Viene el tsunami: ¡Necesitamos el programa de FDR!

25 de noviembre de 2008

por: Helga Zepp-LaRouche La señora LaRouche es presidenta del partido alemán Movimiento de los Derechos Civiles Solidaridad (BüSo). El 21 de noviembre dio a conocer la siguiente declaración que circuló como volante. Esta versión al español se tradujo de una al inglés, con subtítulos añadidos.

Muchos sienten que la crisis financiera que ahora ya lleva 15 meses en escalada, y el desplome "repentino" de la economía física, son apenas el comienzo. Estas fueron simplemente las primeras olas de la tormenta, pero la verdaderamente poderosa ola del tsunami se nos está viniendo encima. La catástrofe podría evitarse todavía, pero eso requeriría que figuras responsables en los gobiernos e instituciones financieras admitan sus errores y acepten la ayuda competente.

Pero aquí hay un obstáculo: quienes debieran estar tomando medidas decisivas en estos momentos para defender el bien común todavía no están listo para enfrentarse a los orígenes de la crisis. El comunicado de la cumbre del G20 en Washington el 15 de noviembre admitieron que "se subestimaron los riesgos en los mercados financieros". La guía anual más reciente del Consejo de Asesores Económicos de Alemania, los llamados Cinco Sabios, habla en términos vagos de "un oscurecimiento de toda la economía" como la principal causa de la crisis. "La cadena de fracasos incluye muchos", declaró el presidente alemán Horst Köhler en una conferencia de banqueros importantes en Frankfurt; y uno sólo puede coincidir con él.

Pero la súplica de Köhler a los banqueros —quizá bien intencionado pero totalmente ineficaz— que en años recientes han hecho "mucho dinero" para montar un "Fondo de adversidad", difícilmente constituye una estrategia para superar la crisiss, y la reacción de quienes escucharon el mensaje fue apenas una sonrisa. Queda claro de todas estas declaraciones, que el gobierno, al igual que los llamados expertos, todavía son incapaces de tomar las medidas necesarias para reorganizar el sistema financiero.

Los derivados, el problema principal

En Europa, el ministro de Economía italiano Giulio Tremonti es quien, como representante del gobierno, ha tenido el coraje de decir las cosas por su nombre, al comparar la crisis financiero con un videojuego en el que todo el tiempo que se mata un monstruo surge otro. Y cuando se acaba con todos luego aparece el supermonstruo que son los derivados.

¡Ahí es donde está el muertito precisamente! Ahora el pánico se está volviendo la constante a medida que los inversionistas empezaron en noviembre a retirar de manera generalizada sus depósitos de los fondos especulativos y las instituciones financieras, a su vez, forzando a éstos a vender los activos que puedan. Esto genera un vacío doble que se retroalimenta: Dado que la depresión está madurando, el precio de los activos está cayendo —la mayor parte de los cuales fueron adquiridos a crédito principalmente— lo que presiona todavía más las hojas de balance de los bancos y los fondos especulativos que, por tanto, reducen sus préstamos aún más. Todos estas fases diferentes de intensificación del "desapalancamiento" del llamado papel estructurado son el problema principal.

El volumen de contratos de derivados existentes al final del 2007 se dijo eran de $675 billones de dólares, según el Banco de Pagos Internacionales (BPI); la revista francesa Marianne dio hace poco la cifra de $1,400 billones de dólares, pero podrían ser mucho más. Si ahora se intenta honrar lo que estos mismos banqueros denominan "basura tóxica", entonces, por un lado, esto lleva a la hiperinflación, dado que se bombea más y más liquidez para tratar de sostener el valor virtual; pero al mismo tiempo, trae la deflación, debido a que el derrumbe de la economía física conduce a la caída de los precios.

Esta es la razón para la velocidad asombrosa del derrumbe de la economía física a nivel mundial; el sector automotriz, la industria del acero, la petroquímica, construcción, transporte marítimo, etc. Y se trata de un fenómeno global: el hundimiento de los EUA en la depresión; el desplome del mercado exportador de China a Estados Unidos; el desmoronamiento de la economía china; China ya no es la compradora de maquinaria textil en Alemania; el transporte marítimo se está desplomando, dado que en las cuatro o cinco semanas que toma a una embarcación ir de Europa a Asia, las condiciones han cambiado de manera dramática, de manera que ya no se aceptan las cartas de crédito, etc., etc.: una espiral descendente rumbo a...! Hasta que se lleve a cabo una reorganización de bancarrota ordenada.

La solución Roosevelt

Por fortuna existe el precedente histórico de como puede resolverse el problema: se necesita una nueva arquitectura financiera, en la tradición del Sistema de Bretton Woods de Franklin D. Roosevelt: un Nuevo Bretton Woods. Esa fue la idea que motivó al Presidente francés Nicolás Sarkozy a proponer la reunión cumbre de los países del Grupo de los Veinte (G-20), y ésta es el programa que ha estado proponiendo a diario Tremonti. Esto es lo que Lyndon LaRouche y yo hemos propuesto durante mucho tiempo; desde principios de los 1990, para ser precisos. Tenemos que ganarnos al gobierno de Berlín para que apoye este programa.

Necesitamos una verdadera conferencia de un Nuevo Bretton Woods en la que se decida un nuevo sistema financiero, tal y como lo buscaba Roosevelt en 1944, es decir, reemplazar el colonialismo con un nuevo orden económico y financiero justo.

Segundo, necesitamos un Nuevo Trato mundial, como el que Roosevelt llevara a la práctica en los EUA durante los 1930 para poner fin a la depresión por medio de la creación de crédito del Estado. Concretamente, para Alemania, esto significa que después de la reorganización por medio del sistema de un Nuevo Bretton Woods, debe haber un programa de inversión de unos 200 mil millones de euros para la creación del empleo total y productivo, como lo ha demandado por años el BüSo. Necesitamos construir el Puente Terrestre Euroasiático como la pieza maestra para la reconstrucción de la economía mundial.

Desde un punto de vista técnico, semejante reorganización no es ningún problema. El problema radica en otro lado. Por las últimas cuatro décadas, la economía y moralidad han estado completamente separadas la una de la otra, y ha tomado control una sociedad de competencia despiadada sin freno y de acaparamiento personal. Por un lado, se cuenta con lujos totalmente innecesarios, tales como la inauguración reciente de una isla creada artificialmente en Dubai, aparentemente planeada como refugio para los superricos antes del estallido de la crisis financiera mundial, en la que los fuegos artificiales costaron 20 mil millones de dólares y se consumieron 1,7 toneladas de langosta; por el otro, miles de millones de personas amenazadas de morir de hambre y una pobreza brutal.

El Papa Juan Pablo II, en su encíclica Centesimus annus (1991), consideró un "abuso a los ojos de Dios y la humanidad, si alguien dirige su capital contra la población y su trabajo", y esto ha ocurrido, sin duda, bajo el sistema de la globalización ahora hecho añicos. Necesitamos un nuevo paradigma, en el que la economía y la moralidad entren en armonía y se coloque al hombre en el centro de la política y la economía.

¿De verdad quieres que quienes ni previeron la crisis, ni están listos ahora para enfrentar sus verdaderos orígenes, que decidan lo que debiera pasar hoy día?

Yo propongo que nos ayudes, al BüSo, a llevar a cabo la necesaria movilización de la población, de manera que podamos instrumentar ¡un nuevo Sistema de Bretton Woods y un Nuevo Trato!