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¡Exonerar a LaRouche! El perdón a Assange y a Snowden puede evidenciar la farsa del Rusiagate 2016-2020

19 de diciembre de 2020

19 de diciembre de 2020 — Con este título, el Instituto Schiller está circulando la siguiente declaración: 

La posibilidad de que el Presidente Donald Trump perdone al fundador de WikiLeaks, Julian Assange –a quien están asesinando lentamente ahora en una prisión en Londres-- en especial luego de que presentó su renuncia el fiscal General de EU, William Barr, ha planteado una cuestión tentadora. ¿Saldrá a la luz finalmente el cuento de “la computadora hackeada que nunca fue” del Rusiagate, que es la cuestión central del encarcelamiento y tortura de Assange, si es liberado de la prisión? ¿Se develará la conspiración criminal contra la Presidencia de Estados Unidos que involucra a las agencias de inteligencia de los “Cinco Ojos” y a los intereses financieros de la City de Londres y Wall Street, mediante la desclasificación y publicación de todos los documentos esenciales para revelar la farsa del Rusiagate? ¿Incluyen estos documentos partes pertinentes de las decenas de miles de páginas de las que tuvo conocimiento Ty Clevenger que el FBI acaba de reconocer que existen en sus archivos y que están relacionados a su demanda bajo la ley de libertad de información (FOIA) relacionada a la información sobre Seth Rich? ¿Veremos finalmente quizás la publicación de estos y otros documentos mediante los despidos o renuncias de la directora de la CIA, Gina Haspel y del director del FBI, Christopher Wray, después de William Barr? 

Una acción veloz y nada ortodoxa de parte del Presidente podría ser ahora la única manera de revelar la verdadera naturaleza, y revertir el resultado presente de la elección presidencial de 2020. Al permitir a la justicia, mediante tales acciones, que proporcione una plataforma para que Snowden, un afligido Assange, el denunciante de la Agencia Nacional de Seguridad William Binney y otros, revelen cómo el Estado espía ha herido casi de muerte al proceso electoral estadounidense, de la misma manera que ha manipulado y arreglado elecciones en todo el planeta por décadas --independientemente de que fallen o no las computadoras-- Donald Trump podría todavía tomar posesión como Presidente en enero de 2021. Si se dijera finalmente la verdad de las campañas de 2016 y de 2020 al pueblo estadounidense, quienquiera que lo haga se habrá ganado su apoyo incondicional. Y esa explicación veraz revelará al instante el rostro sangriento de los gobiernos de Obama y de Bush unidos por la cadera en su defensa de la guerra como herramienta principal de la diplomacia. 

La inteligencia británica, no Rusia ni China, es el “Agente extranjero” 

¿Se han fijado que, si se menciona a China o a Rusia, muchos están dispuestos rápidamente a aceptar simplemente la idea de la intervención extranjera en las elecciones de Estados Unidos, pero que siempre que se plantea la bien documentada participación de la inteligencia británica en la interferencia en las elecciones de Estados Unidos y en la presidencia en los últimos cinco años, se rechaza ese análisis con el término “teoría conspirativa”? Los nombres de Christopher Steele, Robert Hannigan, sir Richard Dearlove, el estadounidense Stefan Halper, y sir Kim Darroch, todos ellos vinculados directamente a las agencias de espionaje británicas, el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por sus siglas en inglés) y el MI6, o el Servicio Exterior Británico, son solo los nombres de los operativos que se conoce hasta ahora que han fomentado directamente el cuento de “Rusia, Rusia”, o el de “China, China”. Puede ser que haya muchos más. 

Sin embargo, el pretexto de que “es muy difícil para mí ver cómo está involucrada Gran Bretaña”, se sigue utilizando como una excusa para no enfrentar lo que ha estado sucediendo realmente. No obstante, ignorar la verdad se hace imposible cuando se ve el caso de Julian Assange. Están asesinando a Assange frente a nuestros ojos en una prisión británica con el fin de preservar la ficción rusa. ¿Cómo se ha hecho esto? El 20 de febrero de este año, el periódico británico Guardian publicó este titular: “Donald Trump ‘ofreció un perdón a Julian Assange si niega el nexo de Rusia al hackeo’|”. La mayoría de los medios informativos resultarían desacreditados de inmediato como farsantes, y para su disgusto nunca más les creerían, una vez que se les permitiera a Assange, junto con otros conocedores, hablar públicamente sobre el Rusiagate. El cui bono (quién se beneficia) con el silencio de Assange, son los conspiradores que originaron, llevaron a cabo, y ocultaron el complot contra la Presidencia de Estados Unidos, a saber, británicos, estadounidenses y demás. Como declaró el periodista Viktor Dedaj en el panel de la conferencia del Instituto Schiller del 12 de diciembre, “O vamos juntos, o caeremos por separado: ¿Repúblicas libres y soberanas, o dictadura digital?”: 

