Bolivia está utilizando crédito dirigido para reducir la pobreza y lograr un verdadero crecimiento económico

24 de julio de 2019

23 de julio de 2019 — Durante su reciente visita a México la semana pasada, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, le dio una entrevista a una periodista de CNN México, quien le preguntó cómo había logrado tener Bolivia la tasa de crecimiento más alta en Suramérica en los años recientes, durante la Presidencia de Evo Morales:

“Se ha realizado una fusión del capital financiero con el capital productivo, mediante la obligatoriedad de la banca privada para destinar el 60 % de su dinero a la inversión productiva y construcción. De igual manera, se determinó que el 50% de las ganancias de la banca privada se destinara al Estado. Como este dinero regresa a la sociedad y eso dinamiza la economía, eso nuevamente, luego, regresa a la banca... lo que los bancos perdieron con una mano, al final, recuperan con la otra”, reflexionó el vicepresidente boliviano.

La iniciativa está funcionando, como ha sucedido cada vez que se aplican políticas de crédito hamiltonianas en cualquier parte del mundo. Si uno observa los índices de producción física (no el PIB o algún otro índice monetario), en Bolivia las manufacturas aumentaron en un porcentaje anual de 2.5% en los 11 años entre 1994 y 2005, y luego de que Evo Morales llegó a la Presidencia en enero del 2006, en los siguientes 11 años (del 2005 al 2016) el promedio anual dio un salto hasta 4.3%. La generación de electricidad creció a 3.7% al año en el primer período, y a un 5.3% al año con Evo Morales. La producción de cemento aumentó un 5.8% anual en el primer período, y en 8.7% en el segundo período.

Tales índices físicos dan una mejor lectura científica sobre la economía real del país, que las cifras estándar del producto interno bruto (PIB), y que muestran un cambio mucho más dramático, de una tasa anual de crecimiento promedio de 5.3% de 1994 al 2005, y de una tasa anual de crecimiento promedio de 12.2% del 2005 al 2016.