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Los británicos apurados por recuperar el control estratégico; intensifican la estrategia de tensión en todo el mundo

8 de agosto de 2019
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El Presidente Donald J. Trump participa en una conferencia de prensa el sábado 29 de junio de 2019, en el Hotel Imperial de Osaka, Japón, luego asistir a la Cumbre del G20 Japan. (Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

8 de agosto de 2019 — Desde la cumbre del G20 en Osaka, Japón, a fines de junio pasado, en donde el Presidente Donald Trump rompió el control británico y se reunió con sus homólogos de China y Rusia, luego del derrumbe de la operación golpista de Mueller y la insistencia de Trump en la realización de la misión Artemisa de la Luna y Marte en su discurso del 4 de julio y la ola de optimismo que cubrió a Estados Unidos y al mundo en torno al 50 aniversario del alunizaje en la Luna el pasado 20 de julio, el quebrado imperio británico ha tratado de recuperar el control estratégico antes de ser aniquilados. Con este fin, han intensificado su vieja estrategia de tensión y desestabilización, asesinatos y guerras, para imponer su pretendido paradigma retrógrado para regresar a la edad media, o peor, con una población pesimista y embrutecida de no más de mil millones de personas en todo el planeta.

La estrategia de tensión está a todo vapor en todos los frentes: Hong Kong, Irán, las relaciones económicas China-EU, Venezuela, Corea del Norte, la relación entre Rusia y Estados Unidos, y muy particularmente en Cachemira. La decisión de India de eliminar unilateralmente el estatus especial de las regiones en disputa de Cachemira y Jammu hace dos días, abrió una Caja de Pandora de conflictos en la región, en donde ya Pakistán anunció la ruptura de relaciones diplomáticas y toda relación comercial con India, y el primer ministro Imran Khan habló en una reunión conjunta del parlamento pakistaní en donde advirtió: “Esta será una guerra que no ganará nadie y las implicaciones de esto serán mundiales”. El gobierno de China también protestó ante el anuncio de India, y señaló que la medida afecta su soberanía nacional (China reclama también parte de la zona fronteriza con Cachemira). Cualquiera que sea la política bizantina local y regional, toda la situación tiene el olor de una operación orquestada por los británicos.

Aunque es todo el planeta el que está en juego, los británicos le han reservado un tratamiento especial a Rusia, China, India y a Estados Unidos, es decir, las mismas cuatro potencias que Lyndon LaRouche identificó desde hace años como la clave para encabezar una coalición de naciones para intervenir al sistema financiero transatlántico en una reorganización de bancarrota, para sustituirlo con un nuevo paradigma de crecimiento económico orientado por la ciencia, y un renacimiento cultural clásico y científico.

Los asesinatos en masa y la locura política reactiva que envuelve ahora a Estados Unidos, es parte de este proceso global; no se trata de fenómenos nacionales engendrados en Estados Unidos. El nivel de locura inducida es impresionante; el ex Presidente Obama iguala el “lenguaje” del Presidente Trump al que produjo la esclavitud, el holocausto nazi y la limpieza étnica en los Balcanes, y los medios noticiosos lo reseñan como si fuese lo más racional del mundo. El representante Cory Booker pide que se cancelen las manifestaciones de Trump, lo que constituye de hecho decir que ni Trump ni sus seguidores tienen derecho a la Primera Enmienda que consagra la libertad de expresión, y nadie sale al frente a denunciarlo por destrozar la Constitución.

Los ciudadanos de Estados Unidos tienen que ponerse de pie y rechazar su participación en esta manipulación masiva, y enfocarse en los verdaderos asuntos que tanto teme el imperio británico: la cooperación internacional para hacer realidad la misión Luna-Marte para toda la humanidad, tal y como lo desarrolló Lyndon LaRouche hace décadas; y un renacimiento cultural clásico para recuperar el estado natural de la humanidad de optimismo y alegría.