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Victoria en Siria; ahora tiene que llegar ahí la Nueva Ruta de la Seda

25 de octubre de 2019
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El Presidente Donald J. Trump, junto con el vicepresidente Mike Pence, en su discurso a la nación el miércoles 23 de octubre de 2019, en el Salón de Recepción Diplomática de la Casa Blanca. (Foto oficial de la Casa Blanca por D. Myles Cullen).

24 de octubre de 2019 — El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirigió a la nación el miércoles 23 desde la Casa Blanca para hablar sobre la victoria en Siria, en donde destacó que no fue una victoria CONTRA ninguna otra nación, sino una victoria de todos en contra del terrorismo y en contra de las guerras coloniales de “cambio de régimen” a las que Estados Unidos fue arrastrado por los gobiernos de Bush y de Obama. Lo que no se dijo, pero que es sumamente importante, es que el posible “perdedor” en el proceso es el moribundo imperio británico y sus correveidiles en Estados Unidos que lanzaron esas guerras imperiales y las revoluciones geopolíticas de color.

Ese es precisamente el motivo por el cual las piezas británicas en Estados Unidos pretenden lanzar un juicio político contra el Presidente Trump, en una maniobra desesperada y suicida porque no hay absolutamente ningún delito que merezca el juicio político, ni siquiera la apariencia de un delito. Pero están furiosos porque Trump se atrevió a desafiar la política británica de “guerra permanente”, las guerras sustitutas con las que se quiere mantener a Estados Unidos en un conflicto permanente con Rusia y con China. Trump dejó esto bien claro en su declaración de ayer: “Como candidato a Presidente, yo dejé claro que necesitábamos un nuevo enfoque a la política exterior estadounidense, que no se guiara por la ideología, sino por la experiencia, por la historia y por un entendimiento realista del mundo”. Dijo lo que es obvio, que actualmente todo el Medio Oriente “es menos seguro, menos estable, y [está] menos a salvo que antes de que empezaran estos conflictos”, y quienes exigen ahora más guerra son los mismos que crearon este desbarajuste en el Medio Oriente con las guerras en Iraq y en Libia.

Aunque los histéricos congresistas estadounidenses y los medios corporativos andan chillando con que Trump le “entregó” todo a Rusia, es claro que Trump si coordinó las maniobras con Turquía y con Rusia, para regresar la soberanía a Siria, no obstante, quedan algunos obstáculos por resolver.

Los confabulados en el golpe contra Trump están igualmente preocupados de que cuando estalle –-como es inminente— la burbuja del sistema financiero (que se infla cada vez más fuera de toda proporción) Trump se incline hacia las propuestas económicas de Lyndon LaRouche: la urgente necesidad de intervenir a todo el sistema bancario occidental y proceder con una declaración de bancarrota ordenada según lo establece la separación bancaria de la Ley Glass-Steagall de Franklin Roosevelt (otra de las promesas de campaña de Trump); restaurar el sistema hamiltoniano de “crédito dirigido” por el Estado, hacia la industria, la agricultura, y la salud y educación de la población; e impulsar el conocimiento humano más allá de sus fronteras, enfocado en la exploración espacial y en el desarrollo de la energía de fusión termonuclear. Ese esfuerzo requiere de la cooperación internacional, en especial con Rusia y China, cosa que Trump ha repetido en varias ocasiones que es un objetivo de su Presidencia. Esa fue la causa de la farsa del Rusiagate, y el motivo de la masiva histeria macartista dirigida en contra de todo lo que tenga que ver con China.

Pero en última instancia, la cuestión que va a determinar si se pueden sostener los esfuerzos de Trump para resolver el embrollo del Medio Oriente, es la Nueva Ruta de la Seda. Qué tan rápido pueden las nuevas relaciones internacionales que quiere forjar el Presidente Trump, hacer llegar la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China a la región, de preferencia con toda la plena cooperación entre China, Rusia, India, Estados Unidos y otros. Como dijera Lyndon LaRouche después de los acuerdos de Oslo en 1993, que dieron una breve esperanza para la paz entre Israel y Palestina: “Que echen a andar los tractores de inmediato”. La Reconstrucción y el desarrollo son las precondiciones de una paz sostenible, y los remanentes del imperio británico harán cualquier cosa posible para impedir ese desarrollo, como lo hicieron para derrumbar los Acuerdos de Oslo.

Un paso importante se está dando en África, en el momento en que 44 Presidentes y Primeros ministros de África participan en la primera cumbre Rusia-África en Sochi, Rusia, que concluye hoy. Con una representación de más de 60 naciones y 3,000 participantes, que escucharon las propuestas del Presidente Vladimir Putin de Rusia y del Presidente Abdel Fattah el-Sisi de Egipto, actual presidente de la Unión Africana. Putin, quien está comprometido con “alumbrar a África” con acuerdos de energía nuclear civil en todo el continente, prometió duplicar el comercio, duplicar las exportaciones de alimentos rusos y otras medidas de cooperación industrial y de seguridad.

Este es el “Nuevo Paradigma” que viene cobrando forma en todo el mundo, en contra de los deseos de los “verdes” enemigos del crecimiento, financiados por la City de Londres y Wall Street; contra el deseo de los belicistas y de los geopolíticos de todo tipo. Los peligros son enormes, pero el potencial para un mundo, y un universo, digno de la humanidad, nunca ha sido tan grande, siempre y que la gente de buena voluntad se decida a actuar.