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Por un renacimiento económico de la humanidad y por la exoneración de Lyndon Larouche

8 de octubre de 2019
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18 de octubre de 2009, Wiesbaden, Alemania. Seminario de Natalia Vitrenko con Lyndon y Helga Zepp-LaRouche, y la miembro de las juventudes lacrouchistas Polina Kurtova, quien tradujo la conferencia de Natalja. (EIRNS/Christopher Lewis)
Declaración de la presidente del Instituto Schiller Helga Zepp-LaRouche para los Días de Acción Internacional del 10 al 15 de octubre

Imaginen: sucedió el fin del mundo, ¡y no vino nadie! Ahí está la ídolo adolescente del clima, Greta Thunberg en persona, y todos los grandes banqueros especuladores y de los bancos centrales del mundo, los fondos de inversión, todos eufóricos por la supuesta certeza de que el planeta va a hervir en 18 meses (según el príncipe Carlos), y estos últimos extasiados con las ganancias astronómicas que piensan sacar con las “finanzas verdes”. Pero luego, no obstante, el mundo, a pesar de varias fluctuaciones climáticas, ¡simplemente sigue existiendo!

Esta variante de la vieja consigna del movimiento pacifista (“Supongan que hay una guerra y no viene nadie”) es útil para plantear la cuestión de que una ideología solo tiene influencia en la realidad si la mayoría de la población cree en ella.

No hay ninguna emergencia climática. Los datos climáticos de los últimos 500 millones de años muestran que el clima de la Tierra ha variado de manera continua, con una alternancia constante entre períodos calientes y fríos. (El último de esos períodos fríos terminó solo en 1850, con la Pequeña Era Glacial). Los alarmistas del clima de hoy en día no se pueden apoyar en hechos verificables científicamente, sino que utilizan modelos climáticos de computadora cuyas predicciones ya se han demostrado que son exageradas. El fracaso de estos modelos pone de relieve que el clima es una materia sumamente compleja, que se tiene que colocar de nuevo y con urgencia sobre una base científica. Las actividades antropogénicas tienen un efecto muy limitado sobre el clima, y pasar por alto, como lo hace el IPCC, el enorme impacto de los procesos que ocurren en el Sol y en nuestra galaxia, ¡es el colmo de la incompetencia científica!

La satanización del CO2 y la meta, resultante de ello, de descarbonizar a la economía mundial, es tan racional como la quema de brujas en la hoguera como remedio a las enfermedades. El CO2 no es un contaminante, sino que es una condición indispensable para la vida en la Tierra, y en particular para el florecimiento de las plantas y de la agricultura como sustento de la existencia humana. La verdadera emergencia es la descarbonización de la economía global que pretende imponer el sector financiero, lo cual llevaría a un colapso de los países industrializados, la destrucción del mundo en desarrollo, y una enorme reducción de la población global; es decir, un genocidio.

La histeria por el clima orquestada por el sector financiero y los medios noticiosos dominantes, es la mayor manipulación propagandista de la población que se haya visto, una manipulación que ha funcionado de modo tan eficiente que el maestro de la propaganda nazi, Josef Goebbels, hubiera renunciado a su empleo por su fracaso relativo. Lo que está en juego realmente es algo muy diferente: el sistema financiero neoliberal está absolutamente acabado. Las causas del crac del 2008, lejos de haberse resuelto, se han empeorado luego de once años de imprimir dinero para los bancos con la mentada “emisión cuantitativa” y de darles tasas de interés cero y ahora hasta negativas. ¿Cuál es el plan de la oligarquía financiera? La banca central —según un documento propuesto recientemente por el grupo financiero BlackRock en la reunión anual de los banqueros en Jackson Hole, Wyoming—tiene que efectuar un “cambio de régimen”, según el cual, los bancos centrales que sigan siendo “independientes”, deben imprimir grandes cantidades de dinero y dárselo directamente a los gobiernos, que solo lo gastarán de acuerdo a las normas de los bancos centrales. En principio, esto es lo mismo que hizo el ministro de Finanzas de Hitler, Hjalmar Schacht, para financiar la maquinaria de guerra en ese momento; pero esta vez, todo el dinero creado de ese modo se debe utilizar para “reverdecer” la economía mundial.

Para la mayoría de la gente que se encuentra atrapada en la ideología neoliberal orquestada por los medios dominantes, es muy difícil imaginar que toda la base axiomática de este sistema es errónea. Pero esta ideología no solo contempla el planeado “cambio de régimen” de los bancos centrales, sino también un “cambio de régimen” contra el Presidente Donald Trump de Estados Unidos, y en contra de Rusia y de China, como se ve en la “revolución de color” que fomentan ahora en Hong Kong. Y también contempla la idea de que es algo perfectamente normal que una pequeña capa de ricos se vuelvan cada vez más rica, mientras que la mayoría se hace cada vez más pobre; que África debe seguir subdesarrollada por siempre; que de cualquier modo, todo ser humano es un parásito que contamina el medio ambiente; y que ya se han alcanzado los límites del crecimiento. Y no se olviden de las ideas liberales de que “se vale todo”, y que cada opinión es tan buena como cualquier otra.

