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Pompeo y Bolton llevan al mundo hacia la guerra; Trump hacia la cooperación

9 de may de 2019

9 de mayo de 2019 — La intensidad de las violentas declaraciones en contra de Rusia y de China, provenientes del Secretario de Estado de EU y del Asesor de Seguridad Nacional, Mike Pompeo y John Bolton, contrastan marcadamente con los esfuerzos del Presidente Donald Trump para establecer relaciones amistosas con Rusia y negociar un acuerdo de cooperación constructiva con China. Durante su gira por Europa, Pompeo no ha hecho más que agravar la crisis en los diversos sitios en que ha encendido hogueras, Venezuela, Irán, Corea, etc., y ha lanzado ataques extremos contra China y contra Rusia, con la intención de poner a Estados Unidos en un rumbo de confrontación militar, y declara con esa intención que la cooperación pacífica se tiene que sustituir con el conflicto geopolítico. En la reunión del Foro Ártico, por ejemplo, pontificó ante los representantes de los Estados miembros que tiene que terminar ese enfoque histórico que ha mantenido el Foro, de llevar a cabo un desarrollo pacífico conjunto de la región, y que se tienen que unir a Estados Unidos en contra de la imaginaria “agresión” china y rusa, al punto de comparar a China con la Alemania nazi. Luego, Pompeo canceló la visita programada a Alemania sin informarle al gobierno alemán los motivos, y se fue a Iraq, en donde sermoneó a las autoridades iraquíes de que tienen que proteger a las tropas estadounidenses que están en su país en contra de un imaginario ataque iraní. Luego de que Pompeo abandonó Iraq, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Iraq emitió una declaración, en donde informó que el primer ministro iraquí, Adel Abdul-Mahdi, le había dicho que “su país seguirá fortaleciendo la amistad y la cooperación con todos los países vecinos y amistosos, como Irán”.

Luego Pompeo se fue a Londres, de donde salió babeando y diciendo que “en mis conversaciones con Jeremy Hunt y con la primera ministra May, fue evidente que la relación especial no solo perdura, sino que prospera”. Le dijo a los periodistas que el la negativa del líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, para apoyar al “presidente” ficticio de Venezuela, Juan Guaidó, fue “repugnante”.

No obstante, prácticamente al mismo tiempo el Presidente Trump publicó otro tuit en el que etiqueta a los británicos de nuevo como los principales culpables del traidor intento de golpe en contra de su presidencia. “El espía británico, Christopher Steele, trató con todas sus fuerzas sacarlo [el expediente marrullero] antes de las elecciones. ¿Por qué?”, dice en su tuit.

Trump se refiere a las revelaciones que resultan de un documento que se obtuvo gracias a la Ley de Libertad de Información (FOIA, en sus siglas en inglés), que se dio a conocer el martes 7, que se refiere a las notas de la asistente de la Secretaría de Estado, Kathleen Kavaler, sobre una reunión que sostuvo con el ex agente del MI6, Christopher Steele, el 11 de octubre de 2016, un mes antes de las elecciones y a solo diez días antes de que el entonces director del FBI, James Comey, junto con otros, solicitó al Tribunal de Vigilancia de la Inteligencia Exterior (FISA, en sus siglas en inglés) la aprobación para espiar a la campaña electoral de Trump; la solicitud se basó por completo en el expediente fraudulento que elaboró Steele. Las notas de Kavalec, que se entregaron sumamente tachadas, indican no obstante que Steele estaba “ansioso de ver que la información saliera a la luz antes del 8 de noviembre”, es decir, el día de las elecciones. Esta información confirma que el motivo de Steele era su confeso odio hacia Donald Trump, y a nombre del imperio británico y de la campaña de Hillary Clinton, que había pagado para la elaboración del expediente. Esto constituye una interferencia directa en las elecciones de Estados Unidos a nombre de una potencia extranjera hostil, pero no de Rusia, sino del imperio británico.

Irónicamente, el septuagenario demócrata Joe Biden, quien acaba de anunciar su precandidatura para la postulación demócrata a la presidencia, dijo en una reunión de recaudación de fondos que había recibido una llamada de la primera ministra británica Theresa May, en la cual ella manifestó su “angustia” sobre Donald Trump y le pidió que compitiese contra él. O sea, la inteligencia británica no solo interfirió en las elecciones de Estados Unidos en 2016, sino que la jefa del gobierno británico interfiere ahora directa y abiertamente, en su desesperación por derrotar a Trump. De hecho, la Cámara de los Lores emitió un informe en diciembre de 2018 en donde advierte que “la relación especial” no podría sobrevivir a un segundo período de Donald Trump, y esto no se debe permitir.

Quienes durante la última mitad de siglo han tratado de desestimar o de refutar a Lyndon LaRouche por su insistencia en que el imperio británico ha sido y es el principal enemigo histórico de Estados Unidos de América, y de un mundo civilizado, se ven ahora obligados a encarar ese error fundamental en su entendimiento de la historia y de los asuntos actuales. El surgimiento de un Presidente que no teme denunciar las calumnias británicas, que se opone a las guerras imperiales y que promueve la cooperación entre Rusia, China y Estados Unidos, ha obligado a los británicos a mostrarse como la verdadera fuerza controladora detrás de sus piezas corruptas en Estados Unidos, que le han servido al imperio desde la muerte de Franklin D. Roosevelt y del asesinato de John F. Kennedy. Esto es especialmente cierto de los gobiernos de la familia Bush y el de Barack Obama, cuyos partidarios hoy en día están desesperados por tratar de continuar con el intento de golpe contra Trump, a pesar de que se derrumbó la farsa de la “colusión con Rusia”. Peor aún, el trío de Bolton-Pompeo-Pence está contrarrestando abiertamente prácticamente cada paso que da Trump para restaurar la soberanía de Estados Unidos, y salen con sus divisiones geopolíticas y amenazas de guerra que amenazan con una nueva guerra global.

Esta dicotomía dentro del cuerpo político de Estados Unidos se tiene que resolver, para llevar a Estados Unidos hacia un nuevo paradigma de cooperación con China y Rusia en la Nueva Ruta de la Seda, para combatir el terrorismo y para establecer un nuevo orden económico mundial. Los únicos medios ciertos para lograr esta tarea existencial que enfrenta la raza humana, es que el Presidente Trump exonere a Lyndon LaRouche, y de este modo se presenten las ideas de LaRouche para este nuevo paradigma ante los ciudadanos de Estados Unidos y de la familia humana de naciones.