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Este es el momento para una nueva Paz de Westfalia

2 de julio de 2020
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Ratificación del Tratado de Münster, el 15 de mayo de 1648 (1648) por Gerard ter Borch.

1º de julio de 2020 — Federico Schiller dijo una vez que la revolución francesa fue “un gran momento que se encontró con gente pequeña”. Con el espíritu de la revolución americana republicana muy claramente frente a ellos, la oligarquía francesa y sus compinches británicos rechazaron el Sistema Americano, y desataron una turba jacobina que destruyó y mató, mientras que Danton le decía a Lavoisier cuando lo condenaba a la guillotina: “la revolución no necesita científicos”.

Esto no es historia muerta; está viva hoy en las calles de muchas ciudades estadounidenses y europeas, en donde las turbas jacobinas desatan la anarquía y destruyen estatuas de George Washington, Abraham Lincoln, Cristóbal Colón y del general Ulysses S. Grant; o de fray Junípero Serra y de Miguel de Cervantes; predican la destrucción de la economía con su “Nuevo Trato Verde” y abiertamente profesan su intención de llevar a cabo un golpe de Estado contra el Presidente electo de Estados Unidos. Como en la sangrienta revolución francesa, el poder controlador detrás del golpe y de la turba jacobina está en la City de Londres y las agencias de inteligencia británicas, que no se han dado por vencidos a pesar del fracaso momentáneo del “Rusiagate” que fraguó el agente del MI6, Christopher Steele, contra el Presidente Donald Trump.

El martes 30 de junio, el partido belicista en Estados Unidos publicó una diatriba psicótica contra el Presidente Trump, firmada por Carl Bernstein de la CNN, titulada “Complaciendo a Putin e ignorando a sus asesores, las llamadas telefónicas de Trump alarman a funcionarios estadounidenses”. El autor cita a todos los generales que han promovido y participado en todas las guerras de este siglo; en Afganistán, Iraq, Libia y Siria. “Funcionarios estadounidenses de muy alto nivel, entre ellos sus ex secretarios de Estado y de Defensa, dos asesores de seguridad nacional y su ex jefe de personal que ha durado más tiempo, han concluido que el propio Presidente plantea un peligro de seguridad nacional para Estados Unidos”, escribe Bernstein. Alega que Trump es un “delirante”. ¿Por qué? Porque cree que “ser amigo de Rusia es algo bueno, no es malo”.

La última de las grandes mentiras al estilo de Goebbels, que empezó a difundir el diario The Guardian de Londres y el The New York Times —que Putin les ofreció una recompensa al Talibán por matar estadounidenses en Afganistán— la quieren sostener como verdad pura los promotores de la guerra en el Congreso de EU y en los medios masivos, prácticamente toda la prensa mentirosa, y hasta el ex comandante supremo de la OTAN, el almirante James Stavridis, salió con el desvarío de que Estados Unidos debería ofrecer “una respuesta contundente” a los rusos, correr al embajador ruso en Estados Unidos y a su equipo de inteligencia, y que se tiene que impedir que los diplomáticos y oficiales militares estadounidenses, y en especial el Presidente Trump, se reúnan con sus homólogos rusos. Todo por la última de las mentiras que entre más absurdas más las repiten, donde reina la locura.

Sin embargo, al mismo tiempo que sucede todo esto, el embajador de Estados Unidos en Rusia, John. J. Sullivan, y el embajador de Rusia en Estados Unidos, Anatoly Antonov, tuvieron un seminario por Internet ayer, donde hablaron con entusiasmo sobre la necesidad de que los dos países cooperen en catalizar una recuperación económica global luego de la pandemia del coronavirus. El embajador Sullivan informó sobre una reunión reciente que tuvo con el ministro de Comercio de Rusia y los directivos de 15 empresas estadounidenses, y que hay un plan para que un grupo de empresas rusas que participan en la ciencia del espacio visiten Houston el año próximo. El embajador Antonov dijo que no es la pandemia lo que limita la relación entre ambos países, sino un pantano de burocracia y de obstrucción en el medio político.

En el Reino Unido, el asiento del imperio, desde donde las agencias de inteligencia británicas dirigen los golpes de Estado y guerras de cambio de régimen en el mundo, incluso en Estados Unidos, hay un proceso en marcha que es necesario ver con detenimiento. El primer ministro Boris Johnson, junto con sus dos asesores principales, Dominic Cummings y Michael Gove, despidieron a Mark Sedwill, el principal operativo de inteligencia que controla al gobierno a nombre de la GCHQ (equivalente a la Agencia de Seguridad Nacional de EU) y del MI6. Al mismo tiempo, anunció una transformación de la economía del Reino Unido que supuestamente se basa en el “Nuevo Trato” de Franklin Roosevelt. “No vamos a regresar a la austeridad”, declaró Johnson ayer. Anunció que su “Nuevo Trato”, dará crédito directo del gobierno para construir infraestructura, como escuelas, hospitales, transporte, energía nuclear, ferrocarriles, para elevar la plataforma económica de tal modo que el sector privado tenga la confianza para invertir en nuevas tecnologías. “Amigos míos, yo no soy comunista”, dijo anticipándose a los alaridos de la City de Londres. “Yo creo que también es tarea del gobierno crear las condiciones para la empresa de libre mercado”. Habrá que ver cómo se desenvuelve esta propuesta en términos concretos.

Porque reproducir la política de Roosevelt ahora significa implementar las Cuatro Leyes de LaRouche, y es lo que Trump necesita para hacer frente a la turba jacobina y a los promotores del golpe. Para derrotar efectivamente al Rusiagate sería necesario que convocase una cumbre de las potencias de mayor peso, Rusia, China e India, para derrotar definitivamente al imperio británico.

“Este es el momento para una Paz de Westfalia”, señaló Helga Zepp-LaRouche. Ese acuerdo de paz de 1648 con el que se puso fin a 150 años de guerras religiosas en toda Europa, se basó en la obra de Nicolás de Cusa, cuyo concepto de la “coincidencia de los opuestos”, aborda los objetivos comunes de la humanidad, ubicando el verdadero interés de cada Estado soberano en el interés del otro. “En un mundo que se encuentra tan absolutamente dividido, donde hay casi una guerra civil en Estados Unidos, y todos estos conflictos que se vienen empujando nada menos que por el imperio británico, yo pienso que este concepto, de que hay una realidad superior en la coincidentia oppositorum, no es realmente un concepto abstracto; es totalmente aplicable”. Comparen la situación de Westfalia, señaló, que se sustentó en la coincidencia de los opuestos, con el Tratado de Versalles de 1919, que castigó a Alemania y le dio al mundo a Adolfo Hitler.

Elijamos hoy la paz y el desarrollo.