El Nuevo Bretton Woods: El papel de Rusia en una recuperación

17 de diciembre de 2008

Por Lyndon H. LaRouche, Jr.1

20 de agosto de 2008

Un par de tránsfugas avezados, Jonathan Tennenbaum y Paolo Raimondi, lanzaron recientemente una versión fraudulenta del sistema de Bretton Woods de Franklin Roosevelt en Modena, Italia. Su fraude plenamente premeditado tenía en la mira a importantes científicos rusos y personalidades notables de la política italiana. Ese par de farsantes, que en años recientes se pasaron al "otro lado"’’ proverbial, representan a un pequeño grupo de farsantes orientados por Londres, que se han ofrecido en el mercado en busca de empleo y fama que les proporcionen los círculos de inteligencia euroligárquicos británicos. El método mediante el cual este par de farsantes perpetraron su fraude a los rusos y demás invitados, fue haciéndose pasar, de modo flagrante, como si estuviesen actualmente asociados conmigo.

Un número importante de participantes en ese acto en Modena han manifestado su disgusto luego de descubrir el fraude que les perpetraron esos particulares bellacos Tennenbaum y Raimondi. Ojala que el siguiente informe sirva a manera de compensación hacia ellos por la vergüenza que pasaron debido a ese par de farsantes.

Por otro lado, el tema de las páginas siguientes de este informe, se me planteó por el modo en que los participantes rusos pertinentes, incluso algunos prominentes, fueron blanco de la desinformación. En las páginas siguientes se proporciona el remedio a ese abuso del que fueron víctima en este respecto, a manera de corrección a la falta de entendimiento de las verdaderas reformas del Bretton Woods de Roosevelt, que mostraron los organizadores del acto. Esta corrección de mi parte, llenará un vacío existente entre los actuales formuladores de política europeos que nacieron después del final de la guerra general de 1939-1945, con respecto al conocimiento de esta materia. El objetivo aquí es hacer saber los requerimientos reales de un equivalente actual de la propuesta que inició el Presidente Franklin D. Roosevelt en la conferencia de Bretton Woods en 1944.

La fuente de dificultad particular para algunos especialistas rusos pertinentes, en particular, es que han sido a menudo víctimas de los errores de suposición del tipo que se pudiera esperar como efecto neto de una indoctrinación anterior de orientación marxista en el dogma monetario imperialista británico de Adam Smith. De manera similar, la mayoría de los europeos contemporáneos, tienden por lo tanto a resistirse al entendimiento competente de la verdadera intención del Presidente Franklin Roosevelt, y no están informados de la importancia de la ciencia leibniziana de la economía física que sustenta el plan del sistema crediticio hamiltoniano del cual dependían las intenciones del Presidente Roosevelt.

Es importante por eso que yo aclare estas cuestiones, no sólo en provecho de los patriotas rusos, sino también de muchos otros patriotas europeos, norteamericanos y sudamericanos de hoy. La economía es la materia que sobresale respecto a que todos la practican, pero casi nadie en posición de gobierno en el mundo de hoy tiene un entendimiento real de qué es, en su efecto, lo que realmente practican.

Prólogo:

El dólar es poderoso todavía

Pero, no todopoderoso.

El ejemplo más patente de la necesidad del tipo de reforma al sistema monetario-financiero mundial, ya quebrado sin remedio, que el mundo necesita hoy día, se ha de reconocer en los problemas inmediatos que representan para China el reciente desplome del dólar estadounidense. Es una China sin cuya participación no se podría gestionar ninguna reforma exitosa de lo que ya es un sistema mundial en bancarrota, por ninguna parte del mundo en este momento.

Replanteado de manera simple, ese desafío que han de enfrentar las capitales de todo el mundo, es: "¿Qué pasa con las deudas a China denominadas en dólares estadounidenses?"’’ Sin un sistema de paridades con base en el contenido físico actual de los dólares estadounidenses aproximadamente, que China tiene como obligaciones de EU, no sería posible ninguna recuperación exitosa de la presente crisis de desintegración económica mundial. Sin una reforma del tipo que exige la clase de cooperación que yo he especificado para que la inicien Estados Unidos, Rusia, India y China, no hay posibilidad de evitar un hundimiento del planeta en su conjunto, en una prolongada nueva era de tinieblas de toda la humanidad, que ya se nos viene encima.

Más aún, en tanto que sería deseable que ya sea Rusia, China, India y otras naciones presionaran a Estados Unidos para iniciar la reforma del Nuevo Bretton Woods que yo he propuesto, es absolutamente indispensable que esa reforma en las instituciones internacionales sea iniciada realmente como un ofrecimiento de Estados Unidos. Los motivos de ese papel indispensable de EU descansan no solo en el hecho de que el "dólar"’’ quiere decir "la gran deuda del sistemm undi'al"; también significa que solo la Constitución de Estados Unidos proporciona el mecanismo a la mano mediante el cual se pudiera iniciar el nuevo sistema de Bretton Woods con las cualidades necesarias, como una organización de tratado internacional.

Las objeciones probables de tipo obvio a lo que acabo de decir, se expresaría en la siguiente interrogante: "¿Qué tal si Estados Unidos no hace dicho ofrecimiento?"’’

Incluso si las propuestas de Rusia, China e India para un "Nuevo Bretton Woods"’’ no podrían tener éxito sin la concurrencia de Estados Unidos, el que esas y otras naciones hagan esas propuestas en el espíritu del principio de Westfalia, tendrá un efecto poderoso, quizás indispensable para empujar a Estados Unidos hacia iniciar la iniciativa requerida de acción conjunta.

La única respuesta competente a esa interrogante que muchos podrían hacer, sería que, si no se hace esa reforma ahora, eso significaría que nos iremos todos realmente al Infierno que nos acarrearíamos a nosotros mismos, o si no, someteremos a varias generaciones por venir de este planeta en su conjunto a efectos más o menos comparables. De este modo, la campaña por un "nuevo Bretton Woods"’’, es una de esas batallas, como la de una gran guerra ya en marcha, en la cual no hay alternativa aceptable como política que no sea una victoria Westfaliana, o el planeta entra ya a una nueva era de tinieblas.

A veces, como en la práctica de la ciencia física, la naturaleza misma nos pone enfrente alternativas como esa: Para esta ocasión, es mejor que los gobiernos decidan hacerlo de manera puntualmente oportuna, o esos mismos Estados nacionales pudiesen no existir lo suficiente como para tomarse la libertad de buscar otras alternativas. Los liberales del tipo general, que ridiculizó el excelente patriota inglés Jonathan Swift, ciertamente, no aceptan tales nociones de imperativos científicos con la buena gracia mostrada por tales predecesores y benefactores de Benjamin Franklin como Increase y Cotton Mather de Massachusetts. Así que, en el caso de que el legado liberal angloholandés de Paolo Sarpi fuese a prevalecer de nuevo hoy, la humanidad podría quedar sin ninguna opción esperanzadora que no sea esperar por un momento futuro, quizás distante, cuando la autoeliminación de la moderna sofistería del liberalismo de la ecuación humana, proporcione a la humanidad un alivio pobre y doloroso, pero necesario, de lo que se ha convertido en la existencia continua, infinitamente pesada, de la depravación moral conocida como el modo sardiano del liberalismo angloholandés.

El problema particular del mundo de hoy, es que el mundo trasatlántico, en especial en el hemisferio norte, ha sufrido una forma y grado de degeneración moral y científica desde alrededor de 1968, en la cual el conocimiento competente de los requerimientos físicos y demás para una forma de economía exitosa, raramente se manifiesta al presente entre la generación específicamente encorbatada, filosóficamente liberal, de los mentados "sesentaiocheros"’, que nació entre 1945 al final de la más reciente guerra mundial, y 1958 al acercarse la llamada "crisis de los misiles"’’ de 1962.

En suma, es tiempo ya de que muchas naciones crezcan realmente, súbitamente, a la adultez de veras. Cierto, el dólar se ha depreciado enormemente desde el 31 de julio de 1971; pero el potencial del dólar como moneda de reserva sigue siendo único, incluso si, por el momento presente, a Estados Unidos ya no le pertenece realmente.

1. ¡Pregunten a China!

Un número cada vez mayor de funcionarios relevantes, dentro y fuera de China, reconocen la situación global a la que me acabo de referir; sin embargo, ninguna fuente gubernamental, que se sepa, ha mostrado, hasta ahora, una verdadera comprensión de las advertencias urgentemente necesarias y las soluciones que yo he propuesto en este respecto. El problema no es que yo no haya sido certero, ni de que carezca de la necesaria precisión sobre esta materia; el problema es un tipo de problema familiar en la historia presente y pasada por igual. Muchos simplemente no quieren oír de ningún cambio racional contrario a sus prejuicios actuales sostenidos apasionadamente. Esta realidad se puede estudiar como una composición de varios temas de formulación política definidos históricamente, y en general, la verdadera historia de la tragedia en los asuntos graves del planeta hoy día.

1. Primero que nada, es la cuestión de la ignorancia difundida, incluso entre los expertos putativos, de la diferencia fundamental en principio científico, entre la especificación de un sistema crediticio en la Constitución estadounidense, y un sistema monetario europeo típico, basado en la usura.

2. Segundo, el error cardinal, vicioso, de substituir los valores físicos con patrones monetaristas.

3. La ausencia de un patrón científicamente competente para definir el margen de ganancia "devengada"’’un patrón necesario para liberar a la práctica corriente de la contabilidad financiera de sus tradiciones de usura corruptora.

4. La falta de no actualizar la noción de economía, científicamente, en términos de las nociones de Biosfera y de Noosfera.

Por lo tanto, en este informe, debemos, primero, deshacernos de una ignorancia muy extendida sobre las implicaciones del conflicto estratégico entre el Sistema de Bretton Woods según se lo había propuesto el Presidente Franklin Roosevelt en la conferencia de Bretton Woods en 1944, el conflicto entre el sistema crediticio antiimperialista de Roosevelt, y lo opuesto, la intención proimperialista manifiesta bajo ese bribón de Presidente Harry S Truman, en los años subsiguientes. La mayor parte de la discusión presente hasta la fecha, bajo el rubor del "Nuevo Sistema de Bretton Woods" ’’acepta implícitamente s supuestos axiomáticos de la oposición británica a la verdadera intención del Presidente Roosevelt, la oposición que representaba el modelo monetarista keynesiano proimperialista. Ese fue el modelo equivocado que apoyaron el Presidente Truman y sus cómplices británicos, en oposición sistémica, en específico, a la intención del Presidente Roosevelt en 1944, en los años inmediatamente subsiguientes a la muerte de Roosevelt.

Algo de historia a considerar

El nuevo sistema, que se requiere para rescatar a la economía real de lo que en realidad son sistemas actualmente en bancarrota irremediable, debe designar los elementos que se han de salvar, de los valores nominales de los actuales sistemas en quiebra, mientras que se desecha lo que quede. Los elementos designados de los sistemas monetarios desechados, se deben asimilar entonces en los nuevos sistemas de crédito.

Como se lo expresó claramente el Presidente Roosevelt a Winston Churchill y a otros, en el transcurso de la guerra mundial de 1939-1945, la recuperación económica de Estados Unidos bajo Roosevelt no sólo produjo la maquinaria bélica económica más poderosa que haya conocido el mundo. Roosevelt se proponía utilizar esa potencia económica disponible para eliminar el imperialismo de la venidera historia de la posguerra del planeta.

La intención de Roosevelt, como la expresada en su papel en Bretton Woods, era que toda nación debe tener soberanía verdadera bajo las nuevas reformas necesarias, y, al mismo tiempo, que toda forma de colonialismo y su semejante se deben erradicar de este planeta. Para ese fin, Roosevelt se proponía que las colonias se deberían liberar para convertirse en naciones verdaderamente soberanas. Para lograr esto, se proponía que el poderío económico físico de la maquinaria bélica estadounidense se convirtiese en un instrumento para el orden de la posguerra, un orden en el cual todos los pueblos obtendrían su libertad política de su condición colonial real o virtual, y que se ayudaría a toda nación en el desarrollo económico necesario para sostener esa soberanía.

Estos eran los propósitos antiimperialistas que Roosevelt había manifestado clara y repetidamente, a Wiinston Churchill y otras personalidades relevantes en el intervalo de la guerra de 1939-1945. Si el Presidente Roosevelt hubiese vivido hasta el final de esa Guerra, esos propósitos estuviesen a punto de cumplirse, siempre y cuando el plan de Roosevelt de 1944 para Bretton Woods fuese sacado adelante al momento del final venidero de la guerra. Yo he respaldado está intención de él, permanentemente, como mi propósito manifiesto en todos los últimos 40 años de mi vida como figura política pública, y en todos mis proyectos de programas públicos, durante las últimas cuatro décadas, hasta la fecha.

Por ejemplo: el verdadero origen de toda la oposición realmente importante al papel que he jugado en los asuntos públicos durante esas décadas, ha sido una resonancia de los oponentes destacados de ese legado de Franklin Roosevelt, oponentes que representaban la misma especia política de los poderosos intereses financieros trasatlánticos en contra de los cuales había peleado el Presidente Franklin Roosevelt hasta el momento de su muerte, un propósito suyo que yo, me enorgullezco de servir.

Lo que sostengo para hoy como este propósito continuado para el mundo de la posguerra, fue el fundamento del Presidente Roosevelt para lanzar un sistema crediticio de tipos de cambio fijo en la conferencia de 1944 en Bretton Woods.

El principio que se proponía FDR

Lo que el Presidente Roosevelt se había propuesto, como yo ahora, no era un vulgar contrato mercantilista nuevo entre potencias separadas en competencia, sino una reforma de los asuntos económicos del mundo y lo relacionado, de acuerdo a un gran principio singular adoptado de manera común, concebido en el mismo espíritu de la Paz de Westfalia de 1648. Si se ha de rescatar hoy a la civilización de su propia insensatez omnipresente, se requiere la sumisión a un principio universal común, como si se concibiese como un principio adoptado de la naturaleza, como lo fue la Paz de Westfalia. Debe llegar a ser un nuevo y reavivado cuerpo de derecho internacional natural de economía, antimonetarista,2 que una y obligue a un sistema de Estados nacionales perfectamente soberanos respectivamente, mediante un principio universal común adoptado a semejanza de un principio físico universal. Si esas naciones no se comprometen de acuerdo a ese principio, el caso de todas y cada una de ellas sería una causa perdida.3

Así, aunque la alianza de Estados Unidos con Gran Bretaña fue necesaria para la derrota del poderío de Hitler en ese momento, fue una alianza muy difícil entre un Estado nacional soberano y un imperio, como lo veían claramente el Presidente Roosevelt, el General Douglas MacArthur, el General Dwight Eisenhower, y otros durante esa época de guerra. Precisamente por ese motivo, la existencia continuada del Presidente Franklin Roosevelt, por ende, era vista por Londres como una grave amenaza estratégica para la existencia continuada del Imperio Británico en la posguerra. Por ese motivo, la muerte del Presidente Roosevelt se tomó como la oportunidad estratégica que Gran Bretaña deseaba desesperadamente, la oportunidad de corromper y arruinar a Estados Unidos después de Franklin Roosevelt, como debemos poderlo ver con claridad hoy en retrospectiva.

Debido a esas circunstancias de tiempos de guerra, el Presidente Roosevelt hizo alianzas difíciles con esos círculos de la oposición tanto nacional como extranjera durante la guerra; esto se hizo a fin de asegurar la empresa de la guerra y el necesario apoyo continuado de las facciones de Wall Street y sus adláteres en Estados Unidos. De tal modo que, apenas las fuerzas encabezadas por EU habían logrado ocupar la cabeza de playa en Normandía, los derechistas que apoyaban la guerra en EU desataron una campaña contra Roosevelt en concierto con círculos relevantes de la élite británica. Entre las concesiones más difíciles del Presidente Roosevelt a sus adversarios políticos en el campo angloamericano, había sido la sustitución del vicepresidente Wallace por su adversario derechista del Partido Demócrata, el senador Harry Truman, para la designación del vicepresidente en 1944.

Por ejemplo:

En cuanto se completó la penetración de los Aliados en Normandía, los imperialistas británicos y sus simpatizantes en Estados Unidos, tomaron medidas, como la catastrófica trampa de la operación "Market Garden" ’dirigida por el Mariscal de Campo británico Montgomery, para prolongar la guerra de modo innecesario, mediante operaciones que impedirían la posibilidad de completar la misión de esa guerra para fines de 1944.4 De manera similar, la traición de los británicos al Complot de los Generales Alemanes en contra del régimen nazi fue una traición hecha para impedir dicho cese relativamente inmediato de la guerra. Los bombardeos terroristas, militarmente absurdos e inmorales, dirigidos por los británicos, de blancos civiles no militares, como Dresden y Magdeburgo, fueron también acciones emblemáticas de los objetivos británicos después de Normandía, de este mismo carácter churchiliano.

Hemos visto la misma política imperial británica de fines de 1944 y principios de 1945 en las acciones de la Primer Ministra Margaret Thatcher de Gran Bretaña y su pieza Francois Miterrand a partir de 1989, para desmembrar y saquear a una Alemania reunificada y también arruinar a las naciones de Europa oriental del CAME y a la misma ex Unión Soviética, un saqueo que continuó hasta la primera toma de posesión de Vladimir Putin como nuevo Presidente de Rusia.

La aquiescencia insensata de la mayoría de los Presidentes, y de la mayoría de los Congreso de EUA,5 como de algunas otras naciones, a estas directrices imperiales británicas recurrentes, ha transformado las dos décadas desde principios de 1989, en una de las destrucciones más monstruosas del potencial productivo físico y la infraestructura económica básica esencial, en lugares tales como Europa y Norteamérica, en la historia moderna.

Esta ruina deliberada de la economía estadounidense había comenzado con el Presidente Truman. La muerte del Presidente Roosevelt, había allanado el camino ya para realizar un cambio fundamental, llevado a cabo por el Presidente Truman, al servicio conciente de los intereses imperiales británicos (e.g., "angloamericanos"’, en la reorientación de la misión asignada a lo que surgió como el Fondo Monetario Internacional (FMI). La evidencia del propósito de ese cambio fue inmediata. Las antiguas colonias que estaban señaladas para volverse independientes, en el período del Presidente Roosevelt, fueron condenadas ahora a varias formas ya sea de su anterior condición colonial (como Indochina e Indonesia), o alguna forma apenas disfrazada de seudo independencia bajo el control financiero liberal angloholandés de todos los activos mudables de esas naciones recién "liberadas"’’.

