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El mundo tiene que reconocer finalmente que lo de Maidan 2014 fue un golpe de Estado fascista controlado por Estados Unidos y los británicos

20 de noviembre de 2019
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Enfrentamientos ein Kyiv, Ucrania, el 18 de febrero de 2014. (Fuente: Mstyslav Chernov/Unframe).

20 de noviembre de 2019 — Se tiene que aplastar por completo el golpe de Estado británico que está en marcha contra el Presidente de Estados Unidos, ahora en su tercera fase, la de la inquisitoria fingida para un juicio político. Para hacerlo, no basta con mostrar que no hubo ningún mal comportamiento de Donald Trump en su relación con el actual gobierno de Ucrania, ni siquiera es suficiente mostrara que el anterior gobierno de Ucrania estuvo involucrado en el esfuerzo desesperado, encabezado por la agencia de espionaje del Reino Unido, el MI6, con el propósito de interferir en la elección presidencial de 2016 e impedir que Trump llegase a ser Presidente, junto con el intento subsecuente de derrocarlo con la farsa del Rusiagate. Esos son pasos importantes, y algunos republicanos del Congreso, en especial el representante de California, Devin Nunes, están haciendo un trabajo importante para exponer esa realidad.

Pero para lograr realmente aplastar el golpe, la dirigencia política estadounidense –-y el mundo entero en realidad— tiene que reconocer la verdad mucho más importante y fundamental sobre la revuelta de la plaza Maidan en el 2014 en Kiev. Esa verdad la presentó ampliamente EIR en un expediente de 18 páginas que se publicó el 24 de febrero de 2017, “Cómo pusieron Obama y Soros a nazis de verdad en el poder en Ucrania”.

La intención de fondo en el golpe 2014 en Ucrania, era la guerra. El equipo de sicarios diplomáticos de Obama lo dirigía el vicepresidente Joe Biden y la funcionaria del Departamento de Estado Victoria Nuland, la cual se jactó en una ocasión de que el aparato de “cambio de régimen” de Estados Unidos había gastado $5 mil millones de dólares para establecer y entrenar grupos de cubierta ONG antirrusos. Lo que no dijeron, pero tampoco escondieron de ningún modo, es el hecho de que la punta de lanza violenta de la revuelta de la plaza Maidan eran organizaciones y milicias abiertamente nazis que ondeaban la bandera de las organizaciones fascistas ucranianas que durante la Segunda Guerra Mundial se integraron con los nazis.

Luego de que se ejecutó el golpe, culparon a Rusia del caos en que se hundió Ucrania, del mismo modo que culpan a Rusia de cuanto mal imaginario o fabricado hay en el mundo. La economista ucraniana Natalia Vitrenko, ex miembro del parlamento ucraniano y dirigente del Partido Socialista Progresista de Ucrania, habló en la Conferencia del Instituto Schiller que se llevó a cabo el pasado 16 y 17 de noviembre en Alemania. Vitrenko hizo una exposición de cómo fue que Ucrania pasó de ser una nación industrial prominente, para convertirse en un caso perdido: su población que era de 52 millones de habitantes, perdió 20 millones; pasó a ocupar el último lugar en términos de ingreso per cápita en las 42 naciones de Europa, con un €1,830 euros, comparado con el promedio europeo de €14,739 euros. Ese fue el “éxito” de la “revolución democrática” de Obama y Biden en Ucrania, un fenómeno que se pretende repetir ahora en Hong Kong, por medio de las mismas instituciones subversivas de Londres y Washington.

En realidad, el objetivo en Hong Kong es la misma China, del mismo modo en que el objetivo en Ucrania era Rusia. Si se permite que esto continúe, habrá guerra, una guerra termonuclear.

Uno se preguntará, ¿por qué quiere alguien una guerra termonuclear? El hecho es que la explosión financiera que casi acabó con la economía mundial en el 2008, no llevó a la reorganización económica y financiera que propuso Lyndon LaRouche, mediante la restauración de las regulaciones de Roosevelt que se habían derogado en la década de 1990, a fin de acabar con la economía especulativa de casino, para crear una economía a favor del crédito para la reindustrialización, la generación de infraestructura, y para regresar a la exploración espacial y la energía nuclear. En vez de esto, se rescataron las apuestas financieras de los especuladores, y se restauró la economía de casino a plenitud, lo cual nos deja hoy con una burbuja financiera casi del doble de la que había en 2008, la cual va a estallar en cualquier momento.

Lo que más temen los lords de la City de Londres y de Wall Street es al nuevo paradigma que está surgiendo a una velocidad increíble en la forma de la cooperación entre China y Rusia en la Nueva ruta de la Seda, en la cual participan ya más de 150 naciones, muchas de las cuales ven por primera vez una vía para salir de la pobreza y del atraso, para convertirse en naciones industrializadas. Trump ha insistido en innumerables ocasiones que ser amigos de Rusia, “es algo bueno, no es malo”, y que Xi Jinping es un brillante dirigente de su nación, lo cual aterroriza a esos lords, ya que dicha cooperación implicaría el fin del imperio británico y de la división geopolítica del mundo para bien. Mejor la guerra que el fin del imperio, es la consigna de los oligarcas.

Peor aún, temen al hecho de que Trump es tan “indisciplinado” que, cuando la burbuja estalle, quizás no se vuelva hacia Wall Street, sino a LaRouche. Tenemos que hacer de esto una certeza.

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