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La relación entre Estados Unidos y China

26 de agosto de 2019
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El Presidente Donald J. Trump junto al Presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, al inicio de su reunión bilateral del sábado 29 de junio de 2019, durante la Cumbre del G20 en Osaka, Japón. (Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead).

26 de agosto de 2019 — En la última ronda de la escalada de guerra comercial entre Estados Unidos y China, el Presidente Donald Trump emitió una serie de tuits el viernes 23 de agosto, entre ellos uno que decía: “No necesitamos a China, y francamente, estaríamos mucho mejor sin ellos”.

Al día siguiente, esa opinión recibió una respuesta rápida y explícita desde China, en un editorial de la agencia noticiosa Xinhua, la agencia oficial de noticias de la República Popular de China: “La economía estadounidense no será más fuerte sin China. Cualquier discusión sobre cortar los vínculos entre las compañías estadounidenses y chinas, cuando mucho, es ridícula… La relación constructiva es todavía la vía correcta para avanzar”.

Helga Zepp-LaRouche fue más allá, y declaró que es simplemente erróneo objetivamente pensar que Estados Unidos o el mundo, puede resolver sus problemas económicos sin China y su Iniciativa de la Franja y la Ruta; del mismo modo en que es objetivamente erróneo pensar que es posible resolver los problemas estratégicos del planeta sin Rusia. El imperio británico, y quienes en Europa y Estados Unidos comparten sus políticas, han orquestado un deterioro dramático de la situación estratégica durante las últimas semanas en todos los frentes, agregó Zepp-LaRouche. El Washington oficial ha venido cambiando la caracterización de China, primero como competidor, luego como rival y ahora se habla explícitamente de que China es un enemigo.

Lo mismo está ocurriendo en la aguda escalada en las pruebas de misiles balísticos que tienen como blanco a Rusia y a China.

Cualesquiera que sean los puntos de presión o manipulación en torno al Presidente Trump en estas cuestiones, señalo Zepp-LaRouche, se tienen que eliminar para que él y el gobierno de Estados Unidos puedan abandonar esta trayectoria, que es sumamente peligrosa y será devastadora para Estados Unidos en general y para la reelección de Trump en particular. Es una trayectoria totalmente opuesta a la que planteó Lyndon LaRouche en su propuesta de las Cuatro Potencias, para que Estados Unidos, China, Rusia e India cooperen para detener las guerras y el saqueo del imperio británico, y establezcan un nuevo orden basado en la ciencia y en la cultura clásica.

La fuerza motriz detrás de este cambio de fase estratégico que han orquestado los británicos durante las últimas semanas en varios frentes, es la inminente bancarrota total de todo su sistema financiero. Están maquinando abiertamente un dizque “cambio de régimen en política monetaria” que en realidad hará palidecer a los $17 billones de dólares en “Emisión Cuantitativa” (EC) total que han sacado hasta la fecha. Tienen la intención de imponer una “Moneda Hegemónica Sintética” para hacer desaparecer toda semblanza de soberanía nacional sobre la política monetaria y crediticia, y forzar todos los flujos de crédito para mantener a flote su burbuja especulativa de $1,500 billones de dólares, incluyendo el desperdicio de su estafa “verde” cuyo único propósito es barrer con lo poco que queda de las economías industriales productivas.

Y no obstante, como lo demostró de manera concluyente Lyndon LaRouche, no hay ninguna forma concebible que pueda salvar a su sistema, independientemente de las tormentas hiperinflacionarias que desaten. Solo puede funcionar la reorganización por bancarrota de todo el sistema, empezando con la separación bancaria de la ley Glass-Steagall y medidas relacionadas, para sacar al planeta de la trayectoria suicida que lleva ahora.

El próximo tuit del Presidente Trump debería decir realmente: “No necesitamos a la City de Londres ni a Wall Street, y francamente, estaríamos mucho mejor sin ellos”. Eso sería veraz; sería conforme a las promesas de campaña que hizo Trump; y lo más importante, sería el comienzo del tipo de cambio estratégico inmediato que necesita Estados Unidos y el mundo.