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¡La gente es primero!

26 de marzo de 2020
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El Presidente Donald J. Trump observa mientras que el director del Consejo Económico Nacional, Larry Kudlow, hace sus comentarios durante el informe diario sobre el coronavirus, el martes 24 de marzo de 2020, en el Salón de Prensa S. Brady Press de la Casa Blanca. (Foto oficial de la Casa Blanca).

26 de marzo de 2020 — De manera muy conveniente, el jefe de los asesores económicos del Presidente Trump, Larry Kudlow, reveló en sus comentarios durante el informe diario del grupo de la Casa Blanca sobre el coronavirus, este martes 24, lo que muchos congresistas y comentaristas de los medios han tratado de ocultar: Que en el inmenso programa de alivio por el coronavirus que aprobó el Congreso, Wall Street se queda con $4 billones de dólares, mientras que el resto de los hogares estadounidenses, empresas, hospitales, jubilados, aerolíneas, petroleros, los estados y los municipios y demás, consiguen un total de $2 billones entre todos. Eso es lo que nos hace el sistema monetario de casino de tipos de cambio flotante de Londres y Wall Street, mientras que se hunde más en un colapso total.

El Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, unió su voz a la de Kudlow en público, para dar su estimación de que la Reserva Federal tendrá que poner a disposición de la “industria financiera” otros $4 billones de dólares, abarcando a todos sus megabancos y la multitud de fondos especulativos grandes y pequeños y todo tipo de entidad bursátil, por encima de la enorme cantidad de dinero que ya les han dado desde 2008 a través de la emisión cuantitativa y otras estratagemas. Y todo se trata de tratar de mantener el valor de muchos cientos de billones de dólares en activos de deuda especulativa y en derivados financieros, los cuales más bien se deberían congelar mientras dure la crisis, para aplicarles luego un procedimiento de reorganización de bancarrota.

Bajo el nuevo salvataje financiero propuesto, la Reserva Federal pondrá estos $4 billones y probablemente más; pero el Departamento del Tesoro, y por lo tanto los contribuyentes en última instancia, tendrán que respaldarlos. La primera entrega serán unos $400 a $500 mil millones de dólares que repartirá el Tesoro a la Reserva Federal en lo que se denomina Fondo de Estabilización Cambiaria del Departamento del Tesoro. Esta se trata de una línea de pagos abierta a la Reserva Federal que se puede meter en el proyecto de ley de ayuda por $2 billones que se acaba de aprobar; pero incluso si no forma parte de la misma, el Departamento del Tesoro tendrá que usarla, ponerla a disposición de la Reserva, y en última instancia cargársela a los contribuyentes. Luego, como el banco de la Reserva Federal resultará con enormes pérdidas como resultado de comprar y garantizar todos esos papeles que se desploman en el mercado, serán necesarios más pagos del Departamento del Tesoro para cubrir esas pérdidas.

O sea, el Tesoro va a pagar el salvataje financiero más grande de la historia. Eso va a empequeñecer enormemente la ayuda a los estadounidenses por el coronavirus.

Durante las últimas tres semanas, la Reserva Federal ya ha emitido unos $3.2 billones en “emisión cuantitativa” y otras formas de dinero inorgánico. Todavía no está claro si el plan consiste en emitir otros $4 billones por encima de eso, o si los $3.2 billones forman parte de la “gran bazooka” de los $4 billones, pero en última instancia eso es irrelevante. Ya sean $4 billones, o $7.2 billones de dólares, o el doble de eso que es lo que exige el sistema financiero insolvente en la forma de salvatajes hiperinflacionarios, sería como echar una gota de agua en un sartén caliente. No hará nada para detener el colapso de la enorme burbuja de $1,800 billones de dólares en derivados financieros, en el derrumbe que ya está en marcha.

Solo la reorganización por bancarrota mediante la restauración de la Ley Glass-Steagall puede empezar a resolver la situación. Y enseguida, las otras tres de las Cuatro Leyes económicas de Lyndon LaRouche, para establecer un nuevo sistema crediticio impulsado por la inversión en el desarrollo científico y tecnológico, con cooperación internacional, para sacar al mundo del borde del abismo.

Hace casi 22 años, el 4 de octubre de 1998, Lyndon LaRouche publicó un artículo titulado “¡La gente es primero!”, cuyas frases introductorias parecen haberse escrito hoy para la crisis que enfrentan Estados Unidos y el mundo.

“Muy pronto, el actual sistema financiero internacional, condenado a la ruina, se va a desintegrar. No se puede administrar o reparar; su ruina es segura, y pronto. Nos encontramos ya en la fase final de su destrucción. Esta destrucción puede suceder de manera racional, mediante las acciones preventivas y clementes de los gobiernos particulares, o de la manera más trágica, espontánea y caótica. De cualquier manera, el sistema financiero actual está condenado a desaparecer, muy pronto.

“Bajo estas circunstancias, la existencia continuada de Estados Unidos, así como la de otras naciones, depende en absoluto de la celeridad con la que responda el gobierno con ciertas medidas necesarias e inmediatas de emergencia.

“Si se toman las medidas especificadas aquí, esta nación sobrevivirá de seguro a la crisis, y de la manera más exitosa. Si no hay la voluntad política para adoptar e implementar estas medidas de emergencia, de inmediato, la nación quedará destrozada por el caos, debido a su obstinación negativa a cambiar el sistema actual. Si no se cambia la presente postura de aferrarse a los dogmas autodestructivos del “libre mercado” y la “globalización”, el caos es ya inevitable; en ese caso, esta nación no va a sobrevivir en una forma que se le pueda reconocer.

“Las siguientes son las medidas ejemplares necesarias…

“1.0 Política general de emergencia

“Cuando ocurra esa desintegración del actual sistema financiero mundial, Estados Unidos y otros gobiernos, si son sensatos, se considerarán obligados todos a tomar ciertas medidas de emergencia drásticas, al instante y de manera autónoma soberana. El propósito inmediato de estas acciones, es mantener la estabilidad social y el bienestar general de la nación y de toda su población. La norma que gobierna estas acciones, es: ‘¡La gente es primero! ¡Toda la gente!’ ”

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