Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

La exoneración de Lyndon LaRouche y la nueva normalidad

19 de septiembre de 2019
lyn_schiller_berlin_conf_6-25-26-16_5-cropped.jpg
Lyndon LaRouche en una conferencia del Instituto Schiller, "A crear un futuro común para la humanidad y un renacimiento de la cultura clásica", el 25 de junio de 2016, en Berlín, Alemania (EIRNS).

18 de septiembre de 2019 — ¿Por qué tiene que ser exonerado urgentemente Lyndon LaRouche, tanto el hombre como sus ideas? Porque lo que ahora se percibe comprensiblemente como los avances significativos que ha logrado el movimiento de LaRouche la semana pasada —el papel destacado de Helga Zepp-LaRouche y de Jacques Cheminade para hacer llegar las ideas de Lyndon LaRouche al Foro Económico Euro-Asia en Xi’an, China; el diálogo público entre Kesha Rogers y el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, en torno a las propuestas de LaRouche para el futuro de la misión espacial de la humanidad; los Días de Acción del Instituto Schiller con los jóvenes por todo el planeta, en donde se planteó la refutación sistemática de LaRouche al maltusianismo en siete continentes— sería entonces parte del discurrir estratégico normal en todo el planeta, si Lyndon LaRouche no hubiese sido encarcelado injustamente y su obra científica estigmatizada y colocada al margen.

Esa discusión de las propuestas programáticas de LaRouche sería normal y sensata. Después de todo, sus ideas sí proporcionan las bases científicas para abordar y resolver la crisis estratégica central que enfrenta el planeta.

Lo que es anormal y verdaderamente demente es la movilización de millones de jóvenes internacionalmente para cometer un hara-kiri mental y físico en nombre de “salvar el planeta” (más bien, para salvar a Wall Street); o promover el fin de la era nuclear y de los hidrocarburos; o abogar por que los niños tengan la libertad de escoger entre 100 géneros diferentes. Todos esos son programas que la quebrada City de Londres y Wall Street promueven febrilmente, tratando de convencer a la gente de que ese maltusianismo extremo debe ser la nueva normalidad. Su consigna de guerra es: dejen de comer, dejen de utilizar la calefacción, y dejen de procrear.

Tanto la adolescente verde Greta Thunberg como el yuppie provocador de Hong Kong, Joshua Wong, se encuentran en Washington, DC, esta semana, para hacer sus trabajos según la agenda de Londres. En la Ciudad de Nueva York, la movilización de los “Viernes por el futuro”, tendrá un enorme impulso esta semana luego del anuncio del Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York (el distrito escolar más grande de Estados Unidos, con 1.1 millones de estudiantes), que los estudiantes tendrán permiso de no asistir a clases este viernes, para que puedan participar en los paros juveniles mundiales por el clima. El diario de siempre New York Times reportó luego con regocijo las reacciones de algunas organizaciones juveniles: “Esto cambia las cosas por completo”; “esto cambia la dinámica”; “¡híjole, esto se puede poner grande!”.

La esperanza de los promotores británicos de toda esta campaña, es que van a poder utilizar esta treta para conseguir una participación masiva el viernes, y que esto va a contribuir a generar una estampida a favor del genocidio verde en todo el globo que van a proponer en las Naciones Unidas desde principios de la próxima semana. Pero los organizadores del movimiento de LaRouche han encontrado en los despliegues en los campus universitarios que no hay ninguna unanimidad a favor de la perspectiva maltusiana entre los jóvenes, y que sigue habiendo una notable apertura a las ideas de LaRouche, en cuanto se rompe el ambiente controlado.

Firme nuestra petición aquí
para exonerar a Lyndon LaRouche