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Trump ordenó la desclasificación de la investigación del Rusiagate. ¿Qué tanto sabía la reina y desde cuándo?

25 de may de 2019
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El Presidente Donald J. Trump conversa con los periodistas en el Patio Sur de la Casa Blanca, el lunes 20 de mayo de 2019, antes de abordar el Marine One para iniciar su gira por Pennsylvania. (Foto oficial de la Casa Blanca por Joyce N. Boghosian).

Por Barbara Boyd - [email protected]

24 de mayo de 2019 — En la víspera del Día de la Conmemoración de los caídos en batalla, en Washington reina la locura disfuncional y la insurrección por parte de los medios que les acompañan. La presidenta de la Cámara de Representantes dice que el Presidente es un delincuente que comete delitos a la vista de todos, e inmediatamente después, entra con garbo a una reunión con él en la Casa Blanca para negociar un plan de infraestructura. Él abandona la reunión. Luego ella dice que él hizo una rabieta y que, aparentemente, simplemente debió haber pasado por alto sus acusaciones de que él es un maleante absoluto, lanzadas unos minutos antes de que entrara al salón de la reunión. Luego el perturbado ex director del FBI dice que el Presidente se ha comido el alma del Procurador General. Formulaciones similares totalmente sicóticas y lunáticas dominan el panorama de los medios masivos. Los jueces liberales, los medios heredados, la pomposa presidenta de la Cámara de Representantes, acicalados para las cámaras todos los días, esparcen disparates para insistir en que el intento de golpe contra el Presidente, que ya lleva tres años, que ha detenido al país y que se come como un cáncer a las instituciones del gobierno, debe continuar. Viene a la mente la imagen de la reina loca en Alicia en el país de las maravillas, con réplicas en miniatura en masculino y en femenino.

Así que el Presidente, en tanto que Presidente, planteó la cuestión en la tarde del 23 de mayo. Como se ve, todo el drama en Washington es una reacción al hecho de que todos estos necios están a punto de quedar en evidencia. El jueves 23 en la noche, la Casa Blanca anunció que el Presidente le ha dado al Procurador General, Bill Barr, toda la autoridad para desclasificar los documentos relacionados al espionaje a la Campaña de Trump y durante el período de transición, y a la cacería de brujas lanzada en su contra. El presidente ha ordenado también que todas sus agencias de inteligencia y el Departamento de Estado, y cualquier otra agencia pertinente, a soltar todos los documentos y cooperar con la investigación del Procurador General.

Mientras tanto, al otro lado del charco, como dicen, el gobierno británico se tambalea al borde del colapso debido al Brexit. No obstante, delante de la próximo visita del Presidente Trump en junio, hay una movilización furibunda para encubrir la instigación británica en el golpe contra Trump. La reina inició una ofensiva de encanto, invitando a Trump a una visita de Estado histórica y sin precedentes. Todos los tabloides británicos publicaron reseñas de primera plana el domingo 19 de mayo, empezando con el Daily Telegraph, en donde se expone de manera limitada los manejos del gobierno británico con el espía del MI6, Christopher Steele, y su expediente marrullero inventado y las operaciones de guerra informática patrocinadas por el gobierno británico contra Donald Trump. Al mismo tiempo, de una manera verdaderamente británica, la declaración de que el Presidente Trump no debe cumplir un segundo período, una declaración proclamada en voz alta como política oficial británica en el informe de la Cámara de los Lores de diciembre de 2018, “La política exterior británica en un orden mundial cambiante”, se está implementando en la forma de exacerbar todo punto de conflicto de su guerra perpetua en el mundo. El juego consiste en meter al Presidente Trump en una guerra, en base a las mentiras, fraudes, pretextos y agentes británicos en el orbe, para crear una posibilidad real para la derrota electoral de este Presidente.

Así que los proverbiales muros, de los cuales hemos oído tanto durante tres años, se están cerrando realmente, pero no en torno a Donald Trump, sino en torno a los imperialistas británicos y sus sátrapas en el establecimiento de Estados Unidos, quienes intervinieron ilegalmente para cambiar la elección presidencial de 2016 a favor de Hillary Clinton.

El Procurador General William Barr anunció que no solo está investigando la mala conducta flagrante en lo más alto del Departamento de Justicia (DOJ, en sus siglas en inglés) de EU con relación al espionaje a la Campaña Presidencial de Trump y al período de transición. También abrió una investigación sobre las acciones previas de los jefes de inteligencia de Oama para perseguir al entonces candidato Trump. Barr nombró a un investigador tenaz, John Durham, para que se haga cargo del caso y también ha creado su propio grupo investigador dentro del DOJ. El congresista republicano de California, Devin Nunes, ha enviado una carta a la Casa Blanca, en donde hace referencia a los artículos que publicó la prensa británica durante los últimos días sobre las operaciones británicas contra Donald Trump, y Nunes le sugiere al Presidente que aproveche su visita de junio a Gran Bretaña para que explore ampliamente los orígenes británicos del golpe en su contra. Esta propuesta con relación a la visita del Presidente Trump, la hizo primero Helga Zepp-LaRouche.

