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Cambia los axiomas económicos; conoce de dónde los agarramos

24 de marzo de 2020
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Un soldado le toma la temperatura a un transeúnte en la Guarnición Humphreys del Ejército de EU, en Corea del Sur, el 27 de febrero de 2020. Este despistaje del COVID-19 se realiza en todas las instalaciones del Ejército de EU en Corea del Sur. (Foto del Ejército de EU por el soldado primera clase Kang, Min-jin).

24 de marzo de 2020 – Observamos la lucha desesperada que libran los funcionarios de gobiernos de muchos países para encontrar los medios para salvar las vidas de sus poblaciones, con un sistema financiero global que está al borde un crac de magnitudes épicas, y lo que vemos es el resultado final de los efectos de 50 años de destrucción de la cordura en la economía y en el pensamiento económico. Hay muchas pláticas y escritos ahora sobre cómo “cambiar el modo en que vemos el valor de la vida humana”; pero para esto es necesario entender lo que sucedió a principios de la década de 1970, cuando se destruyó un orden económico que ponía el énfasis en la invención y la producción, y se sustituyó por un orden que le otorga mayor valor, de hecho casi valor exclusivo, al enriquecimiento mediante la especulación financiera. Ese fue el momento –cuando la oligarquía financiera con sede en Londres destruyó el sistema de Bretton Woods de Franklin Roosevelt, el sistema monetario y crediticio de tipos de cambio fijo, y lo sustituyó por el casino global de “tipos de cambio flotante”— cuando Lyndon LaRouche trazó la línea y dijo que eso se debía de parar, de dar marcha atrás. Porque si no, habrá tal austeridad contra la producción, los niveles de vida de la población, que vendrán nuevas pandemias y regresarán las viejas pandemias.

Cincuenta años después, el motivo por el cual los primeros ministros, presidentes, gobernadores, alcaldes y demás, se encuentran sorpresivamente con una enorme escasez de instalaciones de salud pública para una pandemia, porque sus sistemas de salud fueron diseñados para ser escasos, para ser “eficientes económicamente”. Después de la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos se procuró (y se promulgó para ello la ley Hill-Burton) que hubiera de cuatro a cinco camas de hospital totalmente equipado por cada mil residentes de cada uno de los condados. Actualmente hay una cama y media por cada mil habitantes, ubicados en lugares en donde casi siempre estarán todas ocupadas, porque se piensa que eso es “más eficiente” en un sistema económico global dominado por los mercados bursátiles y la ingeniería financiera.

Luego consideren a los países en desarrollo que enfrentan una pandemia como el COVID-19, que cuentan apenas con una sombra del mermado sistema de salud pública común a los países industrializados. El propósito de Franklin Roosevelt para el sistema de Bretton Woods, que la City de Londres destruyó hace 50 años, era el de fomentar la inversión en exportaciones de bienes de capital y proyectos de desarrollo en esos países en desarrollo, para utilizar lo que él llamaba “métodos americanos” en contraste con los “métodos coloniales británicos”.

La degeneración cultural que se desató en el siglo 20 vino a empeorar las cosas, cuando se sustituyó el orgullo de una identidad económica productiva para el bienestar general, por el orgullo en el enriquecimiento y en gastar en el bienestar hedonista individual.

La tarea que se fijó Lyndon LaRouche para todo ese medio siglo fue crear un Nuevo Sistema de Bretton Woods, con proyectos de desarrollo para todo el mundo. Primero que todo, poner la más alta prioridad en los avances científicos, la colonización del espacio y en la ciencia espacial, la ciencia de la energía de fusión y las tecnologías del plasma, y los avances en la biofísica. Y para poder alcanzar ese desarrollo tecnológico verdadero, restaurar el crédito productivo de la banca nacional mediante la Ley Glass-Steagall, que separe a los monstruos especuladores de la City de Londres y de Wall Street, de los bancos comerciales dedicados a la producción en la industria y la agricultura.

Las Cuatro Leyes económicas de LaRouche son ahora las únicas medidas que van a garantizar la verdadera supervivencia humana duradera y el progreso, para salir de esta repentina pandemia mortal y el colapso económico. Para restaurar la colaboración internacional que funcionó hace 50 años, pero de manera mucho mejor.

Helga Zepp-LaRouche, ha estado luchando para que se lleve a cabo una cumbre esencial de los líderes de las grandes potencias (en particular Estados Unidos, Rusia, China e India) para cooperar en todos los aspectos de esta pelea por la vida humana y para establecer un nuevo sistema crediticio para el desarrollo. Esta semana es posible que se lleve a cabo una reunión “virtual” de los líderes del G20 para analizar la lucha contra la pandemia y su impacto económico; es el momento decisivo para acelerar la campaña por el llamado de Helga Zepp-LaRouche para que se lleve a cabo esa cumbre.