¿Cómo es posible que cierren hospitales? El caso de la Ciudad de Nueva York

7 de marzo de 2020

5 de marzo del 2020 — Durante la gestión de Michael Bloomberg como alcalde de Nueva York, de 2002 a 2013, cerraron 20 hospitales, y ahora que la epidemia del coronavirus ha puesto la atención sobre el déficit de la capacidad hospitalaria que existe a nivel nacional para hacer frente a la epidemia, hay varios otros más en la lista para desaparecer.

Todos los hospitales que fueron cerrados formaban parte del antiguo sistema de hospitales de los vecindarios de la ciudad y le daban servicio principalmente a los pobres de la ciudad. Bloomberg no movió ni un dedo para impedir el cierre de los hospitales. Él estaba muy ocupado, junto con Bill Gates, en dirigir campañas de vigilancia en contra de las bebidas azucaradas y del tabaco, supuestamente los elementos principales de una política de atención médica preventiva y de medicina preventiva, dirigida a reducir los costos futuros del sistema de salud mientras se maximizaban las ganancias a las compañías de seguros.

Quienes cerraron los hospitales fueron los compinches de Bloomberg en su Partnership for the City of New York (Sociedad por la Ciudad de Nueva York), que fueron los que apoyaron todas sus campañas para alcalde, quienes operaban en base a planes que se propusieron durante los gobiernos de Pataki y de Cuomo, por Stephen Berger, el ex director ejecutivo de Junta de Control de Emergencia Financiera (EFCB en sus siglas en inglés, la entidad de los banqueros que administraba las finanzas de la ciudad para pagar la deuda) y asesor de la “Comisión sobre Decisiones Críticas para Estados Unidos” de Nelson Rockefeller. La Big MAC (Gran Manzana), como se le llamaba al EFCB, y la Comisión sobre Decisiones Críticas, fueron instituciones claves en la restructuración corporativista de Estados Unidos luego de que Richard Nixon abandonó el sistema monetario de reserva de oro de la posguerra el 15 de agosto de 1971, y acabó con el sistema de Bretton Woods.

Tanto la Big MAC como la Comisión de Rockefeller, fueron blancos importantes de Lyndon LaRouche, quien pronosticó que el fascismo y el genocidio sería el resultado de desmantelar el sistema de Bretton Woods, a menos de que se llevara a cabo una reorganización racional de las economías del mundo utilizando como métrica el aumento de la densidad relativa potencial de población y la intensidad del flujo energético, con inversiones en la ciencia básica e investigación y en nuevas plataformas de infraestructura física de gran escala.

Barack Obama y su ley de Atención Asequible, contribuyeron enormemente en este proceso de involución, que acabó con las tasas de reembolso de Medicare y Medicaid. El Dr. Ezekiel Emanuel, Jonathan Bush de la aseguradora Athena Health, y el director ejecutivo de la Clínica Cleveland, Dr. Toby Cosgrove, promovieron esto alegando que Estados Unidos tenía demasiadas camas de hospital, y que había que cerrar los hospitales que tenían un desempeño bajo y que había que despedir a los médicos “ineficientes”.

Justo después del 15 de agosto de 1971, cuando se abandonó el sistema monetario estable de Bretton Woods y comenzó a construirse la sociedad de consumo actual y la economía de casino, los bancos de Nueva York y de la City de Londres estaban ya comenzando a desmantelar el sistema de salud que estaba dedicado a la población más necesitada. Entonces adoptaron modelos que respondían a la ideología de “cero crecimiento poblacional” e impusieron regímenes de análisis de sistema para asignar “racionalmente” los recursos “escasos”.

El sistema de salud anterior dependía de la normativa de la ley Hill-Burton, que estableció un número mínimo de camas de hospital en un radio de distancia que fuera completamente accesible para las poblaciones a las que se intentaba prestar servicio. Una sociedad altamente productiva garantizaba que el costo del sistema de salud no fuera ninguna carga. La medicina en sí misma fue considerada una profesión, no un servicio financiado dedicado a generar ganancias para secciones completas de la nueva economía de consumidores y de servicios, que representaba en ese momento un estimado de un 20% del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos.

Cuando se le preguntó a Bloomberg sobre las cuestiones apremiantes de la atención médica en Estados Unidos, simplemente repitió lo que decía Stephen Berger. Si no se elimina el costo de los últimos 180 días de vida de una persona, los costos de la atención médica —en particular en el momento en que la generación que nació en la década de 1950 comenzaba a gravar al sistema— plantean una amenaza a un sistema financiero incapaz de promover el verdadero crecimiento económico productivo. En otras palabras, había que dejar morir a los “comensales inútiles”.

Hay muchos médicos y enfermeras molestos que están listos para organizar en contra de todo esto. El doctor Alan Sagar, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston, ha demostrado de manera sistemática que “el libre mercado”, que se utiliza como justificación para cerrar hospitales, no tiene nada que ver con el cierre de los hospitales.

“El doctor Sagar descubrió que la eficiencia nunca predice la supervivencia del hospital, como ocurriría en un mercado competitivo que funcione. Década tras década, los mejores hospitales de enseñanza y los de mayor dotación con relación a su tamaño, tenían más probabilidades de sobrevivir… los que estaban en los vecindarios afroamericanos tenían más posibilidades de cerrar”. El propone regresar a las normas de la ley Hill-Burton, de la época de Franklin Roosevelt. “¿Cuántos médicos y cuántos hospitales que proporcionen cuáles servicios necesitamos y en qué lugares? ¿Cómo les pagamos de forma atractiva, que los mantenga y se sostengan? ¿Cómo los apoyamos para que proporcionen atención médica apropiada de manera eficiente en donde se necesita?”

https://www.beckershospitalreview.com/healthcare-blog/close-hospitals-not-so-fast.html/

Las enfermeras y los médicos de emergencias en Nueva York han hecho campañas en contra de los cierres de hospitales, y los analistas de la salud pública han demostrado que la premisa de “ineficiencia” que se empleó para justificar el cierre de los hospitales públicos en Nueva York, es ridículamente falsa. https://www.cityandstateny.com/articles/opinion/why-closing-hospitals-and-cutting-staff-will-not-save-nyc-public-hospital-system.html