Catástrofe mundial de hambruna: ¡A producir comida, no biocombustibles!

17 de abril de 2008
por Helga Zepp-LaRouche

Este artículo se tradujo de la versión en ingles publicada por LPAC tomada del original en alemán.

Lo que ocurre ahora era totalmente previsible: hay una explosión de hambre desastrosa y disturbios por comida en 33 naciones de África, Asia e Iberoamérica. Sin duda, el mundo se encuentra al borde de un tsunami de hambre, consecuencia directa del intento de los bancos centrales por posponer el derrumbe del sin esperanza sistema financiero en bancarrota, con inyecciones de más y más liquidez, lo mismo que de ess especuladores que se lanzaron por su cuenta al sector alimentarios a la destrucción inhumana de alimentos para producir biocombustibles.

El Banco Mundial publicó ya cifras que indican que el precio del trigo, hasta febrerero pasado, subió 181% en los últimos 36 meses (!), y que en general el precio de los alimentos ha subido 83% (¡) en el mismo período. Si habremos de detener los disturbios mundiales, una catástrofe de hambre que amenaza la vida de miles de millones y la caída en una Era de Tinieblas, entonces debe ponerse fin de inmediato a la destrucción criminal de los alimentos por biocombustibles y ponerse en marcha un programa crac a nivel mundial que duplique la producción de comida.

Para que no queden dudas: los disturbios y protestas por hambre han ocurrido en Liberia, Nigeria, Senegal, la Costa de Ivory, Egipto, Camerún, Burkina Faso, Mauritania, Kenia, Mozambique, Uzbekistán, Yemen, Jordania, Bolivia, Indonesia, Haití, Guatemala, Nicaragua, Honduras, El Salvador y se avizoran en otras naciones. Para muchoso países y las aproximadamente 2 mil millones de personas que han estado sufriendo de la malnutriciáon por décadas, la actual explosión hiperinflacionaria de los precios es un asunto de vida o muerte.

Si bien debe haber estado claro para cualquiera, al menos para el inicio de la fase final del derrumbe sistémico del sistema financiero global en junio del 2007, que muy pronto, esta crisis catastrófica de hambre golpearía a los pobres del mundo, y en especial, por supuesto, a los países en desarrollo, de repente todos los disturbios de la comida y la inflación se han convertido en el tema de incontables conferencias, declaraciones e información periodística. Mas en vez de identificar el problema real, especialmente la prensa financiera -desde el Economist de Londres y el Financial Times, hasta el Wall Street Journal-han salido con sus viejos argumentos maltusianos de que mucha gente quiere comer mejor alimentos que nunca. Al mismo tiempo, ellos atacan a países como India o China que están tratando de proteger el abasto de alimentos para sus propias poblaciones a través de la restricción de las exportaciones e insistiendo en el libre comercio.

En realidad, la crisis es una declaración de la bancarrota de la globalización que durante décadas, bajo el lema de "compra barato, vende caro", ha insistido en que los países con salarios bajos exporten sus alimentos, aunque sus mismas poblaciones queden sin el abasto suficiente. Pero es principalmente la utilización del maíz, granos, soya y otros productos agrícolas para la manufactura de biocombustibles -es decir, la transformación de un producto con mucho valor, en uno de menor grado-el que ha tenido un papel grande en la explosión de precios. Uno no tiene que concordar con Fidel Castro en todos los temas, para aceptar su pronóstico de que el intento de cubrir una gran parte del hueco energético con biocombustibles costaría en potencia la vida de 3 mil millones de personas.

Tanto más escandaloso es el hecho de que pese a la manifiesta debacle del etanol, que ha dejado claro que la mayoría de los carros, el ambiente y la agricultura no pueden con los biocombustibles (se talarían los bosques tropicales, se secarían los pantanos y el precio de la alimentación de los animales se sigue aumentando), el ministro alemán del Ambiente Signar Gabriel insiste ahora por pura testarudez ideológica que en 2009, como se planea, la parte del combustible de diesel biológico habra de aumentar del 5% al 7%. Y si el presidente checo Vaclav Klaus considera las consecuencias de ello respecto a la catástrofe mundial del hambre, seguramente lo reconocerá como uno de los peligros más grandes.

Todo lo contrario fue el tenor de la discusión de la cumbre entre India y la Unión Africana (UA), que acaba de tener lugar en Nueva Deli. Toda una serie de oradores responsabilizaron del cambio de alimentos a biocombustibles por una parte muy grande de la explosión en el precio de los alimentos. Se indicó que solo en los Estados Unidos, desde 2006, 8 millones de hectáreas que anteriormente se sembraban con maíz, cereales y soya, para alimentos y forrajes se cambiaron a la producción de biocombustibles.. En el 2008, 18% de la producción de cereales en los Estados Unidos se supone será desperdiciada en biocombustibles, con proporciones similares en Brasil, Argentina, Canadá y Europa Oriental; ¡mientras cientos de millones de personas se ven amenazadas con la muerte por inanición!

La cumbre India-UA mostró también la necesidad hoy de un enfoque diferente. El director general de la Organización para el Desarrollo Industrial de las Naciones Unidas (ODINU), Kandeh K. Yumkella, puso de relieve que la cooperación entre India y África en la agricultura podría alimentar al mundo. India tendría la capacidad tecnológica y África la tierra y la fuerza de trabajo. Yumkella hizo referencia a la Revolución Verde en India de los 1970 y 1980, misma que demostró que la tecnología puede elevar la productividad y aumentar de manera impresionante la cosecha de cereales de la manera más rápida posible. Pero también pueden lograrse mejoras similares en la manufactura y transporte de los alimentos. El primer ministro hindú Manmohan Singh prometió ayuda a África para resolver la catástrofe del abasto de alimentos. Sin duda, la UA comparó esta cumbre con la cumbre de la Unión Europea y la Unión Africana en Lisboa a finales del año pasado, en la que la canciller alemana Ángela Merkel no sólo se eirigió sola como vocera del primer ministro británico Gordon Brown y su política para recolonizar África, sino que allí no se produjo ninguna ayuda real para África.

