La realidad del caso de Alan Greenspan

17 de septiembre de 2008

Carta a los Banqueros

por Lyndon LaRouche, Jr.

16 de septiembre del 2008-09-17

La realidad del caso de Alan Greenspan

La muerte del sistema que construyera Alan Greenspan ya no se duda mucho. Sin embargo, el sistema de hipnotismo que empleaba el señor Greenspan, le debe parecer a todo estudiante de la historia bien informado, haber sido en su totalidad un producto del plagio del señor Greenspan de la narración horripilante pertinente publicada originalmente por el célebre Edgar Allan Poe.

Esto es en especial notable en este momento en el que el hedor repugnante de la muerte de muchas instituciones tales como Lehman Brothers y sus numerosos seguidores, hace la verdadera historia de estos casos tan hediondamente obvia.

La lección para personas tan ignorantes de la literatura clásica y la historia como el presidente George W. Bush, Jr., es que uno debiera darle una sepultura decente y a tiempo a los ya difuntos, en vez de ilusionarse uno mismo con que se puede rescatar al ya fallecido, infectando la enfermedad del cadáver, como por matrimonio, al enfermo en peligro, pero aún vivo.

Contrario a la ilusión compartida por muchos, desde el derrumbe de Lehman Brothers, y el caso más que maduro del Northern Rock, el sistema de banca que adoptó el señor Alan Greenspan fue implícitamente una práctica criminal desde el inicio, que se proponía saquear uno tras otro de los todavía vivos bancos autorizados y otras instituciones empresariales vivas para inducirles un estado de coma continuo que debía finalmente conducir a la muerte de esas víctimas.

Ahora debemos separar de entre las instituciones financieras vivas, las que debieran estar muertas, usando el principio de la reorganización nacional por bancarrota bajo protección federal como el mecanismo para salvar la economía, y los bancos autorizados, sepultando lo que debió haberse declarado muerto, como las criaturas muertas en vida amparadas por el señor Greenspan.

Cómo fue al final, en el caso del señor Waldemar del señor Poe, ha llegado el momento de sepultar al muerto, y no diseminar la infección del fallecido mediante el casamiento del fatalmente agobiado de enfermedades con el vivo.