De este modo, en vez de una reconstrucción política y económica global del mundo de la posguerra, la masa del potencial agroindustrial estadounidense disponible mediante la conversión de las capacidades militar-industrial-agrícola para el desarrollo civil de las economías del mundo, se desperdició mayormente, o si no, se le cambió la orientación que tenía bajo Franklin Roosevelt, para establecer lo que se identifica a veces como sistema neocolonial, bajo el cual lo que debían ser naciones emergentes, en desarrollo económicamente, se les impidió gozar de "demasiada libertad" de desarrollar sus recursos nacionales y su productividad per cápita y por kilómetro cuadrado. La victimización pro genocida de África, que continúa al presente, bajo el señorío imperial británico, ha sido, hasta el momento presente de la historia mundial, una de las expresiones mas vergonzosas de esta brutalidad bajo la alternativa keynesiana a los programas del sistema crediticio que se proponía Roosevelt.

Las traidoras piezas de Londres en EU

No debemos olvidar nunca ejemplos tales del auge del imperialismo angloholandés, como el empleo por parte de los británicos de sus títeres de la monarquía española del siglo 19 para acrecentar la esclavitud africana en los Estados Unidos después de la guerra de 1815, así como la ayuda de esa monarquía a los británicos para corromper y arruinar a los Estados iberoamericanos de Sur y Centroamérica. Todo eso fue hecho como una forma de guerra conciente, dirigida por Jeremy Bentham del Ministerio de Relaciones Exteriores británico y su protegido lord Palmerston.

Tampoco debemos olvidar la hechura de los intereses liberales angloholandeses, la anterior Guerra de los Siete Años, mediante la cual el imperialismo británico arruinó a Europa continental en provecho estratégico de Londres. Ni tampoco nos debemos olvidar de la advertencia hecha por el canciller Bismarck de Alemania, en el sentido de que la guerra general en el continente de Europa que preparaba el príncipe Eduardo de Gran Bretaña, ya desde los 1890, tenía la intención "geopolítica"’’ dque fuese la segunda "Guerra de los Siete Años"’’ imperial británica.

Todos los conflictos bélicos de envergadura en este planeta, a partir del desalojo de la cancillería del impedimento Bismarck en 1890, como cuando Edward Albert lanzó a Japón en su guerra contra China de 1895 hasta 1945, y como toda guerra mayor en este planeta desde 1895, han sido una continuación del mismo principio estratégico que se expresa en el empleo que hace Edward Albert del modelo de la conducción liberal angloholandesa de la Guerra de los Siete Años, un principio mantenido en formas tales como el papel decisivo que jugo el Primer Ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, para hundir a Estados Unidos en la insensata guerra desgastante, concebida de modo fraudulento, del Presidente George W. Bush, Jr. en el sudoeste de Asia, un caos terrible que no sólo continúa ahora, sino que se extiende, con la complicidad del gobierno del Presidente George W. Bush, Jr., hacia Paquistán, al momento en que se escribo este informe.

Así, vemos en estos ejemplos de la historia británica moderna desde la Paz de París de 1763, que hombres y mujeres rara vez viven hasta los 100 años de edad, pero las culturas y hábitos de las naciones y los imperios duran a menudo siglos.

¿Fue Truman un traidor?

Desde el mismo día después de la prematura muerte del Presidente Roosevelt, Truman, pieza de Londres, ya estaba fungiendo como aliado del Imperio Británico contra los planes proyectados del sistema de Bretton Woods.

Esto le presenta a los historiadores juiciosos una cierta interrogante: ¿Fue por tanto el Presidente Truman un traidor? En la tradición estadounidense, con excepción de los casos extremos como el eventual vicepresidente estadounidense Aaron Burr, tales figuras políticas corruptas no se consideran formalmente como traidores, sino más bien como zorrillos políticos, o peor, como criaturas del "Valle de la Zarigüeya" como el ex vicepresidente estadounidense Al Gore, por ejemplo. Gore ejemplifica hoy un cierto tipo de lugar ambiguo, entre dos aguas, el cual comparte con piezas británicas tales como los Presidentes de EU Andrew "escurridizo" Jackson y con el controlador de Jackson, el sucesor del traidor Aaron Burr en Wall Street, Martin van Buren, y el adversario de John Quincy Adams y de Abraham Lincoln, Polk, después. Van Buren fue el autor del plan, montado por su títere y veterano del "Sendero de Lágrimas" Jackson, que estalló en el Pánico financiero (bancario) de 1837.6 Theodore Roosevelt y el partidario del Ku Klux Klan Woodrow Wilson, o Coolidge, Richard Nixon, y otros Presidentes de calaña semejante, posteriormente, fueron casos similares de corrupción.

Entonces, donde el gobierno del Presidente Roosevelt había señalado la liberación de las antiguas colonias, el Imperio Británico, trabajando en estrecha colaboración con Truman, restauraron el viejo gobierno colonial en otros lugares, o impusieron nuevas formas para el mismo objetivo, en efecto, como en la actual política británica de control de la población para saquear el continente de África, que también adoptó Estados Unidos bajo los gobiernos de Ford y Carter a mediados y fines de la década de 1970.

El cambio de directrices en Estados Unidos, la primavera de 1945, de Roosevelt a Truman, había producido de este modo una pauta correspondiente de cambio en el contenido y significado del nombre "sistema de Bretton Woods". Ese cambio en significado del término, bajo Truman, ha sido el origen principal de la confusión general presente entre los desinformados (y los que quieren aparecer como desinformados), en todo el mundo, con respecto al legado de Franklin Roosevelt en particular, y el Sistema Americano de economía política en general.

Por ende, es esencial enfocar aquí la diferencia específica de principio entre el propósito del Presidente Franklin Roosevelt para el Bretton Woods de 1944, el establecimiento de un sistema internacional de crédito en Bretton Woods, y la perversión que hizo Truman del plan de Roosevelt, de usar el nombre del plan de Bretton Woods de 1944 como una fachada del sistema monetarista de tipos de cambio fijo fundamentado en el dogma monetarista imperialista de John Maynard Keynes.

Roosevelt Versus Keynes

Para entender la crisis económica global de hoy, debemos ver el extremo contraste del sistema de emisión de dinero que define la Constitución Federal de EU, con los sistemas monetarios europeos comunes, el sistema británico. Debemos rastrear la consistencia fundamental de las pautas de cambio, alejadas del propósito del Presidente Franklin Roosevelt, un cambio que no solo ha reducid lo que había sido la economía más poderosa que haya conocido el mundo, a la condición de escombro a la que ha sido degradada hoy día. Fue un proceso de demolición que se inició con la toma de posesión del Presidente Harry Truman y su política angloamericana de recolonización imperialista de muchas de las naciones de los pueblos más pobres del mundo, del mismo modo en que se despliega ese mismo feo plan del imperio británico contra Sudán, Zimbabue, y otras naciones de África hoy día.

Para empezar la exploración necesaria de esta materia relevante de la historia reciente, considere, brevemente, la diferencia esencial, en base a principios, entre el sistema británico y el de la Constitución de Estados Unidos, una diferencia que es de significancia fundamental para cualquiera que procure el provecho del legado del sistema de Bretton Woods.

Bajo la Constitución Federal de EU, la creación de moneda es monopolio del Ejecutivo Federal electo, pero esto se permite solo bajo la condición del consentimiento de la cámara baja del Congreso de EU. Este consentimiento constituye la autorización de crear una deuda específica del Gobierno Federal, la cual se pone en circulación como aumento de moneda autorizada a entrar en circulación mediante el Tesoro de EU directamente, o mediante un crédito extendido para préstamos autorizados a través de instituciones tales como los bancos autorizados por leyes federales o estatales, o mediante acuerdos de tratado con naciones extranjeras a lo cual ha autorizado el Congreso de EU.

Lo que yo he propuesto como la organización de un tratado a emprenderse mediante la iniciativa conjunta de Estados Unidos, Rusia, China e India, es un ejemplo sobresaliente de las ventajas disponibles para el empleo de un sistema crediticio, en vez de un sistema monetario del tipo keynesiano.

El sistema monetarista británico se deriva de la tradición de un antiguo sistema de usura, como el que se practicaba en las región mediterránea y adyacencias en el transcurso de las épocas antigua, medieval y moderna. Los sistemas parlamentarios europeos modernos prevalecientes se derivaron de la práctica de concesiones a los sistemas de tiranías venecianas medieval y moderna a través de la usura. Las cruzadas medievales han sido el modelo utilizado para operaciones tales como las guerras de desgaste que se llevan a cabo actualmente, dirigidas por Londres, y operaciones terroristas afines en el Sudoeste de Asia. El sistema liberal angloholandés contemporáneo, por ejemplo, fue una consecuencia natural de las reformas del Nuevo Partido Veneciano de Paolo Sarpi, que transfirió la mayor parte de las operaciones financieras venecianas, intrínsecamente usureras, desde el litoral mediterráneo a las regiones marítimas de las regiones costeras norteñas de Europa, con un acento cada vez mayor en la usura marítima (v.gr.:, el "compra barato y vende caro"’ de Adam Smith) que se ejercía en la esfera del tráfico transoceánico.

La diferencia esencial entre los dos sistemas, el Sistema Americano versus el Británico, el Sistema Americano versus John Maynard Keynes, et al., es que el Sistema Americano se basa en un principio constitucional de crédito público, mientras que el sistema liberal angloholandés, incluyendo su variante keynesiana, se basa en un derecho de usura dominante, implícitamente imperialista, el imperio del dinero privado establecido como el provecho hereditario transmitido a una clase financiera depredadora. Este es un sistema bajo el cual los ciudadanos y sus gobiernos pagan un tributo al poder privado de atesorar activos financieros, un sistema de Adam Smith intrínsecamente depredador, bajo el cual la gente es lo barato, y lo caro es la ganancia sacada por la usura, mediante estafas urdidas por el interés del dinero privado.

Bajo el Sistema Americano, el sistema constitucional propugnado por el Presidente Franklin Roosevelt, crédito público federal, como lo define nuestra Constitución, es supremo, y el gobierno federal ejerce el poder de regulación mediante el instrumento de crédito público, como también la acuñación de moneda, en todo el territorio.

El sistema británico, del cual el sistema keynesiano es una variante, se le designa más acertadamente como "sistema liberal angloholandés de usura internacional". Bajo el sistema monetarista, el interés oligárquico-financiero privado saquea el crédito público, soberanamente. Las mismas monarquías modernas son en su mayoría venecianas liberales del pedigrí de Sarpi, a veces adornadas con atavíos feudales, pero a pesar de tales bufonerías habituales, son realmente monarquías muy, pero muy "burguesas"’’, y son representantes del interés colectivo encarnado en el enjambre de financieros privados, como si fuese la "reina"’’ del nido de avispas. A veces, el enjambre de avispas, o de hormigas, puede deshacerse de una reina gobernante, y sustituirla con otro gobierno, pero el carácter del enjambre como institución persiste. La esencia del asunto reside en la relación de la colmena con lo que estima como presa legítima, el ciudadano común o su semejante.

El Imperio Británico real de hoy, por ejemplo, es, en todo aspecto conducente, sistémico cultural y demás, una consecuencia de la influencia de las reformas de Sarpi y la anterior masacre veneciana de estadistas y esposas reales bajo el reinado del demente Enrique VIII. El imperio mismo es en esencia un imperio financiero basado en la usura, y no una secreción de la voluntad de la población de las islas británicas; ese es el significado esencial de "libre comercio"’’ (libre de la interferencia del gobierno con la usura y estafas semejantes). Con la combinación del cierre del sistema de Bretton Woods basado en EU, bajo el Presidente Nixon, entre 1971 y 1972, con la gran estafa de la farsa petrolera anglo-holandesa-saudita de 1973, y con la desintegración del sistema económico estadounidense consumado por David Rockefeller y sus compinches bajo la rúbrica de la Comisión Trilateral, la economía estadounidense ha sido saqueada y destrozada sistemáticamente.

Este destrozo ha sido hecho casi tanto desde adentro como por la acción de las operaciones anglo-holandés-sauditas centradas en las operaciones del mercado petrolero de sitio y la BAE (e.g., El Yamamah). Esta enorme estafa petrolera, combinada con la "protección"’’ al inmenso narcotráfico internacional con centro en Londres, ha tomado control de Estados Unidos y del sistema del dólar estadounidense, comenzando con esas medidas radicales de destrucción del sistema económico estadounidense durante el intervalo implícitamente traidor que va entre las presiones al Presidente Johnson para capitular ante los británicos con respecto al dólar estadounidense, el 1 de marzo de 1968, y la subsecuente toma de posesión del Presidente Ronald Reagan en 1981.7

Si ponemos atención en estos acontecimientos subsecuentes de 1968 a 1981, y su secuela de 1981 a 2008 hoy día, lo que ha sucedido a los Estados Unidos después de Franklin Roosevelt ha sido un período relativamente exitoso de crecimiento físico neto continuado de la economía estadounidense en el intervalo de 1945 a 1967. Vemos una desaceleración significativa de ese avance en los años de 1964 a 1967. A esto le siguió un período ininterrumpido de derrumbe neto de la economía física a un ritmo cada vez más acelerado, per cápita y por kilómetro cuadrado, en el transcurso de los 40 años de derrumbe físico neto, de 1968 a 2008. Las estadísticas que han sido falsificadas para sugerir un efecto contrario después de 1968, han consistido en un encubrimiento patentemente fraudulento de la realidad física visible de la ruina creciente de la población general y del territorio de EU bajo la cubierta general de chanchullos financieros diseñados para el consumo intelectual de los crédulos.

Los tres factores que han tenido el mayor impacto para forzar la ola larga de derrumbamiento del producto físico de la economía estadounidense, per cápita y por kilómetro cuadrado, durante el intervalo de 1968 a 2008, han sido el derrumbe neto de la producción y el mantenimiento de la infraestructura económica básica, que empezó en el Año Fiscal 1967-1968; el establecimiento de una combinación de hechos, como el destrozo de los últimos remanentes del sistema de Bretton Woods a manos del Presidente Nixon en agosto de 1971, y la destrucción sistémica de todo pilar de progreso en nuestro sistema mediante la inyección de las medidas de la Comisión Trilateral de David Rockefeller y Brzezinski Trilateral desde el comienzo del gobierno de Carter.

En los siguientes cinco capítulos de este informe, voy a repasar renglón por renglón más de las implicaciones de los cuatro temas enumerados en el inicio de este presente capítulo.

2. ¿Por qué un sistema crediticio?

1. Primero que todo, es la cuestión de la ignorancia ampliamente generalizada, incluso entre los expertos putativos, sobre la diferencia fundamental en principio científico, entre la especificación de la Constitución estadounidense de un sistema de crédito, y un sistema monetario típico, basado en la usura.

La intención de la Constitución de los Estados Unidos la identificó el original Secretario del Tesoro estadounidense, Alexander Hamilton, en tres informes al Congreso de EU entre 1790 y 1791: Informe sobre el Crédito Público (1790), Informe sobre un Banco Nacional (1790), e Informe sobre el Tema de las Manufacturas (1791).

Estas directrices con respecto a la moneda y asuntos relacionados, fueron, en principio, estatuidos en el derecho constitucional estadounidense bajo, principalmente, las Secciones 7 y 8 del Artículo I de la Constitución Federal estadounidense original. Aunque algunos próceres, como Jefferson, se oponían al Banco Nacional y a algunas de las implicaciones del Informe sobre el Tema de las Manufacturas de Hamilton, ambas medidas destacadas por Hamilton fueron corroboradas fuera de toda duda razonable por la evidencia comparativa de los impulsos contendientes entre la ejecución de esos principios y la omisión de los mismos, en el transcurso de la historia total de la economía estadounidense desde esa época hasta la fecha presente.

Lasa ideas sobre las que se fundamentaban estas directrices constitucionales entonces, y después, se derivan de las propias raíces de la historia europea moderna, como se refleja en esas publicaciones sobre el tema de la soberanía del Estado nacional como De Monarchia de Dante Alighieri y Concordancia Catholica del cardenal Nicolás de Cusa, sobre los principios de economía física codificados por Cusa, en su fundación de los principios de la ciencia física moderna en su De Docta Ignorantia. El primer Estado nacional fundamentado en los principios del arte de gobernar y de la economía física de Cusa, fue el de Luis XI de Francia. La imitación del ejemplo exitoso dado por Luis XI por parte de Enrique VII de Inglaterra, estableció el precedente de modelos de éxitos iniciales hasta la fecha, para todos los modelos europeos modernos de estadismo en general, y de economía.

El esfuerzo, organizado por la oligarquía financiera veneciana, por intentar aplastar los logros del gran Concilio Ecuménico de Florencia de 1438-1439, comenzando con la Caída de Constantinopla, fue el precedente de lo que devino en la misma dirección del partido veneciano en las guerras religiosas que dominaron y destrozaron la civilización europea desde la expulsión de los judíos en España en 1492 hasta la adopción de la gran Paz de Westfalia en 1648.

Al intervalo de 1492 a 1648 de una Europa dominada por la guerra religiosa, le siguió un intervalo relativamente breve de la decisiva colonización de Nueva Inglaterra de 1620 a 1688 por los Winthrops y los Mathers. Para 1689, el gran auge de la Mancomunidad de Massachusetts había sido aplastado, y muchas familias relevantes de Nueva Inglaterra sometidas a un proceso de corrupción de largo alcance. El partido de los Winthrops y los Mathers lucharon en sus puestos, pero ellos mismos le aconsejaron pronto a personajes como el que sería luego el principal científico estadounidense, Benjamin Franklin, a cambiar la base de operaciones de su parcialidad a la Pennsylvania de James Logan et al. Por un gran momento de la historia, en la primera década del siglo 18, el gran intelecto universal de Gottfried Leibniz desafió a los enemigos de una forma de sociedad civilizada; pero, luego, la derrota de la facción tory inglesa de Leibniz, Jonathan Swift, et al., con la ascensión del régimen de los liberales de Inglaterra con el rey Jorge I, cambio las mejores esperanzas de los europeos hacia el potencial emergente para una república hacia las costas de Norteamérica.8

A partir del éxito de las grandes luchas, centradas entonces en la Francia del cardenal Mazarin y Jean-Baptiste Colbert, llegó un gran florecimiento de la ciencia en la tradición de lo seguidores declarados de Nicolás de Cusa, Leonardo da Vinci, Johannes Kepler, así como sus seguidores del siglo 17 como Fermat, Pascal, Christiaan Huyghens, y Gottfried Leibniz. De este modo, la gran tradición de los seguidores de Cusa en el siglo 16, como Leonardo da Vinci y Niccolo Machiavelli, y el seguidor de Cusa y de Leonardo, Johannes Kepler, crearon los cimientos del arte de gobernar político inherente al gran Concilio Ecuménico de Florencia, encarnado en esos círculos internacionales centrados en la figura y la influencia del genio universal de Leibniz.

