Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Pompeo de gira para “vapulear” a China en el hemisferio, mientras que la infraestructura de Estados Unidos se desmorona

12 de abril de 2019
pompeo-april4-2019.jpg
El secretario de Estado de EU, Michael R. Pompeo, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, junto con colegas ministros del exterior de la OTAN, en la sesión plenaria que se realizó en el Departamento de Estado, en Washington, DC, el 4 de abril de 2019. (Foto del Departamento de Estado).

12 de abril de 2109 — El secretario de Estado de EU, Mike Pompeo, salió de gira por cinco días en una inútil diligencia por Iberoamérica, en donde espera, sin nada que ofrecer a cambio, que las naciones iberoamericanas ataquen y saquen a China de la región. Una región en la que para muchos países, China se ha vuelto el principal inversionista extranjero y el mayor socio comercial, mientras que los gobiernos de Bush y de Obama promovieron desestabilizaciones de cambio de régimen y actuaron como cobradores de la deuda de los buitres de Wall Street. El fracaso de esta “misión” estéril de Pompeo pudo haberse predeterminado por su omisión fundamental, cuando fue director de la CIA en 2017, y retuvo para sí la evidencia decisiva de que el intento de golpe del Rusiagate contra el presidente Donald Trump, estaba basado en un fraude desde el principio. En esa ocasión, se le presentó a Pompeo personalmente, en una reunión solicitada por el Presidente, la prueba concluyente de parte de un experto en seguridad cibernética, que el supuesto central de todo el asunto, que los rusos hackearon las computadoras del Comité Nacional Demócrata, era falso. Pero esa información no pasó de Pompeo, director de la CIA, a ningún otro servicio de inteligencia ni comisión del Congreso ni nada. Al contrario, el Rusiagate se mantuvo incólume.

El miércoles 10 temprano, el Presidente se refirió al Rusiagate como un “golpe para tumbar a un Presidente”, y lo calificó de traición, lo cual implica la participación de una potencia extranjera como instigador. En mensajes de tuit recientes a dejado ver que entiende que la inteligencia británica, el MI6 y el GCHQ, fueron los iniciadores del complot desde el principio para sacarlo por la fuerza. El procurador general, William Barr, le dijo a la Comisión de Asignaciones del Senado el miércoles 10, que sí es un hecho que se espió a la campaña electoral de Trump, y que “espiar a una campaña política es algo muy grave, muy grave”.

Asimismo, el Presidente ruso Vladimir Putin, en un comentario que hizo en la reunión plenaria del Foro Ártico en San Petersburgo, dejó en claro que entiende que las relaciones ruso-estadounidenses se pueden restaurar para procurar de manera conjunta la paz y el desarme global, y derrotar al terrorismo, pero es necesario acabar con la “intriga” del Rusiagate.

El Presidente Trump ha reiterado en público que el fracaso momentáneo de la cumbre de Hanoi con Corea del Norte, fue resultado directo de los disparates perpetrados en torno al Rusiagate al interior del Congreso. De hecho, todos los planes positivos que se ha propuesto Trump para lograr la cooperación entre las superpotencias para la paz y el desarrollo económico, así como la cooperación económica con China, depende por completo de que se acabe con los vestigios que ha dejado el intento de golpe del Rusiagate, y que se lleve a juicio a los responsables con todo el peso de la ley.

De ahí la trágica farsa del intento de Pompeo de sacar a China de los países en desarrollo, con promesas de ayuda que todos saben que nunca llegará.

Las acciones de Pompeo y sus omisiones llevaron a que el Presidente Trump aceptase la imposición de sanciones, y las constantes amenazas de los neoconservadores como Pompeo en contra de China y Rusia, y han saboteado los intentos del Presidente por acabar con la guerra en Siria, Afganistán y en la península coreana.

Su “misión” es un farsa total, desde el mismo momento en que sale a ofrecer ayuda para la infraestructura, cuando la infraestructura de Estados Unidos se encuentra en un estado de abandono tal, que desde hace 20 años por lo menos se está desmoronando en varias partes del país, lo cual ahora mismo ha resultado en miles de muertes debido a la incapacidad para hacer frente a fenómenos naturales periódicos. Los mayores desastres han sido resultado del hecho de que los planes de ingeniería para contener inundaciones y protección ante las tormentas, se han encarpetado desde hace cincuenta años “por falta de financiamiento”. ¿Qué va a ofrecer entonces?

¿Qué financiamiento para el desarrollo puede ofrecer Estados Unidos a África, al Sudoeste de Asia o a Iberoamérica, si no es con la cooperación de otras grandes potencias, en particular China, que ya lo está haciendo de cualquier modo, de una mayor forma con la Nueva Ruta de la Seda? Se tienen que establecer nuevas instituciones de crédito, como lo proponía Lyndon LaRouche hace 40 años, y como lo ha empezado a hacer China. Esto requiere que Estados Unidos mismo cuente con una institución nacional de crédito para la infraestructura y el desarrollo industrial, de lo cual carece ahora. De hecho, se debe unir ya a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Para que esto se lleve a cabo, es necesario liberar al Presidente Trump del intento de golpe británico. Para ello se tiene que procurar la exoneración de Lyndon LaRouche para avanzar con sus programas económicos.