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Ahora que se avecina un nuevo crac financiero, tenemos que iniciar un nuevo sistema crediticio internacional

22 de noviembre de 2018
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El Presidente Donald J. Trump firma la Ley de la Agencia de Seguridad Cibernética y de Infraestructura, el 16 de noviembre de 2018, en la Oficina Oval de la Casa Blanca. (Foto oficial de la Casa Blanca por Joyce N. Boghosian).

21 de noviembre de 2018 — Dentro de 10 días, el Presidente Donald Trump, más libre que antes luego de superar las elecciones de medio período, comenzará una serie de reuniones “cumbre” con los Presidentes de otras dos potencias, a partir de la reunión de las naciones del Grupo de los 20, el 30 de noviembre en Buenos Aires, Argentina.

En tanto que se acercan estas reuniones decisivas, también se acerca un derrumbe financiero tanto o peor que el de 2007-08. Luego de más de dos meses en que los mercados de valores se mantienen a la baja, ahora el valor de las acciones, bonos y préstamos de las corporaciones cae de manera simultánea, y los expertos advierten una y otra vez que el mercado de la “deuda chatarra” de las corporaciones en Estados Unidos y en Europa se están convirtiendo rápidamente en lo mismo que el mercado de hipotecas de alto riesgo de 2007-08. Los gigantes de la informática, a pesar de haber comprado grandes volúmenes de sus propias acciones, encabezan el desplome. Los gobernadores de la Reserva Federal de EU están ahora pensando en abandonar sus planes de continuar con la siguiente ronda planeada de aumento de intereses, cosa que es demasiado tarde para que sirva de algo.

En un momento como este, es realmente cosa de locos que los gobiernos de Europa occidental estén introduciendo “impuestos climáticos” e “impuestos al carbón” o “impuestos a la electricidad” en contra de sus economías y de sus pueblos que ya padecen el estancamiento, y aún así exigen una mayor austeridad genocida a las naciones que como Italia, no están en su misma onda lunática. Es trágico, pero esos prominentes “líderes” europeos occidentales están en vías de ser removidos por sus respectivos pueblos.

Pero los dirigentes de Estados Unidos, China, Rusia e India, cuando menos, deben actuar para evitar un derrumbe económico, y ¿sabes qué es lo que pueden hacer? La fundadora y presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, dijo este martes que “esta es una situación para una movilización total para crear un nuevo sistema crediticio y monetario, un Nuevo Bretton Woods. Durante las próximas semanas tenemos que adoptar una orientación de campaña”, a fin de abordar esas reuniones cumbre venideras como si se tratara de los últimos días de movilización en una elección decisiva.

Todas las “Cuatro Leyes” de Lyndon LaRouche, tal y como las planteó en 2014, son urgentes y adecuadas ahora mismo. Restablecer la Ley Glass-Steagall para separar y proteger a la banca comercial y a los ahorros de la gente, contra el derrumbe del casino de Wall Street. La formación de una banca nacional o institución de crédito similar a la Corporación Financiera para la Reconstrucción que creó Franklin Roosevelt en su momento para salir de la Gran Depresión. Aplicar el crédito que genere esa institución pública para construir nueva infraestructura económica de tecnología avanzada, para elevar la productividad de la economía. Y que sea la ciencia que dirija el proceso, mediante el desarrollo de la tecnología de fusión nuclear, tan rápido como sea posible, y avanzar con la colonización de la Luna y la exploración tripulada del sistema solar.

Este es el momento para esas “Cuatro Leyes” de Lyndon LaRouche; ahora son necesarias. Pero como lo ha explicado en diversas ocasiones desde mucho antes del crac del 2008, que tales medidas van a salir de un acuerdo entre los dirigentes de las grandes potencias. Son ellos los que pueden iniciar un nuevo sistema crediticio; crear mediante la cooperación un banco de desarrollo internacional para invertir billones de dólares en infraestructura nueva en todo el mundo; unir sus programas de exploración espacial tripulados en un solo esfuerzo que puede lograr cualquier cosa; romper las barreras a la capacidad ilimitada de la energía de fusión nuclear.

Las otras potencias importantes ya están comprometidas a todos o muchos de estos objetivos científicos; el dólar estadounidense tiene la mayor capacidad para formar un nuevo sistema crediticio y para estabilizar el valor de las monedas.

Esta “acción internacional” es ahora responsabilidad del pueblo estadounidense. El Presidente Trump puede hablar con el Congreso, pero es ese escenario más grande en el que puede actuar rápidamente para detener un derrumbe económico y evitar las confrontaciones que podrían conducir al mundo a la guerra.

El pueblo estadounidense, mediante cualquier agrupación u organización formal e informal que pueda actuar, tiene que hacer que se haga.