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Cuando el destino depende de un pronóstico

13 de febrero de 2020
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Lyndon LaRouche en la fiesta de su cumpleaños 90, el 9 de septiembre de 2012. (EIRNS).

13 de febrero de 2020 — Cuando conmemoramos el primer aniversario del fallecimiento de Lyndon LaRouche el 12 de febrero de 2019, es apropiado que volvamos a sus conceptos y métodos para evaluar la situación estratégica actual, y tracemos nuestro rumbo hacia el futuro. En la edición del 7 de septiembre de 2007 del semanario Executive Intelligence Review, LaRouche publicó un artículo titulado When Fate Hangs on a Forecast (Cuando el destino depende de un pronóstico), que comienza con lo que sigue:

“El verdadero propósito estratégico y la función de un pronóstico económico competente, no es el de intentar predecir lo que sucederá, sino causar que suceda.

“El tema de hoy es un campo de combate en el que yo he desarrollado ciertas habilidades únicas, habilidades en esa rama de la inteligencia estratégica llamada prognosis de largo alcance. Esto no se trata simplemente de prever, pasivamente, lo que probablemente pueda suceder; se trata de diseñar programas como el que presento, con la intención de ocasionar una acción urgentemente necesaria que pueda rescatarnos de un desastre financiero global que se nos viene encima actualmente, un desastre próximo que ha iniciado ya su fase terminal.

“No es mediante la percepción desnuda que podríamos calcular qué poder obstinado yace, escondido de la percepción, entre esos meros puntos sobre la pantalla de nuestros sentidos. Es mediante nuestra acción sobre el universo, para hacer que sus secretos se manifiesten, no meramente como percepción, sino que se manifiesten como la autoridad superior de la mente que debe de probar la presencia oculta y las presuntas intenciones de cualquier poder obstinado que reside detrás de esa acción que de otro modo solo se pudiera percibir.

“Estos poderes ocultos deben ser obligados, de este modo, a salir a la luz. Deben ser forzados a revelar no solo la presencia eficiente escondida detrás de las huellas que llamamos percepciones. Debemos de probar las presuntas intenciones obstinadas de estos poderes, intenciones probadas que la verdadera ciencia conoce como principios universales, según se conocían dichos principios como dynamis por los pitagóricos, o la dinámica moderna de Nicolás de Cusa, Johannes Kepler, Gottfried Leibniz y Bernhard Riemann. A partir del conocimiento que podamos obtener únicamente de este modo, conseguimos los medios por los cuales el hombre y la mujer hechos a semejanza del Creador, están facultados para actuar de modo más o menos eficiente de acuerdo a la manera que satisface nuestro destino mortal, de la manera en que Él nos lo ha asignado de manera única.

“En este sentido, el hecho es que, desde el momento en que, en 1953, me afinqué en el método de geometría física de Bernhard Riemann, ningún pronóstico económico que he entregado ha fallado nunca; y solo por excepción ha asumido ese pronóstico la forma de lo que podría haberle parecido a algunos, erróneamente, haber sido lo que generalmente se considera solo como una predicción”.

Hoy, más de 13 años después, la realidad dominante que determina al planeta es como la pronosticó LaRouche: el derrumbe de la bancarrota del sistema financiero transatlántico, y los 50 años de descenso al averno de las economías físicas de las naciones que lo hospedan y sus víctimas. Las plagas de langostas que vienen devastando gran parte de África y del sur y sudoeste de Asia; la hambruna que amenaza a grandes partes de África en particular; la emergencia de los nuevos virus que, de no haber sido por las medidas heroicas que tomó el gobierno chino, podían ya haber barrido a todos los continentes y a la mayoría de las naciones con víctimas incontables; todos estos son problemas fatales que pueden ser detenidos y derrotados con las medidas que propuso LaRouche hace décadas. Programas de emergencia para desarrollar la energía de fusión, la colonización del espacio, y la biofísica óptica siguen siendo la necesidad urgente del día, a fin de elevar la plataforma tecnológica general de la noosfera, la economía física del hombre, para hacer frente a esas crisis.

Helga Zepp-LaRouche retomó la cuestión de los varios indicios de la economía física que se derrumba, en comentarios que hizo el 11 de febrero, y planteó la necesidad de “la cooperación internacional con China para derrotar al virus. La idea de que se trata de un ‘virus chino’ es el racismo más despreciable. Me sorprende que nadie pueda ver eso, porque las enfermedades no tienen nacionalidad. Occidente debía más bien de ayudar y enviar equipos médicos, ofrecer cooperación e incorporarse para derrotar esos nuevos problemas como el peligro de la plaga de langostas en África. Ahora mismo sería posible detenerla, pero si no se le detiene pronto ya, se va a desenvolver y va a generar un problema enorme que será mucho más difícil resolver después de un año. Va a morir mucha gente como resultado de la escasez de alimentos, porque estas langostas van a consumir toda las cosechas y van a dejar una devastación total”.

“Ya hay un colapso en occidente”, continuó Zepp-LaRouche. “Lo que necesitamos es un nuevo modelo de cooperación, un nuevo paradigma para acabar con esta confrontación geopolítica que solo conduce al desastre. Y para ello necesitamos las Cuatro Leyes de Lyndon LaRouche. Necesitamos pensar absolutamente sobre la especie humana desde el punto de vista del futuro”, agregó.

Helga Zepp-LaRouche plantea que debemos aprovechar el hecho de que este es el Año de Beethoven, y por ello mucha gente escucha ahora la música de Beethoven. La profunda crisis cultural que tenemos enfrente es parte de la decadencia general que padece el sector transatlántico, señaló Zepp-LaRouche, y escuchar la música clásica, en especial a Beethoven, “es la mejor manera de hacer que la gente eleve su mente. Necesitamos un renacimiento cultural en occidente”.

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