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Se cancelan las cumbres de APEC y COP 25 en Chile. Se derrumba el viejo paradigma, y debemos construir el nuevo.

31 de octubre de 2019

31 de octubre de 2019 – Cualquiera que todavía albergue la idea errónea de que el mundo de algún modo “se las va a arreglar” sin que sea necesario ninguna responsabilidad personal para actuar, debe despertar y ver al mundo de hoy, “desde arriba”, como se dice.

El miércoles 30 de octubre, se derrumbó en esencia el “modelo chileno” tan querido de la City de Londres y Wall Street. El Presidente Sebastián Piñera, frente a millones de personas en las calles que exigen un fin al modelo económico que implantó hace 45 años la dictadura fascista de Pinochet y sus controladores los “Chicago Boys”, anunció la cancelación de la cumbre del foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC, en sus siglas en inglés), la cumbre de jefes de Estado de 21 países de la cuenca del Pacífico, programada para llevarse a cabo en Santiago de Chile el 16 y 17 de noviembre.

Más allá de esto, la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU (COP25), la institución central del movimiento eco-fascista para acabar con el desarrollo industrial y reducir la población mundial, que estaba programada para llevarse a cabo en Santiago de Chile del 2 al 13 de diciembre, también se canceló. No solo quedaron desconsolados la pobre Greta Thunberg y los chiflados del grupo “Rebelión a la Estención” , sino el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien encabeza la genocida Iniciativa de Finanzas Verdes.

Este sacudón de masas en contra de la austeridad atroz en Chile no es un suceso aislado. En realidad, en todas las esquinas del mundo se viven estos sacudones, algunos de ellos bastante violentos. El gobierno de Hariri en Líbano, cayó el martes 29, luego que la población en masa exigió el fin de la división sectaria del país que ha degenerado en una gran corrupción y decadencia económica. El gobierno de Iraq se está derrumbando a consecuencia de que grandes segmentos de la población no tienen acceso a la electricidad o al agua potable, desde que George Bush y Tony Blair ordenaron la destrucción del país. Luego, Argentina sacó de la Presidencia al gobierno de Mauricio Macri, títere del FMI, y en las manifestaciones de júbilo los partidarios del nuevo gobierno ondearon banderas chilenas como muestra de solidaridad. Por toda Europa también, los viejos partidos establecidos que han gobernado desde la Segunda Guerra Mundial, se están derrumbando, pero sin ningún liderazgo a la vista que pueda dar marcha atrás a la decadencia económica.

Quizás en Estados Unidos algunos se sientan seguros porque tienen una buena pensión. Pero todas esas pensiones están invertidas en fondos especulativos que están a punto de desaparecer. La Reserva Federal de Estados Unidos ha estado imprimiendo dinero a un ritmo que no se veía desde el colapso de 2008, con el objetivo frenético de tratar de mantener a flote a los bancos “demasiado grandes para quebrar”, aunque sea por unas semanas o meses más, a un ritmo de más de $100 mil millones de dólares diarios. Pero la burbuja financiera, que ahora es más de la mitad más grande que la de 2008, de unos $1,500 billones (millones de millones) de dólares, está fuera de toda posibilidad de “rescate” esta vez. Diez años con tasas de interés cero para los bancos y con billones de dólares de “emisión cuantitativa”, solo ha empeorado la bancarrota de la economía real.

Pero la solución a este enredo está más a la mano que en cualquier otro momento de la historia reciente. Lyndon LaRouche advirtió hace 50 años sobre estos desastres precisamente si no se hiciera caso de sus propuestas: poner fin a la transformación del sistema financiero en un casino global de desperdicio especulativo; restaurar el “Sistema Americano” hamiltoniano de crédito dirigido hacia la economía real; unir esfuerzos a nivel internacional para llegar a la Luna, a Marte y más allá, e iniciar un programa de emergencia para implementar la energía de fusión termonuclear para toda la humanidad.

¿Una quimera? Nada de eso. Por primera vez desde John Kennedy, Estados Unidos tiene un Presidente que cree en el progreso científico; que ha comprometido de nuevo a la nación a la misión Luna-Marte; que rechaza el mito británico maltusiano de la “sobrepoblación” que gobierna el programa de los verdes, que se opone a que droguen a los niños; y que insiste en que Estados Unidos debe ser amigo de Rusia, y de China.

De ahí el esfuerzo frenético por llevar a juicio político a este Presidente, para impedir su esfuerzo de acabar con las guerras de cambio de régimen y construir relaciones amistosas con otros Estados soberanos. Pero más que nada, la oligarquía teme que para cuando estalle su burbuja financiera, Trump no siga los dictados de Wall Street y de la City de Londres, sino que adopte los programas de LaRouche, sus “Cuatro Leyes” e intervenir el imperio financiero con centro en Londres para hacer una reorganización de bancarrota, en vez de un rescate. Una de sus promesas de campaña que está a la espera, es la reinstitución de la Ley Glass-Steagall de Franklin Roosevelt. Y la oligarquía teme que no solo restaure las relaciones con Rusia y China, sino que se una con ellos en la mayor empresa de toda la historia, la transformación que está llevando a cabo la Nueva Ruta de la Seda en las otrora naciones colonizadas, en Estados industriales modernos para aliviar la pobreza, como lo ha hecho China en la nación más poblada de la Tierra.

Escuchen las sabias palabras de Lyndon y Helga LaRouche. Ahora es cuando.