Mark Carney: A duplicar la emisión cuantitativa, mantener las tasas de interés en cero porque “viene el invierno”

11 de enero de 2020

11 de enero de 2020 — En un discurso que dio ante un seminario de investigación del Banco de Inglaterra el jueves 9, su gobernador, Mark Carney, decidió dejar de lado su plan de “finanzas verdes” y se concentró en la especialidad de la banca central: imprimir dinero y alegar que con eso evita un colapso económico. En realidad, se le oyó a Carney claramente alarmado por las amenazas de un derrumbe próximo. Planteó simplemente una mayor impresión de dinero para darlo a los bancos insolventes, mediante la mentada “emisión cuantitativa” (EC), y al mismo tiempo mantener el programa de tasas de interés cero (del banco central a los bancos privados, por supuesto, no para la industria o las actividades agropecuarias) por un período indefinido. Irónicamente, este es el programa que él mismo había reconocido en su discurso de agosto de 2019 (en la conferencia de bancos centrales en Jackson Hole, Wyoming), que no funciona para generar productividad, ni para fomentar la demanda ni la inversión de capital, ni siquiera para manejar la inflación.

Carney (quien fue el primero, cuando fue gobernador del Banco de Canadá de 2008 a 2009, en establecer tasas de interés cero) se acreditó los períodos de “recuperación” (2% de crecimiento) durante sus ocho años al mando del Banco de Inglaterra, y culpó al Brexit y a los aranceles de Trump por los malos tiempos, incluyendo a los que el prevé en la proximidad.

“Se siente que viene el inverno”, dijo Carney casi al final de su discurso, que sonó también extraño para un fanático del calentamiento global. “La economía global se mudó de una expansión de amplia base a una desaceleración generalizada. Las incertidumbres y preocupaciones crecientes por la fractura del sistema de comercio global han afectado la actividad global, muy probablemente con el efecto de presionar a la baja las tasas de interés de equilibrio global, y de exacerbar las preocupaciones por el espacio tan limitado de la política monetaria. Con toda probabilidad, las tasas de interés en equilibrio seguirán bajas por un período de tiempo prolongado, en tanto que las fuerzas estructurales que las han presionado a la baja van a persistir por años. Más aún, estas fuerzas probablemente se reforzarán con las fallas inherentes al sistema monetario y financiero internacional”, es decir, el estatus del dólar como moneda de reserva.

Carney recomienda por lo tanto “cuando menos duplicar” las £60 mil millones de libras esterlinas (unos $80 mil millones de dólares) de emisión cuantitativa que se ejecutaron en los últimos cuatro meses de 2019, y comprar bonos corporativos y del gobierno. Y mantener el programa de tasas de interés del Banco de Inglaterra, que ahora están en 0.75%, “más bajas por un período mayor a fin de proporcionar más estímulos en el límite inferior”, o sea de tasas cero. Dijo que “se debe cambiar el mismo marco de referencia [del programa del Banco de Inglaterra] para ofrecer más estímulos en el límite inferior”.

En 2019 la EC de los bancos centrales llegó a $1,100,000,000,000 (un billón cien mil millones de dólares).

En pocas palabras, lo que Carney manifestó es que lo único que no tiene límites ahora, debe ser la impresión de dinero para los bancos insolventes. Su razonamiento es ridículo para cualquier persona sensata, pero no para el banquero de la City de Londres: “Una de las metas del programa de bajas tasas de interés consiste en estimular una mayor toma de riesgos, considerando que las recesiones surgen cuando la demanda se aleja de los activos riesgosos y se va a los activos seguros”.

Debido probablemente al cambio político en el gobierno británico después de las elecciones recientes, Carney se guardó de recomendar que el Banco de Inglaterra asumiera la política fiscal, (el “cambio de régimen” que propuso en su discurso de Jackson Hole) ni tampoco la “emisión cuantitativa verde para apoyar la transición hacia un mundo de carbón cero”, de lo que habló en las reuniones sobre el calentamiento global. Esto último está reservado para cuando se pone su otro sombrero, como “embajador del cambio climático” de la ONU y director de la “Iniciativa de Finanzas Verdes”.