“Cuando finalmente sacaron a Julian Assange de la embajada [de Ecuador] en violación del derecho internacional e incluso de la constitución ecuatoriana, solo tomó un cuarto de hora para que un juez británico primero lo insultara y luego lo sentenciara a 50 semanas de cárcel ¿por violar qué? Su ‘libertad condicional’…. Pero no solo lo sentenciaron a 50 semanas, sino a 50 semanas en una prisión de alta seguridad. Veremos que este es el único caso para mi conocimiento en Gran Bretaña, que un periodista, acusado de nada, en detención preventiva, es encerrado en una prisión de alta seguridad… Vimos un juicio que se llevó a cabo casi a puerta cerrada, rechazando por su nombre la presencia de unas 50 ONG, donde se habían acreditado 90 periodistas”. 

Hay que recordar que Edward Snowden, recibió la ayuda de Julian Assange en 2013 durante su exitoso escape desde Hong Kong. Snowden quedó abandonado a la deriva en Moscú, cuando se le revocó su pasaporte, lo cual le hizo imposible viajar a cualquier otra parte. El denunciante de la Agencia de Seguridad Nacional (ASN), Kirk Wiebe, ha señalado que, lejos de ser un traidor, como han afirmado muchos, Snowden fue obligado a actuar de manera ilegal a fin de preservar su juramento a la Constitución de Estados Unidos. Sus acciones sucedieron varios años después de que Wiebe, junto con William Binney y Ed Loomis, a quienes se les unió más tarde la funcionaria de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Diane Roark, hubieron utilizado “los canales y procedimientos aprobados” para reportar irregularidades luego de que renunciaron a la ASN en 2001, solo para que los allanara el FBI a punta de pistola y que el Departamento de Justicia les hiciera casi un juicio sumario para meterlos en la cárcel en 2007. El indicio reciente de que el Presidente Trump podría ver el perdón a Snowden, a pesar de que Trump había dicho años atrás que Snowden merecía la muerte, ha preocupado profundamente a los enterados de la comunidad de inteligencia, republicanos y demócratas. Estos actores del “estado profundo”, sobre todas las cosas quieren desviar la atención de la horrible verdad. El derrocamiento sistemático de gobiernos, mediante la manipulación y elecciones arregladas por los miembros de los “Cinco Ojos” y sus arreglos de gobiernos secretos, es la norma de su procedimiento operativo para lo que se denomina en el mundo de la inteligencia estadounidense “Proyecto Democracia”, que lo dio a conocer primero ampliamente al público estadounidense Lyndon LaRouche y el semanario Executive Intelligence Review en el Informe Especial de 1987 “Proyecto Democracia: el gobierno paralelo detrás del asunto Irán-Contra”. 

Cómo destruyó las elecciones estadounidenses la campaña del Proyecto Democracia contra Lyndon LaRouche 

Primero vinieron por los socialistas,
y yo no hablé, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no hablé, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no hablé, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí, y no quedaba nadie que hablara por mí.

—Martin Niemöller
 

El pasado es prólogo. Para entender cómo llegó a suceder que las agencias de inteligencia estadounidenses, en connivencia con la potencia extranjera británica que nadie quiere nombrar, cometieron un fraude en las elecciones de 2020 y de 2016, es necesario comprender la utilización de la Orden Ejecutiva 12333 y otras directivas presidenciales de la década de 1980 para reorganizar y centralizar muchas funciones de inteligencia en la Oficina del vicepresidente. (Para entender las implicaciones de lo que significa esto, piensa “Dick Cheney”). La OE 12333 y varias otras órdenes aceleraron la privatización de las fuerzas armadas y las funciones de inteligencia. Compañías a las que a veces se les refiere como “organizaciones casi no gubernamentales” (“quangos” en la jerga de Washington, por sus siglas en inglés) infestaron la vida cotidiana de Estados Unidos; y luego llegó el internet, que se desarrolló originalmente para uso militar y luego se desplegó ilegalmente para el espionaje universal mediante aplicaciones criminales de programas originalmente diseñados para defender a Estados Unidos, como el programa ThinThread de Bill Binney. 

El estudio del caso de Lyndon LaRouche, y de su linchamiento judicial entre 1984 y 1989, es el medio más eficaz para que el electorado estadounidense de hoy pueda empezar a comprender la verdadera naturaleza del gran crimen contra la Presidencia que se está cometiendo en estos momentos, un crimen que va a necesitar, para su corrección, la exoneración de LaRouche, así como la justicia para Assange y Snowden. 

