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La crisis del portaviones nuclear muestra la necesidad de aplastar al partido belicista

8 de abril de 2020
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Aviones del Ala Transportada 1 en formación sobre el portaciones clase Nimitz USS Theodore Roosevelt (CVN-71) durante una demostración de la fuerza aérea transportada (del 22 de marzo de 2015). Foto de la Armada de EU por el especialista Chris Brown/publicada).

8 de abril de 2020 — La valentía del comandante del portaviones nuclear USS Theodore Roosevelt, capitán de navío Brett Crozier, de defender a su tripulación contra el COVID-19, ha obligado a salir a la luz la perversidad que quiere llevar a Estados Unidos hacia una confrontación militar con China y con Rusia. El capitán Crozier simplemente afirmó la verdad: Estados Unidos no está en guerra, y no hay ningún motivo para arriesgar las vidas de la tripulación al coronavirus.

El propio secretario de la Marina en funciones, Thomas Modly, se destapó y destapó la cloaca (y finalmente se vio obligado a renunciar por ello). No fue tanto que el capitán haya hecho pública la crisis de salubridad a bordo del portaviones, sino que se atrevió a decir que “no estamos en guerra”.

Luego de relevar al capitán Crozier, Modly salió volando a la base naval estadounidense en Guam, para reprender a la tripulación del portaviones por haber vitoreado al capitán cuando salió del buque tras su remoción. Y ahí fue cuando a Modly se le salió el diablo por la boca: “Una de las cosas de esos correos electrónicos [que envió el capitán a sus colegas] que más me molestó fue el que dijera que no estamos en guerra, que técnicamente no estamos en guerra. Pero déjenme decirles algo, el único motivo por el cual estamos lidiando con esto ahora mismo, es que un gran régimen autoritario llamado China no fue comunicativo sobre lo que sucedía con este virus, y pusieron al mundo en riesgo para protegerse ellos solos y proteger sus reputaciones”. Luego más tarde, en medio de abucheos y pitazos por parte de la tripulación, les espetó que la tripulación lo que tenía que hacer es “cumplir con su deber y no quejarse”, para mostrar que puede “demoler este virus del mismo modo que demolería a los chinos o a los norcoreanos o a los rusos si cualquiera de esas naciones fuese tan estúpida como para meterse con el Gran Garrote”.

El “Doctor Insólito” no lo hubiera podido decir más claramente.

En 2001, el entonces Presidente Obama lanzó su plan “Pivote de Asia” contra China y luego orquestó el golpe neonazi contra Ucrania en 2014, e impuso las sanciones a Rusia para empezar una confrontación militar con Rusia. Desde ese entonces, el partido belicista en el Pentágono y dentro de los dos partidos dominantes en Estados Unidos, ha gobernado la política estratégica de este país. A pesar de las repetidas promesas del Presidente Trump durante y después de su campaña presidencial de 2016, de que quiere una relación de amistad con Rusia y con China, el partido de la guerra publicó en diciembre de 2017 su Estrategia de Seguridad Nacional oficial, en la que designa a Rusia y a China (no al terrorismo) como los principales adversarios de Estados Unidos y como una amenaza a “nuestro modo de vida”.

Es esa Estrategia de Seguridad Nacional la que quedó al descubierto ahora, como el emperador desnudo que enfrenta al niño que dice la verdad, sin miedo a la “opinión popular” ni a la “presión social”. “¡No estamos en guerra!” La población está furiosa por el relevo del capitán Crozier, los soldados en todas partes están furiosos; y el Presidente Trump tuvo que decir el lunes que el capitán Crozier tiene un récord excelente. No obstante, el Presidente Trump dejó a la Armada a que determine a su interior el futuro del capitán, al mismo tiempo que aceptó la renuncia de Modly.

Estados Unidos no solo no está en guerra, ni con Rusia ni con China, sino que de hecho en las últimas dos semanas el Presidente Trump ha conversado por teléfono con los Presidentes Xi Jinping y Vladimir Putin, para abordar la amenaza de la pandemia así como la crisis económica y estratégica. El movimiento de LaRouche ha planteado la necesidad de que estos tres mandatarios se reúnan, ya, para abordar la amenaza existencial que enfrenta la humanidad, la confluencia de la pandemia, la desintegración financiera, la desintegración económica, y el permanente peligro de una guerra general. Este es el momento para esa cumbre. El pueblo estadounidense la va a respaldar y la enorme mayoría de las naciones del mundo le dará su beneplácito.

Mientras tanto, la pandemia avanza hacia África y Sudamérica. La población del hemisferio sur, en pleno otoño, debilitadas físicamente debido al saqueo colonial, y neocolonial neoliberal, durante generaciones sucesivas, enfrentan la muerte en una escala que no se había visto en el planeta desde la plaga de la peste negra del siglo 14. La presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, ha emitido un llamado para el establecimiento de una “Ruta de la Seda para la Salubridad”, una movilización de las fuerzas productivas de todas las naciones del planeta Tierra para producir los sistemas hospitalarios y de salubridad pública que se necesitan en cada país, ahora, para enfrentar este flagelo. Esta movilización de lo bueno en los pueblos y naciones del mundo no tiene tiempo que perder. La Conferencia Internacional del Instituto Schiller, que se llevará a cabo por Internet el 25 y 26 de abril, es un evento “de asistencia obligatoria” para mover a la acción ese espíritu de la humanidad inherente a todos los pueblos y poner en marcha la Ruta de la Seda para la Salubridad.