en Washington.

1) El testimonio que presentó en el Congreso la semana pasada el ex director del departamento jurídico del FBI, James Baker, ha resultado ser una fuente de nuevas pistas en el intento de golpe contra el Presidente:

Baker testificó que él personalmente se reunió con Michael Sussman, el abogado de Hillary Clinton y del Comité Nacional Demócrata (CND), para que le entregaran su expediente marrullero creado por la inteligencia británica sobre Donald Trump y otros materiales sobre el Rusiagate; después, en su calidad de jefe del departamento jurídico del FBI, él los asesoró en la elaboración de la solicitud de una orden del tribunal FISA sobre Carter Page, en donde nunca se le dijo al tribunal que esto lo estaba realizando el FBI a nombre de la campaña de Clinton para espiar a ciudadanos norteamericanos y en una campaña presidencial rival. Aunque este aspecto del testimonio de Baker se ha cubierto ampliamente en los medios, es importante agregar que este espionaje se hizo a nombre de los británicos y la Casa Blanca de Obama, además de la campaña de Clinton.

Baker también testificó, según los relatos aportados por Sara Carter de Fox y por John Solomon de The Hill, que Andrew McCabe y Lisa Page se le acercaron poco después de la reunión de mayo del 2017 -–la reunión a la que se refirió el New York Times— y afirmaron que Rod Rosenstein estaba hablando en serio sobre usar cables para grabar sus conversaciones con el Presidente y de que él estaba trabajando con funcionarios a nivel de gabinete para invocar la 25ava Enmienda para sacar al Presidente; Rosenstein negó el informe del Times sobre esta reunión y, claramente, Baker responde ahora de este modo para poner presión a favor del despedido subdirector del FBI McCAbe y de su ex abogada, Page. Según Sara Carter, Baker testificó que él le había dicho a McCabe y a Page que él no veía nada poco ético en hacer esto.

De nuevo, es útil recordarle a los lectores cuál es el telón de fondo. James Comey le había dicho previamente al Congreso que él había coreografiado cada una de sus reuniones anteriores con el Presidente, y que había tomado notas en el momento, y se reunía con los abogados del FMI ver “cómo rematar” en relación a los pasos a tomar en este proceso. Está claro que Comey estaba actuando en una operación para tenderle una trampa al Presidente. No sería exagerado pensar que Comey mismo usaba cables para grabar. Como resumió el punto una fuente de John Solomon, “después de la entrevista con Baker no queda duda a uno de que el alto mando del FBI en ese período de tiempo 2016-2017, se consideraba a sí mismo como algo mucho más que una agencia investigadora neutral, más bien se consideraba en realidad una fuerza para parar la elección de Trump antes de que sucediera y después, quizá revertirla una vez que las elecciones hubieron pasado”.

Baker también recibió una versión del expediente de Steele por parte del reportero David Corn de Mother Jones, quien era uno de los periodistas contacto de Steele. Parece ser que Corn estuvo en contacto con Steele de la misma manera clandestina que lo hizo el subprocurador adjunto del FBI, Bruce Ohr, en el periodo en que Christopher Steele fue despedido por el FBI. El objetivo era asegurar que la desinformación de Steele siguiera fluyendo hacia el FBI, y al diablo con los protocolos. Un cuadro bastante asombroso.

Rosenstein, quien viajó con el Presidente Trump a Florida en el avión presidencial Air Force One el lunes 8, recibió el respaldo del Presidente, al menos por el momento. No está claro qué le haya dicho Rosenstein al Presidente sobre estas reuniones de mayo del 2017, después del despido de Comey. Rosenstein tiene programado presentarse ante la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes en una sesión a puerta cerrada el 11 de octubre. La Cámara de Representantes ha hecho un requerimiento para que se entreguen los memorandos de Andrew McCabeque, en donde se documenta la participación de McCabe en estas reuniones, pero no se han entregado. No está claro si el que está bloqueando la entrega a la Cámara de Representantes es el fiscal especial Robert Mueller, quien tiene copias de los memorandos de McCabe.

2) Según las reseñas del New Yorker y en el Daily Caller, un senador demócrata de la Comisión de Inteligencia del Senado, se puso en contacto y le encargó una investigación propia del Senado sobre el Rusiagate, a un grupo presidido por el ex asistente de la Comisión de inteligencia en el Senado, Daniel Jones, en marzo del 2017. El senador demócrata entregaba así la investigación de la Comisión de Inteligencia del Senado externamente a un grupo privado, financiado con este fin por George Soros y una bandada de millonarios del Valle del Silicon. Soros y otros, canalizaron $50 millones a Jones para que continuara el trabajo de Christopher Steele (el agente del MI6 de Gran Bretaña) y la firma Fusion GPS, para derrocar a Trump. Esto contamina obviamente cualquier conclusión que pudiera adoptar la Comisión de Inteligencia del Senado sobre el Rusiagate y en sí mismo es un escándalo. En Washington, DC, las especulaciones sobre quién sería este senador, se centran por supuesto en la senadora Dianne Feinstein, quien es la antigua jefa de Jones.