Nubes de tormenta financiera; esta es la “última llamada” para la Glass-Steagall

10 de marzo de 2020

10 de marzo de 2020 — El sistema financiero transatlántico, bajo la égida de la Reserva Federal de Estados Unidos y de los bancos centrales británico, europeo y japonés, se hunden en una crisis. Las tasas de interés de los certificados de Tesorería de Estados Unidos han caído tan rápido desde el martes 9 de marzo, que el Banco JPMorgan Bank no consiguió ninguna orden para los bonos del Tesoro a 30 años, un indicio raro y alarmante. Las tasas de interés de los bonos corporativos se elevaron mientras tanto, y los mercados de bonos chatarra de “alto rendimiento” se paralizaron. Un informe de la cadena NBC News del lunes 9 se titulaba “Una docena de años después de la recesión de 2008, un tipo de deuda diferente amenaza a la economía mundial”, en referencia a los bonos corporativos como el “nuevo tipo de deuda”. Las operaciones de préstamo “repo” de un día para otro de la Reserva Federal a los bancos que operan como agentes de los certificados de tesorería y los bancos a la sombra, requirieron $113 mil millones de dólares el lunes por la mañana; el banco de la Reserva Federal de Nueva York, viendo lo que se venía, había elevado su límite diario para esas operaciones, de $100 mil millones diarios, a $150 mil millones.

Los mercados bursátiles de Europa y de Wall Street cayeron otros 7% a 8% más en tanto que el precio del petróleo se desplomó en más del 30% con relación a los precios del viernes 6 de marzo.

En este momento de crisis, el diario New York Times sacó de nuevo la propuesta del presidente de la Reserva Federal de Boston, Eric Rosengren, para que la Reserva empiece a comprar directamente acciones comunes en la bolsa de valores y diversos títulos valores a los grandes bancos de Wall Street con el objetivo de sostener los mercados bursátiles. El título medio timorato del artículo era “Los bonos se desploman a bajos históricos, lo que lleva a la Reserva a considerar ¿qué más se puede hacer?”

Se tiene que poner fin a todas esas transas. Todos los títulos valores creados por Wall Street son tóxicos en este ambiente de derrumbe del mercado. El hecho de que la Reserva Federal ya lo haya hecho antes cuando menos una vez (en 2007, para forzar la compra de los bancos insolventes en quiebra Bear Stearns y JPMorgan Chase) no quiere decir que no violan la Ley de la Reserva Federal. La ley le permite a la Reserva Federal compraría a los grandes bancos, los valores del gobierno o garantizados por el gobierno, o según la enmienda de Herbert Hoover de 1932, “bajo circunstancias extraordinarias y exigentes”, bonos corporativos AAA solamente. Pero no acciones comunes. Ni bonos chatarra o por encima de bonos chatarra, del tipo de papeles que le ofrecen ahora.

Además de que se tendría que “hacer legal”, las compras que propone Rosengren arruinarían a la propia Reserva. No se puede permitir que ningún banco central imprima moneda de curso legal de Estados Unidos, y que pretenda respaldar esa emisión de dinero en papel bursátil tóxico y bonos corporativos chatarra como si fuera su reserva de capital. El dólar se hundiría muy por debajo de cualquier nivel justificado por la relativa fortaleza de la economía de Estados Unidos.

El siguiente paso que pretenden los banqueros que de el gobierno, es lo que ya anunciaron en la infame reunión de Jackson Hole en agosto del año pasado: que la Reserva Federal imprima “dinero fiscal” para el gasto del gobierno y para darlo a otras instituciones privadas. Esto es a lo que en la jerga banquera le llaman “dinero por helicóptero”. Esto le agregaría a la inflación galopante un grado de inflación mayor que arruinaría los ingresos de los hogares y sus ahorros.

La propuesta desesperada de Rosengren más bien señala que esta es la última oportunidad para restaurar la Ley Glass-Steagall y salvar la banca comercial, que es la parte vital del sistema financiero, y dejar que se hunda solo la parte de la banca de inversión especulativa. Esto es mejor hacerlo antes de que ocurra un crac desordenado, que las señales indican está ya en ciernes. La Glass-Steagall le daría a los fondos de pensión y fondos de retiro un período de gracia para abandonar los fondos especulativos u operaciones de banca de inversión en que los han metido, para dirigirlos a inversiones más seguras y protegidas.

Dejar de lado la Glass-Steagall ahora, significa que muy probablemente el siguiente paso será, en algún momento, declarar el feriado bancario para que entren los auditores forenses de la Corporación Federal de Seguros de los Depósitos, como hace 87 años, en marzo y abril de 1933, cuando los auditores obligaron a los bancos a quemar toneladas de esos valores tóxicos.