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Beijing Review publica un importante artículo de Helga Zepp-LaRouche

abril 23, 2019

19 de abril de 2019 – La prestigiada revista Beijing Review publicó en su edición del jueves 18 de abril un artículo prominente de Helga Zepp-LaRouche que se reproduce a continuación:

Las rutas a occidente: los lentes de la geopolítica hacen imposible ver las soluciones

Durante los últimos años más o menos, los medios y los políticos dominantes de Cccidente han decidido en su mayor parte ignorar la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que propuso el Presidente de China, Xi Jinping, en el 2013. La iniciativa que consiste en la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta de la Seda Marítima del Siglo 21, aborda de manera eficiente las necesidades de infraestructura de los países en desarrollo, que Occidente simplemente fingió que no existían.

Pero, en cierto momento las élites de Cccidente se dieron cuenta de que China no solo estaba construyendo una enorme cantidad de líneas ferroviarias, puertos, puentes, plantas eléctricas y parques industriales en Asia, África e incluso en Europa, sino que las posibilidades de poder aliviar la pobreza que ofrecía China inculcaban un espíritu de optimismo sin precedentes.

La visión de China

China sorprendió al mundo al sacar a más de 700 millones de habitantes de la pobreza en el transcurso de 40 años, construir la mejor red de trenes de alta velocidad en el mundo y al convertirse en una nación espacial líder. Ahora ofrece compartir esta experiencia con países que hasta ahora han estado relegados a ser el “Tercer Mundo”.

Los dirigentes de estos países de repente exigen ahora que Occidente los trate igualmente, en vez de simplemente ser recipientes de la ayuda para el desarrollo, la que con toda seguridad se desvanece en los bolsillos de las organizaciones no gubernamentales (ONG).

De una manera obviamente coordinada, los principales centros de peritos en ambos lados del Atlántico elaboraron estudios extensos en torno a un tema previsible. Citan que los motivos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta es un intento malévolo de China por reemplazar al “sistema basado en reglas” (que en realidad no es más que el imperialismo anglo-americano) con el imperialismo chino y engatusar a los países participantes para que caigan en la “trampa de la deuda”.También señalan que China tiene un sistema autoritario y que habría competencia entre sistemas, entre la “economía liberal, abierta y social de mercado” y la “economía de China controlada por el Estado”.

Irónicamente, se trata de los mismos críticos liberales que recibieron con entusiasmo a China en la Organización Mundial de Comercio (OMC)en el 2001, seguros de que China iba a adoptar el modelo occidental de democracia y economía neoliberal.

Convencidos de su propia superioridad política y cultural, estos círculos pensaron que era un desperdicio de su preciado tiempo, ponerle atención a conceptos revolucionarios tales como una comunidad con un futuro compartido por toda la humanidad, que han presentado Xi y otros dirigentes chinos en cientos de conferencias y reuniones internacionales en donde se congregan dirigentes políticos de todas partes del mundo.

Viendo todo a través de sus lentes geopolíticos y escuchando a través de sus audífonos colonialistas, descartaron totalmente que los conceptos de China pudieran representar de una manera seria un nuevo modelo de relaciones internacionales, que pusiera el concepto de una sola humanidad por encima de estrechos intereses nacionales. La realidad de que el futuro de la existencia dependía de darle forma a una nueva era, con base en el interés común de la humanidad, era algo que se le había escapado a los proponentes del viejo orden mundial que se desploma.

Quienquiera que vea la totalidad de la política china y lo que China ha logrado en términos de acabar con la pobreza, no puede menos que llegar a la conclusión de que China hace lo que predica.

El objetivo de la política de China es crear un nuevo paradigma de relaciones internacionales, en donde se supere la geopolítica con una cooperación donde todos ganen, en donde la política internacional deje de ser un juego de suma cero y en vez de esto prevalezca una política de armonía.

