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De las cenizas de Notre Dame de París

18 de abril de 2019
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El incendio de la catedral de Notre Dame visto desde la isla Saint-Louis Bourbon Quay, foto tomada a las 8:38pm hora local de París. 4/15/2019 (Cangadoba / Wikimedia Commons / CC Share Alike 4.0 International).

17 de abril de 2019 — El mundo contempló antier, estupefacto, el terrible incendio que destruyó partes significativas de la catedral de Notre Dame de París, uno de los grandes tesoros culturales de la humanidad. La ocasión desató un sentimiento informe de profunda pérdida por todo el planeta, un sensación basada en el carácter universal de la humanidad que trasciende a todas las diferencias secundarias del espacio y del tiempo.

Su importancia la captó mejor Jacques Cheminade, ex candidato presidencial de Francia y viejo amigo y asociado del estadista estadounidense Lyndon LaRouche, quien declaró:

“Me acabo de enterar del incendio en la catedral de Notre Dame de París. Quiero expresar aquí la emoción que sentimos todos, amigos y aliados políticos; una emoción de lo más fuerte porque acabamos de concluir nuestro seminario en Autun, sede de la catedral de San Lázaro, la hermana mayor de la catedral de Notre Dame de París. Nuestras catedrales, centros de educación para todos, inspiraron la revolución industrial y agrícola de los siglos, 11, 12 y 13. A través de ellas, se puso de manifiesto el nexo entre el alma y la materia, lo cual siempre genera un bien superior para la humanidad.

“Me agobia que en el siglo 21, en Francia, en París, haya sido posible un accidente como ese. Es hora de que aunemos nuestros esfuerzos en todas las áreas de la actividad humana, porque no podemos seguir inactivos en esas áreas en las que está en riesgo la humanidad, y en donde los seres humanos crean objetos de belleza que deben estar ahí para siempre, y para todos nosotros como fuente de alegría”.

La respuesta a la pérdida de Notre Dame es casi idéntica al sentimiento que surge, si bien en una forma más positiva, con la impresionante noticia la semana pasada de la prueba de la existencia de un hoyo negro en el centro de una galaxia, a 53.5 millones de años luz de distancia, y muy posiblemente en el centro de cada una de los 2 billones de galaxias que se conoce que existen actualmente. Igualmente impresionante es el modo en que se hizo el descubrimiento, utilizando ocho telescopios diseminados en todo el globo, los cuales juntos, solo juntos, crearon un “telescopio” con una apertura tan grande apenas como para detectar y representar el proceso que la Teoría General de la Relatividad de Einstein, nos había asegurado que existía.

Como observó Helga Zepp-LaRouche: “Primero que todo, es un ejemplo maravilloso de que, para resolver esas cuestiones realmente fundamentales de nuestro universo, se necesita la cooperación internacional, porque este tipo de representaciones no hubiese sido posible nunca si solo una nación tuviese un telescopio para sí; pero tuvieron que utilizar ocho, e incluso entre ellos, no podían cubrir todo el espectro, entonces lo que hicieron fue básicamente componer algoritmos, calcular el espacio entre ellos y de este modo formular una hipótesis... La dimensión de estas cuestiones es tan grande que demuestra que si nosotros, como la humanidad única, en el pequeño planeta azul, queremos tener una mejor lectura del tipo de universo que habitamos... deja muy en claro que esta cooperación internacional en el espacio es un anticipo del tipo de colaboración para el futuro de la humanidad”.

Contemplando estas cuestiones, uno se siente simultáneamente muy pequeño, una brizna apenas en el universo físico creado, y al mismo tiempo muy grande, poseedor de una capacidad creativa para contemplar, desentrañar y eventualmente descubrir los principios físicos universales que están detrás de esos procesos inmensos del universo. Como escribió Federico Schiller en su “Estimación estética de la magnitud”:

“La razón insiste, de acuerdo con sus leyes necesarias, sobre la totalidad absoluta de la percepción, y sin dejarse desairar por la limitación necesaria del poder de la imaginación, la mente requiere de esta una suma completa de todas las partes de un quantum dado en una imagen mental simultánea. El poder de la imaginación se ve de este modo obligado a agotar todo el alcance de sus capacidades de comprensión, pero como no obstante no completa esta tarea hasta el final, y a pesar de todos los esfuerzos no puede ampliar su alcance, el poder de la imaginación cae en el agotamiento, y el hombre sensorial experimenta con dolorosa inquietud sus limitaciones.

