Las fuerzas armadas de EU no saben qué hacer para responder a la crisis pandémica

7 de abril de 2020

7 de abril de 2020 – El relevo del capitán de navío Brett Crozier, comandante del portaviones USS Theodore Roosevelt, plantea una cuestión de mayor alcance que el Departamento de Defensa y las fuerzas armadas no han encontrado todavía como responder. Esto es, ¿qué hace realmente la nación con las fuerzas armadas en un tiempo de crisis pandémica como la que vivimos hoy?

El Presidente y la nación necesitan una capacidad militar lista a su disposición. La seguridad y protección de los sistemas de armamento en posesión de los militares, como los sistemas nucleares, necesitan mantenimiento, así como la capacidad de utilizarlos en caso de que la nación enfrente una amenaza existencial. Sin embargo, al mismo tiempo, la pandemia del coronavirus le presenta a las fuerzas armadas de EU todo un acertijo. La misión de las fuerzas armadas en este momento la han definido los neoconservadores que promueven la ideología geopolítica británica, y está orientada a la preparación para enfrentar una guerra con las dos potencias principales, Rusia y China, con las que la nación tiene que cooperar para derrotar a la pandemia.

El golpeteo contra el gobierno de Trump y la Armada debido al relevo de Crozier es indicativo del problema. Cuando Crozier dejó el buque, luego de ser relevado, le dieron una despedida con aplausos de parte de cientos de marineros que se congregaron en el hangar para verlo salir, como se ve en varios videos que se postearon en los medios sociales. Un llamado para que sea repuesto en su cargo ya tenía 120,000 para el viernes 3 de abril. Cuando menos 15 senadores demócratas, junto con dos miembros de la Cámara de Representantes, le han escrito al inspector general del Departamento de Defensa, Glenn Fine, para solicitarle que investigue el relevo de Crozier. La voz decisiva en este asunto, la del Presidente Donald Trump, todavía no se ha escuchado. El jueves 2 de abril, Trump negó que Crozier haya sido relevado de su cargo por tratar de salvar las vidas de los marineros, pero no ha dicho nada más desde entonces.

La directiva del Departamento de Defensa, desde el secretario Mark Esper hasta abajo, no han tomado hasta ahora medidas adecuadas para detener la propagación del virus entre las tropas, sino que se han mantenido el estado de cosas y siguen enfocados en el desempeño de siempre. El liderato de las fuerzas armadas “se andan enredando para hacer lo mínimo indispensable y al mismo tiempo mantener el entrenamiento”, dijo un sargento entrenador que habló con Military Times a condición de mantener el anonimato. “Hemos recortado muchas actividades que implican tocarse (combate mano a mano) y estamos manteniendo la distancia social, pero eso es todo”.

“Si dejamos de entrenar por completo, ese rendimiento desaparece, y no se recupera”, dijo el vocero del Pentágono, Jonathan Hoffman. “Se tendría que aumentar el entrenamiento en el futuro para compensar eso, o simplemente no se recupera”, agregó. ¿Pero cuál es el riesgo de que las unidades queden inutilizadas por el coronavirus y pierdan de cualquier manera su efectividad y su presteza? Parece ser que esta es una cuestión que nadie se ha planteado, y mucho menos le han dado respuesta.

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