El periodista del diario New York Post, Paul Sperry, a partir de que recibió obviamente una filtración oficial, publicó tres tuits sumamente significativos en los últimos días: In síntesis, los tuits dicen que John Durham investiga una célula de inteligencia estadounidense que creó el jefe de la CIA de Obama, John Brennan, y en la que están involucradas varias agencias, en base a los informes que le dio Christopher Steele (el autor del infame expediente marrullero contra Trump) a la inteligencia británica a principios de 2016, sobre Rusia y Trump. Otro tuit de Sperry señala que se podía esperar que el expediente de Steele funcionara como el equivalente del expediente marrullero, la inteligencia completamente ficticia que a sabiendas promovían sir Richard Dearlove (el entonces jefe de la inteligencia británica) y Tony Blair, con la que metieron a Estados Unidos en la desastrosa guerra de Iraq. En 2016, la investigación secreta instigada por los británicos y la operación de trucos sucios dirigida a desorientar políticamente y a derrotar a los electores descontentos en Estados Unidos y Gran Bretaña, que respaldaban respectivamente a Trump y al Brexit. Otro tuit de Sperry dice que la investigación que conducen Barr y Durham incluye a las embajadas de Estados Unidos en Londres y en Kiev, Ucrania, las cuales estaban hasta el cuello metidas en el intento de cambiar la elección a favor de Clinton, y al mismo tiempo promovían la campaña de satanización contra Putin y Rusia. Si Sperry está en lo cierto, Barr y Durham apuntan al corazón mismo de la bestia imperial.

Según los artículos de encubrimiento publicados en la prensa británica el domingo 19 de mayo, la inteligencia británica sabía del expediente sucio de Christopher Steele, antes de que Donald Trump lo supiera por boca del director despedido del FBI, James Comey, en enero de 2017. Según dice esta noticia ficticia, Christopher Steele le proporcionó los hechos ficticios a Charles Farr, quien dirigía la poderosa Comisión Conjunta de Inteligencia británica y la Organización Conjunta de Inteligencia del gobierno de Theresa May, en noviembre de 2016. Según esta versión sesgada, Farr y Steele revisaron la “inteligencia” en detalle. El único problema con este cuento ficticio, es que esos mismos tabloides británicos llegaron a publicar algo mucho más cercano a la verdad sobre todo este asunto allá en 2017, cuando se sentían confiados de que el golpe contra Trump tendría éxito. El 17 de abril de 2017, el diario londinense Guardian hizo alarde que la inteligencia británica había estado trabajando un expediente sobre Trump y Rusia desde el 2015 y se había coludido con el jefe de la CIA de Obama, John Brennan en el asunto. Charles Farr era un mandarín de la inteligencia totalmente orate, a la imagen del doctor Insólito, y muy oportunamente ya falleció, y no está a la mano para poderlo interrogar. Se le conocía porque era un promotor de los regímenes de censura y vigilancia total para manipular a la población con el pretexto de dizque enfrentar el terrorismo, y estaba obsesionado hasta la locura por imponer un cambio de régimen en Rusia. El Rusiagate ha resultado ser una versión más potente para imponer esos esquemas de vigilancia de un estado policiaco que Farr promovía, en donde gente que antes abogaba por la libertad de expresión y las libertades civiles, ahora hacen cola para apoyar medidas hechas para censurar y aplastar cualquier disensión.

Al momento de escribir esto, Julian Assange ha sido acusado por el gobierno de Estados Unidos mientras que se encuentra bajo custodia de los británicos, por delitos que lo podrían enviar a la cárcel de por vida. De este modo, una de las pocas personas que realmente conoce el origen de las filtraciones del CND y de Podesta, por lo cual el anglófilo senador fallecido John McCain declaró que era un acto de guerra de Rusia, se encuentra en una situación en la cual su vida está en peligro inmediato. Y como se esperaba con relación a esta historia, Assange no fue acusado de nada que tenga que ver con las elecciones de 2016, ya que no se podría demostrar nada en su contra con la farsa llamada hackeo ruso del CND y John Podesta. En su lugar, se le acusa por publicaciones hechas hace casi diez años, que involucran a la ex analista de inteligencia del ejército Chelsea Manning.

