La firma de administración de activos BlackRock propone “cambio de régimen” en política monetaria

22 de agosto de 2019

21 de agosto de 2019 — El ex presidente del Banco Central de Suiza, Philipp Hildebrand, la economista en jefe de la filial alemana de BlackRock, Elga Bartsch, el ex vicepresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Stanley Fischer, y el ex subdirector del Banco de Canadá, Jean Boivin, firman un documento de la firma gestora de activos BlackRock, en donde proponen “cambio de régimen” en la política monetaria, según la cual se pondría fin a la “independencia” de los bancos centrales. BlackRock es el más grande administrador de activos en el mundo, y su propuesta se ha puesto a la orden de la próxima reunión de los bancos centrales del mundo en Jackson Hole, Wyoming, del 22 al 24 de agosto.

Dado que todos los instrumentos de política monetaria han fracasado, los cuatro autores del documento de BlackRock proponen lo que ellos denominan “ir directo”: Los bancos centrales y sus gobiernos se deben reunir y decidir que le tienen que poner dinero directamente en las manos de los receptores públicos y privados.

En una entrevista con la agencia noticiosa Bloomberg, Hildebrand dice: “Lo que vamos a ver es un cambio de régimen en la política monetaria, tan grande como lo que vimos en el período desde antes de la crisis y después de la crisis, vamos a desdibujar los límites de las actividades y responsabilidades fiscales y monetarias”. Hildebrand se refiere a la introducción en ese período de la política hiperinflacionaria de la “emisión cuantitativa”, en la secuela de la crisis financiera de 2008, cuando se imprimieron billones de dólares para entregar a los bancos insolventes a cambio de sus activos sin valor.

O si es que alguien piensa que se trata de entregar dinero para inversiones productivas, el documento de BlackRock no deja lugar a dudas de que no lo es: la propuesta de “ir directo”, está orientada a lo que el ex presidente de la Reserva, Ben Bernanke, llamaba “dinero del helicóptero” para generar la inflación suficiente para alcanzar supuestamente una “estabilidad en el precio” de los activos financieros. El documento propone el establecimiento de un “servicio fiscal de emergencia” permanente que solo se utilizaría en casos extremos y en combinación con una política monetaria y fiscal que se haría “responsable conjuntamente de lograr el objetivo inflacionario”.

En otras palabras, lo que proponen es un vuelco completo al concepto de la banca nacional. Es el final institucionalizado de la “independencia”, no de la banca central respecto al gobierno, sino del gobierno con respecto a la banca central, o sea, los mercados. El diario liberal alemán Die Welt, lo calificó de “el fin del mundo financiero que conocemos hasta ahora”.

El mentado “objetivo inflacionario” es en realidad una excusa para inyectar suficientes valores monetarios al sistema financiero para sostener a los agregados financieros globales ya inflados, que suman ahora unos $1,500 billones de dólares. En un momento dado, esto va a estallar en una hiperinflación. Como lo reiteraba a cada momento Lyndon LaRouche, si los bancos centrales se rehúsan tercamente a imponer una reorganización de bancarrota a todo el sistema, entonces no les queda más opción que ofrecerles la cuerda para colgarse juntos.

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