Subrayo aquí, de nuevo, que la naturaleza especial del individuo humano, en tanto distinto de todas las bestias, y también, en términos generales, de los liberales angloparlantes, es que a pesar de que el hombre tiene la forma encarnada de otra bestia, el potencial creativo que alberga el nacimiento del individuo humano recién nacido, expresa la inmortalidad potencial de la identidad personal humana de ese individuo que participa en la preservación de la facultad creativa singularmente humana de los individuos humanos.9 Como lo he destacado, el individuo humano que hace honor a ese potencial, no pierde su identidad viable con la muerte del cuerpo mortal. Más bien, el bien que el individuo transmite es un poder que se comprobado en la historia conocida, e incluso en vestigios anteriores, que se extiende por varios siglos, hasta milenios. El individuo que acepta ese noble destino, es el que se cuenta entre los verdaderos dirigentes del destino, pasado y futuro, de la humanidad.

De este modo, el Preámbulo de la Constitución Federal estadounidense establece simple y noblemente:

"Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, estatuimos y sancionamos esta Constitución para los Estados Unidos de América"’’.

Esta Constitución reflejaba la experiencia de los colonizadores en la gran literatura relevante de fuentes científicas antiguas y otras, que los Winthrops y los Mathers de la colonización de los siglos 17 y 18 conocían a través de su educación y la de sus hijos y nietos. Encarnaba la gran tradición del cardenal Mazarin en su papel protagónico al organizar la gran Paz de Westfalia de 1648, y la opinión informada que estos colonos norteamericanos se habían formado a través de la experiencia con las siempre frescas explosiones de brutalidad de las potencias gobernantes del continente, de Europa, en especial las oligarquías financieras y aristocráticas europeas. En el transcurso de mediados a fines del siglo 18, los americanos habían llegado, en parte mediante el efecto irradiado del papel destacado de Benjamin Franklin como publicista, a un conocimiento relativamente actualizado de los acontecimientos importantes en Europa y entre los futuros Estados que eran entonces colonias inglesas.

Como lo afirma el caso del mismo Leibniz, la influencia más directa sobre el desarrollo de la cultura de las colonias norteamericanas fue el que irradió, como mediante Gottfried Leibniz, desde la Francia de Jean-Baptiste Colbert. Fue el papel y la influencia de Colbert en el fomento del progreso económico, motorizado por la ciencia, en las facultades productivas del trabajo en Francia, y el grado sin precedentes de logros alcanzados en Francia bajo su influencia personal, lo que informó a los futuros Estados en desarrollo en Norteamérica. Fue, por ejemplo, un ejemplo arraigado en el precedente de la Francia de Colbert, lo que motivo a esta Norteamérica a introducir realmente la revolución industrial a la Inglaterra de mediados del siglo 18, no al revés. La modernidad de las Obras Siderúrgicas de Saugus en la Nueva Inglaterra del siglo 17 confirma la superioridad del avance de la economía en Nueva Inglaterra con relación a Inglaterra bajo los reyes de esa época.

Ha sido una boba creencia popular entre muchos europeos pobremente informados, e incluso algunos estadounidenses, como se muestra en investigaciones históricas publicadas por mi asociado Anton Chaitkin, que la preeminencia inicial de las colonias angloparlantes en Norteamérica venían del saqueo de los recursos naturales. Aquí, en esta cuestión, encontramos los orígenes, en la experiencia cotidiana de generación en generación, de la sutil apreciación de los recién formados Estados Unidos de las ventajas de su sistema crediticio constitucional sobre el sistema monetario, en tanto opuesto al sistema monetario británico o continental de tipo neoveneciano inherentemente usurero, hoy día incluso.

El ímpetu y el carácter del desarrollo de las facultades productivas del trabajo en las colonias inglesas de Norteamérica se ilustra bien en los escritos de mi asociado ya fallecido, el historiador profesional H. Graham Lowry, How the Nation Was Won (Como se ganó la nación).10 El aumento en las facultades productivas del trabajo se logra mediante promesas verosímiles de la base física futura para la generación de medios de pago de esa inversión, no sólo en años, sino que, a menudo, en generaciones sucesivas.

Este principio fue muy bien entendido por el fundador del primer Estado nacional europeo moderno, Luis XI de Francia, quien generó una ganancia para Francia y sus individuos de todas las clases sobornando la paz a los depredadores ingleses, borgoñeses y españoles, lo cual le permitió acrecentar las facultades productivas del trabajo y de los medios de producción en Francia. La misma práctica sabia de Luis XI fue adoptada por su admirador, Enrique VII de Inglaterra, creando ambos así una Francia y una Inglaterra que devinieron en los precursores principales de formas sucesivas de economías del Estado nacional moderno y sus prácticas de mercadeo. Esto fue la resonancia de una preciosa enseñanza del desarrollo de grandes regiones de la futura Francia y Alemania bajo la conducción de Carlomagno, como lo confirman las vías fluviales de Europa continental que todavía existen.

Una economía prudente es la que invierte en la ganancia de su propio pueblo a través del crédito organizado por ese pueblo mediante su propio autogobierno. Un exceso de préstamos extranjeros, en especial préstamos de usureros depredadores en la tradición veneciana, es por lo común una señal, no de la esperanza que tiene el prestamista del pago expedito al vencimiento, sino de su codicia por el endeudamiento creciente a perpetuidad de la nación y sus ciudadanos con los depredadores extranjeros como esos mismos prestamistas. Así son los depredadores del tipo de "Mr. Scratch"’[el Diablo, en la novela de "El diablo y Daniel Webster"] como Felix Rohatyn y George Soros.11 Los préstamos extranjeros aceptables son los que se negocian entre naciones aliadas en causa común en contra de adversarios depredadores. Como lo podían haber advertido los Papas de la antigüedad: nunca confíes en un veneciano, en especial cuando esté empeñado en su papel acostumbrado más ruin, pretendiendo ser tu amigo y partidario.

3. ¿Por qué la economía física?

2. Segundo, el error capital y vicioso de sustituir los valores físicos con patrones monetaristas.

"Cuando Adán cavaba y Eva hilaba, ¿quién era entonces caballero?"’’

Para los economistas inteligentes y cuerdos, por raros que sean en esta era de decadencia posindustrial, la única política competente de inversión de capital consiste en la suposición razonable de que las facultades productivas físicas del trabajo en la economía nacional (e implícitamente, del mundo) aumentarán como fruto de esa empresa. No es la posesión de propiedades lo que define este logro requerido; es el provecho expresado como aumento de las facultades productivas físicas del trabajo, per cápita y por kilómetro cuadrado del territorio nacional, e implícitamente, del mundo.

Este producto de la sociedad no se ha de contar como la suma total de estimaciones de valores particulares, sino como el efecto del proceso total en el valor relativo del proceso considerado directamente como una totalidad indivisible. ¿Aumenta la densidad demográfica relativa potencial del territorio y la población en su conjunto a un nivel dinámico superior (en su conjunto), o no?

La noción de físico, sin embargo, debe ser congruente con ciertas implicaciones de las nociones del académico V.I. Vernadsky sobre las distinciones categóricas (de espacio fase) de lo abiótico, la biosfera y la noosfera, como identificaré aquí esas distinciones.

El valor de cualquier parte particular de ese proceso se ha de medir implícitamente mediante el efecto de la extracción, o adición del elemento examinado del proceso en tanto proceso, no un agregado de cosas separadas.

Por ende, el objetivo de fijar precios es el de proporcionar una estimación razonable del precio relativo, que corresponda al valor físico del particular como parte funcional del conjunto, como se define mejor en esos términos.

En contraste, el buen trabajador, o el empresario honesto, procura dejar tras de sí una condición mejor del mundo, según estas normas de la inversión física, de la que había cuando el, o ella, entraron a ese mundo. Sin esa noción de progreso, no hay una noción veraz de valor económico. La sensación de una cualidad práctica de inmortalidad personal que se expresa de este modo, es emblemático del individuo humano que piensa, con referencia a dichos términos físicos, sobre el tipo de mundo que su vida dejará tras de sí. Bajo las condiciones de vida reales de la crisis de desintegración global que se nos echó encima, no hay, moralmente, espacio admisible para definir "inversión"’’ en los términos de la necedad ilusoria de "utilidades marginales"’’.

Esas consideraciones así resumidas, con respecto al proceso económico de naciones enteras como totalidades, constituyen la esencia de la cuestión desde el punto de vista de una perspectiva científica física.

Los principios para aducir los precios relativos que sean aproximadamente congruentes, en efecto, con esos valores físicos, es una cuestión de las buenas aproximaciones necesarias para conducir transacciones financieras locales en la economía considerada como un proceso de conjunto.

Cualquier definición contraria de inversión productiva, es principalmente una cuestión de la necedad popular entre los empresarios monetaristas y sus amantes masculinas o femeninas. La satisfacción sensual, de uno u otro modo, de la persona, se ha convertido a menudo en el motivo sadomasoquista del típico capitalista real o pretendido.

Consideren algunas opiniones que son relativamente lugar común, o falsas, sobre el tema del valor económico. Por ejemplo:

Por que Al Gore y Satanás están equivocados

Uno de los prototipos actuales del dogma religioso al servicio de Satanás y de sus seguidores, es ese dogma prosatánico del ex vicepresidente Al Gore y sus semejantes: su adoración a la entropía. Quiero decir su oposición a la perspectiva conceptual del desarrollo físico-económico, motorizado por la ciencia, de las economías físicas nacionales; su oposición, como la de Gore y sus amos, los príncipes de Inglaterra Felipe y Carlos, a la mejoría en los modos de existencia productiva a niveles superiores de densidad de flujo energético efectivo, como mediante la energía nuclear, manifiesta su devoción implícita a la imagen prosatánica del Zeus olímpico de Esquilo. Eso expresa, así, nociones comparables en el efecto de su práctica a las de la depravación hitleriana. Como se muestra esto en su negativa al derecho al desarrollo físico de las naciones continentales de África por los africanos, una negativa que constituye una de las más francas manifestaciones de la participación de ese trío contraproducente en la inversión en depravación moral.

Por ejemplo: el carácter común esencial de Gore y los príncipes Felipe y Carlos, consiste en su rebeldía ante la realidad científica de lo que el finado académico V.I. Vernadsky definía como biosfera y noosfera. Regresaremos a esa cuestión más adelante en este informe, pero, por el momento, la siguiente aclaración del asunto es suficiente para el propósito de la discusión inmediata en este capítulo.

En el transcurso del siglo precedente, cualquier enfoque competente a la ciencia económica reconoce que la masa del planeta Tierra se compone de tres de tres tipos distintos de productos.

Primero, la porción de la masa física cuyo origen se aduce que es prebiótico (derivado de orígenes no vivientes). Solo la vida genera vida.

Segundo, que el producto de la masa de procesos viviente y los productos, como residuos, es, de este modo, específico de las criaturas vivientes, o anteriormente vivientes.

Tercero, es la porción de la masa del planeta que constituye el producto aumentado de nada más que la actividad de los seres humanos, seres humanos que se ubican categóricamente aparte de las bestias en virtud de sus habilidades innatas mentales creativas (noéticas) para hacer descubrimientos de principios físicos intencionalmente, y emplearlos, descubrimientos mediante los cuales la especia humana puede aumentar su densidad demográfica relativa potencial, per cápita y por kilómetro cuadrado, como no lo puede hacer ninguna otra especie viviente de marsupiales o mamíferos.

La distinción de cada una de estas categorías con respecto a las otras, se localiza en la existencia de los principios físicos atinentes correspondientes. De este modo, como se destaca al inicio de este capítulo, el principio de vida es un principio físico universal de un espacio fase, mientras que el principio de la creatividad humana es un principio físico universal de otro espacio fase. El producto común se ha de hallar por tanto en la dinámica de la interacción de los tres espacios fase: el "inorgánico"’’, la biosfera y la noosfera.

Estas conclusiones recién identificadas son evidentes en la comparación de las masas fósiles de seres humanos, y procesos vivientes no humanos, con la masa abiótica conocida de nuestro planeta y la Luna, y evidencia relacionada del sistema solar en general. La vida, de este modo, es un principio del universo que no se deriva de la no vida, mientras que la masa del planeta específica de la vida humana y de sus productos singulares, expresa un principio propio de la noción de creatividad individual humana, que no existe entre ninguna otra forma de existencia conocida. El orden en estas tres categorías, consiste en que la vida aumenta su participación en la masa del planeta a costa de la no vida, mientras que la especie humana aumenta su participación con relación a todas las formas inferiores de procesos vivientes.

La idea de una estimación razonable de valor económico-físico, se ha de diseñar a partir del punto de vista del papel de la noosfera como el nivel superior de producto de la interacción dinámica de los tres espacios fase.

Así, dado que cualquier modo fijo de existencia social de la humanidad tiende a rebasar los recursos agotables de las masas no humanas, solo la cualidad de desarrollo de las facultades noéticas humanas, como se expresan emblemáticamente en la cualidad de avance científico y similar, único del miembro individual de la especie humana, permite la existencia indefinidamente continuada de las culturas nacionales de la humanidad sobre este planeta (o más allá).

El propósito vivo de la forma de existencia a elegir por la humanidad, es el que se ejemplifica como el avance antientrópico científico y de cualidades afines, propio del desarrollo de las sociedades mediante el progreso tecnológicamente revolucionario, cada vez más intensivo en capital, de lo que llamamos "trabajo individual"’’. El trabajo productivo gobernado por un principio progreso antientrópico, cada vez más intensivo en capital (físicamente), constituye el destino inherente que el Creador le ha asignado implícitamente a la humanidad.

El efecto del acto de creatividad humana individual se ejemplifica en el descubrimiento del individuo, o la reproducción de un descubrimiento de un principio físico universal relevante ya conocido de esa persona.

La historia real, en su expresión de proceso coherente, llegará por lo tanto, tarde o temprano, a destruir cualquier forma de sociedad humana que rechace esa misión inherente. El castigo para cualquier sociedad que apoye la perversión que comparten Gore y los príncipes Felipe y Carlos, sería pavorosa.

La consecuencia del razonamiento que acabo de resumir, así, aquí, es que el hombre se distingue así de las bestias en virtud de este principio noético de existencia de la persona.

Todo entendimiento competente de los principios de una organización físicamente exitosa del comportamiento de las naciones, se deriva de la noción de creatividad humana individual como se realizó el descubrimiento singularmente original del principio universal de gravitación del sistema solar, descubierto, como lo destacó Albert Einstein, por Johannes Kepler.

El criterio del teólogo sobre la economía

No se trata de un razonamiento teológico en el sentido ingenuo de la cuestión; pero, si tiene una base en lo que fue la, más bien famosa, condena de Aristóteles que hizo aquel amigo del apóstol cristiano Pedro conocido como Filón de Alejandría.

El razonamiento de los aristotélicos a los que se refería Filón, es el que los aristotélicos alegaban a favor de Satanás (independientemente de su intención) cuando interpretaban el capítulo inicial del Génesis en el sentido de sugerir que el Creador había terminado su obra, como perfecta, en el momento en Él había completado los pasos sucesivos descritos en ese capítulo. La sofistería empleada para esa interpretación, consistía en que, si la Creación había sido perfecta, el Creador mismo ¡no podría alterar lo que ya había creado! Desafortunadamente, esta argucia le daba oportunidad de jugar a lo que los teólogos habrían de considerar como agencias, como los "malthusianos" de forma antigua y presente’’, que serían hostiles a Dios y al hombre por igual.

En breve, la tontera de esos aristotélicos a los que se refería Filón, consistía en que pedían un Dios que fuese impotente, ¡su poder de creatividad aniquilado por sus propias acciones! Filón les hizo pasar un rato de los diablos para explicar eso. El ateo que concuerda con ese aristotélico, asentiría con la cabeza: "¿Quién le va a rezar a un Creador impotente?"

El remedio a la necedad aristotélica, era, teológicamente o de otro modo, que la perfección de Dios se expresa como el criterio de un principio de poder de Creación continua, un principio de antientropía universal que se expresa como una secuencia sin límite de fases de desarrollo a estados superiores de organización (antientrópica).

La objeción sofista de los aristotélicos y sus semejantes a eso, fue el argumento que se atribuye al Zeus olímpico del Prometeo encadenado de Esquilo. El argumento era que Satanás (e.g., Zeus) nunca permitiría que la humanidad practique un principio de antientropía, que fuese creativo.

Este no era un precepto arbitrario simplemente. Lo que Esquilo nos identifica como el dominio de Zeus, en el Prometeo encadenado, es el principio del imperio que la historia europea data desde el imperialismo de una antigua Babilonia malvada. Este era también el imperialismo del Imperio Romano y de sus sucesores. El precepto de los imperialistas, como Diocleciano (quien, como Gibbon, habría preferido a Julián el apóstata en ese respecto), consistía en que la gran masa de la población humana, si es que se le permitía existir, debía vivir en un sometimiento obediente al precepto de que el hombre y la mujer del común no deben procurar elevarse por encima de su condición dada, sino que se deben adherir a la profesión de su padre. Desde la antigua Ilíada hasta toda la tragedia clásica griega, este precepto perverso de los dioses que prestan servicio al Olimpo era de este tipo babilónico, que se puede rastrear desde el modo degenerado de la cultura sumeria dizque "hidraúlica", de la tenencia de arco.

En las modalidades aceptables de la sociedad europea moderna, el efecto del progreso científico y tecnológico se ha de considerar como el destino apropiado de trabajador, a artesano calificado, a diseñador de máquinas herramienta, a científico, y desde el campesino al agricultor científico moderno que opera en un modo de capital intensivo relativamente.

El legado de Sarpi hoy día

Si hubiese un Mefistófeles real al gusto de Christopher Marlowe o de Goethe, sería ciertamente un apto modelo para el Paolo Sarpi de Venecia. El modelo adoptado por Sarpi explícitamente para este propósito, fue el irracionalismo sistémico del Guillermo de Ockham medieval. Sarpi adoptó el irracionalismo de Ockham como la base de unión de todos los dogmas del liberalismo angloholandés, desde entonces hasta la fecha presente.

