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No habrá “puente” en los proyectos de ley sobre infraestructura a menos que sepamos como construir puentes nuevos

12 de noviembre de 2018
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El Presidente Donald J. Trump en la Ceremonia Conmemorativa de Estados Unidos en el Cementerio Estadounidense de Suresnes, el domingo 11 de noveimbre de 2018 (Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

12 de noviembre de 2018 — El editorial de la revista EIR de esta semana se titula “El pueblo estadounidense quiere una economía”, y dice: “Un primer vistazo a los resultados electorales muestra que lo más importante no fue que hubo un cambio sobre quien va a controlar la Cámara de Representantes, lo cual ya se daba por descontado, sino que la población estadounidense exigió una recuperación económica plena y un programa de crecimiento... Esto también indica que los votantes insisten en que los legisladores demócratas se deben apegar a sus deberes de gobernar el país junto con el Presidente electo, en vez de andar dedicando todo su tiempo a filtrar noticias a la prensa en contra. Todo parece indicar que el Presidente Trump va a impulsar la misma idea, mostrando disposición para colaborar con los demócratas en temas en los que puedan estar de acuerdo, temas económicos en su mayor parte”.

El Presidente Donald Trump dejó en claro el día siguiente a las elecciones, y la más probable presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, lo confirmó: la clave para una cooperación bipartidista es una legislación para financiar y construir nueva infraestructura económica básica. La mayoría de los estadounidenses apoyan esto, lo exigen. Los “radicales” demócratas que solo quieren el juicio político o una investigación sin fin del Presidente, son unos saboteadores. Los “radicales” republicanos que se oponen a cualquier financiamiento mediante un crédito del gobierno deben ser marginados, exactamente como lo indicó Trump el 7 de noviembre.

Pero para construir ese puente bipartidista para actuar en lo legislativo, Estados Unidos necesita involucrarse en la práctica de construir puentes nuevos, reales; y ferrocarriles de alta velocidad, nuevas plantas de energía eléctrica, nuevas tecnologías energéticas, nuevas vías fluviales y puertos, y nuevos cohetes de lanzamiento espacial de carga pesada....

En una columna esta semana el congresista John Delaney de Maryland, uno de los demócratas con un proyecto de ley para crear un banco de infraestructura, se mostró anhelante por el nuevo puente-túnel de Hong Kong a Zhuhai y Macao en China, de casi 35 millas de largo sobre el mar y construido para durar 120 años. “¡Y nosotros no estamos construyendo nada!”, exclamó Delaney.

Y tiene razón. No podemos conseguir un metro ni ferrocarril metropolitano que cruce una ciudad o un río sin que se descomponga o se descarrile. No tenemos ferrocarriles de alta velocidad. No podemos construir plantas de energía nuclear y los estadounidenses ahora tienen menos energía eléctrica cada año. No podemos enviar astronautas a la órbita de la Tierra y traerlos de regreso sanos y salvos; la NASA ya no tiene ningún plan activo para construir cohetes de lanzamiento para poner de nuevo a los estadounidenses en la superficie de la Luna.

El Presidente Trump está dando una pelea cuesta arriba para hacer que produzcamos acero y automóviles otra vez, y quizás aluminio, algo menos probable. Cosas en las que Estados Unidos encabezó al mundo hace 75 años.

¿Se debe esto a que Estados Unidos no cuenta con buenos ingenieros o científicos?. No, se debe a que desde la Guerra de Vietnam, y a partir de la destrucción que hicieron los británicos del sistema monetario de Bretton Woods del Presidente Franklin Roosevelt, los funcionarios electos en Estados Unidos no han aportado el crédito para ningún gran proyecto de infraestructura, a no ser que se trate de portaaviones de guerra, caza bombarderos o de un nuevo tanque.

Hoy en día, los más serios demócrata, los más comprometidos con lo que el representante (demócrata de Oregon) Peter DeFazio califica de “financiamiento verdadero para verdadera infraestructura”, se quedan muy cortos incluso de lo que la Sociedad Americana de Ingeniería Civil estima que son de $4 a $5 billones de dólares solo para dar mantenimiento y reemplazar la infraestructura básica que tenemos, en los próximos años. Los demócratas hablan de financiar madrigueras de topo, comparado con las montañosas nuevas fronteras de infraestructura de tecnología avanzada que China, Japón y Rusia están dominando, en energía nuclear, y la India en tecnología del espacio.

Estados Unidos tiene que construir los proyectos más avanzados y más decisivos en el mundo, como el Canal del Kra para unir al Océano Pacífico con el Índico, el proyecto Transaqua para restaurar al lago Chad y salvar al África al sur del Sahara de que no se convierta en un desierto; desalación nuclear para detener la desertificación del oeste de Estados Unidos; el puente-túnel del Estrecho de Bering para unir el transporte de Norteamérica al de Eurasia. En qué parte del mundo lo construyamos da lo mismo; esto reconstruirá el músculo industrial y tecnológico de Estados Unidos.

Esto se puede hacer, pero solo en cooperación con los otros países prominentes en la industria y la infraestructura. Lyndon LaRouche lo ha planteado desde principios de este siglo. Un Nuevo Bretton Woods, un acuerdo de las cuatro potencias, de Estados Unidos con China, Rusia e India, abierto a las demás potencias industriales como Japón, para crear crédito en la escala de los varios billones de dólares, para proyectos de infraestructura que van a transformar las economías, la productividad humana y los niveles de vida. Debido al estatus internacional de reserva, aunque informal, el dólar estadounidenses, este nuevo sistema de crédito de Bretton Woods necesita de la participación de Estados Unidos sobre todo.

Con este gran paso hacia delante, una acción bipartidista de Trump con los demócratas a favor de la infraestructura, puede realmente ser un puente que conduzca a un buen sitio. Veamos las cumbres que ha propuesto el Presidente Trump con los Presidentes Xi y Putin en las próximas semanas y meses, y organicemos para que de ahí surja un Nuevo Bretton Woods.