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Una solución integral: La “Misión Apolo” de LaRouche para un sistema mundial de salud y la economía

15 de abril de 2020
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Lyndon H. LaRouche, Jr. (Foto: EIRNS).

15 de abril de 2020 – Tenemos enfrente una situación de derrumbe mundial. Se necesita una solución integral, no solo buenas ideas, aunque son bienvenidas. El documento del Instituto Schiller de reciente publicación presenta esa perspectiva, “La ‘Misión Apolo’ de LaRouche para derrotar la pandemia global: construir un sistema mundial de salud ya”, cuyo centro de referencia es salvar vidas, y en el transcurso de la movilización para lograrlo se establecerá la capacidad agroindustrial y de infraestructura para una economía nueva. Para empezar, no se trata de ningún intento fútil de “regresar al trabajo” en ninguna de las formas que llevó al estallido de la crisis.

A este respecto, la presidente del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, comentó que hay acontecimientos importantes en movimiento, como los llamados a la moratoria a la deuda de las naciones empobrecidas, pero que en sí mismos no plantean el cambio integral del sistema que se necesita.

La conferencia del Instituto Schiller del 25 y 26 de abril —“La existencia de la humanidad depende ahora del establecimiento de un nuevo paradigma”— tiene el objetivo de ayudar a que este cambio se haga efectivamente. La movilización para lograr una asistencia máxima de todos los continentes, a esta conferencia, contribuye a crear el movimiento de masas necesario para cambiar el rumbo de la historia.

Una de las iniciativas que es bienvenida, llegó de África ayer. Desde Etiopía despegaron los primeros aviones de carga de la operación de la ONU llamada “Vuelos de solidaridad”, con una carga de equipo médico y de protección para el personal médico y para los pacientes, que se enviarán a todos los países de África. El equipo es un donativo de Jack Ma y de la Iniciativas de la Fundación Ali Baba, y del Primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed. La misión la llevan a cabo conjuntamente el Programa Mundial de Alimentos, la Organización Mundial de la Salud y la Unión Africana, desde un nuevo “centro humanitario” ubicado en Addis Abeba. El volumen de ayuda es pequeño, pero el significado de la iniciativa es grande. El plan contempla establecer otros centros similares en otras partes del mundo. Lo que falta por ahora es financiamiento.

La transmisión del coronavirus (SARS-CoV-2) está causando ya situaciones de pesadilla en muchos lugares, y eso que todavía no ha llegado completamente a todo el sur del planeta que inicia su invierno. En India, en donde la enfermedad provocada por el coronavirus (la COVID-19) avanza implacable, el Primer ministro Narendra Modi se dirigió a la nación para anunciar otras tres semanas de encierro total y para alentar a sus conciudadanos a soportar las restricciones, a fin de detener la propagación del virus mientras hacen acopio de mayores instalaciones médicas.

En Asia, los dirigentes de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático más 3 (ASEAN+3) —o sea más China, Japón y Corea del Sur—tuvieron una reunión por teleconferencia y acordaron ayudarse mutuamente en las medidas a tomar para combatir al coronavirus que causa la enfermedad denominada COVID-19.

En Estados Unidos hay una crisis económica enorme, en donde unas 18 millones de personas se han registrado para recibir ayuda por desempleo tan solo en las últimas tres semanas. Las líneas de suministro de alimentos se están agotando; la capacidad agropecuaria está en riesgo. Todos los días, por ejemplo, los productores de leche tiran un estimado del 5% de su producción, porque no tienen dónde colocarla en venta a un precio adecuado. Uno de los factores es la caída del 12% al 15% en la demanda del público luego de la orden de encierro en casa desde mediados de marzo. Pero ya antes de que se desatara el brote de la pandemia, unos 3,000 productores de leche en Estados Unidos fueron forzados a suspender sus operaciones en 2019 debido a las condiciones sistemáticas de bajos precios para los granjeros y los ganaderos, y debido a la concentración de las procesadoras de alimentos, además del abandono por parte del gobierno federal por su apoyo a los círculos de Wall Street y la City de Londres que controlan a esas procesadoras, en vez de actuar en el interés del público.

Con detalles particulares distintos, esa es también la situación en otras áreas de la economía, como la vivienda, el transporte, el agua, la energía, y ciertamente la atención médica y la ciencia básica. Obviamente la carencia de lo más básico para enfrentar al virus es más extremo en África, en partes de Centroamérica y Sudamérica, el Caribe y partes de Asia.

Zepp-LaRouche volvió a subrayar que no podemos derrotar al coronavirus bajo el sistema económico existente, que está en bancarrota. Para empezar, tenemos que restaurar ya la reorganización bancaria de la Ley Glass Steagall, eliminar las deudas malas de casino, establecer una banca estatal hamiltoniana para emitir de emergencia crédito para las prioridades de la salud, y establecer una cooperación internacional para crear un Nuevo Bretton Woods en estos términos.

Esta perspectiva, guiada por la orientación programática de Lyndon LaRouche, es la que se tiene que planificar para combatir la pandemia y crear un sistema económico internacional justo después de esta pandemia. En contraste con esto, tuvimos esta semana el espectáculo de la disputa artificial entre el Presidente Donald Trump y los gobernadores de los estados, en torno a quien tiene la autoridad para emitir la orden de “regresar a trabajar”, un típico estado mental geopolítico británico de hacer pelear a unos contra otros.

En estos momentos de tribulaciones, tenemos que mantener el foco en lograr que la participación a la conferencia internacional del Instituto Schiller (que contará con traducción simultánea al español y otros idiomas) sea enorme, y a organizar un movimiento de masas en el proceso. “Los tiempos duros no duran, pero la gente dura sí”, dijo Zepp-LaRouche al parafrasear al embajador de Estados Unidos en China, Terry Branstad, quien habló en la radio desde Pekín a la ciudad de Des Moines, Iowa, el 12 de abril. Dijo que esa divisa le ha guiado desde que era gobernador de Iowa, durante la crisis agrícola de la década de 1980, y nos guiará a todos juntos hoy.

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