Lo que han ocasionado y siguen causando los bancos centrales

22 de agosto de 2019

21 de agosto de 2019 — Para el 15 de agosto, la cantidad global de bonos con tasas de interés negativa llegó a los $17 billones de dólares, lo cual constituye el 30% del universo de la deuda en bonos en el mundo, y la proporción aumenta cada semana. En particular, en el mundo ligado al sistema financiero transatlántico, casi no queda ya deuda soberana de los gobiernos que rinda intereses, excepto los de Estados Unidos, que cada vez son más poquitos. Las tasas de interés de los bonos del Tesoro de EU vienen presionando a la baja con tendencia a cero intereses, en la medida en que la Reserva Federal recorta las tasas de interés referenciales y los fondos de inversión abandonan los bonos con interés negativo en otras partes para invertir en bonos del Tesoro de EU, donde por lo pronto pueden conseguir algo de rendimiento.

Esta situación está llegando a su estado terminal, luego de una década en que los bancos centrales han estado imprimiendo dinero sistemáticamente para entregarlo a los bancos insolventes a cero tasas de interés o negativas, que ha sido la política de los principales bancos centrales del mundo, en el Reino Unido, Estados Unidos, Suiza, Europa en general y Japón. Los préstamos con intereses ahora caracteriza al mundo cada vez mayor de la “deuda de alto riesgo”, como la deuda apalancada de las grandes corporaciones (apalancada porque se les presta a compañías ya súper endeudadas y hasta a “empresas zombies”), o los préstamos rotatorios al consumidor, como son las tarjetas de crédito, préstamos para comprar automóviles, etc., o las agencias municipales cortas de liquidez. Sobre todo, los préstamos con intereses son característicos de las actividades especulativas de corretaje con instrumentos tales como los contratos de derivados que les permiten sacar ganancias cuando hacen préstamos con intereses negativos.

Esta situación aparentemente sin precedentes, creada por los bancos centrales desde el crac financiero de 2008 (a fin de rescatar a los grandes bancos del sistema transatlántico) ha hecho que la banca tradicional, que hace presta para las actividades productivos, y por tanto las inversiones productivas en general, no sean redituables. La prioridad de este sistema financiero es la burzatilización y especulación, y ahora se encuentra a la espera de otro crac de toda esa deuda “de alto riesgo” de todo tipo.

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