El equipo Fernández-Fernández toma posesión del cargo en Argentina, con optimismo pero enfrentando “muchos muros que vencer en nuestro camino”

12 de diciembre de 2019

12 de diciembre de 2019 — El martes 10 de diciembre fueron juramentados Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, como nuevo Presidente y vicepresidente de Argentina respectivamente, en medio de una gran euforia y alivio de que el Presidente neoliberal Mauricio Macri se ha ido para bien, pero también con el entendimiento de que por delante hay un camino difícil de recorrer, dada la devastación absoluta de la economía, y la pobreza, el desempleo, el colapso industrial y la deuda externa impagable que Macri dejó. Un momento muy emotivo fue cuando Fernández le dio las gracias al finado Néstor Kirchner, con quien trabajó como jefe de gabinete, y quien luego de la crisis del 2003 “me permitió participar de la maravillosa aventura de sacar a la Argentina de la postración” afirmó el nuevo Presidente. La respuesta a esto fue un lluvia de aplausos.

En medio de explosiones de cánticos de la “marcha peronista”, y otros cantos ante el Congreso, Fernández presentó un “nuevo modelo” ambicioso, cuyo enfoque principal será la “caridad” –el amor Cristiano— y un sentido de solidaridad con los compatriotas argentinos que han sufrido enormemente durante estos últimos cuatro años.

Anunció que su gobierno va a comenzar abordando la espantosa situación que enfrentan la población pobre, los ancianos, los jóvenes y el ejército de desempleados que Macri dejó al salir de su cargo; aunque sus ministros trabajarán “en muchos frentes”. Se va a declarar una emergencia nacional de salud y el Plan Integral Argentina Contra el Hambre, dijo Fernández, sin embargo advirtió que solo colocar alimentos en la mesa de las personas no es suficiente. Hay que llevar a los ciudadanos a un desarrollo nacional y a un programa de empleos, de manera que puedan sentir que contribuyen con el avance del país. Habrá una presencia importante del Estado en la economía, afirmó, y en los programas para ofrecer préstamos de largo plazo y de bajas tasas de interés a las empresas. También va a anunciar un programa de desarrollo de infraestructura.

Con respecto a la deuda externa, Fernández advirtió que Macri “ha dejado al país en una situación de virtual default”, como en el 2003. La deuda es “insostenible” y no se puede pagar. “No hay pagos de deudas que se puedan sostener si el país no crece”, afirmó. Atacó el modelo especulativo de Macri y la enorme fuga de capitales “que destruyó la industria y la producción nacional”. Y con respecto al Fondo Monetario Internacional, “buscaremos una relación constructiva y cooperativa”, afirmó, pero vamos a elaborar nuestro propio programa sin la intervención extranjera ni pedir asesoría a los “técnicos imprudentes” que ofrecen las mismas políticas fracasadas.

Anunció que se hará una revisión a todo el sistema judicial, algo de la mayor importancia, comenzando con la corrupta Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Fernández dijo que “he decidido que sea intervenida la Agencia Federal de Inteligencia, para impulsar así una reestructuración de todo el sistema de inteligencia e información estratégica del Estado”. Este es un gancho en el hígado al concepto de “lawfare”, que Macri (con ayuda del Departamento de Estado y el Departamento de Justicia de Estados Unidos) utilizó para perseguir a miembros de la oposición política, de la cual el principal objetivo fue Cristina Fernández de Kirchner. El lema de “nunca más” debería aplicarse también a nunca permitir que el sistema de justicia se utilice para metas políticas, junto con la complicidad de los medios de comunicación, recalcó Fernández. La contaminación de las redes del sistema de justicia va a terminar ya.