En verdad, si se logra mantener con vida a Julian Assange y se le deja libre en las próximas semanas, o si se le permite pronto a Edward Snowden regresar a casa y ayudar en el proceso de limpieza del “gobierno secreto” que ha dirigido a Estados Unidos, está íntimamente ligado a que Lyndon LaRouche, economista, estadista y candidato Presidencial, sea exonerado finalmente. Aunque LaRouche murió el 12 de febrero de 2019, su exoneración juega ahora un papel más importante para rectificar la destrucción del sistema presidencial estadounidense que ha venido ocurriendo por más de medio siglo. El intento de asesinato a LaRouche el 6 de octubre de 1986, y su subsecuente procesamiento, condena y encarcelamiento, no fue un ataque a un “extremista político inconforme”, como lo calificaron miles de reseñas en los medios impresos y electrónicos en su momento. Fue debido a que LaRouche utilizó sus campañas presidenciales para cambiar el rumbo de las políticas de las presidencias de Reagan y de otros, y destruirlo significaba en realidad, un ataque violento, casi letal contra el sistema presidencial estadounidense. El mismo sistema presidencial que cayó bajo ataque violento con el asesinato el 22 de noviembre de 1963 de John F. Kennedy, los asesinatos entre abril y junio de 1968 de Martin Luther King y de Robert Kennedy, y el intento de asesinato en marzo de 1981 contra Ronald Reagan. 

Lyndon LaRouche (1922–2019), economista y estadista, fue durante cinco décadas la figura más controversial en la política estadounidense. Se convirtió en una amenaza de primer orden mundial a través de sus campañas presidenciales en Estados Unidos. En la década de 1970 atacó las políticas de saqueo genocida y las prácticas de préstamos depredadores del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y de la casta financiera angloamericana en general; y su exitosa campaña organizativa a favor de la Iniciativa de Defensa Estratégica de la era de Reagan en 1982 y 1983, le ganó la enemistad eterna de los “sesentayocheros” que se han acurrucado ahora en torno a la estafa financiera de los billones de dólares conocida como “Nuevo Trato Verde”. Había que apartar a LaRouche, o al menos abatirlo. Ese ataque se coordinó a través de la ruta de la inteligencia privatizada, incluyendo la formación de un “Equipo para agarrar a LaRouche” en abril de 1983, dirigido por el financista John Train de Nueva York, con la participación de varias agencias de inteligencia. Individuos tales como el secretario de Estado favorito de Londres, Henry Kissinger, también jugaron un papel central para iniciar las acciones judiciales fraudulentas con el objetivo de pararlo. Los enemigos de LaRouche, entre ellos Robert Mueller, jugaron un papel en los intentos por suprimir las campañas presidenciales de LaRouche en 1984 y en 1988. 

Es prácticamente imposible para los estadounidenses entender lo que se desenvuelve en torno a la elección presidencial sin conocer por qué LaRouche planteaba tal amenaza, y lo que se hizo para silenciarlo. Los enemigos de LaRouche son los maltusianos (que quieren reducir la población del planeta cuando menos a la mitad en los próximos 30 años) el movimiento ambientalista de los banqueros. La gente pobre es muy mala para el medio ambiente, dicen ellos. Y los ambientalistas más prominentes son ahora, a menudo, también los banqueros más grandes del mundo. Por ejemplo, consideren la recién formada organización de los Guardianes del Capitalismo Incluyente, fundada por Lynn Forester de Rothschild, cuyos dirigentes dicen que representan más de $10,5 billones de dólares en activos bajo su gestión. ¿Es esto un “movimiento ambientalista de base”? ¿Es este siquiera un “movimiento de base artificial”? Su plan consiste en descarbonizar el planeta mediante el recurso de reducir el número de personas que lo habitan actualmente, en cuatro, cinco o seis mil millones. La hambruna, las plagas, las enfermedades y la guerra, los “Cuatro Jinetes”, son sus medios preferidos para hacerlo. Y esos son los programas previstos para el futuro inmediato bajo la nueva dictadura cibernética, amigable e ilustrada. 

Solo una campaña vigorosa en nombre de la justicia en todas las formas (justicia electoral, justicia económica, defensa del derecho a conocer) puede salvar a Estados Unidos, al mundo transatlántico, o al mundo en su conjunto. Estos próximos días que tenemos enfrente nos dan la oportunidad no solo de exigir, sino de garantizar la justicia. Acciones en estos tres casos, perdón en los casos de Assange y Snowden, y la exoneración de Lyndon LaRouche, son la vía directa para garantizar la justicia para todos los ciudadanos de todo el mundo y en cada país. Esas acciones son la vía de la justicia para el Presidente de Estados Unidos también. Fiat Justitia ruat caelum, “hágase justicia, aunque caigan los cielos”. Ahora, en estos días, justicia dada, es justicia ganada.