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¿Es Mike Pompeo moralmente apto para ser secretario de Estado?

21 de febrero de 2020
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El secretario de Estado Michael R. Pompeo a su llegada a Riad, Arabia Saudita, es recibido por el embajador de Estados Unidos en ese país, John Abizaid, el 19 de febrero de 2020. (Foto del Departamento de Estado por Ron Przysucha/ Dominio público).

Aunque Donald Trump se anotó una victoria decisiva en su guerra de tres años con el sector de la inteligencia angloamericana, luego de que resultó absuelto del juicio político el 5 de febrero, no hay ninguna intención de permitirle que deponga al “Partido de la Guerra” (la burocracia permanente que dirige Washington realmente). Londres y los íntimos de Wall Street van a hacer todo lo que esté a su alcance para impedir que Trump se reúna pronto con los Presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping en una conferencia cumbre para terminar con el peligro de una guerra global, y rechazar el “cambio climático” como pretexto para reintroducir el colonialismo en África, Asia y el mundo en general. En particular, China puede ser un socio natural de un Estados Unidos cuyo Presidente declara que “nuestra relación con China, ahora mismo, probablemente nunca ha sido mejor. Pasamos por un momento difícil, pero nunca ha sido mejor que ahora. Mi relación con el Presidente Xi es extraordinaria. Él está a favor de China; yo estoy a favor de Estados Unidos. Pero aparte de eso, nos amamos mutuamente”. De hecho, Estados Unidos y China están prestos a concluir en breve uno de los acuerdos comerciales más grandes de la historia, a menos que se perturbe desde adentro.

Entonces, ¿por qué a tan solo una semana de la absolución a Trump, el secretario de Estado Mike Pompeo, que se supone aliado de Trump, y la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy “la destripadora” Pelosi, ambos ponentes en la Conferencia de Seguridad de Múnich (que se llevó a cabo del 13 al 15 de febrero) en Europa, se mostraron de acuerdo en lanzar un ataque descabellado contra China? Pelosi atacó al Presidente Xi Jinping por socavar los “valores democráticos, derechos humanos, independencia económica y la seguridad nacional” de Estados Unidos. Pompeo dijo que “China intenta cada vez más de cooptar funcionarios a los niveles estatal y local… Tratan no solo de afectar nuestro nivel federal, sino a nuestros funcionarios estatales y locales también”. La idea de que China es “la mayor amenaza para Estados Unidos” es como las descaradas amenazas anteriores a la presidencia de Nixon de 1972, lo cual contradice por completo la política declarada del Presidente Trump. Y la política tradicional estadounidense, según se expresa en el enfoque de la Presidencia de Franklin Roosevelt hacia China y Asia hace setenta y cinco años, señala que no hay ningún problema en este planeta que no se pueda resolver, si los países más importantes del mundo trabajan como aliados. Este es el mensaje vital que le puede transmitir a un mundo esperanzado, la reunión cumbre que podría ocurrir quizás en abril o mayo, alrededor de las celebraciones del 75avo aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

En vez de actuar a favor de este enfoque, ¿juega Mike Pompeo algún tipo de “Gran Juego” de guerra y división inspirado por Londres, en contra del interés nacional de Estados Unidos? El Departamento de Estado de Pompeo ha nombrado a funcionarios de alto nivel como la ex directora de programación del Departamento de Estado, Kiron Skinner, quien dijo sobre China el pasado 29 de abril de 2019, que “no para tomar a la ligera la Guerra Fría, y la realidad de la guerra nuclear que pudo haber sucedido y el hecho de que estuvimos cerca en algunos casos; pero cuando pensamos sobre la Unión Soviética y esa competencia, en un sentido se trataba de una pelea dentro de la familia occidental. Karl Marx era un judío alemán que desarrolló una filosofía que en realidad estaba dentro de un cuerpo de pensamiento político más amplio… que tiene algunos principios incluso dentro del liberalismo clásico… Eso no es posible con China. Esta es una pelea con una civilización realmente diferente, y una ideología diferente, y Estados Unidos no ha tenido esa [pelea] antes”.