Ahora resumo lo que he presentado en numerosas ocasiones en publicaciones anteriores. Le advierto al lector a estas alturas, que el razonamiento que se aporta aquí, aunque ineludible en cualquier tratamiento práctico de la materia de la economía moderna y la llamada "geopolítica", es un campo muy espinoso para la discusión. Mi dificultad aquí no reside en cualquier falla que me pueda atribuir, sino en la confusión que ha encarnado en la vida académica contemporánea y relacionada la popularización del dogma liberal angloholandés de Ockam. Este impedimento para aceptar la razón es notable especialmente en la relación especial que ha mostrado la influencia de Ockham en los casos del positivismo francamente anticientífico de Ernst Mach y el dogma todavía más radicalmente ockhamista de Bertrand Russell y sus seguidores desde la publicación de la Principia Mathematica de Russell.

Hoy día, pocas víctimas de la educación académica superior contemporánea han escapado de lo que se puede describir justamente como "lavado cerebral" en la locura acendrada que promueven los seguidores de los adherentes de Russell como el profesor Norbert Wiener y John von Neumann.

La creatividad en la ciencia física conocida al presente, desde los antiguos pitagóricos, ha dependido esencialmente de la noción del significado de lo que la práctica moderna identificaba, no como imaginario, como proponían los reduccionistas del siglo 18, sino como el infinitesimal leibniziano existente, ontológica y eficientemente.

Esta idea, como la habían tratado previamente de modo extensor Nicolás de Cusa y sus seguidores como Johannes Kepler, se enfoca en el caso ejemplar de la demostración de Kepler de la existencia de lo ontológicamente infinitesimal como la expresión de principios eficientes que no corresponden a las imágenes humanas de la percepción sensorial ingenua, pero que se demuestran no obstante de modo eficiente, como la gravitación, que existen como efectos eficientes de carácter universal. Como nos debe recordar el énfasis de Albert Einstein sobre la validez del genio de Kepler: No podemos ver el universo que encierra nuestra existencia como un objeto de la percepción sensorial; pero debemos reconocer respetuosamente la realidad de los efectos de esa universalidad. El caso del descubrimiento singularmente original del principio general de gravitación de Kepler que corresponde a la organización del sistema solar, es, como lo subrayó Albert Einstein siglos después, una demostración de la existencia de principios físicos universales que confinan eficientemente la acción en un universo que es por ende finito, pero no confinado externamente.12

Estos descubrimientos representan ideas eficientes, que la humanidad puede demostrar a voluntad que son tales, pero que parecen ante los sentidos humanos, como en el encomio de Einstein a Kepler, como ontológicamente infinitesimal. Esta noción la introdujo Nicolás de Cusa en la fundación de la ciencia moderna, y a quien siguieron explícitamente en este respecto en el desarrollo de la ciencia moderna individuos tan ejemplares como Leonardo da Vinci, Kepler, Fermat, Christiaan Huyghens, y Gottfried Leibniz.

El principio de experimentación

La noción implícita, es, puesto llanamente, el hecho de que nuestros sentidos dados son comparables a instrumentos científicos, en el sentido de que ninguno de estos proporciona a la mente una sensación directa del universo real. Mediante el descubrimiento de las paradojas que plantea, comparar la experiencia coincidente de sentidos de cualidad diferente, o instrumentos de laboratorio de diferentes cualidades, empleados al mismo tiempo de modo paradójico, como sustitutos de la percepción sensorial, la mente humana misma se ve empujada a ir a un Nigel superior al de la mera certeza sensorial, para descubrir la realidad que no consiste en la evidencia escueta de ninguno de esos sentidos o instrumentos. La prueba experimental del principio de tal descubrimiento de orden superior que la percepción sensorial, constituye la propia noción de una idea. El descubrimiento singularmente original de la gravitación universal de Kepler, como se narra en su Armonías, que produjo la única noción competente, moderna, de la organización del sistema solar basada en principios, es un ejemplo de esto.

Todo eso que se identifica apropiadamente, de ese modo, como ideas experimentalmente demostrables del universo real más allá de los límites de la precisión de la percepción sensorial, tal como la totalidad del microespacio subóptico, ejemplifica el dominio de acción conocido apropiadamente como la facultad de la creatividad individual humana, que constituye la única prueba eficiente de la distinción entre el hombre y las bestias.13

Ese caso ilustrativo, identificado de ese modo, es también lo fundamental para la definición de la creatividad individual humana que coloca al ser humano individual aparte y absolutamente por encima de toas las formas de vida inferiores. Estas consideraciones presentadas aquí en forma resumida, son fundamentales para el discernimiento apropiado de las implicaciones perniciosas de la influencia del dogma ockhamista de Sarpi en las fallas emblemáticas del pensamiento supuestamente científico de hoy. En otras palabras, la incapacidad de comprender este descubrimiento referido de Kepler de la gravitación universal, del modo en que lo sostuvo posteriormente Albert Einstein.

La noción valores físicos implícitos, para el propósito del análisis económico, debe cavilar estas consideraciones.

El argumento de Sarpi, como lo presenta uno de tantos seguidores de su escuela como los empiristas de Moivre, D'Alembert, Leonhard Euler, Lagrange, Laplace, y Cauchy, como lo he señalado antes, niega la existencia del infinitesimal antológicamente pertinente, como lo hacían de Moivre, D'Alembert, Euler y sus seguidores, como "imaginario". Por consiguiente, no identifican los principios físicos universales como tales, sino que emplean su sustituto favorito en las fórmulas matemáticas, formulaciones cuyo significado consiste en que esas fórmulas nunca son mejores que las pobres sombras proyectadas por el principio físico real que se expresa experimentalmente.

Viendo esta incompetencia de esos empiristas y positivistas del siglo 18 y posteriores, es fundamental para el entendimiento competente de esas cuestiones de economía física que sustentan cualquier evaluación competente de la cuestión de la función de fijar los precios.

Sin embargo, esta no es una cuestión de meras interpretaciones. Es precisamente en el dominio ontológico que esos empiristas del siglo 18 ridiculizaron como "imaginario", que se ubica ontológicamente el factor de la creatividad individual humana en la economía.

La paradoja ontológica de la economía

Como cuestión de principio, todo aumento tecnológico neto en las facultades productivas del trabajo en la sociedad, depende del tipo de actividad mental inventiva que representa la aplicación individual de una noción experimentalmente válida de un principio físico universal, de la clase que los necios empiristas señalados del siglo 18 ridiculizaron como "imaginaria"’’.

Al mismo tiempo que se debe poner en juego esta consideración, la economía experimenta desgaste en la productividad relativa de las tecnologías establecidas con anterioridad. La cualidad de lo que se podría denominar "recursos convencionales"’’ sufre los efectos del desgaste, al mismo tiempo que el aumento de la densidad demográfica relativa define una densidad menor de lo que la práctica corriente considera como recursos convencionales per cápita, por kilómetro cuadrado.

De este modo, el progreso, incluso el mantenimiento de las pautas de producto per cápita, requiere mayor densidad de recursos, y recursos con nuevas cualidades combinadamente, en efecto, con tecnologías más densamente ricas.

Naturalmente, hay algo que algunos economistas empiristas del siglo 18, y Marx, llegaron a reconocer como el efecto del agotamiento. Marx hace referencia a la obra publicada Riflessioni sulla popolazione delle nazioni per rapporto all'economia nazionale (Reflexiones sobre la población de las naciones con respecto a la economía nacional; Venecia, 1790), del economista veneciano Giammaria Ortes de cuya traducción al inglés Thomas Malthus, de la Escuela de Haileybury, expeditamente desvalijó lo esencial para su propia obra, la infame Sobre la población. Los precedentes anteriores de esa línea de argumentación que se ha convertido en sinónimo de "malthusianismo"’’, se remontan a los decretos "protomalthusianos"’’ del emperador romano Diocleciano. La presencia de los precursores del "malthusianismo"’’ en Europa moderna se data por lo común a la asociación de Giovanni Botero con el pensamiento de los círculos de Paolo Sarpi.

Aunque Karl Marx si reconoció aspectos del papel del progreso científico y tecnológico, nunca entendió esta materia en términos de principios científicos de economía física. En realidad, el confesó, en lo que se llama Volumen I de su Capital, que eso implicaba una rama de la economía que el no estaba abordando en ese momento. Ciertamente, los logros soviéticos en la práctica de la ciencia y la tecnología, se debieron más al producto de la tradición de la ciencia física rusa desde la influencia de Gottfried Leibniz y de la Academia de Freiberg en el zar Pedro el Grande, que a Marx. Marx no reconocía una ciencia de economía física, y los marxistas en general eran hostiles a la noción de una ciencia de economía física del tipo que nosotros, hoy en día, asociaríamos a los descubrimientos del académico V. I. Vernadsky en el campo de una ciencia de química física que compartía el campo con científicos tales como el famoso Harkins de Chicago.14

Sobre el tema de la fijación de precios

El más significativo de los experimentos de las décadas recientes en el dominio de la gestión de los precios de mercado, fue el experimento estadounidense con el "libre comercio’’" durante las décadas de 1950 y 1960 bajo el Presidente Kennedy. Estados Unidos, que había salido de la recuperación económica de los 1930, de los 1920 y su Gran Depresión, y luego confrontado con las medidas de austeridad requeridas para la conducción de la Segunda Guerra Mundial, reconoció que se debería probar un cierto grado de regulación de los precios, llamada política de "comercio justo"’’; que un viraje hacia al "libre comcio" sería desastroso, como se habría de mostrar ya el terrible error de ese "libre comercio"’’, hasta de manera violenta, en el persistente movimiento decadente del mundo hacia una crisis de desintegración global ya presente, desde agosto de 1971.

El sector realmente productivo de la economía estadounidense siempre había estado comprometido implícitamente con una política de "comercio justo'’’' en el enfoque hacia los aranceles medidas similares de planificación. El pensamiento manifiesto de Franklin, Hamilton, Mathew Carey, y Henry C. Carey es ejemplar. El Presidente John F. Kennedy había continuado la exploración de la gestión de políticas de "comercio justo"’’ durante su conflicto con los magnates del acero, y en el diseño de las medidas impositivas tendientes a fomentar la reinversión en las corporaciones en mejoras de capital a largo plazo. La recuperación de Franklin Roosevelt y la experiencia de la Segunda Guerra Mundial nos había dejado algunas enseñanzas útiles, a pesar del Presidente Harry Truman.

El resultado de esos y otros acontecimientos alcanzó un relativo punto climático de buena aproximación bajo el Presidente John F. Kennedy. Lo que siguió ha sido una catástrofe, al presente una catástrofe global.

Adonde nos lleva el futuro

Si suponemos, como yo para los fines de este informe, que estamos en un momento de oportunidad desesperadamente esperanzador para toda la humanidad; estamos, así, a punto de establecer la forma de cooperación de largo aliento en el desarrollo de los Estados nacionales soberanos que yo he estipulado, de tal modo que ocurran los mayores aumentos en las categorías de la producción globalmente en las mejoras de capital a escala muy grande, ejemplificados por los grandes proyectos de infraestructura básica. Estos serán, en gran medida, proyectos de cooperación internacional entre Estados nacionales soberanos, incluyendo proyectos cuyo lapso entre su desarrollo inicial y su rendimiento durará varias generaciones o más.

El desarrollo de fuentes de energía de alta densidad y de muy alta densidad, el proceso de aumentar la tasa de flujo agua potable a través de las economías nacionales del mundo, una revolución progresiva en el ejercicio y los principios de salubridad pública, transporte masivo a gran escala de pasajeros y de carga con acento en la levitación magnética, el desarrollo de nuevos conceptos de materias primas y su procesamiento, y un mayor énfasis en la exploración del espacio cercano con propósitos científicos, encabezará la lista de acciones a emprender. Este tipo de grandes proyectos serán los conductores que definan la dirección de la organización en todas las fases principales de la producción.

Estos grandes proyectos definirán luego el criterio básico de los factores de capital que sustentan la demás actividad económica significativa en las economías nacionales y entre las naciones del mundo en su conjunto.

Desde este punto de partida, obtendremos el criterio base de los costos y valores que sustentarán y permearán todas las fases de la producción, comercio y consumo por todo el mundo. Ese criterio básico, junto con un sistema de tipos de cambio fijo compartido en común por Estados nacionales respectivamente soberanos, definirá entonces el criterio básico de referencia para determinar el nivel adecuado de los precios a fijar y la estimación de costos relacionada entre las economías nacionales cooperantes del mundo.

En ese marco de referencia, se fomentará la libertad individual para innovar, y estará presente de manera activa, precisamente en el grado en que se fomente la creatividad relativa y científica potencial del individuo.

4. ¿Por qué una política de "comercio justo"’’?

3. La ausencia de una pauta científicamente competente para definir los márgenes de ganancia "devengados"’’, una pauta necesaria para liberar el ejercicio de la contabilidad financiera actual de sus tradiciones de usura corruptoras.

Los principios generales de lo que se ha conocido, en tiempos anteriores, como políticas de "comercio justo"’’ se h señalado en el capítulo inmediato anterior. Sin embargo, como cuando se habla de la dieta, no basta con destacar sus beneficios; es urgente también que haya una advertencia contra venenos más o menos dañinos.

Por tanto, la cuestión esencial, en resumidas cuentas, es que no hay una convergencia estadística o comparable para la determinación de los precios "orientada por el mercado", sobre los valores económicos relativos, ya sea que la materia se discuta como los seguidores de la doctrina de Karl Marx, o no. Esa es la enseñanza que debió reconocer cualquier economista realmente competente que ha considerado los patrones de las relaciones de volúmenes y precios elativos en el curso de las últimas cuatro décadas de las tendencias en Norteamérica y en Europa, en particular.

No obstante es posible, por supuesto, y a veces también útil, comparar las tendencias en precios en contraste con las datos económico-físicos. Cuando esto se hace de manera apropiada, tiene la utilidad de mostrar el hecho de que los movimientos de los precios pueden revelar tremendos errores crasos en las medidas de la práctica económica (que a menudo nos ayudan a mostrar que el paciente, la economía, está enfermo), pero ni la lectura de la temperatura, ni las series de precios son confiables, en si mismos, como indicadores de la medicina requerida.15 La cura de la mayoría de las tendencias económicas de largo plazo de forma muy mala, reside en el dominio de la práctica de la economía física, como en el caso de Estados Unidos en el intervalo de la guerra de 1939 a 1945 en el mundo, cuando se tenían que considerar diversos controles equilibrados con los requerimientos militares a la luz de las condiciones de guerra.

Por ejemplo, luego de la muerte del Presidente Franklin Roosevelt, era cada vez más un lugar común escuchar que había algo injusto en la política de precios bajo las condiciones del intervalo de 1941-1945 de la participación de Estados Unidos en la guerra general del intervalo de 1939-1945. Al contrario, si reconocemos que el control de precios y medidas afines fueron necesarias para ganar esa guerra, la estructura de precios durante el régimen de tiempo de guerra estaba más cerca de satisfacer los requerimientos corrientes y futuros para el desarrollo de la realidad física que en cualquier otro momento.

Por ejemplo, la intención del gobierno de Flanklin Roosevelt para la posguerra era convertir gran parte de la capacidad de producción creada entre 1939 y 1945 con objetivos bélicos, en producción no militar para el desarrollo de la economía mundial en tiempo de paz, incluyendo la liberación de los territorios que habían sido colonias. La reducción de gran parte de ese potencial, en vez de realizarlo mediante el desarrollo provechoso en la economía mundial, dificultó hacer frente a la deuda acumulada por los gastos de guerra de Estados Unidos durante los años de la posguerra.

En un caso diferente, en los efectos contrarios vistos en el costoso intervalo de 1964-1975 de la guerra estadounidense en el Sudeste de Asia. En este caso, la falta de correlación entre los precios y los valores físicos, aumentó radicalmente a partir del Año Fiscal 1967-1968 en adelante; esta discrepancia se aceleró, a partir de entonces, debido a los duros recortes en el crecimiento neto, incluso en el reemplazo de la infraestructura económica básica en la última parte de la década de 1960 y después.

Como lo demostraron los acontecimientos de la década de 1960, los planificadores veteranos de las operaciones militares serias, oficiales militares califica os, como los generales de los ejércitos Douglas MacArthur y su antiguo asistente Dwight Eisenhower, mostraron entonces que son por lo común mucho mejore economistas, en la práctica, que el especialista en contabilidad típico de hoy, como lo demostró el caso del Secretario de la Defensa Robert McNamara.

En general, la noción de que los movimientos de mediano a largo plazo en los precios relativos convergen, como si fuese estadísticamente, en valores relativos apropiados (e.g., de "mercado")’ es una de las ideas más populares,y más estúpida, entre los lugares comunes en el campo de la prognosis económica estadística. Esta convergencia prácticamente nunca ocurrió bajo las condiciones del "libre comercio"; durante el intervalo de 1971-2008, la tendencia hacia el "libre comercio" ha resultado en un desastre cada vez mayor.

Los períodos más exitosos, y más redituables, de las economías de Estados Unidos y de la Europa moderna, han sido los períodos de gran aumento en la proporción de endeudamiento con respecto a las cuentas de capital, en especial en la emisión de deuda del gobierno en materia de gasto público. En otras palabras, ha sido períodos de altas tasas de formación de capital físico, junto con altas tasas en el avance de las tecnologías productivas y afines. Estas acciones gubernamentales incluyen tasas mayores de inversión en formas competentes de entrenamiento científico y una mayor proporción de la educación artística clásica.

Lo fundamental de dichos patrones irónicos, es que la economía real funciona, en el mediano a largo plazo, en respuesta a condiciones físicas, no a proyecciones financieras como tales.

Los períodos más felices de tasas de crecimiento de productividad física excepcionalmente altas per cápita y por kilómetro cuadrado, se asocian también a altas tasas de aumento neto en la deuda asociada a tasas de inversión de capital físico en aumento con tasas en aumento de productividad física per cápita y por kilómetro cuadrado del territorio nacional o regional. Esto incluye tasas en aumento de las llamas "inversiones públicas", a diferencia de lo que se clasifica generalmente como "inversión privada"’’.16

Todo el lapso de ese período de la economía estadounidense desde el Año Fiscal 1967-1968, ha sido un proceso de un declive físico neto en conjunto de la productividad física neta y en la cualidad promedio de la "vida útil" ’de la inversión productiva, durante ese período hasta la fecha. Esto se ilustra mediante un derrumbe neto, debido al desgaste, en los márgenes existentes de la infraestructura económica básica desde el Año Fiscal 1967-1968, a partir del cual no ha habido nada más que un desplome neto de la infraestructura económica básica de Estados Unidos en su conjunto.

Los peores efectos llegaron en el transcurso de la década de 1970 y después, mediante los efectos combinados de la desregulación y el destrozo de la economía real con la ejecución del programa de la Comisión Trilateral bajo el gobierno de Carter de 1977 a 1981, de desintegración controlada de la economía estadounidense mediante métodos intrínsecamente inflacionarios en grado sumo.

