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El modelo Siria

17 de octubre de 2019
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Una valla publicitaria en Damasco, Siria, del 3 de enero de 2008. (Foto: Boudreaux and Andrea / Flickr).

17 de octubre de 2019 — La atribulada nación de Siria, que casi fue borrada del mapa luego de una década de guerra geopolítica británica ejecutada por Londres y el gobierno de Obama, con el propósito de convertirla en el campo de batalla para un conflicto termonuclear entre Estados Unidos y Rusia, y luego devastada por el terrorismo y desangrada con los millones de refugiados que salieron para salvar sus vidas, en la última semana se ha convertido en la pieza central de un nuevo orden sistémico mundial basado en la soberanía y en el desarrollo.

Hay tres motivos principales para esto.

Primero, la nación y el pueblo de Siria resistieron, se negaron a dejarse tragar por el pesimismo. Aquí hay una lección para todos.

Segundo, el Presidente Donald Trump, le dio marcha atrás a las décadas de sometimiento estadounidense a la política de guerras perpetuas de Londres, y el 9 de octubre anunció el retiro de las tropas estadounidenses de Siria, y le declaró la guerra al “complejo militar industrial” y a las “agencias de inteligencia” que han gastado $8 billones de dólares y han causado la muerte de “millones y millones de vidas” en su intento por defender su orden mundial moribundo. Trump ha repetido ese compromiso en dos o tres ocasiones más desde el 9 de octubre, enfrentando a la tempestad de la guerra de las agencias de inteligencia a través de los medios de comunicación dominados por esas agencias, a pesar de que, como lo ha dicho, “soy como una isla de uno”. Aquí también hay una lección para todos.

Tercero, el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, fue el principal responsable en darle un vuelco a la situación en Siria, desde que llegó en ayuda del país en 2015, e inició una exitosa guerra conjunta contra el EIIS y demás terroristas. El 3 de octubre, durante su intervención en la reunión anual del Club de Valdai en Sochi, Rusia, el Presidente Putin hizo un resumen de lo que se había logrado desde 2015 y planteó para el futuro una propuesta de largo aliento para todo el planeta:

“Pienso que el acuerdo en Siria se puede convertir en un modelo para resolver las crisis regionales en donde se utilizarán los mecanismos diplomáticos en la enorme mayoría de los casos... Es el momento de tomar medidas y acciones novedosas y originales”.

“Sugerimos que se pongan de lado los prejuicios acumulados y pretensiones mutuas, y que se cree una organización de seguridad y cooperación en la región empezando desde lo básico. Además de los países de Occidente, se podrían unir como observadores Rusia, China, Estados Unidos, la Unión Europea, India y otros países interesados”, agregó.

Luego abordó la situación más general: “Acabamos de escuchar esto, que hemos entrado en una era sin ningún orden mundial en absoluto... Si, ese escenario es posible realmente. Pero está plagado de muchas amenazas... Es por eso que no podemos funcionar sin un orden mundial sistemático. Pero también necesitamos flexibilidad, y permítanme añadir, no linealidad... lo cual presupone la capacidad de considerar varios sistemas y valores culturales, la necesidad de actuar juntos, dejar de lado los estereotipos y los clichés geopolíticos. Este es el único modo de resolver efectivamente los desafíos a nivel global, regional y nacional”.

Putin elogió luego el enfoque del Presidente Trump en la crisis de la península coreana. “Tenemos que darle crédito al valor y a la capacidad del Presidente Trump para tomar medidas originales. Ciertamente, por muchas décadas los presidentes de Estados Unidos ignoraron a la RDPC, y la trataron como un marginado. El señor Trump fue capaz de dar un paso histórico”.

Y haciéndose eco del pensamiento del Presidente Xi Jinping de China, Putin dijo: “Ha llegado el momento de hablar en términos de un ‘concierto’ global de modelos de desarrollo, de intereses, culturas y tradiciones en donde el sonido de cada instrumento es decisivo, inextricable y valioso, y para que la música se ejecute de manera armónica, y no con notas discordantes en cacofonía”.

Aquí también hay una lección para todos.

Hace casi 20 años, en el momento en que se firmaron los Acuerdos de Oslo entre el gobierno de Israel y la Organización de Liberación Palestina, en septiembre de 1993, Lyndon LaRouche, quien se encontraba en prisión en ese entonces, respondió de inmediato a ese avance crucial para poner fin a la guerra geopolítica británica en el Oriente Medio. LaRouche insistió en que se tenían que iniciar de inmediato proyectos decisivos, para fines de ese mismo mes de septiembre, para crear el impulso necesario para que tuvieran éxito los Acuerdos. En una entrevista que dio el 8 de septiembre de 1993, LaRouche dijo:

“Lo urgente aquí es que nos movamos a toda velocidad para llevar a cabo de inmediato estos proyectos de desarrollo económico, como el canal desde Gaza hasta el Mar Muerto, porque si esperamos hasta que se discutan, los enemigos del progreso y los enemigos de la raza humana, tales como Kissinger y sus amigos, van a tener éxito, con gente como los compañeros de [Ariel] Sharon, para intervenir para ahogar este acuerdo en sangre y en caos”.

La lección para hoy es que el dramático giro global que se ha abierto en torno a Siria, debe de rendir frutos mediante el desarrollo económico que se debe extender por toda la región, en base a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, y las propuestas de LaRouche para un renacimiento económico y cultural global.