“Pero, ¿es una fuerza externa la que le da esta vivencia de sus limitaciones? ¿Es culpa del océano inmensurable, o del cielo infinito sembrado de estrellas, el que yo llegue a ser autoconsciente de mi impotencia cuando represento su grandeza? ¿De dónde, en ese caso, conozco yo, que su grandeza excede el alcance de mi representación, y que yo no puedo obtener la totalidad de su imagen? ¿Conozco yo, en efecto, estos objetos, que se supone que constituyen una totalidad de una imagen mental? Solo puedo conocer esto en virtud de la imagen mental que tengo de ellos, y de ningún otro modo, y no obstante se presupone que yo no puedo imaginármelos como una totalidad. De este modo no se me presentan como una totalidad, y solo yo soy aquel que puso primero el concepto de totalidad en ellos. De este modo tengo ya esta idea en mí, y yo mismo, el ser pensante, soy aquel que, mediante el cual yo, el ser que hace representaciones de imágenes del intelecto, me veo vencido. Al contemplar estos grandes objetos, experimento de hecho mi indefensión, pero la experimento a través de mi fortaleza. No me veo vencido por la Naturaleza, me veo vencido por mi propio yo”.

¿Y que tiene que ver todo esto con el estado del mundo, y la solución de la terrible crisis que enfrentamos hoy en día? Helga Zepp-LaRouche abordó esta cuestión en una discusión con sus asociados de esta manera:

“Tenemos que enfrentar esa campaña contra China en gran medida desde un punto de vista soberano, porque la realidad es que no podría haber mayor discrepancia entre lo que verdaderamente está haciendo China, y los ataques neoconservadores y neoliberales contra China. El argumento de que China es un modelo ‘autoritario’ viene de la misma clase de perspectiva de Hannah Arendt de la Escuela de Frankfurt, como los ataques en contra de Lyndon LaRouche como ‘personalidad autoritaria’. Es importante entender esa metodología.

“¿Cuál es la realidad sobre China? Por 2,500 años ellos han tenido el ideal confuciano de un carácter bello como objetivo de la educación en la sociedad. Xi Jinping ha dicho públicamente que la educación estética del hombre tiene una importancia absoluta, porque el objetivo de ella es una mente bella y un alma bella.

“Eso contrasta de una manera total con la filosofía liberal de ‘todo se vale’ del sistema británico, o del occidente en general, porque tenemos lo mismo en ambos lados del Atlántico, si bien con predicados diferentes: todo desde la epidemia de opiáceos hasta la violencia en las escuelas y los efectos de la adicción a los dispositivos digitales, que lleva al daño cerebral.

“El antídoto contra esto, obviamente más urgente que nunca, es fomentar la educación estética del hombre. Porque cuando Schiller escribió, como comentario al derrumbe de la revolución francesa, que un gran momento había encontrado gente pequeña, y que la educación estética era el único modo absoluto para mejorar la situación política, dijo que cualquier mejora en la política de entonces en adelante solo puede ocurrir mediante la educación estética. Eso quiere decir que se necesita el gran arte clásico y la confrontación con la belleza en la pintura, la literatura, la música, todo tipo de formas de arte. Porque la belleza pertenece tanto a los sentidos como también al reino de la Razón. En los clásicos, la noción de belleza se deriva de la Razón, y no de los sentidos. Pero también apela a los sentidos, y por ende, eleva a la persona en forma lúdica, como lo desarrolla Schiller en las Cartas sobre la educación estética del hombre.

“Hay académicos chinos que básicamente han retomado por completo esto en los tiempos modernos.

“La generación de más edad en Occidente observa la condición de los jóvenes y lo que ven es una depravación moral completa. La juventud ya no tiene juicio para la historia, para los asuntos estratégicos; ni siquiera sabe que quiere decir estratégico. Se les ha privado de todo. Cree que el conocimiento es googlear o cosas por el estilo.

“Si le preguntan a la gente mayor cuál es la cuestión más apremiante, qué es lo que más les preocupa, mucha gente dirá: el derrumbe total de la moralidad en la sociedad. Si le preguntan a la gente cuál piensan que es la cuestión más apremiante, muchas veces obtienes como respuesta que no es necesariamente el desempleo, el peligro de guerra, ni nada por el estilo, sino este derrumbe de los valores morales.

“Nos tenemos que asegurar de responder a eso. Y eso implica enfáticamente corregir la imagen de China de este modo, pero al mismo tiempo significa plantear la cuestión de la educación estética y la razón por la cual tiene que haber un renacimiento cultural. Y el programa espacial deja en claro que esto no solo es una necesidad, sino también una posibilidad absoluta. Porque si quieren que las próximas generaciones sean generaciones del espacio, se tiene que aplicar el imperativo extraterrestre del gran científico germano-estadounidense del espacio, Kraft Ehricke, porque en el espacio tiene que haber un tipo de disciplina diferente. Se tiene que organizar el mundo de un modo racional, porque si no, no se sobrevive en el espacio. Como decía siempre Kraft Ehricke, lo que le gustaba del Instituto Schiller era que tenemos esta idea de que las personas tienen que llegar a ser mejores personas, y de que se tiene que fortalecer la moralidad a través del proceso estético”.

Esa es la misión que surge de nuevo de las cenizas de Notre Dame de París.