Este desgaste se ha escondido más o menos, de modo fraudulento, con la eliminación gradual de las prácticas de contabilidad de la economía nacional que antes destacaba la distinción apropiada y funcional entre el presupuesto corriente y el presupuesto de capital. Si se hubiese cumplido con el compromiso de mantener los presupuestos públicos de capital suficientes para mantener lo que había sido el capital invertido en la infraestructura pública a niveles de paridad per cápita y por kilómetro cuadrado, no hubiese habido ninguna onda larga significativa de déficits reales crecientes en los presupuestos de infraestructura pública sobre los que ahora procurar medrar los compinches de la Fundación Rockefeller.

Este elemento de fraude contable que se introdujo luego de 1971 en la práctica de la contabilidad nacional estadounidense, se reflejó en los efectos que se dejaron sentir en el dominio de la productividad física. Por ejemplo: el momento culminante de la tasa de progreso científico del programa espacial estadounidense se alcanzó en el Año Fiscal 1967-1968, en el momento en que se introdujeron recortes salvajes en los programas de investigación y desarrollo asociados al programa aeroespacial y demás.17 Es una perogrullada sugerir que, por lo tanto, la capacidad para completar el programa propuesto de llegar a la Luna, se había acabado el gobierno estadounidense, por desgaste, con cada uno de los vuelos exitosos que se lanzaron a principios de la década de 1970. Ciertamente esa es la visión de los últimos 40 años en retrospectiva.

Ese programa especial había sido, por su naturaleza inherente, de los generadores más eficientes de formas de ganancia de la inversión en progreso científico y tecnológico del período desde que se inició el programa. En la década de 1970, hubo un retorno estimado de diez centavos para la economía, en este respecto, por cada centavo invertido en la investigación y desarrollo del programa espacial.

Esta misma consideración histórico-económica aparece cuando estamos dispuestos a ver la ridiculez de la sugerencia de que los requerimientos militares urgentes necesariamente exigen un recorte en las inversiones físicamente intensivas en capital para los programas de agroindustria e infraestructura pertinentes en general. La historia demuestra la conclusión contraria. Es el aumento de las facultades productivas tecnológicamente progresivas del trabajo de la sociedad en su conjunto, per cápita y por kilómetro cuadrado, en especial en el trabajo industrial y agrícola y en las capacidades infraestructurales económicas básicas, lo que constituye el respaldo esencial para todos programas esenciales para misiones tales como las operaciones militares o cualquier gran programa de avance.

El aumento en las facultades productivas del trabajo, per cápita y por kilómetro cuadrado, significa un aumento en la tasa de acumulación de capital físico en las categorías de avances científico-tecnológicos con relación al consumo en general.

En este respecto, toda tendencia en la orientación de política tecnológica-económica estadounidense desde 1967-68, ha sido, en efecto, más clínicamente demente y más dañina que su predecesora. Tenemos los resultados para probar eso, en cualquier examen honesto de la historia económica-física de EU durante los últimos 40 años. El peor daño económico-físico hecho a Estados Unidos y sus ciudadanos en esos 40 años de ruina, han sido directrices orientadas a promover y tolerar las drogas recreativas, y a lo que se llama, eufemísticamente, el tipo de "ambientalismo" asociado a tales adoradores de ese Satanás llamado Zeus olímpico en el Prometeo encadenado del dramaturgo clásico Esquilo, como los príncipes de Gran Bretaña Felipe y Carlos, y su pelele estadounidense, ese promotor del genocidio mentiroso y fanático en pro de la bestialidad, el ex vicepresidente Al Gore.

La característica de la especie humana, en especial de ese progreso de la especie a partir de condiciones patéticamente primitivas, ha sido el aumento de la densidad demográfica relativa potencial de nuestra especie, un aumento logrado solo mediante el equivalente al aumento de la densidad demográfica relativa potencial de culturas nacionales en general. Somos, por naturaleza dada, una especie progresista orientada hacia el futuro. Vivimos, y progresamos, no mediante el reacomodo de las proverbiales sillas de la cubierta de la política, sino por el modo en que escogemos, o dejamos de escoger, y nos comprometemos a nuestro avance hacia el futuro.

Por ende, no hay idea más eficientemente inhumana que la idea de que la norma del comportamiento humano debe converger hacia alguna asíntota propia de un nivel establecido previamente de tecnología practicada. La sociedad civilizada se gobierna mediante una devoción a generar ahora el progreso del futuro, no mediante una ocupación obsesiva de reproducir y agotar las prácticas del pasado. Se requieren los modos de desarrollo intensivos en capital e inversiones en progreso científico; este compromiso con el progreso cada vez más intensivo en capital, es, de este modo, el emblema de la diferencia expresada entre los seres humanos y las bestias.

Las raíces del imperialismo: una sinopsis

El mundo está amenazado al presente, principalmente, por dos instituciones de formulación de planes. Primero, la falta en la mayoría de los gobiernos y pueblos del mundo de entendimiento de la naturaleza y orígenes de la forma presente de un imperio británico que data desde 1763 D.C. hasta este mismo instante. Segundo, la naturaleza real de ese imperio, en vez de los cuentos de hadas tan populares sobre ese tema general. El Canciller Otto von Bismarck lo conocía muy bien, por eso lo tumbaron.

Para entender la monstruosa amenaza de una nueva guerra mundial hoy día, debemos proceder, no de la visión mítica popularizada sobre el Imperio Británico, sino del entendimiento del Imperio Británico real, el cual vio la luz como la potencia imperial de los seguidores y la herencia de Paolo Sarpi, en la forma una compañía privada oligárquica-financiera, la Compañía de las Indias Orientales británica, una potencia que se afianzó con los acontecimientos de la Paz de París de febrero de 1763: un triunfo del poder británico que había organizado y dirigido la llamada "Guerra de los Siete Años"’’ precisamente para ese propósito. Esa Compañía en sí se disolvió ya en el maderamen podrido de su pasado, pero el espíritu de la Compañía vive, y reina hoy día, como el principal enemigo presente y pasado de la existencia de esos Estados Unidos de América que Londres infesta al presente como un parásito que penetra prácticamente todas las instituciones financieras, políticas y culturales de la república estadounidense, así como corrompe a la mayoría de las de Europa continental.

Aunque se concede generalmente que el Imperio Británico emergente del poderío marítimo imperial de la Compañía de Indias Orientales británica, ha sido, en esencia, una potencia marítima, incluso antes de los comienzos de su poderío imperial en el desenlace de la Guerra de los Siete Años, el hecho desafortunado es que, la mayoría de los gobiernos actuales del mundo esconden de si mismos la verdadera naturaleza de su principal enemigo, el Imperio Británico real, negándose a ver detrás de una máscara que son atavíos tragicómicos mortecinos de la pompa feudal de la decadente monarquía británica presente.

Esos observadores no atinan en el hecho esencial, que el Imperio Británico fue siempre, y lo es hoy, esencialmente una oligarquía financiera en la tradición veneciana, en especial la tradición liberal angloholandesa de Paolo Sarpi. Esta es la verdad esencial que se exhibe en toda su podredumbre en ese "mercado al contado" del petróleo establecido, principalmente en concierto con Arabia Saudita, a través de una estafa petrolera internacional en la primera mitad de la década de 1970.

Las raíces mediterráneas

Este desarrollo del imperio británico de la vida real de hoy día, tiene antiguas raíces mediterráneas, las raíces de los imperios relativamente familiares para los historiadores atinentes que han examinado la historia del mundo desde la época de la alianza de los etruscos, egipcios y jonios contra la tiranía de Tiro, alrededor del siglo 7 A.C. El rastreo del desarrollo de esas raíces hasta la forma presente del Imperio Británico, es absolutamente indispensable para entender el remedio a la crisis de desintegración económica-financiera general que se ha apoderado de todo nuestro planeta.

El nacimiento y existencia continuada de ese imperio tiene una historia. A menos que se entienda esa historia del modo en que un patólogo debe examinar una enfermedad, la infección no se puede derrotar de modo efectivo. Por lo tanto, aquí tengo que proporcionar algunos señalamientos al respecto.

Lo que apropiadamente se define estratégicamente como una forma bien conocida de cultura europea, surgió de arreglos anteriores en algún momento durante el siglo 7 A.C., cuando los egipcios (también representados por Cirenaica) establecieron una alianza operativa con los etruscos y los jonios para la defensa mutua contra la potencia marítima mediterránea depredadora de Tiro. En realidad, las raíces de la cultura europea se han de remontar a los efectos de anteriores culturas marítimas transoceánicas (de las cuales obtuvimos lo que serían nuestros mejores calendarios antiguos) que colonizaron las regiones costeras y ribereñas bajas surgiendo de los mares, como resultado del deshielo milenario de la larga glaciación precedente en el hemisferio norte, en particular.

La aparición del método científico conocido como Esférica de los pitagóricos y Platón, ejemplifica los orígenes anteriores de la noción de "universo"’’ en la astronomía de las grandes culturas navegantes. De este modo, las culturas dominantes de las cuales surgió la cultura europea, fueron las culturas marítimas que tendían a colonizar los sitios costeros y ribereños bajos relevantes del Mediterráneo, en especial alrededor de la época en que un gran lago de agua dulce fue invadido desde el Mediterráneo para formar lo que hoy llamamos "el Mar Negro"’’. De tal manera que fueron las culturas más avanzadas, las culturas marítimas, incluyendo la cultura egipcia que tuvo el mismo origen marítimo general, las que dominaron el surgimiento de lo que devino en civilización europea.

En virtud del acceso de las culturas transoceánicas a la ciencia del "universo"’’, mediante el estudio de los cambios astronómicos que son esenciales para la navegación trasatlántica durante varios siglos y más, fue a partir de este origen y del desarrollo permanente de los mejores calendarios antiguos conocidos, que la humanidad desarrolló los fundamentos esenciales de capacidad científica.

La Ilíada homérica, que data de una fase relativamente tardía de este proceso mediterráneo, ha sido desde hace mucho un punto de referencia de algunos aspectos culturales significativos del surgimiento de desarrollo dominado por la cultura marítima de las regiones mediterráneas de Europa, Asia cercana y el norte de África en el primer milenio A.C., hasta que surgió la propuesta del cardenal Nicolás de Cusa para extenderse a través de los océanos que inspiró a Cristobal Colón, alrededor de 1480 D.C., en lo que devino la colonización trasatlántica de las Américas desde Europa y la costa norte de África occidental, a partir de 1492 D.C.

Así, el surgimiento de la cultura marítima mediterránea de Europa, en especial el período más familiar desde el siglo 7 A.C., es fundamental para comprender el surgimiento de la influencia de la cultura marítima en la forja de la evolución de la historia europea hoy extendida por el orbe desde esas épocas antiguas.

De ahí la relevancia introducir estas cuestiones aquí. Ahora explico las conexiones.

Comercio e imperialismo

La ventaja económica de las culturas marítimas sobre las del interior, ha persistido desde los tiempos antiguos, hasta que Estados Unidos introdujo el concepto del desarrollo del sistema ferroviario transcontinental. Se había introducido una aproximación de este acontecimiento bajo el reinado de Carlomagno mediante la construcción de una red de arroyos y canales en Francia y hacia el este, un proceso de desarrollo que todavía estaba activamente en marcha hasta la década de 1990. En Estados Unidos y en Europa, el desarrollo de sistemas ferroviarios nacionales, continentales y transcontinentales basados en el desarrollo de la locomotora de vapor, tendió a extenderse a lo largo de las rutas ribereñas y de canales existentes para el trafico de carga.19

De modo notable, la destrucción del sistema ferroviario continental, y su sustitución por el transporte carretero, ha sido una maniobra geopolítica intencional desde Londres, para destrozar la economía estadounidense, más bien con éxito, durante los últimos 50 años y pico.20

Anteriormente, a su vez, bajo la influencia del desarrollo de sistemas ferroviarios transcontinentales en Estados Unidos, en especial a partir del impacto internacional de la exposición industrial del Centenario de 1876 en Filadelfia, fue que se iniciaron proyectos ferroviarios transcontinentales en Eurasia, en la Alemania de Bismarck y bajo la guía del científico universal D.I. Mendeleyev en Rusia. Este acontecimiento específico, en ambos lados del Atlántico, fue ya el origen de la nueva política del Imperio Británico bajo la influencia creciente del príncipe de Gales, Edward Albert, para destruir a Estados Unidos y a las potencias europeas continentales como Francia, Alemania y Rusia la mismo tiempo, mediante lo que se vino a conocer como las dos "Guerras Mundiales"’’ de 1914-1917 y 1939-1945, así como la incitación y ayuda del príncipe a Japón para que lanzara su gran guerra recurrente contra China y Rusia –y luego contra Estados Unidos—en el intervalo de 1895-1945.

Esta guerra continuada de hecho, por parte del imperio oligárquico-financiero británico de hecho, contra Estados Unidos y Eurasia continental, en el lapso aproximadamente de 1876-2008, es la clave para trazar los pormenores y recovecos de las operaciones británicas contra Estados Unidos y otros objetivos relevantes, como las víctimas que pretende Gran Bretaña hoy en el continente de Europa. Esa es la importancia del empleo que hace la monarquía británica del necio ex vicepresidente estadounidense del Valle de la Zarigüeya como el títere neomalthusiano de los príncipes Felipe y Carlos, y del George Soros británico famoso desde el período de la Segunda Guerra Mundial por el genocidio de alrededor de medio millón de judíos, para el rol más reciente de Soros en las operaciones extensivas ni tan encubiertas de la cancillería británica en contra de varios objetivos en muchas partes del mundo, como en los acontecimientos recientes en Georgia.

Como podemos ver llanamente en retrospectiva hoy, desde la primera elección del miserable Harold Wilson como Primer Ministro, el imperio británico no ha mostrado prácticamente ningún interés en producir realmente nada de nada; sólo trafica, siguiendo la huella de todos los parásitos usureros que le chupan la sangre a la humanidad, cambiando oro por cuentas de vidrio, comprando barato y vendiendo caro, como lo formulaba otro lacayo de lord Shelburne que odiaba a Estados Unidos, Adam Smith.

El desenvolvimiento de ese imperialismo británico de otro modo conocido como el liberalismo angloholandés de los herederos actuales del Paolo Sarpi de Venecia, ha llegado al punto de procurar establecer una forma verdaderamente desnuda de imperialismo global del tipo que estipulaba el abierto fascista H.G. Wells y su compinche Bertrand Russell, famoso promotor del "gobierno mundial mediante la guerra nuclear preventiva"’’.

Ya bajo la bestialidad de la OMC, el imperio británico en forma presente ha llegado a posturas tan grotescas como la de exhibir lo que se propone que pase para la indignación moral contra cualquier nación que pretenda revivir la tradición casi muerta de soberanía nacional, cualquier nación que pretenda, de ese modo, resistirse a empeño del imperio británico de que nada de lo que produces en tu propia nación se permita que lo consumas, y que todo lo que consumas tiene que pagarse a precios carísimos que le son sumamente redituables al intermediario, el Imperio Británico, que proporciona dichos productos hechos en el extranjero obtenidos por los británicos de fuentes de trabajo intensivo precios de trabajo barato.

El mismo tiempo, el sistema británico, actuando de acuerdo a los caprichos de tales depredadores como los príncipes Felipe y Carlos (con Al Gore siguiéndoles los pasos), deja en claro que esas medidas de la OMC se tienen la intención de ayudar al propósito de Londres de reducir la población mundial, con los medios propuestos por el finado Bertrand Russell, de los más de seis mil millones y medio de personas de este planeta, a no más de dos mil millones, y eso con premura considerable en la marcha.

Uno podría preguntar: ¿Hay alguna propuesta de pretendida racionalidad en estas exigencias imperiales claramente brutánicas? Mientras tanto, en la espera de la respuesta a la pregunta concerniente a su método para hacer realidad ese resultado, ya es claro el hecho de que los príncipes Felipe y Carlos están resueltos al logro temprano de sus metas declaradas sobre población y demás. Para todo lo cual, ellos esperan ser considerados con gran respeto, incluso, quizás, hasta con reverencia.

El antiguo motivo del imperio

Ninguna de esas brutalidades desde esos cuarteles es nuevo en la historia europea conocida antigua, medieval o moderna. Esta es la tradición de todas las expresiones de verdadero imperialismo europeo, y la tradición babilónica también. Después de su prima cercana, la prostitución, el imperialismo se cuenta entre las instituciones, y enfermedades, más antiguas conocidas hoy. La relación de la prostitución y la semejanza con el imperialismo se expresa más simplemente en la estrecha relación de ambas y su generoso enlace con los sistemas monetarios. En otras palabras, el monetarismo como lo conocemos a partir de esos ejemplos, siguen el trayecto al puerto cercano, desde ese culto a Delfos donde los tesoros de las notables ciudades devotas rodean el templo. En otras palabras, el centro de la práctica del chanchullo usurero que Platón se proponía clausurar.

Todos los imperios europeos antiguos que han existido desde esa época, se han basado en el control de la valuación de la moneda en el ejercicio estrechamente relacionado de la usura común y corriente y del comercio internacional. La compensación obtenida al control de las rutas de navegación y cuestiones relacionadas, de tal modo que se pueda establecer el control sobre la diferencia en el precio de las monedas entre comprador y vendedor, ha sido la función más redituable de lo que se ha convertido en el comercio moderno bajo las condiciones de la OMC hoy día. El propósito de las normas de la OMC es establecer el mayor margen alcanzable de diferencia negociable, y de distancia, entre "barato" y "caro".

Ese tipo de control sobre el comercio internacional o de formas semejantes, es lo que siempre ha sido un aspecto constitucional esencial de las funciones monetarias de cualquier imperio real o pretendido.

El mecanismo de control depende de la existencia de otro aspecto complementario del sistema de imperialismo: La religión pagana olímpica (Gaia-Pitón-Apolo, o Apolo-Dionisos) del culto de Delfos, como se imitó en la función del Panteón de la antigua Roma imperial. Los aspectos más esenciales de dichos mecanismos sectarios intrínsecamente trágicos constituyen la materia implícita de la Ilíada homérica. El gran dramaturgo Esquilo empleo el antiguo relato egipcio de la crónica Atlántida del conflicto del Zeus olímpico con Prometeo, para abrir los secretos del imperialismo europeo a su público del relato de Prometeo encadenado.21

El meollo del asunto era, y sigue siendo, la prohibición del conocimiento del "fuego"’’ –lo que significaba cosas como la energía nuclear hoy día—del conocimiento del hombre y la mujer del común. En el relato del Prometeo, "fuego"’’ es la palabra genérica para esa creatividad humana individual mediante la cual los individuos descubren principios físicos universales.

