La Reserva Federal Salió a repartir dinero en helicóptero a los bancos, en vez de inyectar liquidez para la economía y la salud

13 de marzo de 2020

12 de marzo de 2020 — Alrededor del mediodía de hoy, las autoridades del Departamento del Tesoro y de la Reserva Federal, que están ahora en constante comunicación de crisis, se percataron de que la subasta de bonos de la Tesorería de 30 años no estaba caminando. Los bancos encargados de vender los bonos no los comprarían a no ser que la tasa de interés se disparase a la estratósfera. La última vez que el gobierno no pudo vender bonos de largo plazo, que se sepa, fue en 1861, luego de que se desató la Guerra Civil; para resolver esa situación, el Departamento del Tesoro del gobierno de Lincoln, inició la emisión soberana de moneda de curso legal directamente, a través de los “greenback”, para mantener andando a la economía real.

En esta ocasión, la Reserva Federal respondió con una avalancha de “liquidez”, proporcionada y prometida, para los mercados interbancarios, lo cual equivale, en efecto, a que la Reserva Federal compra directamente y se compromete a comprar, por una cantidad de $1.5 billones (millones de millones) de dólares en valores de la Tesorería de todo tipo. El hecho de que los valores de tesorería pasan rápidamente a través de los bancos y los fondos compensatorios, no esconde el hecho de que la Reserva Federal está comprando los valores realmente. Esto significa que la Reserva está imprimiendo el dinero de manera inorgánica para entregarlo directamente a la Tesorería, porque ésta no pudo colocar sus títulos entre los bancos agentes como de costumbre.

Esto no solo promete una enorme inflación. Esto pone en evidencia la total dependencia del gobierno de Estados Unidos, al vender sus instrumentos de deuda, a los bancos de inversión especulativa, los fondos compensatorios y otras entidades financieras especuladoras, que ahora de repente se encontraban insolventes, sin liquidez, en una crisis galopante de crédito, y por lo tanto incapaces de apoyar al mercado de bonos de la Tesorería. Lo único que consiguió la Reserva Federal con esta maniobra fútil, no es más que salvarle el día al Departamento del Tesoro para colocar sus bonos de 30 años. Las tasas de interés de los bonos siguieron más altas, y el mercado de valores siguió cayendo mucho más, una conjunción de acontecimientos que “no se suponía que tenía que ocurrir”.

Debido a la inmensa burbuja de deuda corporativa que se ha inflado desde el crac de 2008, la recesión en la actividad económica provocada por el coronavirus está detonando una crisis de crédito, debido a la amenaza de las pérdidas por muchas deudas que se volverán malas en medio de esta recesión. El crédito se ha vuelto muy difícil de conseguir para las empresas estadounidenses. No solo para las pequeñas empresas, y no solo para las compañías de petróleo y gas de esquisto como Halliburton (que es una compañía muy grande) y otras más pequeñas; también para Boeing, por ejemplo, que acaba de retirar de un solo golpe el total de una línea de crédito revolvente de largo plazo, de $14 mil millones de dólares, porque no cree que pueda conseguir crédito de ninguna otra forma en este momento. Muchas empresas han perdido una parte importante de su mercado debido a una disminución repentina de la demanda de los consumidores de productos y servicios de mucho tipo. Y en los abismos de la bancarrota para el petróleo de esquisto, la caída en la demanda de petróleo debido a una menor actividad económica en general, mantiene el precio del crudo drásticamente bajo, al nivel al que lo bajó el golpe de los saudíes.

La falta de crédito hace que las empresas cuya deuda está calificada como BBB (apenas por encima de los bonos chatarra) se vuelven de repente “ángeles caídos” cuya deuda se convierte en chatarra, y hace que las “compañías zombie” (las que no tienen ingreso operativo suficiente para pagar los intereses de sus deudas) se declaren finalmente en bancarrota.

Con relación a la banca, la revista American Banker advirtió el miércoles 11 sobre los problemas de la banca con las deudas malas de las compañías que prestan servicios a los campos petroleros; no mencionan a ningún banco gigante de Wall Street, sino a los bancos medianos regionales como Comerica, Cadence Bankcorp y otros bancos regionales de Texas.

El jueves 12 la misma revista informó que la Reserva Federal anunció que agregaría otros $510 mil millones de dólares para inyectar liquidez durante lo que queda de marzo y hasta el 9 de abril. Es decir, durante las próximas tres semanas la Reserva va a generar esa cantidad de “emisión cuantitativa” como lo ha hecho durante los últimos seis meses.

La Reserva Federal de Nueva York anunció el jueves 12 que elevaría sus operaciones de préstamos “repo” por un día por segunda ocasión en la semana, ahora a $175 mil millones de dólares. La demanda fue de $270 mil millones, de los cuales la Reserva prestó $200 mil millones; esto quiere decir que la Reserva está cubriendo la quinta parte del mercado de préstamos interbancarios, en términos globales. Esto se debe a que los bancos de inversión y fondos compensatorios que han especulado con derivados financieros relacionados con las tasas de interés y derivados basados en los índices de la deuda corporativa, están perdiendo las apuestas y tienen que cumplir las obligaciones del contrato a su contraparte. Así que los bancos más grandes ya no les prestan a estos dinero por 24 horas y lo van a conseguir con la Reserva Federal. Todo esto sucedía antes de que la Reserva empezara con su operación de lanzar dinero en helicóptero a mediodía.

Varios artículos de “analistas” del “Washington Post y otros medios, ya empiezan a reconocer que es probable que estalle la burbuja de la deuda de las corporaciones estadounidenses. La deuda corporativa (de empresas no financieras) se calcula entre $11 billones y $16 billones de dólares, dependiendo de qué categorías de deuda se incluyen en la contabilidad; la parte que se considera “deuda chatarra” es de unos $4 billones, esto es, mucho más grande que la burbuja de las hipotecas de alto riesgo que estallaron entre 2007 y 2008.

Las gravitaciones de 1000 puntos en la bolsa de valores, siempre a la baja, son una un síntoma colateral de la exacerbada crisis de deuda, la cual por sí misma puede devastar a la economía estadounidense como ocurrió entre el 2008 y el 2010.