Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

El Presidente exhorta a la “grandeza” y al “bien común”; los estadounidenses deben responder a su llamado, con LaRouche

8 de febrero de 2019
trump-sotu-2019-3.jpg
El público aplaude al Presidente Donald J. Trump, durante su mensaje del Estado de la Unión en el Congreso de Estados Unidos, el martes 5 de febrero de 2019, en Washington, D.C., (foto oficial de la Casa Blanca por Joyce N. Boghosian).

8 de febrero del 2016 — Periódicos y medios liberales de Washington, DC, hasta los de Londres y Berlín reaccionaron con furia y con fingido desdén al segundo mensaje del Estado de la Unión que dio el Presidente Donald Trump. Una publicación elitista alemana furiosa reclamó que los miembros del Congreso que se levantaron y aplaudieron al Presidente, se presentaron como despreciables “chupamedias” por haberlo hecho.

Eso demuestra que el discurso de Trump al Congreso y alrededor de 47 millones de estadounidenses que lo vieron, fue efectivo.

Y que al apegarse a su insistencia de que “las grandes naciones no se involucran en guerras interminables”, y las acciones que van con eso, el discurso fue más que suficiente, otra vez, para enfurecer a la fracasada élite del imperio británico y a sus aliados geopolíticos belicistas, que quieren hacerle juicio político o deshacerse de él. Aunque expuso sus peleas políticas con Rusia y China, el Presidente se negó a calificar de adversario a cualquiera de los dos países, y mucho menos de enemigos, y de nuevo elogió al Presidente de China, Xi Jinping como amigo y dirigente.

Pero Trump hizo más. Declaró que está listo para trabajar con el Congreso, “no como dos partidos, sino como una nación”. Y les pidió que “adopten la cooperación, el compromiso, y el bien común”. Sus palabras al concluir el discursos fueron conmovedoras: “Generaciones antes de ustedes ganaron su libertad, acabaron con la esclavitud, derrotaron el fascismo, hicieron avances en las fronteras de la ciencia. ¿Qué vamos a hacer nosotros con este momento? ¿Cómo seremos recordados? Yo le pido a los hombres y mujeres de este Congreso que aprovechen este momento... Este es el momento de reavivar la imaginación estadounidense. Les pido que escojan la grandeza”.

Sin embargo, aunque los planes que el Presidente Trump propuso en su discurso al respecto valen la pena, resultan insuficientes para lo que se propone.

Es el pueblo estadounidense el que puede hacer eso, luchando por las “Cuatro Leyes para Salvar la Nación” de Lyndon LaRouche. Las naciones transatlánticas están cayendo en recesión y los bancos centrales abiertamente temen otro colapso. El “bien común” requiere que nos protejamos de los megabancos de Wall Street, separándolos; luego apartándolos a un lado, emitiendo crédito federal para construir infraestructura de alta tecnología que el país necesita, y que necesitan las naciones en desarrollo de África y en todos lados.

Se necesitan avances en las fronteras de la ciencia: Un programa urgente para controlar la potencia ilimitada e indefinidamente versátil de la energía de fusión, la propulsión de fusión, la metalúrgica y el procesamiento del plasma. Mientras tanto las naciones de todo el mundo necesitan energía de fisión nuclear, para la electricidad y para el desarrollo.

“Llevar nuestras huellas a otros mundos otra vez”, fue el “volver a la grandeza” del que habló el Presidente Trump en su primer Mensaje a la Nación ante el Congreso, y en el video del 2017 en la Casa Blanca sobre volver al espacio. Eso quiere decir necesariamente realizar misiones conjuntas para trabajar en la Luna y explorar el sistema solar con las capacidades espaciales avanzadas de China, India, y Rusia, y mucho más financiamiento para la NASA para planear y llevar a cabo estas misiones.

Podemos construir un sistema internacional completamente nuevo. “Adopten la cooperación y el compromiso” entre Estados Unidos y otras grandes potencias, como planteó el candidato a la presidencia Donald Trump, y después.

El hecho de que no planteó esas misiones de grandeza en su mensaje del martes 5, muestra el efecto de tres años de ataques furiosos a los que ha estado sometido, encabezados por la inteligencia británica. El pueblo estadounidense tiene que dar los próximos pasos, y Lyndon LaRouche y Helga-Zepp LaRouche vienen trabajando por décadas para hacer que esto sea posible hoy.