Londres y el narcotráfico

De tal modo, durante el siglo 19, el Imperio Británico había empleado a la monarquía española como la sirvienta de su trabajo sucio en el mismo comercio de esclavos africanos utilizado como palanca de la corona imperial británica en el empeño para crear el sistema de esclavismo de los estados sureños a fin de que los británicos pudiesen destruir a Estados Unidos con dicha penetración Los británicos, que habían abandonado el tráfico directo de esclavos africanos en la década de 1790, le habían entregado el comercio de esclavos a su agente, la monarquía española, para conservar las embarcaciones británicas para el más redituable negocio del tráfico de opio, el cual, hoy en día, todavía financia inversiones sauditas, afganas y otras en el redituable tráfico internacional ilegal de opio y sus derivados en todo el mundo. Entonces, como hoy, es el imperio británico el que realmente controla el grueso de su tráfico. Se involucran en parte de la gestión de este tráfico no sólo por los márgenes de ganancia obvios, sino como arma de subversión utilizada contra sectores de las poblaciones de las naciones en la mira.

De este modo, como lo ilustra el caso del londinense George Soros, los intereses financieros liberales angloholandeses abandonaron el trabajo de aparecer conduciendo el tráfico de narcóticos, limitando su papel visible primordialmente al político imperial, tanto como a las ganancias financieras directas. Esto ha sido emblemático del imperialismo mucho antes de que existiera el Imperio Británico.

Hoy, a partir del rol de los mentados "sesentaiocheros"’’, los siguientes factores relacionados han estado en juego para ayudar al Imperio Británico en el trabajo de eliminar a Estados Unidos y algunas otras naciones que son demasiado importantes como para dejarlas pasar. La creación de entre un sector "sistémicamente encorbatad"o de los estadounidenses y europeos nacidos entre 1945 y el punto medio de la primera recesión económica importante en Estados Unidos en 1958, de futuros jóvenes adultos que fueron "preprogramados"’’ por los métodos obvios de escoger como objetivo los hogares "encorbatados"’’ de "hombre organización"’’ de ese píodo, para convertirlo en el estrato dionisíaco descabelladamente irracional, enfurecido, de los "sesentaiocheros"’’ de fines de sla décasda de 1960 1970, que odian la actividad de los obreros y la ciencia. Uno se recuerda de aquel académico, Federico Nietzche, muriendo y pudriéndose de enfermedades venéreas en un ático apestoso, cuando uno piensa ahora en esos sesentaiocheros.

Este estrato aborrecedor de la ciencia, del desarrollo industrial y agrícola, y de la cultura clásica en general, se convirtió en las notorias tropas de choque "encorbatadas"’ de la élite política entre unos 50 a 65 años de edad en Estados Unidos, la mayor parte de Europa occidental y central, y de otras partes relevantes del mundo hoy en día.

Sería suficiente leer la literatura de ese fenómeno sociológico de política de masas, para reconocer el tipo de "lavado cerebral de masas"’’ que representan las políticas del Zeus olímpico de proscribir el conocimiento del "fuego'o para la política y la economía del mundo de hoy.

Desafortunadamente las víctimas de ese "lavado cerebral"’’ que debemos asociar con el núcleo de la capa política descollante sacada de la misma matriz cultural que los "sesentaiocheros’’", ha dominado las tendencias culturales del estrato político gobernante de la vida gubernamental y económica hoy día. Esta capa ejemplifica la expresión más concentrada de ese tipo de víctimas culturales del "lavado cerebral"’’ como de Zeus en el estrato político principal de Europa y las Américas hoy día. Estas son las bases políticas medulares del imperialismo en el mundo en general hoy, en especial en Europa del norte y las Américas, pero no se limita a esas regiones.

Economía y creatividad

Remítanse a la reseña del rol de la creatividad humana en definir la naturaleza absoluta de la diferencia entre ecología y economía.

La fuente de todo crecimiento físico neto de las facultades productivas del trabajo, incluso la habilidad de la sociedad para impedir una caída de desgaste en la decadencia por pasar tanto tiempo haciendo nada mejor que lo mismo que hizo la generación precedente, depende de esa cualidad de la mente humana de la que carecen todas las formas de vida inferiores.

Así que la historia de los imperios pasados, y la suerte que le acecha al Imperio Británico y a sus lacayos "neomalthusianos"’’ de hoy, es el efecto de desgaste por pretender sostener una población humana durante un largo período de tiempo de acuerdo a la tradición de Delfos Apolo-Dionisos, tácita del Zeus olímpico. El intento de establecer y mantener un imperio relativamente poderoso, resulta en un agotamiento del tipo de recursos que favorece la población relativamente idiotizada condicionada a un nivel de tecnología fijo. En un momento dado, la ruina de esa sociedad se hace inevitable. Luego, desde esa catástrofe, algún eco de las viejas formas de gobernar empieza el intento de repotenciar el poder imperial, y esto se repite, una y otra vez, con, o sin un Julián el Apóstata. Esa es la historia de los imperios en general, y de los imperios desde la caída del imperio aqueménida en particular.

Ahora bien, la población del planeta ha llegado al nivel de más de 6,500 millones de individuos humanos vivos. Esa población no puede seguir existiendo bajo las condiciones estipuladas por el Imperio Británico y sus cómplices de hoy. Consecuentemente, hemos oído la sugerencia de que el planeta debe sufrir ahora la catástrofe de un desplome de la población de ese nivel de más de 6,500 millones de personas, a un nivel de 2,000 millones o menos. Quizás Felipe se piensa ser Julián el Apóstata; cuando menos compite para serlo.

Científicamente, probablemente ninguna institución existente hoy día puede estimar razonablemente cual sería el fondo si se tolera la ambición del príncipe Felipe, pero, el fondo sería, en realidad, mucho, mucho menor de 2.000 millones de humanos. Rondamos, de este modo, al borde de una catástrofe que simplemente no debe ocurrir. Los remedios son dos. Primero, hay que ponerle fin al Imperio Británico. Algún sustituto, como la idea de que cooperen en paz las naciones soberanas de Irlanda, Escocia, Gales e Inglaterra, sería una alternativa sensata. Segundo, debemos erradicar todo rastro de la influencia del imperialismo, reorganizando la población del planeta compuesto de Estados nacionales respectivamente soberanos comprometidos a compartir el fomento y el uso de las nuevas tecnologías disponibles que hay después de la energía de fisión nuclear como tal. Ese cambio no sería el final, sino apenas el comienzo necesario. Sobre todo, en todo esto, el desarrollo de las facultades creativas de los individuos humanos de cada sociedad del mundo, debe erradicar todo lo que en sus directrices de práctica que se parezca, o huela, al plan del ex vicepresidente estadounidense Al Gore.

5. Vernadsky y la economía

  4. La falta de actualizar la noción de economía, científicamente, en términos de las nociones de biosfera y noosfera.

La falla más común que yo conozco de estudiar los procesos de pensamiento en la sociedad, es la incapacidad, o peor, la negativa a reconocer que esa creatividad humana que distingue al hombre de la bestia, es esencialmente personal. "Seamos objetivos"’’ se puede contar a menudo como un indicio de que la persona que introduce esa sugerencia está a punto de mentir, acaba de mentir, o simplemente se siente muy incómoda por la dirección en que procede la deliberación. Quizás obedece a que el, o ella, tiene algo que ocultar. O quizás, es porque el, o ella, teme que su ignorancia del tema en cuestión esté a punto de quedar manifiesta. Algunas veces, sin embargo, por motivos que voy a ilustrar aquí, eso implica una cuestión importante de método científico.

Esa resistencia tiene la cualidad que representa la situación en que un miembro de un grupo muestra señales de irritación con el curso que amenaza seguir la discusión, como si esa persona temiese que están a punto de relucir cosas en el transcurso de esa discusión, que indicarían cosas tales como la existencia de una querida secreta ante personas que conocen a la esposa de la persona, o a la querida del hombre.

La expresión que dicha persona podría emplear es: "¡Cambiemos de tema!" Lo que realmente está en peligro de ser revelado, no es tanto la identidad de la querida del hombre, sino, como en las cuestiones científicas o ciertas otras, como funciona realmente la mente del interlocutor.

Por ejemplo, a menudo, en mi experiencia operativa como economista, o en cuestiones de inteligencia política, alguien ha sospechado que yo "debía haber recibido" información que él hubiese preferido que yo no supiese, o no pudiese revelar. A menudo, el sujeto que siente esa preocupación, simplemente no ha comprendido la cuestión de que yo, por ejemplo, no respondo a nada más que lo que él mismo acaba de revelar inadvertidamente. En casos pertinentes, la fuente de su error de juicio es esencialmente su carencia de la cualidad del discernimiento creativo esencial para el método científico. Hay gente que, por ende, resiente profundamente, o incluso odia, a los demás que sean capaces de "ver cosas"’’, tales como cuestiones de principios científicos, que su mente bloqueada no verá, o no quiere ver. Odian eso tanto, o más, que la revelación de la identidad de una querida secreta.

Este síndrome es, o debería ser notorio en el campo del trabajo científico en general. Por la naturaleza del carácter social de la materia de la economía y sus principios, el tipo de problema al cual me he referido conduce rápidamente a arranques de cólera en la discusión de materias o principios de economía, en especial cuando la discusión bordea el temor de alguien, como uno de esos especuladores financieros de hoy, de perder su acostumbrado, o simplemente ansiado derecho a robar.

Explico la cuestión decisivamente importante que señalo con esa ilustración, utilizando esos señalamientos inmediatamente precedentes a modo de referencia a un aspecto muy personal, y decisivamente importante, del método científico, como sigue.

Ciencia y discernimiento personal

Por respeto al acceso limitado a ciertos recursos físicos, a veces a mi disposición en esos ambientes particulares, he concentrado el esfuerzo principal de mi vida, en general, a la cuestión del resultado de mi afortunada devoción, desde la adolescencia temprana, a cierto clase de expresión de la creatividad humana, una perspectiva representada en mi buena fortuna, desde la adolescencia, de haber reconocido la maldad implícita del fomento de la geometría euclidiana y métodos afines.

Esa muestra de buena fortuna me condujo a una consecuente asociación agradable con el legado de Gottfried Leibniz, y a partir de eso, a las implicaciones de la disertación de habilitación de Bernhard Riemann de 1854. Sin embargo, tuvo una consecuencia importante adicional de gran relevancia específica para la materia de la ciencia de la economía física con la cual estamos tratando en este informe.

Con el transcurso del tiempo, en la secuela inmediata de mi servicio ciertamente modesto durante la guerra y su experiencia, la experiencia de mi adolescencia y adultez temprana, se combinó con una intransigencia incurable a resistir cualquier cosa que, por así decir, "oliese"’’ como algún tipo reduccionista de papilla académica o comparable, incluso cuando la materia fuese por otro lado intelectualmente atractiva. Esto me dirigió a subrayar un compromiso con la idea de la creatividad humana como tal. Estimuló esto, como me lo había mostrado mi experiencia en general repetidamente, mi descubrimiento, de mi mismo, que lo que más detestaba fue lo que me vi empujado más apasionadamente a examinar detenidamente y remediar. De este modo, la producción pertinente del profesor Norbert Wiener, John von Neumann y su patrocinador Bertrand Russell, se convirtieron en esos objetivos, targets, aunque seguramente no el único que no podía abandonar. Así, mis experiencias profesionales adultas y cuestiones similares, acrisolaron mi enfoque en la concentración en el tema de la creatividad per se.

Para fines de los 1950, mi fascinación con el problema de la falta de creatividad en el personal ejecutivo empresarial y de asesoría gerencial, en particular, llevó mi atención a una obra del doctor Lawrence Kubie, una obra con la cual llegué a estar en desacuerdo en ciertas cuestiones, pero la hallé no obstante fructíferamente provocativa. Más tarde, agradecí mucho un mensaje que me transmitió Kubie: La creatividad es en sí misma un bien intrínsecamente. No era una idea nueva para mí, en ninguna medida, pero escuchar oírla de alguien cuya obra había estudiado en relación con mi práctica profesional, refrescó mis ánimos al escuchar ese mensaje.22

La creatividad como tal no solo es un bien en su propio derecho. Es la verdadera esencia de lo que coloca al individuo humano aparte y por encima de las bestias. Prácticamente todas las personas tienen esta cualidad, como distinción intrínseca de compartir la naturaleza humana, pero, hoy en día, sólo en muy pocos sobrevive ese potencial a las condiciones sociales a las que se ve sometido el individuo generalmente, incluso en las naciones que están más generosamente dotadas del acceso al conocimiento.

Lo que más me agrada en mi experiencia y desarrollo en este sentido, ha sido romper la pared virtual que separa el acceso del individuo al conocimiento en cuestiones científicas físicas de los principios de la composición artística clásica, en especial en la materia de las artes no plásticas. Esa cuestión de la separación convencional de un departamento del esfuerzo creativo del otro, es un tema con el cual me he asociado por unos 60 años desde que experimenté el impacto que me causó la lectura de En defensa de la poesía’ de Percy Shelley. De este modo, llevó ahora la discusión al punto de estos párrafos iniciales de este capítulo del informe.

Matemática versus ciencia

Se ha hecho, desafortunadamente, costumbre en la educación moderna y senderos afines, identificar la creatividad con la matemática formal. En tanto reconocí el error de esa creencia habitual, también reconocí que la prueba de mi objeción debía haber sido obvia. Esto es, en cualquier descubrimiento creativo de una solución en principio para una paradoja enconadamente desconcertante, el problema típico es que la naturaleza de la respuesta a la paradoja tiene una cierta proximidad a las formas de expresión matemática, pero esa expresión nunca es más que una sombra que proyecta la concepción atinente generada en la mente.

El tratamiento científico del descubrimiento singularmente original del principio de gravitación de Kepler, incluye varias ilustraciones fundamentales de esta cuestión, así como la obra de Fermat en la contribución al principio de acción mínima, los descubrimientos de Leibniz, etcétera.

En esencia, toda expresión válida de creatividad como tal, comparte ésta característica. El descubrimiento de un principio físico verdadero, como lo demostró Johannes Kepler de manera tan poderosa en su Armonías, o cualquier gran ejecución de una obra maestra de música clásica, demuestra que hay una lectura correcta de la partitura de Beethoven (por ejemplo), pero como lo argumentaba y demostraba Wilhelm Furtwaengler, esa lectura correcta "esta entre las notas"’’.

Como lo he referido antes en este informe, cualquier descubrimiento real de un principio universal debe, por su misma naturaleza, "estar entre las notas"’’, del mismo modo en que el descubrimiento singularmente original de Kepler sobe el carácter de principio de las órbitas descansa en el destello de discernimiento del descubridor sobre la existencia de lo que yo he descrito justamente como un infinitesimal ontológico, la expresión infinitesimal de un principio que envuelve, en vez de ser envuelto por el principio que contiene la acción atinente: i.e., que confina la acción, del mismo modo en que el universo de Albert Einstein es expresión de un principio finito, pero, antológicamente, infinitamente autoconfinado.

El disparate de introducir la noción de magnitudes "imaginarias"’’ de de Moivre y D'Alembert, ilustra la cuestión.

Piense en una estéril lectura estricta de la intención que se aloja detrás de una lectura y interpretación literal de la partitura de J.S. Bach o Beethoven, y nos damos cuenta de que esa intención no permite libertades, sino, como en el caso de la distinción de una fórmula matemática, ontológicamente, del principio al cual se refiere la fórmula, la ejecución de la gran composición musical clásica, como en el legado de tales personajes como Leonardo da Vinci y Johann Sebastian Bach, requiere una precisión más exigente que la mera partitura misma puede mostrar. Cuando aceptamos la evidencia relevante de eso, entonces, hemos obtenido un discernimiento, que Kepler, sin duda, gozaría. Ese discernimiento es: que la ocurrencia realmente creativa de ideas específica a, respectivamente la ciencia física y la ejecución musical clásica, son en últimas de la misma naturaleza. La única diferencia real es que, en la ciencia física, el objeto es el hombre actuando sobre el universo, mientras que, en la ironía intrínseca a la composición artística clásica, como en Bach, Mozart, y Beethoven, o Leonardo da Vinci, anteriormente, el objeto es la mente del hombre actuando sobre la mente del hombre en los procesos sociales.

El problema con todas esas materias y otras afines de la relación de la creatividad humana con la ironía, es que, muy poca gente hoy día no ha perdido la mayoría de incluso las facultades de discernimiento creativo que no eran completamente inusitadas en los 1950, el discernimiento necesario para hacer tales ideas, las ideas que habitan el dominio de la creatividad específicamente humana, ideas suyas.

La importancia de decir lo que acabo de aseverar hasta aquí en este capítulo, es que expresa la esperanza de mejorar el acceso de la gente a la facultad natural de la creatividad en ellas, una facultad que se podría mejorar enormemente con la ayuda de medios deliberados.

La poesía, por ejemplo

Dado que la poesía clásica, cuando es realmente poesía de la cual ni Keats ni Shelley se avergonzarían, es la hermana más cercana de la música clásica, he llegado a la conclusión, que podrían considerar simplemente como heurística, si prefieren, de que cierto rumbo de experimentar la evolución de la ciencia física competente a lo largo de una trayectoria a partir de la Esférica pitagórica, a través de Cusa, Leonardo, Kepler, Fermat, Leibniz, Gauss, y Riemann, esto en el marco de la combinación de la prosodia clásica atinente y los beneficios manifiestos del entrenamiento de la voz en el bel canto florentino y afín, constituye probablemente la alternativa más efectiva de trayectoria para fomentar lo que Kubie identificaba como el fomento de la cualidad de creatividad científica que estamos dejando de fomentar en los programas universitarios principales hoy día.

Entre más digiero el tipo de razonamiento que yo atribuyo a lo que sospecho que han sido traducciones verosímiles de la obra de Vernadsky de las últimas décadas, mas importante considero el punto de vista que he recomendado para el enfoque de una pauta más o menos universal para la educación superior hoy día. Es también patente que, Vernadsky no solo ha conducido una grande y profunda revolución en el entendimiento de nosotros mismos y nuestra relación con el universo que habitamos, sino que muy pocos, incluso científicos, hasta ahora, han comprendido las implicaciones ontológicas más fundamentales de su contribución.

Por favor, asuman que pueda que repita ahora todo lo que dije en los párrafos precedentes de este capítulo, pero esta vez desde las nociones de biosfera y noosfera como contexto de referencia económica-física.

