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Este es el momento para las Cuatro Leyes de LaRouche, y de su exoneración por parte del Presidente

22 de febrero de 2020

22 de febrero de 2020 — Luego de su absolución en el fraudulento juicio político, el Presidente Trump ha tomado una serie de medidas para limpiar la casa y abrir la posibilidad de implementar nuevos programas. Algunos de estos él ya los tiene pensados claramente; otros, requieren que la ciudadanía estadounidense intervenga para abrir el proceso de discusión en torno a una solución a fondo de la economía industrial y para elevar el nivel cultural y eliminar al pesimismo cultural que agobia al país. Esto es sumamente necesario por que dentro del mismo gabinete de gobierno del Presidente (para no mencionar a ambos partidos en el Congreso también) se exhiben adversarios de su política de paz y cooperación con Rusia, China y otras grandes potencias. La peor de estas víboras del partido de la guerra, el pomposo Mike Pompeo, el destructor de la paz y de la cooperación, es un peligro tan grande para la nación como el “mini Mussolini” Mike Bloomberg, el destructor de la industria, la energía y la riqueza.

El Presidente ha empezado a limpiar a ese nido de traidores incrustados en el Consejo de Seguridad Nacional y altos puestos de las agencias de inteligencia, repleta de amantes del conflicto geopolítico británico. Esto no será fácil, pero al mismo tiempo Trump está enfrentando la corrupción dentro del sistema judicial, para liberar a la gente del común de esa corrupción, tanto o más como enfrenta los injustos ataques judiciales en su contra y contra sus aliados más influyentes. Ha empezado a utilizar sus facultades de perdón para destacar y exponer formas específicas de tratamiento injusto a determinadas personas por parte del sistema judicial, ya sean de su partido y de otro, ya sean funcionarios o gente trabajadora y ciudadanos del común.

Asimismo, Trump ha empezado a abordar cuestiones de la infraestructura económica, como el agua y la energía, cosa que la ciudadanía tiene que trabajar de manera más creativa y eficaz. Empezando con los agricultores y ganaderos en California, que necesitan el agua que los reglamentos “verdes” del estado le impiden utilizar y se tira al Pacífico sin uso alguno. Esta cuestión vital de la nueva infraestructura, fue uno de los motivos básicos por los que la mayoría de los estadounidenses eligió a Donald Trump como Presidente, una promesa que no ha podido cumplir hasta ahora.

La exoneración de un individuo y personaje histórico extraordinario, puede multiplicar por mucho el poder del Presidente para avanzar, precisamente en este momento. La exoneración del finado Lyndon LaRouche. No se trata de la liberación de una persona, puesto que ya falleció, sino de liberar a una nación del medio siglo de desindustrialización, del pesimismo que se profundiza y de la desesperación de sus ciudadanos más productivos. Exonerar a LaRouche no se trata solo de revertir el empleo injusto de la ley contra una persona honorable, sino de ofrecer nuevas leyes para la nación, las “cuatro leyes económicas” de LaRouche “para salvar a la nación”.

Estas leyes, de acciones sobre la economía, diseñadas por LaRouche después del crac del 2007-2008, son precisamente los programas, los únicos, diseñados para dar marcha a tras el prolongado declive tecnológico e industrial de Estados Unidos, y para hacerlo con el impulso de la ciencia, de la energía de fusión y de los avances en energía nuclear para llevar a cabo las misiones de la Luna y Marte. El Presidente Trump tiene que tomar estas acciones ahora definitivamente, no a través del Congreso, sino mediante una acción conjunta con los Presidentes Putin y Xi Jinping, y el primer ministro Modi de India, a quien va a visitar pronto. La exoneración de Lyndon LaRouche, ampliando el proceso de perdón y el proceso de reforma al sistema judicial que ha iniciado el Presidente, iluminará a muchos estadounidenses sobre el verdadero progreso económico humano exitoso y la cultura y ciencia clásicas. Les dará el don del optimismo.

Ahora es exactamente el momento de darle un respaldo de masas al Presidente, para exonerar a Lyndon LaRouche.

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