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La Misión Luna-Marte hoy en día, como lo hubiera hecho LaRouche

2 de abril de 2019
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El administrador de la NASA, Jim Bridenstine, en un acto público de la NASA el 1 de abril de 2019, en la oficina matriz de la NASA en Washington. (Foto: NASA/Bill Ingalls).

2 de abril de 2019 — Inmediatamente luego de que se declaró la derrota del golpe del “Rusiagate” en su contra, el Presidente Donald Trump anunció las metas más audaces e inspiradoras para la NASA y el programa de exploración del espacio, exactamente como lo estuvo aconsejando Lyndon LaRouche a todos y cada uno de los presidentes durante su vida.

Las metas que planteó un entusiasta administrador de la NASA, Jim Bridenstine, son sumamente ambiciosas. “Esto representa una gran carga, y viene directamente desde arriba”, le dijo a los científicos e ingenieros de la NASA, y a los demás ciudadanos que escuchaban la declaración pública en los medios. “Esta es la oportunidad de la vida. Es una misión de la cual le van a contar a sus nietos, en la que estuvieron cuando se enunció esto... Vamos a la Luna en cinco años. Esto no se ha hecho antes”. Y agregó que “hay algunos huecos aquí”, para los cuales se necesitan avances tecnológicos de prisa.

En realidad, esas metas solo se pueden satisfacer con el apoyo de una población estadounidense movilizada y a través de la cooperación con otras potencias espaciales, como China, Rusia e India. Luego de décadas de escasez de fondos en la NASA, los estadounidenses de todas las generaciones saben todavía que las fronteras del conocimiento científico y de los logros humanos, está en el espacio.

Lyndon LaRouche expresó esto exactamente en un artículo publicado en junio de 1985, titulado “International Private Initiative on Behalf of the Successive Colonization of the Moon and Mars” (Iniciativa privada internacional a favor de la colonización sucesiva de la Luna y Marte), el cual volverá a publicar el semanario EIR esta semana, a fin de poner en marcha esta movilización científica y cultural. LaRouche escribió ahí lo siguiente:

“Por lo tanto, la mejor manera de lograr avances revolucionarios en todas y cada una de las aplicaciones de avance tecnológico durante los próximos cincuenta años o más, es crear un programa urgente con un equipo orientado por una misión, con la tarea de desarrollar todas las tecnologías necesarias para comenzar la colonización permanente de Marte en una fecha predeterminada, como por ejemplo 2010 AD.

“¿No hay ningún avance en el nivel general de la tecnología que no esté incluido en la misión asignada Luna-Marte? Muy bien, por algún período de quizás los próximos veinte años, escribamos ‘asignación a la misión de colonización Luna-Marte’, en donde sea que la costumbre actual nos diga que escribamos las palabras ‘ciencia’ o ‘avance tecnológico’. Todo avance revolucionario que se logre durante ese período, o mayor, se requerirá ya sea de manera implícita para el logro del encargo de la misión, o sucederá como subproducto de ese encargo de la misión. En cuanto se completen todas las tecnologías necesarias para la colonización permanente de Marte, quizás dentro de unos 20 años, cambiaremos entonces la asignación de la misión para la tarea siguiente, más ambiciosa...”

El Presidente Trump ha iniciado esta misión en un momento en que la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, de “grandes proyectos”, ha empezado a ser bienvenida en Occidente (Italia, Luxemburgo, España, Portugal) así como en Europa oriental, y ha iniciado ya proyectos de desarrollo en África. Los neoconservadores que infestan a la Casa Blanca pensarán que ellos pueden impedir esto con una nueva Guerra Fría. Pero el avance de este proyecto, concebido originalmente por Lyndon y Helga LaRouche como el Puente Terrestre Mundial, sigue avanzando y es vital para el futuro de la humanidad.

Bolton y demás pueden pensar también que pueden desafiar a las intenciones del Presidente de acabar con las guerras regionales de “cambio de régimen” y de procurar la cooperación entre las grandes potencias. La orden de Trump para acelerar la misión Luna-Marte, tiene el potencial de movilizar a la población estadounidense para insistir en la paz mediante la cooperación científica. Así es como lo hubiera concebido Lyndon LaRouche.