Sin embargo, desde el punto de vista de las leyes del universo y de la evolución de la humanidad que estas determinan, estos axiomas son tan erróneos como la mayoría de las suposiciones de la Edad Media, tales como el escolasticismo, la brujería o la flagelación.

Si hemos de salir de la actual crisis cada vez más intensa, en la cual todo parece que se ha salido de control, tenemos que cambiar todo nuestro modo de pensar. Tenemos que encontrar un punto de referencia desde el cual podamos reevaluar todas nuestras suposiciones sobre la humanidad y el universo que habitamos, y examinar su validez. Este punto de referencia es la investigación del espacio y los viajes espaciales.

Los viajes espaciales tripulados son la demostración triunfante de que Leibniz estaba correcto en argumentar que vivimos en el mejor de los mundos. Por supuesto no en el sentido con el que el cínico de Voltaire —en un sentido el sir David Attenborough de su tiempo- atacaba la imagen optimista del hombre que tenía Leibniz, sino en el sentido de que demuestra que la humanidad es la única especie creativa (conocida hasta ahora) que puede, mediante el descubrimiento de nuevos principios del universo físico, crear las bases para superar todos los límites.

Como lo demostró Lyndon LaRouche en su libro revolucionario No hay límites al crecimiento, y en toda su obra de vida, son los descubrimientos originales de principios del universo cada vez más complejos, verificables experimentalmente, los que aportan las bases para crear plataformas económicas completamente nuevas, que pueden generar los medios para sostener a más gente, mejor alimentada, con vidas más prolongadas y mejor educada. De ese modo, el concepto de crecimiento no es el que imaginan de manera simplista los necios, como Malthus, que piensan en el mundo causal de una multiplicación aritmética o geométrica euclidiana, sino que corresponde a una multiplicidad riemanniana multiconexa que se desenvuelve hacia órdenes superiores que no se pueden entender en términos de los órdenes inferiores. La razón creativa, como el elemento más desarrollado del universo, crea nuevas singularidades que pueden aumentar el grado de eficacia humana en el universo fuera de todos los límites.

Los mejores ejemplos de esto son, por un lado, el dominio predecible de la fusión termonuclear (en la cual el hombre imita el proceso de fusión en el Sol y produce así cantidades ilimitadas de energía y reservas de materias primas), y por otro, la confirmación de la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein, como se hizo recientemente con la verificación de las ondas gravitacionales y la figuración de los hoyos negros, que son el centro de cada una de los dos billones de galaxias que ha podido detectar, hasta ahora, el telescopio Hubble.

El nuevo modo de pensar debe rechazar las seudoreligiones de los banqueros, de los medios dominantes y de los apóstoles del clima, y sustituirlas por un debate científico sobre los hechos verificables experimentalmente. El programa Artemisa del Presidente Trump, el cual se propone llevar gente a la Luna de nuevo para el año 2024 y establecer una estación permanente ahí para el 2028, es prometedor en este sentido, al igual que los programas espaciales de China, India, Rusia y de la Agencia Espacial Europea. Por cierto, el éxito económico sin precedentes de China y la dinámica de su Nueva Ruta de la Seda muestran que el enfoque de la innovación científica es más provechoso para los países participantes, que el enfoque del sistema neoliberal en la ganancia.

Si es posible llevar a Europa y a Estados Unidos a que cooperen con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, y en el caso de Estados Unidos, a que trabaje con China en los viajes espaciales, entonces la humanidad no estará al borde de un apocalipsis climático, sino más bien, al comienzo de una nueva era, en la cual la capacidad inherente del hombre de razonar se puede desarrollar libremente y podemos entrar, en cierto sentido, a la edad adulta de nuestra especie. Forjaremos una era más humana, y demostraremos que este mundo es realmente el mejor de todos los mundos posibles, porque en cada ser humano se halla potencialmente un genio, y los grados de libertad en el desarrollo de nuestra especie aumentarán sin límites en la medida en que más personas puedan realizar ese potencial en ellas mismas.

El paso indispensable para lograr este nuevo paradigma de pensamiento, es la plena exoneración de Lyndon LaRouche, que fue procesado y encarcelado en los ochentas y los noventas por el perverso y desesperado Gran Inquisidor imperio británico, en sus intentos de bloquear el acceso a sus ideas.

Necesitamos la visión audaz y optimista de pensadores como Leibniz, Schiller, Einstein, Krafft Ehricke y Lyndon LaRouche, porque el pesimismo cultural de Malthus, Nietzsche y de Spengler lleva al fascismo y a la guerra, mientras que las ideas positivas de la humanidad conducen a nuevos renacimientos y períodos de prosperidad en la historia. ¡De todos nosotros depende, cuál dirección vamos a seguir!

¡EXONERE A LAROUCHE!
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