Si bien la Unión Europea prometió aumentar su ayuda a África hasta los 2 mil millones de euros, esto son sólo migajas cuando se considera la magnitud del desastre y que cientos de miles de millones se dilapidan en el supuesto rescate de los bancos. Y en lugar de alarmarse ante los compromisos de China, Rusia e India en África para construir infraestructura, las naciones europeas debieran seguir el ejemplo de dichos países y contribuir para que se eliminen las causas de las vulnerabilidades del continente africano; a saber, la muy amplia carencia de infraestructura. La actualmente explosiva catastrofe mundial de hambre es la declaración de bancarrota de la globalización, que simplemente subraya que el sistema librecambista ya está algunos órdenes de magnitud más en bancarrota que el sistema comunista lo estuviera entre 1989 y 1991. Y debieran recordarse las palabras del Papa Juan Pablo II, quien comentara al derrumbe del Comecon, que uno no debiera concluir del derrumbe del sistema comunista que el de la economía librecambista era más moral. Esto devendría obvio si uno considerara la situación de los países en desarrollo.

Que hacer

No existe razón alguna para no aplicar de inmediato un paquete de medidas y vencer la catástrofe mundial de hambre lo antes posible. El objetivo debe ser vencer el hambre mundial y la malnutrición de aproximadamente una tercera parte de la humanidad ya existente antes de la crisis actual. Por tanto, se necesita:

— Duplicar la producción mundial de alimento a la brevedad posible.

— El cese inmediato del mal uso de los alimentos para hacer biocombustibles.

— La construcción inmediata de infraestructura en África, Asia e Iberoamérica.

— Apoyo total al procesamiento de alimentos, incluida la irradiación de los mismos.

— La utilización inmediata de la superficie fértil sin usar.

— La construcción inmediata de reactores de alta temperatura inherentemente seguros para la desalación de grandes cantidades de agua de mar para la irrigación.

— El despliegue de cuerpos de ingenieros, agricultores y empresarios medianos bajo la estipulación de un acuerdo de gobiernos soberanos e iguales.

Dado que la catástrofe global de hambre sólo es la consecuencia del derrumbe de derrumbe del sistema financiero mundial, debe ponerse de inmediato sobre la mesa el asunto de una nueva arquitectura financiera, un nuevo Bretton Woods.

Dado que toda persona de razón sabe que sería fácl resolver el problema, a condición que se pueda movilizar la voluntad política, aquéllos en posiciones de responsabilidad se les medirá con esta vara. El mundo cuenta con toda la capacidad tecnológica e industrial para poner en efecto en muy poco tiempo un Plan Marshall global, un Nuevo Trato global.

¿Cuáles son los obstáculos?

La oligarquía financiera internacional, que en estos momentos está por ampliar el Imperio Británico a uno mundial, con un Estados Unidos debilitado como satrapía al otro lado del Atlántico, y una dictadura de la Unión Europea que amenaza con robarle a las naciones de la Europa continental toda soberanía; está totalmente deterimnado a sumir al mundo en una nueva Era de Tinieblas antes que aceptar una reorganización racional del sistema financiero mundial y un orden financiero mundial.

No pocos de ellos ven, por el contrario, en los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, un instrumento efectivo para eliminar lo que consideran la actual sobrepoblación. Existen innumerables declaraciones del príncipe Felipe en las que ha externado su deseo de resolver el problema de esta supuesta sobrepoblación incluyendo, por ejemplo, que a él le gustaría reencarnarse como un "virus especialmente mortal".

En ese sentido, Felipe escribió en 1988, en el capítulo titulado "El factor poblacional" del libro Down to Earth (De regreso a la tierra): "Lo que se ha descrito como el 'equilibrio de la naturaleza' es simplemente su sistema de autolimitación. La fertilidad y crianza exitosa genera los excedentes tras el reemplazo de las pérdidas. La depredación, cambios de clima, enfermedades, inanición —y en el caso de los impropiamente llamados Homo Sapiens, guerras y terrorismo— son los medios principales por los cuales los números de la población se mantienen bajo alguna especie de control".

Y en una entrevista publicada el 21 de diciembre en la revista People Felipe dijo: "El crecimiento de la población humana es probable sea la única más seria amenaza a la sobrevivencia. Nos dirigimos a un gran desastre si no se le frena; no solamente para el mundo natural sino para el mundo humano. Entre haya más gente, mayores los recursos que consumen, mayor la contaminación que se genera; mayor la pelea que tendrán. No tenemos alternativa. Si no se le controla de manera voluntaria, será de manera involuntaria a través del incremento de las enfermedades, la hambruna y la guerra".

La cada vez más grave catástrofe mundial del hambre es la prueba para todos los gobiernos del mundo. Es el mejor momento para tirar por la borda los axiomas políticos responsables por la crisis existencial de la humanidad que se avizora. Y éstos son, sobre todo, el neoliberalismo, maltusianismo, el ecologismo, el imperialismo y el colonialismo.

Lo que se necesita en cambio es un mundo de Estados nacionales soberanos que trabajen juntos en los objetivos comunes de la humanidad sobre la base del principio de la Paz de Westfalia, es decir, por el intéres del prójimo. La precondición absoluta para esto es el sistema del Nuevo Bretton Woods propuesto hace tiempo por Lyndon LaRouche. ¿Tenemos nosotros en Europa la fortaleza moral para tomar la decisión en favor de esta perspectiva?