El ex analista de la CIA y experto en contraterrorismo del Departamento de Estado, Larry Johnson, sostiene que la inteligencia británica llevó a cabo una operación de vigilancia exhaustiva en contra de todos los candidatos presidenciales de Estados Unidos en el 2015 (no solo de Donald Trump), a fin de garantizar la elección de Hillary Clinton. En tanto que Trump avanzaba en las primarias, la operación se amplió para incluir más espías en ambos lados del Atlántico. Se iniciaron operaciones para entrampar individuos de la Campaña de Trump, varios de ellos en territorio británico, para poder fabricar pruebas y justificar mayores investigaciones, todo bajo pretextos ficticios. Los informantes y los agentes en ambos lados del Atlántico hicieron contactos diversos a personas relacionadas con la campaña, tanto voluntarios como miembros del personal, para ofrecer “trapos sucios” sobre Hillary Clinton de parte de los rusos. El informante del FBI de larga data, Felix Sater, junto con su amigo de la infancia, Michael Cohen, presionó Trump para seguir con su proyecto de una propiedad de Trump en Moscú. Al mismo tiempo, la inteligencia ucraniana colaboró con Alexandra Chalupa, una contratista del CND, y al igual que Christopher Steele, una de las participantes de primer nivel en el golpe de Estado angloamericano de 2014 en Ucrania, para entrampar a Paul Manafort, entonces presidente de Campaña de Trump. Varios tuits de Chalupa indican que estaba totalmente en liga y trabajando con Steele en su campaña de guerra informática de amplio espectro en contra de la Campaña de Trump y durante la transición, a nombre de los británicos y de la Casa Blanca de Obama.

El ex director técnico de la NSA, Bill Binney, ha demostrado que no hubo ningún hackeo ruso al CND ni a Podesta, en base a un verdadero estudio forense y de la información sacada de lo que publicó WikiLeaks del CND y de Podesta. Binney ha presentado una declaración jurada en el caso penal contra Roger Stone, en donde refuta toda la narrativa del Rusiagate sobre los supuestos hackeos, y sostiene que eso lo inventaron la firma de computadoras que contrató el CND, CrowdStrike, y Robert Mueller. En los próximos días, el gobierno debe de responder a la declaración factual de Binney. Como se sabe, el FBI y Mueller se basaron en CrowdStrike, el proveedor de seguridad de computadoras contratado por el DNC, para llegar a su conclusión de que Rusia hackeó al CND, y nunca examinaron oficialmente la escena del crimen real. Pero además de esa infracción total al protocolo de cualquier investigación, el FBI tenía que saber que Dmitri Alperovitch, el investigador responsable en CrowdStrike de atribuir a un hackeo ruso las publicaciones en WikiLeaks, es un sujeto violentamente antirruso. Él dirigió el Laboratorio Forense Digital (DFL) del Consejo Atlántico, y tanto Alperovith como el DFL, estuvieron metidos hasta la coronilla, del mismo modo que Christopher Steele y la Victoria Nuland del Departamento de Estado, en el golpe en Ucrania instigado por los británicos. De hecho, en diciembre de 2016, Alperovitch fue atrapado atribuyendo falsamente a los rusos un hackeo al equipo de las fuerzas armadas ucranianas, un hecho que fue tan imprudente e irresponsable que tanto el Instituto Internacional de Estados Estratégicos británico como el gobierno ucraniano, se tuvieron que retractar.

¿Por qué estaban los británicos tan desesperados por asegurar la elección de Hillary Clinton, para controlar al Presidente de Estados Unidos en el año 2016? La respuesta está en el hecho de que su sistema financiero globalista perdió toda credibilidad desde el derrumbe de 2007-2008. Diversas poblaciones en todo el sector avanzado comenzaron a hacer una revuelta y han continuado, para exigir un cambio radical. Al mismo tiempo, China dio un paso al frente con su gran Iniciativa de la Franja y la Ruta, que promete poner al mundo en toda una nueva plataforma de infraestructura moderna, con la promesa de un desarrollo económico físico real. Rusia y China han propuesto el desarrollo de toda Eurasia —el territorio que desde la época de Halford Mackinder ha sido el centro del Gran Juego británico para el dominio geopolítico del mundo—- y ese proceso de desarrollo está en marcha.

El establecimiento imperial británico desesperado lanzó una campaña de cambio de régimen en Rusia y el cerco de Putin, lo cual culminó su fase inicial en el golpe de Estado de 2014 en Ucrania. Al mismo tiempo, los británicos encendieron el Oriente Medio, su terreno de juego estratégico, para lanzar de nuevo a sus terroristas contra el gobierno de Assad en Siria y fastidiando de manera persistente a Estados Unidos para que se metiera a fondo en otra guerra genocida más. Al mismo tiempo, Obama empezó su cerco estratégico y financiero contra China, y las provocaciones militares en el Mar de China Meridional, una estrategia que se suponía que culminaría en la Asociación Trans-Pacífica. La única apuesta segura para continuar con ese rumbo demente, era la belicosa trastornada Hillary Clinton, la mujer que expresó abiertamente su júbilo cuando Muamar Gadafi fue sodomizado y asesinado, y que comparó de modo ultrajante a Putin con Hitler, para deleite de sus amos británicos. Clinton estuvo involucrada en las intervenciones directas en las elecciones parlamentarias rusas de 2011 y se unió a los británicos en las operaciones de cambio de régimen contra Rusia. Cuando Donald Trump se rebeló públicamente contra la política británica de guerra perpetua, y dijo que llevarse bien con Rusia era algo bueno, los británicos decidieron eliminarlo, a cualquier costo.