El Congreso descubre que LaRouche tiene razón: el 'auto-erotismo' no tiene nada de divertido

12 de diciembre de 2008

11 de diciembre del 2008 (LPAC).— El liderazgo demócrata de Nancy Pelosi y de 'rescates' Barney Frank está descubriendo que el intento de "salvar" a los difuntos fabricantes de carros no es más fácil que el de tratar de "salvar" a los grandes bancos zombis; y de hecho, ¡resulta que es la misma cosa!

Hacer frente a una enorme montaña de deuda impagable de las compañías automotrices calculada en 1 billón de dólares —más medio billón cuando menos en derivados de crédito y otras apuestas contra esa deuda por fuera de la contabilidad— echándoles otros $15 mil millones de dólares en deuda nueva proporcionada por el gobierno encima de la montaña, simplemente no puede funcionar, no importa cuantas versiones se presenten de la legislación de "reestructuración de la industria automotriz." Como lo ha dicho sin descanso al Congreso el economista Lyndon LaRouche, la medida a adoptar tiene que ser la bancarrota, no un salvataje; y es el sistema bancario el que tiene que someterse primero a una reorganización por bancarrota, antes de que se pueda canalizar las inversiones para la reconstrucción de la economía física.

Los bancos ya han demostrado con creces que LaRouche está correcto. El diario The Wall Street Journal publicó esta mañana lo obvio: Los grandes bancos de Wall Street insisten en que ellos son los dueños de Ford, General Motors y Chrysler, porque ellos los que controlan las impagables deudas de dichas empresas. Y durante esta semana, ellos libraron una "pelea" exitosa con los símiles de Pelosi y Frank para garantizar que los pagos a los prestamistas bancarios asegurados aparezcan con prioridad en la nueva legislación, sobre los pagos de los préstamos de rescate del Gobierno, cuando se presente el momento inevitable de la bancarrota de las empresas automotrices. De este modo, el Congreso está descubriendo con tristeza que en realidad acaba de aprobar otra ley de salvataje bancario; si bien una muy pequeña, hasta ahora, según anda la sed de sangre de los bancos muertos estos días.

Los alto ejecutivos de Detroit descuidaron decirle a los congresistas que había un problema: desde principios del 2007, Ford está totalmente empeñada a los prestamistas bancarios (no a los accionistas ¡sino a los prestamistas bancarios!) con cada planta, diseño, patente, herramienta, almacen y emblema que "posea"; igual que lo está en gran parte General Motors. El total de la deuda bancaria asegurada de este modo, que los bancos tienen completamente "amarrada", de esas dos empresas, es de $60 mil millones de dólares. Chrysler, por supuesto, junto con empresas financieras de Chrysler y General Motors, son propiedad o controladas por Cerberus Capital Management, el fondo privado especulativo de Wall Street.

De manera que los préstamos gubernamentales de rescate a las empresas automotrices es como se le dieran nuevos préstamos hipotecarios sobre casas que ya están hipotecadas por mucho más de su valor de mercado. Y ya hemos visto a dónde conducen.

La legislación bloqueada ahora en el Senado, en realidad está bloqueada por su propia inutilidad. El único plan viable es el de LaRouche: La reorganización de los bancos por bancarrota federal, deteniendo la locura de los salvatajes inflacionarios, y la creación de una Corporación Federal que asuma las plantas automotrices cerradas e inutilizadas, reconvertirlas con rapidez y construir nuevos bienes de infraestructura económica.