De esta forma, China está operando con base en la filosofía de Confucio, es decir la idea de que no puede haber paz a menos que haya un desarrollo armónico de todos. Aunque también cumple con los principios del Tratado de Paz de Westfalia, de que toda política para la paz debe estar en el interés de los demás.

La cooperación de la UE

El espíritu de la Ruta de la Seda ha captado también el interés de un número creciente de naciones europeas, algunas de las cuales ya han firmado documentos oficiales de cooperación con China, bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Las naciones miembro de la Unión Europea (UE) del este, centro y sur de Europa, y también ciudades individuales y regiones en otras partes del continente, se han dado cuenta de que es de su mejor interés el trabajar con China en la construcción de nueva infraestructura o modernizar la existente, algo para lo cual las políticas de austeridad de la UE no ofrecen ningún mecanismo de financiamiento.

Puertos como el Pireo, Trieste, Duisburgo, Hamburgo, Rotterdam y Sines han logrado oportunidades económicas sin precedentes al convertirse en centros de las líneas ferroviarias de Eurasia, que conectaron a 56 ciudades chinas con 49 ciudades europeas en el 2018. También le ven potencial a convertirse en centros de las rutas de comercio en la Ruta de la Seda Marítima Siglo 21.

Desde la perspectiva de la historia universal, esta integración creciente de la infraestructura como precondición para el desarrollo industrial y agrícola de todos, es tanto obvia como orgánica.

Pero esto ya ha irritado a las fuerzas europeas del viejo paradigma neoliberal, que prefieren acusar a China de desunir a Europa, como si necesitaran ayuda para estar desunidos, en vez de reflexionar sobre los efectos que han causado sus propias políticas. A diferencia de China, dentro de la UE no existe ningún plan para combatir la pobreza.

Sin embargo, lanzaron la artillería pesada de la propaganda negra en contra de China, justo antes de la visita de Estado de Xi a Italia en marzo y la firma del memorando de entendimiento sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Se pronunciaron falsedades y amenazas sin precedentes, acusaron a China de alejar a Italia, un país del G7 y miembro fundador de la UE, de Estados Unidos y afirmaron que Italia no tendría ningún beneficio económico de dicha cooperación y su imagen internacional sufriría daños.

Una idea alternativa

Es obvio que dichos círculos, que le deben sus privilegios al “sistema liberal de democracia occidental”, que ha aumentado la disparidad entre ricos y pobres más allá de la barrera del dolor entre cada vez más pueblos en el mundo, no pueden sobreponerse a su perspectiva geopolítica. Pero cada vez crece más el coro de personas, como el jefe del Instituto IFO, un instituto de investigación con sede en Munich, y otros miembros del Grupo de Asesoría Económica Europeo, que piensan que el miedo a las inversiones chinas en Europa es exagerado y que es del interés de Europa atraer cada vez más inversiones chinas, no menos.

Muchos empresarios medianos en Alemania también creen que los países europeos deben cooperar con la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Por su parte, Italia tiene la capacidad de convertirse en el modelo de cooperación en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. El ex ministro de Economía y Finanzas de Italia, Giulio Tremonti, dijo que Italia era la puerta de entrada al corazón de Europa y agregó que podría ser el motor de la cooperación sino-europea para la industrialización del continente africano. La firma china de ingeniería Power China y la firma italiana Bonifica ya firmaron un memorando de entendimiento para llevar a cabo el programa de infraestructura más grande en África, el Proyecto Transaqua, un sistema de canales para llevar agua de tributarios del río Congo para reponer el agua del Lago Chad y beneficiar el desarrollo de muchos países circunvecinos.

La única forma realista de que se reunifique de nuevo una Europa actualmente dividida, sería mediante la cooperación con China. No solo mediante una cooperación en donde todos ganarían y mediante el desarrollo conjunto de mercados de terceras partes, sino también al aportar la rica herencia de la cultura clásica europea al concierto de naciones. Si las naciones de Europa se reconectan con sus propias tradiciones culturales, no tienen por qué preocuparse por China, por el contrario vamos a tener un diálogo sobre lo mejor que ha producido la humanidad.