Las implicaciones decisivas

En toda apreciación competente de la composición artística clásica y los modos válidos de progreso científico fundamental, lo infinitesimal ontológico, como lo he descrito en el transcurso de estas páginas, impera como supremo. Llámenle "la mente por encima de la materia", si prefieren. El poder de la mente humana que le falta a todas las bestias, no es solo una diferencia entre el hombre y las bestias; en nuestros modos respectivos de funcionar, nosotros y las bestias vivimos como si fuera en universos diferentes. El universo en tanto que solo el hombre puede conocerlo, en vez de las bestias, no es solo el universo real, sino que nuestras acciones como personalidades encarnadas constituyen acciones en el dominio experimentado por las bestias, pero las bestias no conocen esto. La diferencia es que nuestra especie se define, como si lo hiciera el Creador, como el hombre que recorre el zoológico en el cual se mantiene a los animales. Es nuestra acción, en este respecto, acciones de las cuales las bestias no son capaces, lo que define nuestra relación esencial, funcional, con el universo en tanto hechos a imagen del Creador.

El problema es que la gente, en su mayor parte, se ve a si misma, en la mayoría de los momentos de sus vidas, más como a semejanza de las bestias, que de su Creador. Esto se muestra, principalmente, en el hecho de que la mayoría de la gente, incluso quienes son concientes de la presencia real y la función de la creatividad individual humana, piensa de la creatividad como si fuese un tipo de magia que interviene desde fuera de nuestra existencia real. La tendencia a ver las cosas en esos términos, se refuerza enormemente por el hecho social de hoy día, que la mayoría de los seres humanos con los que estamos asociados no creen realmente en la existencia de la verdadera creatividad, y por lo tanto no procuran definir sus relaciones sociales en términos de la creatividad en tanto característica humana del hombre como ser social.

Ellos, hasta la mayoría de la gente realmente creativa, tienden a ubicar su identidad personal en la parte de ellos mismos que muere, en vez de ubicarla en términos de las relaciones sociales que compartimos con quienes ya ha fallecido y también con los que están aún por nacer. Hablando en términos generales, solo esos de nosotros, tal como los científicos creativos y los poetas clásicos, que tenemos una relación intelectual práctica activa de cualidad eficientemente productiva, con los principios adoptados por pensadores importantes fallecidos del pasado, somos quienes hallamos en esa relación social plenamente eficiente, si bien de cualidad inmortal, en la forma de un diálogo con mentes del pasado, el efecto de lo que sentimos como "cathexis"’’ con esas mentes relevantes que vivieron en el pasado. En teología, esta cualidad de nexo social eficiente con individuos fallecidos, se clasifica bajo el encabezado de "simultaneidad de la eternidad"’’. Que el fallecido sonría en nuestra imaginación cuando pensemos en ellos de este modo.

Ningún científico verdaderamente competente, ni cualquier profesionista competente, ni público conocedor de la gran composición musical clásica, es ignorante de esa cualidad de nexos con la obra creativa que se irradia hasta el presente, desde las generaciones pasadas. Es imposible entender a Beethoven, o cualquiera de sus composiciones, sino como ocupado en un diálogo con Bach y Mozart, entre otros. No los reverenciamos porque sean "viejos"’’; lo hacemos porque ellos representan la experiencia que ha definido los materiales de la obra con la cual debemos comenzar a actuar ahora.

Cuando puedes experimentar el impulso de gritar a través del tiempo, "¡Franz Liszt, como compositor, eres el terrible farsante en él que Beethoven advirtió que te convertiría ese criminal Czerny!"’’ "¡Todos esos pianos en Wahnfried! Todos en cuclillas como dinosaurios elefantinos durmiendo. ¡Que espectáculo de desperdicio tan pavoroso!"’’

Toda búsqueda competente en la ciencia física ocurre como un diálogo que abarca no menos que el lapso de tiempo que va desde los pitagóricos.

Quienes adoptan la profesión de hacer historia, de lo cual es emblemático el ejercicio competente de la ciencia, debe vivir el pasado atinente como una presencia activa dentro de si mismos, realmente como parte viva de su identidad inmoral del presente con respecto al futuro y al pasado. De otro modo, van echar a perder todo, como lo ha hecho últimamente la presente generación de dirigentes en Europa y Norteamérica, por ejemplo.

Luego, consideren a Vernadsky

Al establecer Vernadsky el concepto de la biosfera, cuando este aspecto se combina con su discernimiento más primitivo, pero provisionalmente válido, de la naturaleza de principio de la noosfera, por así decirlo, "le cambió todo"’ al científico, o al estadista que haya comprendido lo que Vernadsky logró realmente.

En vez de ver a la especia humana (nosotros) como si hubiese salido de la Tierra que habitamos como una tarta de una tostadora, experimentamos el progreso de los habitantes de lo que podían haber supuesto que había estallado como un medio ambiente dado, a la experiencia del desarrollo de nuestros cuerpos a partir de la evolución precedente de los nuestros materiales que no mueren, sino que se han asimilado hasta formar la masa de los materiales de los cuales se componen nuestros cuerpos vivos para formarnos, no como una especie de animales, sino a semejanza del Creador.

Sin embargo, no hay nada de generación espontánea en este proceso. No estamos hechos de materiales inorgánicos, como si fuésemos criaturas moldeadas del barro. Si ha de haber analogías, si han de ser de alguna ayuda, considera tu cuerpo como un medio para grabar, en el cual mora simplemente la huella de tu desarrollo. El medio se descompone con el tiempo, pero la vivencia se puede reproducir de otras maneras, como al interior del medio de la sociedad en su conjunto, por ejemplo.

En este momento de este informe, se tienen que pagar, por así decir, ciertas deudas.

Consideren esto en otros términos, de la manera siguiente. Comiencen con la definición de la biosfera de Vernadsky. Lo que realmente me convenció de que el razonamiento de Vernadsky, el cual yo ya consideraba importante, era hasta cierto grado concluyente, tuve, en última instancia, la buena fortuna de estar asociado con el profesor Robert Moon de la Universidad de Chicago, quien fue un estudiante particularmente competente del gran físico químico William Draper Harkins, cuya obra debe asociarse en físico química con el rol de D. I. Mendeleyev, en oposición al reduccionismo de la notables escuelas reduccionistas británicas. El efecto de mi asociación con el profesor Moon se cristalizó en una relación más importante en torno a las implicaciones de los descubrimientos de Vernadsky en cierto modo, durante mi vigorosa defensa de la obra de Kepler en contra de los fraudes de Newton, durante varias sesiones generales del cuerpo directivo de la Fusion Energy Foundation (Fundación de Energía de Fusión). Mi razonamiento llevó al profesor Moon a retomar un trabajo inconcluso suyo en físico química. Las líneas de trabajo que impulsó esto fueron decisivas para situar líneas de investigación que siguen vigentes para hoy.

Esa coincidencia del legado del papel destacado del profesor Harkins en la físico-química del siglo 20 con el del tratamiento que da el académico Vernadsky a la físico-química de la biosfera, cuando vemos esto apropiadamente en retrospectiva hoy, tiene una base en la autoridad que llega más allá de las cuestiones de físico-química como tal, hasta el reino superior de los medios de validación experimental específica del dominio de la ciencia de la economía física, mi campo.

Hay un principio universal esencial aquí. Para entender el universo, debemos empezar de arriba a abajo, con la humanidad, en vez de cómo es habitual desafortunadamente, del fondo hacia arriba (donde de hecho, se queda por lo común). Como efecto de la validación de los descubrimientos del académico Vernadsky en la físico-química, nuestra comprensión del lugar del hombre en el universo se ha transformado implícitamente, se ha elevado a un plano superior que la humanidad haya conocido, nunca antes. El punto de vista requerido para apreciar estas implicaciones de los logros de Vernadsky, a la luz de estos acontecimientos y otros afines, es la concepción de la inmortalidad ejemplificada en los casos de las mentes verdaderamente grandes, lo cual es común a la gran composición artística clásica y los aspectos esencialmente no matemáticos del progreso científico fundamental en el potencial celestial para el mejoramiento de la condición de la humanidad en el dominio de la simultaneidad de la eternidad.

El razonamiento necesario, aunque introductorio para este caso, se puede establecer ahora desde el punto de vista ventajoso de las implicaciones de las contribuciones de Vernadsky. Resumo ese razonamiento aquí, como lo hago, porque lo que se debe discutir entre nosotros y los rusos pertinentes hoy, bajo las consideraciones dadas al presente de una crisis existencial global de toda la humanidad, es la tarea ecuménica de hallar el denominador cultural común implícito que sea capaz de unir a Estados Unidos, Rusia, China e India, como el pilar principal de un sistema entre las culturas respectivamente soberanas de muchas naciones.

Fue muy bueno que el cardinal Mazarín y otros hayan establecido la Paz de Westfalia de 1648 a la cual toda persona verdaderamente civilizada en ambos lados del Atlántico se adhiere todavía hoy. "Amar los unos a los otros"’’, es un principio convincente; pero no es suficiente. Debe haber una misión de rango superior que una a culturas diferentes en una devoción apasionada por un fin común, un fin que no puede ser simplemente la paz entre los pueblos, sino un propósito que los una, incluso entre creencias religiosas diferentes, apasionadamente por un resultado común.

La declaración requerida se podría hacer en términos teológicos, y probablemente se presentará de ese modo. Desafortunadamente, el estado de las relaciones entre creencias religiosas equivalentes y supuestas no es particularmente bueno. Por el bien de todos, digámoslo, por el momento, a mi manera.

La tesis

El aspecto decisivo del punto de vista desde el cual trazar las implicaciones sociales del tratamiento combinado de Vernadsky de la biosfera y la noosfera, son las implicaciones ineludibles de las interacciones, como en la ciencia física y la composición artística clásica, de la relación personal eficientemente activa entre el pensador que vive hoy y el pensador que vivió hace miles de años antes.

Por respeto a lo extremadamente limitado de los recursos físicos a veces a mi disposición en el pasado, he dedicado el esfuerzo principal de mi vida al resultado de mi afortunada dedicación adolescente a una expresión de la creatividad humana representada en mi buen fortuna de haber reconocido la maldad implícita en el fomento de la geometría euclidiana y métodos afines. Esto me llevó a la asociación consecuentemente agradable con el legado de Gottfried Leibniz, y, a partir de eso, a las implicaciones de la disertación de habilitación de Bernhard Riemann de 1854.

Con el transcurso del tiempo, en la secuela inmediata de mi servicio militar durante la guerra y su experiencia, la experiencia de mi adolescencia y adultez temprana, se combinó con una intransigencia incurable a resistir cualquier cosa que, por así decir, "oliese"’’ a más papilla académica de tipo reduccionista, incluso cuando la materia fuese por otro lado intelectualmente atractiva. Esto me dirigió a un compromiso con la idea de la creatividad humana como tal. Estimuló esto, como me lo había mostrado mi experiencia en general repetidamente, mi descubrimiento sobre mi mismo de que lo que más detestaba fue lo que me vi empujado más apasionadamente a examinar detenidamente y remediar. La producción pertinente del profesor Norbert Wiener, John von Neumann, y el patrocinador de ambos Bertrand Russell, se convirtieron en esos objetivos, aunque seguramente no los únicos, que no podía abandonar. Mis experiencias profesionales adultas y cuestiones similares, acrisolaron mi enfoque en la concentración en el tema de la creatividad per se.

Para fines de los 1950, mi atención al problema de la falta de creatividad en el personal ejecutivo empresarial y de asesoría gerencial, en particular, llevó mi atención a una obra del doctor Lawrence Kubie, con la cual llegué a estar en desacuerdo en ciertas cuestiones, pero la hallé no obstante fructíferamente provocativa.

Como ya lo destaqué antes, en mi referencia al doctor Lawrence Kubie, la creatividad como tal no es solo un bien en su propio derecho. Constituye la verdadera esencia de lo que coloca al individuo humano aparte y por encima de las bestias. Prácticamente todas las personas tienen esta cualidad, pero en muy pocos sobrevive ese potencial a las condiciones sociales a las que se ve sometido el individuo generalmente, incluso en las naciones que están más generosamente dotadas del acceso al conocimiento hoy.

Lo que más me agrada en mi experiencia y desarrollo en este sentido, ha sido romper la pared virtual que separa el acceso del individuo al conocimiento en cuestiones científicas físicas de los principios de la composición artística clásica, en especial en la materia de las artes no plásticas. Esa cuestión de la separación convencional de un departamento del esfuerzo creativo del otro, es un tema con el cual me he asociado por unos 60 años desde que experimenté el impacto que me causó la lectura de En defensa de la poesía de Percy Shelley. Llego así, al punto de los párrafos iniciales de este capítulo del informe.

Se ha hecho desafortunadamente costumbre en la educación moderna y senderos afines, identificar la creatividad científica con la matemática formal. En tanto reconocí el error de esa creencia, también reconocí que la prueba de mi objeción debía haber sido obvia. Esto es, en cualquier descubrimiento creativo de una solución de principio para una paradoja enconadamente desconcertante, el problema típico es que la naturaleza de la respuesta a la paradoja tiene una cierta proximidad a las formas de expresión matemática, pero esa expresión nunca es más que una sombra que proyecta la concepción atinente generada en la mente.

En esencia, toda expresión válida de creatividad como tal tiene ésta característica. El descubrimiento de un principio físico verdadero, como lo demostró Johannes Kepler de manera tan poderosa en su Armonías, o, cualquier gran ejecución de una obra maestra de música clásica demuestra que hay una lectura correcta de la partitura de Beethoven (por ejemplo), pero, como lo argumentaba y demostraba Wilhelm Furtwaengler, la verdad de la intención del compositor "esta entre las notas"’’.

Como lo he referido antes en este informe, cualquier descubrimiento real de un principio universal debe, por su misma naturaleza, "estar entre las notas"’’, del mismo modo en que el descubrimiento singularmente original de Kepler sobe el carácter de principio de las órbitas descansa en el destello de discernimiento del descubridor sobre la existencia de lo que yo he descrito justamente como un infinitesimal ontológico, la expresión infinitesimal de un principio que envuelve, en vez de ser envuelto por el principio que contiene la acción atinente: i.e., que confina la acción, del mismo modo en que el universo de Albert Einstein, constituye un principio finito pero infinitamente autoconfinado.

El disparate de introducir la noción de magnitudes "imaginarias"’’ de de Moivre y D'Alembert, ilustra la cuestión.

Piense en una estéril lectura estricta de la intención tras de la lectura y interpretación literal de la partitura de J.S. Bach o Beethoven, y cuando nos demos cuenta de que esa intención no da libertad, sino una precisión más exigente que la mera partitura misma pueda mostrar, hemos obtenido un discernimiento, que Kepler, sin duda gozaría, que la ocurrencia realmente creativa de ideas específica a, respectivamente la ciencia física y la ejecución musical clásica, son en últimas de la misma naturaleza. La única diferencia real, es que en la ciencia física, el objeto es el hombre actuando sobre el universo; en la ironía intrínseca a la composición artística clásica, el objeto es la mente del hombre actuando sobre la mente del hombre.

El problema con todas esas materias y semejantes de la relación de la creatividad humana con la ironía, es que muy poca gente hoy día no ha perdido la mayoría de las facultades de discernimiento creativo necesarias para hacer tales ideas, las ideas que habitan el dominio de la creatividad específicamente humana, ideas suyas.

La importancia de decir lo que acabo de aseverar hasta aquí en este capítulo, es que la esperanza de mejorar el acceso de la gente a la facultad natural de la creatividad en ellas se puede mejorar enormemente con la ayuda de medios deliberados existentes.

Dado que la poesía clásica, cuando es realmente poesía de la cual ni Keats ni Shelley se avergonzarían, es la hermana más cercana de la música clásica. He llegado a la conclusión, que podrían considerar simplemente como heurística, si prefieren, de que cierto rumbo de experimentar la evolución de la ciencia física competente a lo largo de una trayectoria a partir de la Esférica pitagórica, a través de Cusa, Leonardo, Kepler, Fermat, Leibniz, Gauss, y Riemann en el marco de la combinación de la prosodia clásica atinente y del entrenamiento de la voz en el bel canto, constituye probablemente la alternativa más efectiva de trayectoria para lo que Kubie identificaba como el fomento de la cualidad de creatividad científica que estamos dejando de fomentar en los programas universitarios principales hoy día.

Entre más digiero el tipo de razonamiento que yo atribuyo a lo que sospecho que han sido traducciones verosímiles de la obra de Vernadsky de las últimas décadas de su vida, mas importante considero el punto de vista que he recomendado para el enfoque de una pauta más o menos universal para la educación superior hoy.

Por favor, asuma que pueda haber repetido todo lo que dije en los párrafos precedentes de este capítulo, pero esta vez a partir de las nociones de biosfera y noosfera como contexto de referencia económica-física.

Nuestro diálogo entre los inmortales

Como lo sabe todo científico cualificado o artista clásico (si no, no son cualificados), el ejercicio de la profesión de uno se extiende a través de muchas generaciones del finado, hasta una relación íntimamente personal y activa a través de un lapso que por lo común llega tan lejos como algunos miles de años. Desafortunadamente, la mayoría del arte popular contemporáneo no se remonta más allá de las profundidades del fango, o algún antecedente menos placentero. De modo similar, la enseñanza fraudulenta de la ciencia física generalizada en las universidades y otros lugares hoy día, abandona todo del pasado que no sea patológicamente mítico, como la obra intrínsecamente incompetente de Isaac Newton, o suficientemente desagradable como para satisfacer el gusto de las diversiones populares. Francois Rabelais, como Boccaccio antes de él, o Miguel Cervantes (si bien pocos de los lectores actuales de éste) entenderían.23

En la mente artista clásico o científico consumado, el espíritu de tales almas valiosas ausentes (y alguna otra también) están en nuestra presencia como si todavía estuviesen vivos, y prácticamente en el mismo cuarto, o en alguna conexión telefónica o arreglo equiparable. Discutimos con estos ausentes. Aspiramos un espíritu vivo en sus obras, y procuramos evidencia real que nos señalaría cual podría ser su respuesta a nuestro interrogante, o en objeción a lo que pensamos.

Considere mis ejemplos siguientes acuñados para ilustrar la cuestión hacia la que me dirijo aquí. Prepárese para ver la obra de Vernadsky desde este punto provechoso.