En respuesta a una pregunta posterior, Skinner especificó que “se trata de la primera vez en que tendremos una competencia entre grandes potencias con una que no es caucásica”, un comentario que no solo es racista, sino que además no es verdadero, como lo sabe cualquiera que puede ubicar Pearl Harbor en un mapa, o cualquiera que pueda recordar o leer sobre la Segunda Guerra Mundial.

UNA PREGUNTA PARA MIKE POMPEO

A principios de 2017, por instrucciones del Presidente Trump, el entonces director de la CIA, Pompeo, se le dijo que se reuniera con el ex director técnico de la Agencia de Seguridad Nacional, Bill Binney, un experto en sistemas de vigilancia cibernética, quien subsecuentemente informó a Pompeo que no había ninguna prueba en absoluto de que hubiese habido un hackeo ruso. Por el contrario, Binney recopiló personalmente la prueba de que hubo una filtración intencional desde adentro.

Binney informó a Pompeo que toda la idea del Rusiagate era un fraude, pero hasta la fecha Pompeo ha permanecido callado al respecto. La pregunta es, ¿por qué? Hasta la fecha, Bill Binney —quien sostiene plenamente su evaluación de 2017, de que la versión pública con respecto al “hackeo ruso” de 2016, es falsa, porque el supuesto “hackeo”, como se ha descrito, es una imposibilidad física—no ha recibido la cortesía por parte de Pompeo de una respuesta, ni positiva ni negativa, a pesar de que el Presidente le encargó la tarea de darle a Pompeo su evaluación experta. Si Pompeo hubiese tomado las medidas adecuadas, el golpe contra el Presidente Trump se hubiese derribado en noviembre de 2017, si no es que antes. ¿Por qué no actuó Pompeo entonces? ¿Cuál ha sido el costo para la nación porque Pompeo no hizo nada al respecto? ¿Cuál fue el efecto colateral de perpetrar la farsa del “hackeo ruso” para socavar la esencial relación funcional de seguridad que Estados Unidos necesita tener con Rusia en varias regiones del mundo, como en Siria?

Ahora mismo, es urgente que el Presidente de Estados Unidos tenga una conferencia cumbre, en el momento más pronto posible, con los Presidentes de China y Rusia, y quizás también con el primer ministro de India, la cual visitará pronto el Presidente Trump. Una nueva arquitectura financiera justa; un nuevo conjunto de acuerdos de defensa diseñados en torno al interés muto de las cuatro naciones; una posible misión conjunta de las “Cuatro potencias” para la exploración pacífica de la Luna y de Marte; el desarrollo de tecnologías avanzadas de alta densidad energética, con énfasis en una cuarta generación de fisión nuclear y en la investigación urgente de la fusión termonuclear, para rechazar las premisas maltusianas del “Nuevo Trato Verde”; la discusión de todas estas cuestiones requiere de un nuevo modo de pensar, diferente al concepto del “Choque de civilizaciones” que apoyó Mike Pompeo en Múnich.

Aunque la idea del choque de civilizaciones se le atribuye a menudo a Samuel P. Huntington, la idea salió realmente del finado agente de la inteligencia británica Bernard Lewis, de quien Mike Pompeo dijo el 20 de mayo de 2018, “le debo muchísimo de mi entendimiento del Medio Oriente a su obra”. Lewis fue una influencia central en el apoyo a la invasión a Iraq en 2003, la cual el Presidente Trump califica como “la peor decisión particular tomada nunca”. Es fama que Trump dijo en marzo de 2018, “eso fue Bush. Otro verdadero genio… Lo que resultó ser la inteligencia maravillosa. Esas grandes agencias de inteligencia”.

Se puede hacer un experimento crítico para averiguar exactamente a qué nación sirve realmente el secretario Pompeo. ¿Le dará finalmente al Presidente la respuesta que se le solicitó? ¿Permitirá al patriota William Binney que diga a este país la verdad sobre la farsa sobre Rusia? ¿O seguirá sirviendo a los intereses de quienes desean soltar los perros de la guerra mundial?

Si es así, no merece ningún sitio en una Presidencia de Trump, ni de ningún otro.

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