Tomen el caso de la obra algo corta y notablemente buena de Stephen Vincent Benet, The Devil and Daniel Webster (El hombre que vendió su alma), que algunos de nosotros consideramos en el espíritu emblemático de las cosas de Nueva Inglaterra. O, consideren los videos producidos recientemente para LaRouche PAC (Comité de Acción Política LaRouche) por mis asociados del Movimiento de Juventudes Larouchistas (LYM, en inglés) como demostraciones prácticas del mismo principio. Consideren estas composiciones informadas por la experiencia de dar vida al proceso real de descubrimiento de una ciencia moderna competente, en la obra del LYM sobre los descubrimientos de Kepler que aportaron los cimientos de una astronomía moderna competente.

Es en el marco de esa simultaneidad de la eternidad, como volviendo a la vida las voces de los ausentes pertinentes en el diálogo del presente, en la que se ponen en marcha las concepciones veraces entre las mentes de los hombres y mujeres contemporáneos. La gente necia vive en el momento presente, un momento que pronto morirá; la gente que sabe lo que es ser humano, o que posee al menos un vislumbre de es, nunca son existencialistas; viven en un diálogo con el ser vivo y el ausente por igual. Es ese diálogo el que habita su conocimiento de la experiencia; es en el diálogo activo entre los vivos y los ausentes pertinentes, donde se sitúa realmente el significado de la vida mortal de un ser humano.

Debemos confesar, que Stephen Vincent Benet hizo un trabajo brillantemente bueno.24

Ahora, amplíen el principio de la historia ilustrado de ese modo a nuestra relación presente con la biosfera, y también con el dominio abiótico.

Antes de los descubrimientos atinentes del académico Vernadsky, en especial la consolidación de esa obra que se desarrolla desde mediados de los 1930 en adelante, la mayoría de la humanidad que gozaba los beneficios de una educación europea moderna, visualizaba a la humanidad como si hubiese caído del espacio exterior sobre las regiones relativamente habitables de nuestro planeta. Éramos, en ese sentido, y en esa medida, más o menos forasteros en este habitat.

Antes de la obra de Vernadsky, en especial de mediados de los 1930, en adelante, la humanidad en tanto humanidad, es decir, no como alguna variedad de simio, tenía una relación con nuestro planeta como la de los visitantes del espacio exterior cuyos ancestros habían colonizado este planeta. Con la obra de Vernadsky, en especial la de mediados de los 1930 en adelante, la perspectiva histórica de nuestra especia se cambió profundamente. Ahora éramos de este planeta. No se podía asumir, de gente con opiniones científicas respetables, que la vida en general fue una secreción de no-vida. En cuanto comparamos las características demográficas de la humanidad con las de las bestias, incluyendo a los simios superiores, ya no podemos suponer que la humanidad era simplemente una evolución de alguna especie animal.

En un paso cualitativo delante de eso, cualquier examen serio de la naturaleza de la variabilidad de la densidad demográfica potencial de la especie humana, muestra que no hay nada atribuible a las características de ninguna de todas las especies marsupiales ni mamíferas que pudiera explicar el modo en que el desarrollo de las culturas humanas ocasionó el aumento prácticamente deliberado de la densidad demográfica relativa potencial que ocurrió únicamente mediante el tipo de desarrollo cultural que hubiese estado prohibido con el edicto del Zeus olímpico de proscribir el uso del "fuego"’’. Entonces, nuestra existencia se distancia de ese modo, cualitativamente, de la de cualquiera o todas las formas de vida conocidas.

La significación de estas distinciones queda más patente al examinar los cambios "históricos"’’ demostrables en las masas relativas de los productos de las contribuciones respectivamente abiótica, biótica y cognoscitiva a los residuos componentes de las regiones exteriores de nuestro planeta. Somos, así, de este planeta, y, como el sistema solar es del proceso conocido como nuestro Sol, somos del sistema solar, del universo en su conjunto.

Lo que acabo de poner de relieve en los párrafos inmediatamente precedentes complementa ahora la simultaneidad de la existencia de nuestros vivos y nuestros muertos de todos las épocas hasta ahora. Esta es una concepción que resulta, funcionalmente, ser una concepción verdadera de nosotros mismos, y nuestra herencia en tanto especie en este universo.

En nuestra naturaleza esencial, como lo que podríamos denominar la todavía minoría de los "relativamente más ilustrados"’’ de nosotro vivimos, ciertamente, en una simultaneidad de la eternidad, como se manifiesta esa concepción en "La escuela de Atenas"’’ de Rafael Sanzio.

El problema es que, la mayoría de la gente de este planeta no se ven a sí mismos en estos términos, en términos de una noción de una simultaneidad de la eternidad. Esa deficiencia entre nuestra gente es la fuente principal del mal persistente, pero remediable, que ha plagado a nuestra especie en todas las épocas conocidas hasta la fecha.

Epílogo: Estados Unidos, Rusia, China e India

Ahora, dicho esto hasta aquí, regresen a nuestro punto de partido de este informe.

Al observar el tremendo predicamento que, una vez más, amenaza la existencia de la especie humana en este planeta, las consideraciones que yo he seleccionado como muestreo en las secciones precedentes de este informe, parecen ser los únicos remedios aducibles para la amenaza ya inmediata de un holocausto termonuclear general o parecido sobre este planeta.

Dado que los aspectos más conminatorios de la situación estratégica actual son principalmente un reflejo de la combinación de lo que es el Imperio Británico, y lo que Estados Unidos de América, desafortunadamente, ha dejado de hacer para mantener la fe en su tradición revolucionaria, es necesario reconocer que el Imperio Británico, que, de hecho, tiene bajo control de arriba abajo a estos Estados Unidos, constituye la aproximación más cercana de una verdadera representación de Satanás, como fue cuando creó a Mussolini y a Adolfo Hitler como un ardid estratégico geopolítico anteriormente.

No obstante, cuando pensamos más cuidadosamente sobre estas materias, este mal que expresa el imperio británico en su forma presente de manera más precisa, es menos un mal en su propio derecho que expresión de lo que nosotros en Estados Unidos, por ejemplo, dejamos de hacer cuando teníamos, anteriormente, el poder, bajo el Presidente Franklin Roosevelt, por ejemplo, para impedir esta situación actualmente peligrosa que amenaza a toda la humanidad. El mal no es una potencia en su propio derecho, tanto como expresión de la ausencia del bien.

Lo que debe llamar nuestra atención al observar esta situación actualmente peligrosa que amenaza a la humanidad, son los siguiente hechos descollantes de la situación presente.

Primero, que sin el rol de Estados Unidos que yo he estipulado, no hay esperanza para continuación asegurada de la vida humana civilizada sobre este planeta en las generaciones por venir. Segundo, el único socio actualmente disponible para Estados Unidos en esta misión urgente no es otro que la cultura europea, la de Rusia eurasiática, y las potencias nacionales asiáticas de China e India. Hay otros aliados para este propósito, pero la misión en su conjunto requiere un compromiso firme por parte de las cuatro potencias descollantes indicadas, cuyas acciones permitirán a otras entrar como miembros de la misma empresa.

Segundo, todas las naciones, incluyendo a las descollantes señaladas, deben invocar una humildad pertinente con respecto a las causas de esta crisis de la humanidad glotal. La ignorancia de las masas de pobres, es lo que, en efecto, desarma a la mayoría de la raza humana de la capacidad mental para organizar su propia defensa bajo estas terriblemente peligrosas circunstancias globales.

Tercero, el problema esencial no es simplemente que la mayoría de la humanidad, incluyendo a sus más acaudalados relativamente, las porciones más privilegiadas, es también víctima del más perverso de todos los perturbaciones morales, no simplemente ignorancia, sino una ignorancia desafiante que tercamente defiende los mismos maneras que han sido cómplices de su propia opresión.

Finalmente, el defecto más esencial de la humanidad hoy día, es su carencia de un sentido competente de inmortalidad de la persona, no en la carne, sino en la simultaneidad de la eternidad.

Notas

1 En parte, el contenido de esta publicación se suporpone a la discusión de mi escrito reciente del 12 de junio de 2008 "The Economic Debate About Russia" (El debate económico sobre Rusia), EIR, 4 de julio de 2008. Se debe tomar nota de ese informe anterior por su tratamiento de los antecedentes históricos de los mismas cuestiones económicas de los siglos 18 y 19.

2 I.e., antimonetarista, contra Keynes.

3 La ausencia de este principio común de tipo específico obligante y unificador, fue el error específico, potencialmente fatal, que se encuentra en los acuerdos hechos entre los participantes que cayeron en la trampa en Modena.

4 Por allá a fines de los 1980, cuando le pregunté a un destacado especialista en derecho internacional que había dirigido la retirada de retaguardia del Mariscal de Campo Rommel en El Alamein, que si estaba de acuerdo con mi evaluación de que Montgomery fue el peor comandante de un ejército en la Segunda Guerra Mundial, se rió, y respondió: "Yo dirigía la retaguardia de Rommel hacia Tunes; si Montgomery me hubiese flanqueado, yo estaría muerto ahora. Le estoy muy agradecido a Montgomery; el me salvo la vida"’’. Montgomery, además de sus otras incompetencias estratégicas, era un delirante racista contra los africanos. Sin embargo, no hay duda de que la sustitución de los comandantes competentes en Egipto por Montgomery, satisfizo la intención del Primer Ministro Churchill, para que la guerra en Europa no se ganase "tan pronto"’’.

5 El caso más detestable de la capitulación ruinosa del Congreso y de los partidos políticos ocurrió desde enero de 2006, en adelante, mediante presiones de los británicos sobre el liderato del partido a través del pro fascista Felix Rohatyn de pedigrí Lazard Freres, y el depredador de la cancillería británica George Soros. Esto comenzó realmente en la primavera de 2005, cuando el Congreso había respondido positivamente a mi empeño por defender el sistema de Seguridad Social, pero cuando el Congreso ya había capitulado, bajo la presión de Rohatyn, desde la primavera en adelante, para no impedir la liquidación del último bastión del poderío agroindustrial estadounidenses, la industria automotriz. Un tipo de comportamiento difícilmente patriótico por parte de los dirigentes del Congreso.

6 Burr era pieza del lacayo de lord Shelburne, Jeremy Bentham, quien encabezó el Comité Secreto del Ministerio de Relaciones Exteriores británico. Bentham dirigió las operaciones del ministerio en Francia desde 1782 y 1783 en adelante, y produjo a su sucesor principal lord Palmerston. El controlaba a Burr por completo.

7 Algunos han argumentado, en el pasado, y probablemente insistirán todavía hoy, que la crisis del dólar entre enero y febrero de 1968 fue producto de los gastos estadounidenses para la guerra en Indochina hasta ese momento. Esa crisis fue realmente, de modo predominante, un efecto colateral del lanzamiento fraudulento (i.e., la resolución del Golfo de Tonkin) de la guerra in Indochina. Esa visión popular de la crisis del dólar de febrero de 1968 pasa por alto dos conjuntos de hechos decisivos. Primero, que la crisis del dólar en 1968 fue una resonancia del desplome de la libra británica a manos del Primer Ministro británico Harold Wilson. Ese desplome de la libra, en sí, había sido fruto de la política del gobierno laborista de Wilson de destruir la economía industrial del Reino Unido desde que ese gobierno de Wilson tomó el poder a través del escándalo Profumo orquestado contra el gobierno de Macmillan. Las medidas de Wilson para desbaratar la economía fueron predecesoras de la política para destrozar la economía estadounidense de los gobiernos de Nixon, Ford y Carter, en especial con la implementación de las locuras de la Comisión Trilateral bajo el gobierno de Carter. La política de la élite británica desde la muerte de Franklin Roosevelt, ha consistido en destrozar el rol de Estados Unidos como potencia destacada a través de una política de lo que se llama "ambientalismo"’’ maltusiano del príncipe británico Felipe y el ex oficial de la Waffen-SS, el príncipe Bernhard de los Países Bajos, y el programa wellsiano de Bertrand Russell a favor de un Gobierno Mundial.

8 Esta orientación de los círculos destacados de Europa que buscaban la libertad, que sentaban la esperanza en el progreso de Norteamérica, persistió bajo la secuela de la Revolución Francesa y la trapacería de Metternish y Jeremy Bentham del Tratado de Viena de 1812-1815. El ascenso de Estados Unidos bajo el Presidente Abraham Lincoln sobre la operación de Bentham y de Palmerston que emplearon el tráfico de esclavos de los españoles como operación estratégica en el territorio estadounidense, restauro esta orientación de las esperanzas europeas a partir del ascenso de Estados Unidos a la condición de gran potencia entre las naciones. De otro modo, la habilidad de los intereses oligárquicos europeos para prejuiciar a la población europea y a otras en contra de Estados Unidos se ha facilitado principalmente por el rol británico de respaldar la elección y el ejercicio de malos presidente estadounidenses.

9 E.g., el alma del hombre a imagen de su Creador.

10 H. Graham Lowry, How the Nation Was Won: America's Untold Story. Washington, D.C.: Executive Intelligence Review, 1988.

11 "Mr. Scratch"’’ fue el nombre que le asignó el autor Stephen Vincent Benet al Satanás de su famosa luenga narración breve, El diablo y Daniel Webster (titulada "El hombre que vendió su alma"’’en la versión castellana que se llevó al cine).

12 Ese universo, por ende, se debe describir como "autoconfinado". El origen de esto como concepción moderna, se debe remontar al rechazo de Nicolás de Cusa a la cuadratura del círculo de Arquímedes. Ese rechazo destaca no solamente la ironía de punto, curvatura, y alguna aparente línea última. Kepler lo demuestra incluso en su Nueva Astronomía, a partir de las implicaciones del movimiento curvo formado por un principio dinámico de áreas iguales, tiempos iguales. También, vean no solo los dos párrafos iniciales de la disertación de habilitación de Bernhard Riemann de 1854, sino también la frase final de esa publicación.

13 Para una ilustración atinente de esto, ver el estudio del Movimiento de Juventudes Larouchistas sobre la obra de Kepler (http://wlym.com/~leesburg). Consideren el cuerpo del trabajo desde el punto de vista operativo del video del portal de Internet de LaRouche PAC, Harvard Yard (El Jardín de Harvard).

14 Un problema estrechamente relacionado salió a la superficie en 1994 en un debate público con mi amigo Pobisk Kuznetsov, en la cuestión de la llamada "Segunda Ley de la Termodinámica"’’.

15 Como en los tres conjuntos de medidas que formulo como necesarias para Estados Unidos bajo las condiciones que privan desde el 27 de julio hasta la fecha presente.

16 Las llamadas "ppp"’’ (siglas en ingles de "public-private partnerships’’, o asociaciones público-privadas) son copia de las prácticas del régimen fascista del dictador de Italia Benito Mussolini, y por su naturaleza, son intrínsecamente un aspecto integral de una forma de economía y de Estado nacional depredador y fascista. Notablemente, el principal argumento de la Fundación Rockefeller, que ha tomado una posición descollante, junto con el alcalde Bloomberg de Nueva York, en promover el programa fascista "ppp"’’, ha sido la omisión de los gobiernos federal y estatal en mantener los niveles existentes de infraestructura en el intervalo 1968-2008 a la fecha, un destrozo de la economía estadounidense hecho a nombre de fomentar las ventajas del "libre comercio"’’ ¡para los inversionistas privados! Ahora proponen entregarle la infraestructura ya creada a cuenta pública, a lo peor de los depredadores financieros privados que han desvalijado la economía de tal forma que llevó gran parte de nuestra infraestructura pública a su condición presente de ruina relativa.

17 Algún bromista pudiera objetar: "Pero amigo, había una guerra en marcha"’’. La respuesta a dicha objeción hubiera sido: "Compadre, si no hubiesen asesinado al Presidente Kennedy, entonces los compinches del Secretario de Defensa Robert McNamara no nos hubiesen podido meter, fraudulentamente, en esa guerra en particular’’". Los medios fraudulentos empleados por el ex Primer Ministro Blair para meter a Estados Unidos en la actual guerra en el Sudoeste de Asia, es un ejemplo notable del asunto. Nos han destruido, ahora, como entonce, mediante guerras lanzadas con tales pretextos fraudulentos. En verdad, uno de los modos más eficientes para destruir una potencia insensata otrora grande, como la nuestra, es permitir que es potencia acepte las mentiras como las de la pandilla de McNamara y de Blair.

18 Las épocas de las grandes culturas marítimas de China anteriores al siglo 15 de Europa, y la identificación de Leibniz del antiguo desarrollo respectivo de la ciencia astronómica en China, son cuestiones comparables de interés histórico por esos intentos de obtener una mejor entendimiento de la humanidad para hoy.

19 El desarrollo de la máquina de vapor fue patrocinado originalmente por Gottfried Leibniz, en tanto que el desarrollo del empleo general eficiente de la máquina de vapor involucró los descubrimientos realizados en Gran Bretaña y Francia por Franklin, Priestley y sus colaboradores como Watt. Esto fue, como lo documenta mi asociado Anton Chaitkin, la iniciativa estadounidense que organizó los comienzos de la revolución industrial dentro de Inglaterra, principalmente desde las colonias de Norteamérica, como se ve en el caso de la fábrica Saugus Iron Works en el Massachusetts del siglo 17.

20 En los últimos años de los 1950, elaboré un plan para racionalizar el transporte de carga ferroviario nacional comenzando con la integración de los sistemas ferroviarios de Pennsylvania y de Nueva York, mediante la creación de una instalación computarizada de transferencia inicial y de almacenaje en la región del norte de Nueva Jersey. Esta reforma murió en Wall Street, con el triste resultado claramente a la vista hoy día.

21 En una época posterior romana, el cronista siciliano Diódoro Siculus hizo un relato que atribuyó a los descendientes entonces contemporáneos de los antiguos bereberes.

22 Este mensaje que me paso Kubie fue notable porque no solo se trataba de un destacado psiquiatra de esa época, sino además freudiano, cuando menos nominalmente. Como me he referido a esas cuestiones en algunas de mis obras publicadas en los 1970, hay algunos brotes aislados en la obra publicada de Freud sobre el tema de la sociedad como tal, que tienden en la dirección del mensaje de Kubie, pero el apego de Freud a la influencia mecanicista de Ernst Mach es demasiado notable en su obra como psiquiatra. El acento que pone Kubie era relativamente singular, formal y moralmente. Yo coincidí con su argumento, en especial en tanto que lo sitúa con respecto a los factores patológicos que surgen en lo que de otro modo habían sido mentes científicas prometedoras.

23 Pasar la noche charlando con una prostituta, no es, como lo podría explicar Doll Tearsheet de Shakespeare, una ocupación edificante.

24 I.e., The Devil and Daniel Webster. De igual modo, la versión al cine (que se tituló en español "El hombre que vendió su alma"’’) no fue tan mala.